19 de enero de 2016

¿Quién hay detrás de la Agricultura Climáticamente Inteligente?

Oros ginnid, nainu grupo Nadigana, Nargana. Foto: Gubiler
Esto de la Agricultura Climáticamente Inteligente (ACI) se ha oído sin cesar en los diferentes espacios de la Conferencia del Clima de París, COP21, como una palabra mágica que puede resolver parte del problema de las emisiones que contribuyen al cambio climático. Pero, como ya advertíamos antes de la cumbre, tras este antifaz tenemos otra vez a la agroindustria buscando alcanzar sus particulares objetivos.

La agricultura climáticamente inteligente y las empresas de fertilizantes
A pesar de que la relación entre alimentación y cambio climático es fundamental (aproximadamente el 50% de las emisiones CO2 tienen su origen en el sistema agroalimentario) en la 21a Conferencia de las Partes (COP21) solo ha existido una iniciativa intergubernamental importante para abordar dicha relación. Se trata de la Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente, que fue creada el pasado año 2014 en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Nueva York, como culminación de varios años de esfuerzo de los lobbies de las empresas del sector, especialmente el de fertilizantes, para bloquear cualquier propuesta que en el área de agricultura y cambio climático pudiera representar límites a sus negocios.


La huella
de los
fertilizantes
Producir fertilizantes a base de gas genera entre un
1-2 % del total de las emisiones de CO2, sin embargo, la
mayor parte de las emisiones ocurren cuando son aplicados
al suelo. El Panel Internacional Sobre Cambio Climático
(IPCC) calcula que de cada 100 kg de fertilizante nitrogenado
que se aplica al suelo, 1 kg termina en la atmósfera como
óxido nitroso (N2O), la sustancia más importante en la
destrucción de la capa de ozono, con 300 veces más
efecto invernadero que el CO2. Según los últimos datos, el
uso de fertilizantes químicos durante este año generará,
probablemente, más emisiones de gases con efecto de
invernadero que el total de emisiones procedentes de
todos los automóviles y camiones que circulan en EE. UU.

De los 29 miembros fundadores no gubernamentales de esta Alianza, que incluye a la FAO, la mayoría están ligados a la industria de los fertilizantes: tres son grupos de cabildeo, otros dos son las compañías de fertilizantes más grandes del mundo (Yara, de Noruega y Mosaic, de EE. UU.), además de un puñado de organizaciones que trabajan directamente con este sector en programas sobre cambio climático.

El porqué de su preocupación en los temas de cambio climático es doble y fácil de entender. En primer lugar, no debemos olvidar que los fertilizantes de síntesis, en especial los nitrogenados, se obtienen casi totalmente a partir de gas natural, cuya extracción depende cada vez más de la fractura hidráulica o fracking. Por eso vemos que es Yara, la mayor multinacional de los fertilizantes, la empresa que coordina el grupo corporativo de cabildeo para el desarrollo del gas de esquisto y el fracking en Europa. De hecho, Yara y otras compañías son las que mayoritariamente utilizan el gas natural producido por el auge de fracturaciones hidráulicas en EE. UU. Obviamente, las decisiones en favor de reducir la producción de este gas serían un gran problema para dichas empresas.

“Los argumentos climáticos ponen entre la espada y la pared a las empresas fertilizantes”
En segundo, lugar, la industria de fertilizantes sabe que hay un creciente conjunto de evidencias que demuestra que sus productos no son imprescindibles para la agricultura y que se pueden dejar de usar sin ver reducidos los rendimientos si se adoptan prácticas agroecológicas beneficiando al clima de forma muy considerable.

Es decir, los argumentos climáticos ponen entre la espada y la pared a las empresas de fertilizantes y su respuesta es movilizarse para influir en el debate internacional sobre agricultura y cambio climático y, por increíble que parezca, posicionándose como parte necesaria de la solución, con iniciativas como la Agricultura Climáticamente Inteligente.

Los lobbies de las empresas fertilizantes
Los tentáculos de estas compañías son muchos. A nivel global, puede destacarse The Fertilizer Institute, la International Fertilizer Industry Association y el International Plant Nutrition Institute. Otro ejemplo, sería el caso de Yara que, al frente del Gas Working Party junto con la colaboración de Fertilizers Europe, ejerce una fuerte presión a favor de explotar los yacimientos de gas natural con fracking en la Unión Europea (UE).

En la UE tiene un papel relevante la española Fertiberia, que hace notar su poder en el sector. Su actual presidente y consejero delegado, Javier Goñi del Cacho, es vicepresidente del lobby europeo Fertilizers Europe y presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANFFE).

Para promover y sostener el discurso de la ACI, las compañías de fertilizantes están desarrollando, alianzas en Norteamérica con ONGD ambientalistas como el Environmental Defense Fund (EDF) y The Nature Conservancy (TNC) y empresas como Walmart, PepsiCo y Campbell. También tienen una larga y sostenida relación con los centros de investigación internacional del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) desde donde se ponen en marcha proyectos de ACI en países del sur. A nivel estatal, Fertiberia financia desde hace años la Cátedra Fertiberia de Estudios Agroambientales en la Universidad Politécnica de Madrid y este mes de noviembre ha constituido con la Universidad de Sevilla un centro conjunto de investigación denominado Centro de Tecnologías Agroambientales. Desde ANFFE se están llevando a cabo numerosas jornadas sobre las bondades de los fertilizantes para el medio ambiente, con dudosos argumentos, como que «el uso de fertilizantes mejora el balance de CO2, ya que, al haber una mayor producción, los cultivos captan mucho más CO2 que el emitido en producir, transportar y aplicar los fertilizantes minerales».

No hay una definición
precisa para “agricultura
climáticamente inteligente”,
y es deliberado que sea así
¿Inteligente o incomprensible?
La ACI es un concepto abstracto que utiliza ideas aparentemente atractivas, pero pocorigurosas y confusas, con expresiones que son un verdadero oxímoron, como el «desarrollo agrícola climáticamente compatible» o la «intensificación sustentable». De hecho, no hay una definición precisa para «agricultura climáticamente inteligente», y es deliberado que sea así. La Alianza Global para la Agricultura Climáticamente Inteligente deja a sus miembros que determinen qué significa para cada uno de ellos «agricultura climáticamente inteligente». Así, la FAO, uno de los principales organizadores de la Alianza, elaboró una publicación de referencia y una lista anexa de diez «historias exitosas» de agricultura climáticamente inteligente. Llamativamente todos los ejemplos son programas verticales de extensión que incluyen técnicas para introducir la aplicación de fertilizante nitrogenado justamente en agriculturas de países no industrializados, cuya contribución al cambio climático ha sido hasta ahora insignificante. Y lo mismo podemos decir de otras iniciativas que, subidas en la ola de la ACI, tienen siempre el mismo objetivo: abrir mercados de fertilizantes.

Fuentes:  www.grain.org
Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas. Invierno 2015, Núm. 23. 28-30 pp.

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