I.
…y en Onmagged Nega el abuelo cantó.
Su voz era un presagio de no más espera.
Las madres arroparon su tristeza,
en el silencioso lloro de sus pechos.
Se apersonaron a la memoria colectiva
los ultrajes
ayer vividos.
Los muertos defendiendo a las tortugas,
el caucho, la espesura de la selva
y la suave fragancia de las islas.
El abuelo tomó el bastón sagrado
y arengó a los hermanos.
Brazos nervudos sin temor a la muerte.
Manos solidarias echando al mar las embarcaciones
que esa noche
antigua, entre el jolgorio de fiestas,
iban a
encontrarse con la muerte.
II
El niño se sienta frente a su abuelo.
Es un año de recuerdos.
Cien años que no se olvida y uno más que se acerca.
El niño mira a su abuelo, le pregunta, le indaga.
Quiere saber su historia, olvidar las estridentes
notas
de una música extraña ni entendible.
En su alma suena un gammu antiguo,
un nasis suave que murmura antiguos relatos.
Mira en la mola de su abuela y siente,
late en su pecho una empírica duda guardado en sus
sueños,
conoce que ayer esa anciana lloró por sus hijos
cuando enfrentaron el mar una noche obscura
de bila nihi…solos frente a la noche,
III.
Los cayucos bajan raudos al mar.
Es noche cerrada y el viento arrecia.
El mar encrespado grita sus olas.
Las estrellas apenas se atreven a mirar.
Se levanta la vela y los remos
rompen las olas con el esfuerzo
de lucha ancestral y antigua.
Cada brazo es la extensión del remo.
Cada voz es un silencioso reproche.
Cada corazón guarda su verdad.
Nada ni nadie los detendrá.
Por eso bebieron las pócimas sagradas.
Los jugos antiguos de conocimientos prohibidos.
Y en sus venas hierve la sangre,
prestos a
vengar la muerte
de muchos que se le adelantaron.
IV.
Es alta la noche y en Onmagged Nega
se reúnen corazones silenciosos.
Cada madre, esposa, hermana, tía o abuela,
tiene apretada su boca, en mudo suspiro
por no llorar
frente a su hombre.
Se han ido y el abuelo canta una canción de esperanza,
mientras que en la lejanía de Muu-Bili
corazones aguerridos reman prestos a su destino.
El primer grupo ya se emboscó y ocultos,
esperan la voz de mando para el ataque.
El segundo contingente ya se acerca y desembarcan.
Se camuflan en el pueblo y ya saben del jolgorio
de los policías coloniales.
Se acercan los intrusos, los que mataron a diestra
y siniestra borrachos de fiesta.
Un disparo, un muerto colonial,
se descargan
las escopetas y alaridos guturales
rompen la madrugada del 21 de Bila Nihi en Uggupseni.
En lugares como Gardí, Urgandi, Yandup, Niadup,
igualmente se solidarizan los hermanos.
Mueren los invasores y son masacrados
por la rabia
ancestral de la espera.
Ríos de sangre son derramados del enemigo.
Panamá estalla “los indios quieren independizarse”,
nada tan real como la humillación que padecimos.
V,
Hoy aún no descansa nuestros corazones.
Sigue vigente la lucha milenaria, por eso hijo,
nieto, hermano, sobrino, queda en ti
el relevo de esta lucha que aún no termina…
Yo agaché la cabeza frente a los huesos de mi abuelo.
Lo escuché nuevamente hablarme desde la orilla de la
playa.
“uagua bibbi, anmar bila, emisggi bega an obes, ambayo
bergue”,
es por eso que cada 21 de Bila Nihii sigo guardando en
mi memoria
las palabras del abuelo frente al mar.
Illimanilipiler.
Bila Nihigi, ib durguen gagga gguensag gi.

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