12 de octubre de 2026

Guardianes del bosque y del mar: El legado vivo de PEMASKY y la fortaleza Gunadule

Geodisio Castillo

"Un desarrollo desde adentro, tejido con los hilos invisibles de nuestros ancestros y la fuerza indomable de nuestra juventud."


El latido de una tierra viva

Jóvenes y mayores de nuestra comarca y de todos los rincones de Abiayala: detengámonos un instante a mirar nuestras raíces. ¿De dónde venimos y hacia dónde caminamos con paso firme? Hoy queremos invitarles a viajar en el tiempo y en la memoria a través de las páginas de un libro fundamental: PEMASKY (1983-1993).

Esta obra no es un simple compendio de papel y tinta; es el latido vivo de un esfuerzo titánico, el testimonio de cuando nuestro pueblo Gunadule alzó la voz para decir que el bosque, el mar y la vida no se venden, se defienden. Es el relato entrañable y profundo narrado por nuestro hermano Guillermo Archibold, primer director de PEMASKY y guía incansable, quien nos recuerda que los grandes sueños se construyen con dignidad, organización y un profundo amor por Nabgwana - Madre Tierra.


Nace la esperanza y el sueño comarcal (1983-1986)

Entre los años 1983 y 1986, en una época donde las grandes organizaciones ambientalistas del mundo ni siquiera imaginaban la magnitud de los desafíos ecológicos de nuestra región, nació el Proyecto de Estudio para el Manejo de Áreas Silvestres de Kuna Yala (PEMASKY). Administrado inicialmente por la Asociación de Empleados Kuna (AEK) y obligado legalmente a transformar su nombre a la Asociación Ecológica Kuna para conservar su histórica sigla, este proyecto se convirtió en el escudo y la brújula de nuestro territorio.

¿Cuál era el propósito? Declarar nuestra área comarcal como Comarca de la Biosfera y Sitio de Patrimonio Mundial. No se trataba de un capricho institucional, sino de un acto soberano de supervivencia y respeto por la creación. En aquellos años fundacionales, no existían otras organizaciones ambientales en el país; fuimos nosotros, los Gunadule, quienes abrimos trocha. Nos convertimos en pioneros a nivel nacional y regional en Abiayala, demostrando al mundo entero que un pueblo originario podía liderar la vanguardia científica y ecológica.


Un estudio integral desde adentro (La Primera Fase en Nargana)

Esta primera fase histórica no se extendió de golpe por toda la Comarca; se ancló estratégicamente en el corregimiento de Nargana, abarcando con valentía la vasta y rica zona marino-costera. Fue allí donde se gestó la primera estrategia ambiental y de desarrollo comarcal, un trabajo sin precedentes de tres años de investigación profunda, rigurosa y profundamente nuestra.

No fue una investigación fría de escritorio. Fue un estudio integral y biocultural que abarcó:

 

  • La cultura y la sabiduría ancestral, entendiendo que el ser humano y la naturaleza caminan de la mano.

 

  • La biodiversidad biológica, explorando los tesoros ocultos de nuestro mar y de nuestra tierra.

 

  • La ecología y el sistema agrícola-forestal, cuidando el equilibrio de los suelos.

 

  • El turismo comunitario, visionando una economía que honrara y respetara nuestra identidad.

 

  • La conservación, sensibilizando un pueblo que revalora su cultura ambiental y educación en conservación.

Todo ello se edificó sobre los hombros de nuestros conocimientos ancestrales, apostando por un desarrollo desde adentro que sirviera de escuela permanente en educación ambiental para las futuras generaciones.


Desafíos, juventud y sabiduría ancestral

Nada fue fácil al principio. Como bien relata el hermano Guillermo Archibold, el camino estuvo empedrado de retos y escepticismos. Sin embargo, lo que verdaderamente marca la diferencia es la formación y el despertar de ocho profesionales Gunadule, conscientes de su ser, dignos de abrazar su identidad y su vocación de servicio.

Este libro nos enseña que la planificación comunitaria exige un esfuerzo titánico. Se aceptó con madurez la asesoría de "expertos" externos en ambiente, pero jamás se cayó en la trampa de la pura teoría. Se trató de poner en práctica los conocimientos adquiridos, uniendo la ciencia académica con la sabiduría milenaria de nuestros abuelos.

El Plan General de Manejo y Desarrollo de Kuna Yala no nació en una oficina lejana; es el fruto vivo de nuestras andanzas, vivencias y recorridos por las 51 comunidades que componen Gunayala. Es el resultado de caminar, escuchar y dialogar de hermano a hermano con el sabbur (el bosque) y toda su maravillosa vida silvestre.


Conclusión: Un llamado a la memoria y al mañana

Hermanos jóvenes: este es el momento oportuno para abrir los ojos y el corazón. Es vital que conozcan el sacrificio, la visión y la disciplina con la que trabajaron quienes nos antecedieron. El libro PEMASKY es una invitación abierta a recordar las vivencias del hermano Guillermo, a leer sus páginas con atención, a cuestionar, a debatir y a seguir construyendo comunidad.

Hoy, desde el respeto más profundo y la admiración sincera, extiendo mi reconocimiento y aprecio a mi compañero y mi jefe, Guillermo Archibold, por legarnos este testimonio de lucha y dignidad. 

Defendamos nuestro territorio con el mismo fuego con el que nació PEMASKY. ¡Nuestra comarca, nuestra cultura, nuestro mar y nuestros bosques siguen vivos porque nosotros decidimos cuidarlos desde el corazón! Volver a contar la historia desde la cosmovisión que fue olvidada.

________________

El libro PEMASKY, será presentado el 16 de octubre (viernes), a la 1 de la tarde, en la Biblioteca Simón Bolívar, de la Universidad de Panamá.

 

6 de octubre de 2026

Entre la tierra y el mar: desafíos de habitabilidad frente a la crisis climática en el territorio Gunayala

Daniela Paredes Grijalva* Alessandra Naar** Adalberto Diginya Hernández Thompson*** Sagla Celestiano Garrido****

RESUMEN

Este artículo se distancia de proyecciones cuantitativas sobre “cuántos migrantes” habrá en “cuántos años” y se enfoca en cómo se migra, resiste y cómo se busca habitar con dignidad a través de las movilidades e inmovilidades (BOAS et al 2022). Desde esta perspectiva y con un enfoque decolonial – entendiendo con Quijano (2000) la persistencia de jerarquías epistémicas y de poder inscritas en la colonialidad, y siguiendo a Escobar (2018) en la necesidad de reconocer ontologías relacionales y pluriversos territoriales, centramos la epistemología y la ontología Gunadule – las formas de saber y ser de este pueblo – como marcos analíticos legítimos para explorar la relacionalidad entre seres humanos, territorio y transformaciones socioambientales en tiempos de crisis climática. Con este lente, narramos el proceso de reasentamiento en curso de la comunidad de Ukupa, en Gunayala en la costa norte de Panamá, desencadenado por inundaciones severas en diciembre de 2024. Nos preguntamos: ¿Qué papel desempeñan los saberes y ontologías Gunadule en la toma de decisiones sobre migrar, permanecer o reubicarse?, ¿qué implica este proceso en términos de continuidad cultural y territorial? Combinamos una revisión de literatura con entrevistas y la documentación de voces de la comunidad Gunadule. Esta aproximación busca respetar la ontología y epistemología Guna, situando sus saberes y prácticas en el centro del análisis, y asegurando que las interpretaciones reflejen las experiencias y prioridades de la comunidad frente al reasentamiento y los desafíos climáticos.

Palabras-clave: Cambio climático; Movilidades e inmovilidades; Territorio Gunayala; Epistemología y ontología Gunadule


1 INTRODUCCION [1]

En los últimos veinte años ha crecido de manera significativa la literatura científica y popular sobre el nexo entre movilidad humana — ya sea migración, desplazamiento o reasentamiento — y la crisis climática (BUNCHUAY-PETH, 2025). En sus primeras etapas, gran parte de esta producción se caracterizó por enfoques ambientalmente deterministas y simplificados, donde el cambio climático se presentaba como una causa directa de la migración forzada de decenas de millones (MYERS, 1997). Con el tiempo, y a medida que aumentaron los estudios de caso y los hallazgos, así como la difusión de este debate en diversas esferas de política pública (agricultura, ciudades, seguridad, entre otras), ha emergido una visión más matizada (BOAS, WIEGEL et al 2022; HOFFMANN, ŠEDOVÁ y VINKE, 2021).

Hoy se reconoce que los efectos adversos del cambio climático son un factor clave, pero siempre en interacción con dimensiones económicas, sociales y culturales que influyen en los procesos de decisión de migrar o de no migrar (BLACK, ADGER et al, 2011). También se reconoce que hay diferentes formas de migrar y habitar, una de ellas siendo la perspectiva  translocal (PAREDES GRIJALVA y DINIEGA, 2022; GREINER, PETH, y SAKDAPOLRAK, 2014). Contribuciones que se centran en la autodeterminación de las comunidades, permitiendo que sean ellas quienes decidan el uso de su propia terminología (PAREDES GRIJALVA y DINIEGA, 2022) y si se van o se quedan en sus propios términos (SULIMAN, FARBOTKO et al, 2019; PAREDES GRIJALVA y DINIEGA, 2022).

Retomamos el enfoque que identifica la interacción entre riesgo climático, gobernanza, recursos y agencia comunitaria como factores que configuran reubicación e (in)movilidades (PIGGOTT-MCKELLAR & McMICHAEL, 2021). Este marco informa nuestra lectura del caso Ukupa, aunque aquí privilegiamos una aproximación situada desde ontologías Gunadule.

Foto 1.  Dualidad del hábitat gunadule - entre la tierra y el mar


La imagen ilustra la dualidad del hábitat gunadule: la estabilidad de las estructuras comunitarias frente a la fluidez del medio marítimo, elemento indispensable para el intercambio y la soberanía territorial.  Fotografía:  Aris Mariota, 2024

En Abya Yala [2], factores importantísimos son las enormes desigualdades producto de procesos históricos como el colonialismo y sus continuidades como el capitalismo extractivista relacionado al modo imperial de vida (Brand y Wissen 2021). El cambio climático se entrelaza entonces con la movilidad humana de formas directas, como las evacuaciones inmediatas frente a un desastre, e indirectas, como la pérdida de ingresos por agricultura fallida, marcadas por las fuertes desigualdades sociales. Entre los efectos adversos del cambio climático se destacan las sequías, inundaciones, olas de calor y el aumento del nivel del mar, eventos que pueden provocar desplazamientos inmediatos o lentos (Forero, Wiegel et al. 2025; Yamamoto, Serraglio et al., 2021).

Según las proyecciones de un modelo, la movilidad climática en el Caribe para el año 2030 podría ser influenciada en un 52 % por la temperatura, en un 22 % por desastres, y en un 20 % por el aumento del nivel del mar (GCCMI 2023). Cabe resaltar que la región del Caribe es una de las más expuestas a los efectos adversos del cambio climático, también como una de las regiones donde más costos generan los desastres climáticos en comparación a su PIB (MARCHITTO, CONDE et al, 2023).

Leer más en: https://revistatravessia.com.br/travessia/article/view/1848/1482

 _____________

* Global (De)Centre y Universidad de Viena. Correo electrónico: daniela.paredes.grijalva@univie.ac.at 

** Universidad de Viena y Asociación de Mujeres Artistas de Austria (VBKÖ) Correo electrónico: alessandra.naar@gmail.com

*** Universidad de Panamá, Miembro de la nación Gunadule y Arquitecto Independiente Correo electrónico: adalberto.hernandez@uo.ac.pa

****Autoridad tradicional de la comunidad de Ukupa en Gunayala.



[1] El presente artículo fue concluido en agosto de 2025 y analiza la situación territorial según los datos recolectados hasta esa fecha. Con posterioridad al cierre de la investigación, se han producido cambios significativos en la región, particularmente en relación con la adopción de nuevos modelos de vivienda gubernamentales ante la precariedad habitacional. Por rigor metodológico, estas transformaciones recientes no han sido integradas en el análisis.

[2] Abya Yala o Abiayala es la palabra en Dulegaya (idioma Guna) para referirse al continente americano y América Latina. Es formada usando Abe (sangre) y Yala (territorio), donde Abiayala puede entenderse como “tierra preferida”, “tierra salvada” o “tierra madura”. Según el Babigala, Abiayala denomina la última etapa regenerativa por la cual pasó la madre tierra (WAGUA, 2011: 315; MARTÍNEZ, 2012: 16).

3 de octubre de 2026

Derecho a respirar aire limpio: De su reconocimiento a su garantía efectiva en América Latina

2026


El derecho a respirar aire limpio es un derecho humano emergente y conexo con los derechos a la salud y a la vida. Su contenido material se encuentra plenamente comprendido dentro del derecho a un ambiente limpio, saludable y sostenible, reconocido por el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), la Resolución 76/300 de la Asamblea General de la ONU y el artículo 11 del Protocolo de San Salvador.

El derecho a un ambiente sano también está reconocido en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos humanos (Corte IDH); especialmente en las Opiniones Consultivas 23/17 y 32/25, así como en la sentencia del caso La Oroya vs. Perú, que imponen a los Estados deberes de prevención, regulación y debida diligencia reforzada frente a los riesgos ambientales.

Este derecho emergente exige a los Estados adoptar medidas integradas de regulación, supervisión y fiscalización que aseguren el cumplimiento de estándares mínimos de calidad del aire. Ello implica establecer estándares de calidad del aire basadas en evidencia sanitaria y científica; regular emisiones y actividades productivas conforme a criterios de exposición poblacional; implementar sistemas de monitoreo abiertos, interoperables y accesibles al público; y garantizar mecanismos eficaces de inspección, sanción y reparación, con especial atención a las personas y comunidades en situación de vulnerabilidad.

En este contexto, el reconocimiento del derecho a respirar aire limpio como derecho emergente y operativo permite avanzar hacia un estándar regional de protección integral. Su exigibilidad se sustenta en la obligación general de los Estados de proteger el ambiente y en el deber específico de garantizar condiciones ambientales compatibles con la salud y la vida humana.

Retomando los diferentes elementos del derecho a respirar aire limpio, este informe ofrece un análisis del panorama de la calidad del aire en América Latina y de las obligaciones de regulación, supervisión y fiscalización indispensables para la garantía de este derecho. El análisis comparado incluyó a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú, evidenciando el estado de avance de estos países en aspectos como estándares de calidad del aire, redes de monitoreo y medidas de supervisión y fiscalización. A partir de la situación identificada, el informe contiene recomendaciones de política pública indispensables para avanzar hacia la protección efectiva de este derecho.

La publicación presenta un análisis del estado de la calidad del aire en América Latina y de las obligaciones de regulación, supervisión y fiscalización necesarias para garantizar este derecho. Se compara la situación de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú, evaluando aspectos como los estándares de calidad del aire, las redes de monitoreo y los mecanismos de control. Y, con base en este diagnóstico, se formulan recomendaciones de política pública para fortalecerla protección efectiva del derecho a un aire limpio.

Lea el informe en: https://aida-americas.app.box.com/s/t183b2kkfe6eiwdhlwqy5v9scwefbxzd

 

1 de octubre de 2026

Nainu familiar: sistemas indígenas de producción sostenible y resiliencia frente al cambio climático y autonomía en Abiayala

Geodisio Castillo

Sistema de producción agroforestal de nainu familiar

Fortalecer los sistemas indígenas de producción sostenible de alimentos y proteína representa una oportunidad para enfrentar los efectos del cambio climático y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de vida de las comunidades. Estos sistemas aprovechan de manera integral el suelo, el agua, el bosque y otros recursos naturales, contribuyendo a la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Su importancia no es solamente ambiental: también está relacionada con la cultura, la organización comunitaria, la economía familiar solidaria y la continuidad de los conocimientos ancestrales.

Un claro ejemplo de esto se encuentra en los sistemas de producción alimentaria de los pueblos indígenas de Abiayala. Las chagras de los pueblos amazónicos, por ejemplo, han moldeado sus vidas durante al menos 4.500 años al integrar dimensiones ambientales, económicas, sociales, bioculturales y espirituales en un mismo espacio.

Esta misma armonía se percibe en Gunayala, Panamá, donde el pueblo Gunadule perpetúa desde generaciones un sistema ancestral conocido como nainu familiar agroforestal. En este modelo, los cultivos conviven en perfecta simbiosis con árboles, plantas medicinales, especies de uso doméstico y artesanal, y otros recursos esenciales para la vida cotidiana. Lejos de ser un espacio aislado del bosque, el nainu forma parte de un paisaje vivo donde la producción y la conservación se nutren mutuamente.

Esta relación entre agricultura y naturaleza ha contribuido a mantener una importante cobertura boscosa en Gunayala, junto con los sistemas de nainu familiar, los manglares y el muubilli, el océano que forma parte integral del territorio Gunadule. Tierra y mar constituyen un sistema interconectado que sostiene la vida, ofrece alimentos y otros recursos, y contribuye al almacenamiento de carbono. La presencia de fauna silvestre también constituye una referencia para las comunidades sobre el estado de salud de los ecosistemas y sobre los cambios que están ocurriendo en el territorio.

Pero el valor del nainu familiar va mucho más allá de su aporte ecológico. Es también un espacio social donde se relacionan las familias, se comparten conocimientos y se transmiten prácticas agrícolas y culturales de una generación a otra. En torno a la producción se fortalecen vínculos de cooperación, intercambio de semillas, alimentos y conocimientos, así como formas de trabajo comunitario. De esta manera, cultivar no significa únicamente producir alimentos: significa mantener una relación con el territorio y reproducir conocimientos que forman parte de la identidad Gunadule.

Los productos obtenidos del nainu y de muubilli contribuyen directamente a la alimentación familiar y a la gastronomía Gunadule, reduciendo la dependencia de alimentos externos y fortaleciendo la capacidad de las comunidades para responder ante períodos de escasez, dificultades económicas o impactos climáticos. Asimismo, plantas y productos del sistema agroforestal son utilizados en prácticas medicinales, actividades culturales, construcción, elaboración de artesanías y otras necesidades de la vida cotidiana. Por ello, el nainu puede entenderse como una base de la economía familiar y de la vida comunitaria.

Sin embargo, esta forma de vida enfrenta nuevos desafíos. El borrador del Plan Estratégico de Gunayala (PEGY) 2026–2036 identifica una situación compleja, marcada por cambios económicos y sociales, pérdida progresiva de conocimientos ancestrales, inseguridad alimentaria, migración, cambios culturales y los efectos crecientes del cambio climático. A ello se suman los desafíos de fortalecer el autogobierno y mejorar la coordinación entre las estructuras de gobierno Gunadule y el Estado-nación panameño.

En este contexto, fortalecer el nainu familiar no significa regresar al pasado, sino reconocer el valor de un conocimiento que puede aportar respuestas para el presente y el futuro. La agroforestería indígena puede contribuir a recuperar suelos, conservar la biodiversidad, diversificar la producción y mejorar la disponibilidad de alimentos, al tiempo que genera oportunidades para fortalecer la economía familiar y comunitaria.

El desafío está en crear condiciones para que las propias comunidades puedan mejorar y adaptar sus sistemas productivos sin perder su esencia. Esto implica fortalecer las capacidades locales, recuperar semillas y conocimientos, promover el intercambio entre generaciones, mejorar las prácticas agroecológicas y facilitar mecanismos comunitarios de apoyo a las familias productoras.

Así, el nainu familiar puede convertirse en un efecto multiplicador: fortalecer la producción de una familia también puede fortalecer la alimentación, el intercambio, la economía local, la organización comunitaria y la conservación del territorio. Más que sumar una nueva actividad a las iniciativas existentes, se trata de potenciar una práctica que ya forma parte de la vida Gunadule y que puede evolucionar hacia un sistema agroecológico comunitario con mayor capacidad de respuesta frente al cambio climático.

La experiencia de Gunayala muestra que la resiliencia no siempre comienza con nuevas tecnologías. En muchos territorios indígenas, también puede encontrarse en los conocimientos construidos durante generaciones y en la capacidad de las comunidades para mantener una relación equilibrada con la naturaleza.

Fortalecer el nainu familiar es, por tanto, fortalecer la alimentación, la cultura, la economía familiar, la cooperación comunitaria y el territorio. Es sembrar alimentos, pero también sembrar conocimientos, identidad y capacidades para enfrentar juntos los desafíos del futuro.

La degradación del suelo puede continuar cuando los cultivos se desarrollan de manera aislada y a cielo abierto, sin considerar la capacidad de regeneración de la naturaleza. La agroforestería ofrece otra posibilidad: poner a la naturaleza en el centro de la producción y trabajar con sus propios ciclos. De esta manera, el suelo puede recuperar progresivamente su fertilidad, conservar la humedad, sostener la biodiversidad y mantener por más tiempo su capacidad de producir alimentos y generar medios de vida para las familias productoras.

Debemos reconocer que la tierra es un recurso limitado y vivo, que necesita ser nutrido y cuidado para conservar su capacidad de sostener la vida. Cuando aprendemos a trabajar en armonía con ella, la regeneración de los ecosistemas puede contribuir tanto a la producción de alimentos como a la respuesta frente al cambio climático. Para el pueblo Gunadule, esto significa trabajar con Nabgwana, la Madre Tierra, y no luchar contra ella. Se trata de recuperar una relación de respeto y reciprocidad: cuidar la tierra para que ella continúe cuidando de nosotros. En última instancia, nuestra tarea no es dominar la naturaleza, sino aprender a convivir con ella y asegurar que pueda seguir sosteniendo la vida de las generaciones presentes y del mañana.

De esta manera, podemos mantener una autonomía propia, construida a nuestro estilo y desde nuestra realidad. No basta con hablar de ella ni con recordar las enseñanzas de nuestros abuelos; debemos ponerlas en práctica cada día. La tierra, el mar y los conocimientos ancestrales siguen allí, esperando que los valoremos y los pongamos al servicio de nuestro pueblo. Desde adentro, con nuestras propias capacidades, saberes y formas de organización, podemos construir un desarrollo endógeno que fortalezca nuestra autonomía y asegure la continuidad de nuestra cultura y nuestro territorio (tierra y mar) para las futuras generaciones.

10 de septiembre de 2026

A call to action to support and safeguard ocean defenders / Un llamamiento a la acción para apoyar y proteger a los defensores del océano

Muubilli (océano), caribe de Gunayala. Isla y mar se confunden. Foto: Gubiler, 2026

 

Resumen

Las comunidades costeras de todo el mundo se enfrentan a crecientes cargas medioambientales y de derechos humanos debido a la creciente economía oceánica. Sin embargo, los defensores del océano que se movilizan para defender el medio marino, sus territorios y sus derechos a menudo sufren represión, intimidación y violencia. La sociedad tiene el deber moral y legal de proteger a los derechos humanos y a los defensores del océano. Los gobiernos, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, los financiadores, las instituciones de derechos humanos y la comunidad internacional de gobernanza oceánica deben movilizarse con urgencia para apoyar y proteger a los defensores de los océanos.

Abstract

Coastal communities worldwide face growing environmental and human rights burdens from the expanding ocean economy. Yet ocean defenders who mobilize to defend the marine environment, their territories, and their rights often experience repression, intimidation, and violence. Society has a moral and legal duty to protect human rights and ocean defenders. Governments, the private sector, civil society organizations, funders, human rights institutions, and the international ocean governance community must mobilize urgently to support and safeguard ocean defenders.

Introducción

En todo el mundo, las poblaciones y comunidades costeras están lastradas por el crecimiento exponencial y la regulación insuficiente de la economía oceánica, lo que puede amenazar el entorno marino y los recursos de los que dependen las personas, la integridad de sus territorios marinos y costeros, y sus derechos humanos 1,2,3. Comprensiblemente, la población local se organiza y moviliza en oposición a estas actividades de desarrollo amenazantes, convirtiéndose en defensores medioambientales, defensores de derechos humanos o 'defensores del océano'1,4,5,6. Los defensores del océano son las personas, grupos y colectivos que abogan por la protección del medio marino y los derechos de sus comunidades frente a amenazas existenciales mediante diversas formas de protesta pública7. Las movilizaciones sociales de defensores oceánicos son catalizadores esenciales para una conservación sostenible del océano y el mar.2,7,8,9,10,11. Sin embargo, hay cada vez más pruebas de que, cuando alzan la voz, los defensores del océano están experimentando diversas formas de represión, intimidación y persecución, así como ataques no letales y letales1,11 .

La sociedad tiene un deber moral urgente y una responsabilidad legal bajo el derecho internacional de proteger los derechos y las vidas de los defensores del océano1,5,12,13. Esta perspectiva lanza un llamamiento urgente a la acción para todos los sectores de la sociedad —gobiernos, sector privado y sociedad civil— para apoyar y proteger a los defensores oceánicos a nivel mundial.

Derechos humanos, economía oceánica y la difícil situación de los defensores

Todas las personas tienen derechos humanos inherentes según el derecho internacional14, 15, 16. Los derechos humanos incluyen derechos sustantivos como el derecho a la salud, la alimentación, la vivienda, el trabajo, un nivel de vida adecuado, seguridad y vida, así como el derecho a un entorno limpio, saludable y sostenible14,15,16,17,18. También incluyen derechos procesales como: el derecho a: reunirse, organizarse y expresarse de forma segura; estar informado y participar en la toma de decisiones relacionadas con el medio ambiente; protestar pacíficamente en defensa de los derechos humanos y del derecho humano a un entorno saludable; y poder acceder a la justicia y a remedios efectivos cuando se vulneran los derechos5,7,12,19,20,21. Las mujeres, los niños y otros grupos sujetos a discriminación tienen derechos específicos y únicos que garantizan su igualdad sustantiva y procesal22, 23, 24, 25. Los pueblos indígenas y otras comunidades tradicionales, incluidos los pescadores a pequeña escala, poseen derechos distintos y diferenciados —incluyendo derechos de tenencia y acceso, y el derecho al Consentimiento Libre, Previo e Informado (FPIC)— reflejando su conexión histórica y dependencia directa continua de los recursos y territorios para los medios de vida, la seguridad alimentaria y la continuidad cultural26,27,28,29,30. Todos los miembros y sectores de la sociedad —gobiernos, empresas y sociedad civil— tienen responsabilidades y obligaciones en cuanto a promover, respetar y proteger el conjunto completo de derechos humanos1,7,13,31,32. Además, existen todos los derechos humanos y las responsabilidades relacionadas se aplican en el contexto del océano, desde los márgenes costeros hasta la alta mar en áreas fuera de la jurisdicción nacional1,18,32,33.

Sin embargo, el deterioro de la salud oceánica y el rápido crecimiento de la economía oceánica están afectando negativamente a los derechos humanos de las poblaciones dependientes del océano1,32 . Un océano sano, abundante y no tóxico aporta beneficios críticos a la humanidad que sustentan los derechos humanos fundamentales, como el derecho a la alimentación, a un nivel de vida razonable y a la salud1,32 . Esto es especialmente cierto para las comunidades costeras y los pescadores a pequeña escala, muchos de los cuales también pueden ser pueblos indígenas, que dependen del océano para su subsistencia, medios de vida y cultura34, 35, 36. A nivel mundial, la triple crisis planetaria de pérdida de biodiversidad, cambio climático y contaminación marina están afectando a los derechos humanos de las poblaciones costeras a un océano saludable37, 38, 39. Al mismo tiempo, el aumento de las inversiones en la economía oceánica —que incluye sectores como el petróleo y gas marino, la pesca y la acuicultura, el desarrollo marítimo y portuario, el turismo marino y la bioprospección— está conduciendo a un rápido crecimiento, expansión a nuevas áreas y profundidades del océano, y al aprovechamiento de nuevas tecnologías para extraer recursos aún intactos40,41,42,43,44.


Leer más (documento completo en inglés) en:
https://www.nature.com/articles/s44183-026-00233-x

8 de septiembre de 2026

¿Cómo podría afectar un 'Super El Niño' a la comida, los bosques y el agua?

¿Cómo podría afectar un 'Super El Niño' a la comida, los bosques y el agua?

       magen de Paralaxis/iStock

Los problemas de agua pueden agravarse

¿Cómo podría afectar un Super El Niño al océano?

El Niño comienza en el océano, pero sus impactos se propagan rápidamente por los ecosistemas marinos, los medios de vida costeros y la economía oceánica en general. Aguas más cálidas de lo habitual pueden debilitar la afloración de aguas frías y ricas en nutrientes que sostienen algunas de las pesquerías más productivas del mundo. El ejemplo clásico es la pesquería de anchovetas en Perú, la mayor del mundo, donde fuertes eventos de El Niño pueden reducir y desplazar poblaciones y perturbar las capturas, afectando a las cadenas de suministro de mariscos, los mercados globales de harina de pescado y, en última instancia, los medios de subsistencia. Cambios similares pueden afectar al atún y a otras especies comercialmente importantes y a las comunidades que dependen de ellos.

El Niño también puede intensificar las olas de calor marinas, especialmente peligrosas en un océano que ya es Calentado por el cambio climático. Estos picos de calor pueden dañar praderas de pastos marinos y bosques de kelp, aumentar los riesgos de estrés y enfermedades en la acuicultura, y alterar el momento y la distribución de las poblaciones de plancton y peces. Los arrecifes de coral son especialmente vulnerables y en el pasado, eventos de El Niño fuertes en el pasado, incluyendo 1997-1998 y 2015-2016, estuvieron asociados a grandes episodios globales de blanqueamiento, lo que debilita los ecosistemas que apoyan la pesca, el turismo y la protección costera.

Para las comunidades dependientes del océano, estos choques ecológicos afectan a los ingresos, la nutrición, los ingresos gubernamentales y la resiliencia costera, especialmente en estados costeros e insulares en desarrollo. Por tanto, un Super El Niño desestabilizaría los sistemas oceánicos de los que dependen millones de personas para alimentarse, trabajar, cultivar y protegerse frente a los impactos climáticos.

Leer más en: https://www.wri.org/insights/super-el-nino-impacts-explained?%24s%7Cwridigest-2026-05-20%3Futm_campaign=wridigest&apcid=00680cfed39dca1af0661103&utm_campaign=wridigest&utm_medium=email&utm_medium=email&utm_source=wridigest-2026-09-02