22 de febrero de 2026

BILA NIHI (mes de la revolución)

 


I.

…y en Onmagged Nega el abuelo cantó.

Su voz era un presagio de no más espera.

Las madres arroparon su tristeza,

en el silencioso lloro de sus pechos.

Se apersonaron a la memoria colectiva

 los ultrajes ayer vividos.

Los muertos defendiendo a las tortugas,

el caucho, la espesura de la selva

y la suave fragancia de las islas.

El abuelo tomó el bastón sagrado

y arengó a los hermanos.

Brazos nervudos sin temor a la muerte.

Manos solidarias echando al mar las embarcaciones

 que esa noche antigua, entre el jolgorio de fiestas,

 iban a encontrarse con la muerte.

 

II

 

El niño se sienta frente a su abuelo.

Es un año de recuerdos.

Cien años que no se olvida y uno más que se acerca.

El niño mira a su abuelo, le pregunta, le indaga.

Quiere saber su historia, olvidar las estridentes notas

de una música extraña ni entendible.

En su alma suena un gammu antiguo,

un nasis suave que murmura antiguos relatos.

Mira en la mola de su abuela y siente,

late en su pecho una empírica duda guardado en sus sueños,

conoce que ayer esa anciana lloró por sus hijos

cuando enfrentaron el mar una noche obscura

de bila nihi…solos frente a la noche,

 

III.

 

Los cayucos bajan raudos al mar.

Es noche cerrada y el viento arrecia.

El mar encrespado grita sus olas.

Las estrellas apenas se atreven a mirar.

Se levanta la vela y los remos

rompen las olas con el esfuerzo

de lucha ancestral y antigua.

Cada brazo es la extensión del remo.

Cada voz es un silencioso reproche.

Cada corazón guarda su verdad.

Nada ni nadie los detendrá.

Por eso bebieron las pócimas sagradas.

Los jugos antiguos de conocimientos prohibidos.

Y en sus venas hierve la sangre,

 prestos a vengar la muerte

de muchos que se le adelantaron.

 

IV.

 

Es alta la noche y en Onmagged Nega

se reúnen corazones silenciosos.

Cada madre, esposa, hermana, tía o abuela,

tiene apretada su boca, en mudo suspiro

 por no llorar frente a su hombre.

Se han ido y el abuelo canta una canción de esperanza,

mientras que en la lejanía de Muu-Bili

corazones aguerridos reman prestos a su destino.

El primer grupo ya se emboscó y ocultos,

esperan la voz de mando para el ataque.

El segundo contingente ya se acerca y desembarcan.

Se camuflan en el pueblo y ya saben del jolgorio

de los policías coloniales.

Se acercan los intrusos, los que mataron a diestra

y siniestra borrachos de fiesta.

Un disparo, un muerto colonial,

 se descargan las escopetas y alaridos guturales

rompen la madrugada del 21 de Bila Nihi en Uggupseni.

En lugares como Gardí, Urgandi, Yandup, Niadup,

igualmente se solidarizan los hermanos.

Mueren los invasores y son masacrados

 por la rabia ancestral de la espera.

Ríos de sangre son derramados del enemigo.

Panamá estalla “los indios quieren independizarse”,

nada tan real como la humillación que padecimos.

 

V,

 

Hoy aún no descansa nuestros corazones.

Sigue vigente la lucha milenaria, por eso hijo,

nieto, hermano, sobrino, queda en ti

el relevo de esta lucha que aún no termina…

Yo agaché la cabeza frente a los huesos de mi abuelo.

Lo escuché nuevamente hablarme desde la orilla de la playa.

“uagua bibbi, anmar bila, emisggi bega an obes, ambayo bergue”,

es por eso que cada 21 de Bila Nihii sigo guardando en mi memoria

las palabras del abuelo frente al mar.

 

Illimanilipiler.

Bila Nihigi, ib durguen gagga gguensag gi.

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