Geodisio Castillo
La Asociación de Mujeres Rurales de Digir (AMRD) limpiando su nainu con cultivo de osi (piña), con apoyo del Movimiento de la Juventud Kuna (MJK). Foto: Gubiler, 25/04/26
Los viajes por el vasto mar hacia el este, contemplando la inmensidad del agua y la tierra verde de nuestra madre, suelen despertar placer y asombro. Sin embargo, bajo esa belleza se ocultan problemas profundos que amenazan la vida. Frente a ellos, abundan las llamadas “soluciones” que en realidad no resuelven nada. Entre ellas destacan los mercados de carbono, la geoingeniería, la minería, los monocultivos “verdes” como los biocombustibles y las medidas frente a la subida del mar. Estas estrategias, impulsadas por grandes corporaciones, desplazan comunidades, perpetúan el modelo extractivista y degradan ecosistemas en lugar de restaurarlos. Son falsas soluciones porque atacan síntomas, no causas, y refuerzan la dependencia de sistemas industriales que generan emisiones y desigualdad.
En contraste, los sistemas alimentarios de los pueblos indígenas ofrecen alternativas reales y sostenibles. En Gunayala, las prácticas agrícolas —como la roza y quema controlada, la rotación de parcelas y los huertos diversificados— están diseñadas para mantener el equilibrio ecológico. Estas técnicas se narran como historias de respeto y armonía: al cultivar múltiples especies, los agricultores se convierten en guardianes de la biodiversidad. Cada parcela se transforma en un mosaico vivo que protege los suelos y fortalece la resiliencia frente a plagas y sequías. Es un relato de diversidad que asegura que la vida siempre encuentre un camino.
La reducción de emisiones aparece como un acto consciente al prescindir de fertilizantes químicos y maquinaria pesada, la huella de carbono se desvanece poco a poco. La atmósfera respira más ligera, y el planeta agradece la sencillez de un trabajo realizado con manos y saberes ancestrales. Las comunidades, protagonistas de esta historia, fortalecen su soberanía alimentaria al producir lo que consumen, tejiendo independencia frente a cadenas globales intensivas en energía. Es un regreso a la raíz, donde la comida nutre tanto el cuerpo como la identidad y la autonomía de los pueblos.
Todo se desarrolla bajo el compás de los ciclos naturales. La producción se adapta a los ritmos de la tierra y del mar, sin imponer calendarios industriales. Cada cosecha y cada pesca se convierten en actos de armonía con el tiempo que dicta la naturaleza. Estas prácticas no solo mitigan el cambio climático, sino que también preservan culturas y conocimientos ancestrales que han demostrado resiliencia durante siglos. Reconocer y apoyar estos sistemas es clave para enfrentar la crisis climática de manera justa y efectiva.
La soberanía alimentaria se conecta directamente con la justicia climática porque propone sistemas locales, agroecológicos y comunitarios que reducen emisiones, fortalecen la resiliencia y garantizan derechos frente a un modelo agroindustrial que agrava la crisis. Sin embargo, lo que hacemos en la práctica suele ser olvidado o poco valorado por nuestra propia gente. La agroecología se ha convertido en costumbre, pero no se reconoce como innovación desde nuestra perspectiva ancestral. Esto ocurre porque no se divulgan ni aplican las estrategias elaboradas por los Onmaggeddummagan (Congresos Generales), como el Plan Estratégico de Gunayala 2026-2036 y el Plan de Gestión para la Comarca de Biosfera 2026-2031, producto del Plan General de Manejo y Desarrollo para la Comarca de Biosfera, elaborado en 1986 por el grupo interdisciplinario de técnicos de lo que fue el Proyecto/Programa de Estudio para el Manejo de Áreas Silvestres de Kuna Yala (PEMASKY), administrado por la Asociación de Empleados/Ecológica Kuna (AEK).
Aunque contamos con conocimiento técnico y
recursos que llegan a las comunidades y organizaciones, la producción
alimentaria no se ha elevado de manera significativa. Ante esta realidad, se
espera que la asamblea en Dubwala (del 29 de mayo al 3 de junio) abra un
espacio de discusión y, más allá de reflexionar, proponga alternativas
concretas. Solo así podremos Onmaggeddummad Sunmaggaled (Congreso
General Guna) transformar las estrategias en acciones que fortalezcan la
soberanía alimentaria y la justicia climática desde nuestras raíces.

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