24 de julio de 2023

Intercambio de saberes y experiencias de luchas en defensa de los bosques

07/07/2023 | Capire

Militantes del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales y la Marcha Mundial de las Mujeres comparten sus reflexiones

La contribución del feminismo a las luchas en defensa de los bosques y sus comunidades es poner en el centro el papel de la mujer en la sostenibilidad de la vida humana y no humana. Contra la colonización capitalista, la división sexual y racial del trabajo occidental y los modos de producción destructivos y usurpadores, el feminismo elabora una crítica antisistémica y se alía con las comunidades atacadas en todo el mundo. Es parte de una visión feminista, anticapitalista y antirracista denunciar la desestructuración de las comunidades que se desvían de los estándares hegemónicos, y fortalecer sus conocimientos, resistencias y formas de vida. Cuando las empresas transnacionales ocupan territorios, refuerzan el patriarcado, remodelan las relaciones sociales y transforman comunidades de diferentes partes del mundo en víctimas de esa explotación.

El capitalismo depende del control de la naturaleza, del trabajo y de los cuerpos de las mujeres. Y, a medida que las grandes empresas ingresan a las comunidades, estableciendo sus megaproyectos y modelos de operación, también avanza el control y la explotación capitalista. Con el fin de reflexionar sobre los diferentes y similares desafíos que enfrentan las mujeres y comunidades enteras alrededor del mundo cuando sus territorios son ocupados por estas empresas, integrantes del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales y la Marcha Mundial de las Mujeres realizaron un intercambio de conocimientos y experiencias entre los días 14 y 17 de mayo, en Parelheiros, São Paulo, Brasil.

Intercambio, una metodología de movimientos

Intercambios son formas de propiciar el intercambio de saberes entre militantes de diferentes territorios. “Es una herramienta política y pedagógica, porque al visitar nuevos territorios de lucha, al poner un pie en él, somos más capaces de reconocer las diferentes voces de la resistencia que están ahí: personas mayores, mujeres, jóvenes, que son sujetos políticos que, en los grandes eventos muchas veces no logran hablar tanto. En los territorios vemos mejor cómo se puede organizar la vida”, explica Natália Lobo, de la Marcha Mundial de las Mujeres en Brasil. En los territorios en conflicto, los intercambios son también momentos de demostración de apoyo y solidaridad, que fortalecen la resistencia local y permiten ver la proximidad sistémica entre conflictos aparentemente locales.

A este encuentro realizado en mayo asistieron personas de movimientos populares de África, Asia y América Latina que luchan por la justicia ambiental, la agroecología y la soberanía alimentaria. Militantes de los movimientos campesinos y ambientales, estas personas actúan en la lucha por el territorio y en contra de la economía verde.

El intercambio fue una oportunidad para debatir y compartir desafíos, como el avance de la frontera agrícola y de la economía verde, con sus megaproyectos mineros, el aumento de los monocultivos, como el eucalipto y la palma aceitera, el acaparamiento de tierras y las políticas de financiarización de la naturaleza. También fue una oportunidad para vivir e intercambiar experiencias, ideas y saberes que unen a las comunidades y sus luchas. Para Claudia Guillén, de Chiapas, México»la vida de los territorios es también alegría, y no solo el avance de los megaproyectos. Según ella, la experiencia de intercambio es también una demostración de resiliencia y una fortaleza, en donde las mujeres hemos puesto la cara”

Para Aminata Finda Massaquoi, una militante de Sierra Leona, la experiencia de trabajar con mujeres de otra región del mundo fue un momento de comprensión de cómo las mujeres de su país y las mujeres de Brasil tienen desafíos en común. Ella comparte que “en esta región del mundo, otras mujeres están enfrentando estos desafíos, pero ellas siguen esforzándose a pesar de todo. Es una lucha y una batalla continua. Es bueno saber que no estamos solas porque, por lo general, no podemos soportarlo más, pero encontramos las mismas luchas en todas partes”.

Aminata también destacó los aspectos comunitarios del trabajo agroecológico de las mujeres en Vale do Ribeira, una región del estado de São Paulo que visitó el grupo. El grupo pudo escuchar, directamente de estas mujeres, cómo realizan su trabajo colectivamente y cuáles son los impactos positivos para la comunidad. “Recuperar este conocimiento es también recuperar las historias de mis ancestros”, concluyó Aminata.

Feminismo y juventud en defensa de los bosques

La reflexión sobre el papel del feminismo en la lucha fue el eje de muchos debates, incluido el papel de la juventud en las comunidades. La joven indonesia Wiwiniarmy Andilolo compartió que, en su país, es común que los pueblos originarios y del campo sean estigmatizados por la juventud influenciada por el discurso urbano hegemónico. “La juventud prefiere vivir una vida más “cómoda” en la gran ciudad, ya que no tienen ese sentimiento de pertenencia. Las generaciones más jóvenes tienden a sentir que son diferentes y están separadas de la comunidad”, dice Wiwiniarmy.

Ante esta trampa desintegradora, articulada por el avance del capitalismo, las comunidades tradicionales se esfuerzan por mantener vivos sus saberes desde la conexión con el territorio y la naturaleza, y con modos de vida más compartidos, creando puentes entre lo urbano y lo rural, lo moderno y lo ancestro. “Regresaré a mi ciudad después de terminar mis estudios en la ciudad, y haré algo similar a lo que ha hecho la comunidad aquí. No tienes que estar en la frontera de tu propia comunidad para ser transformada por nuevas perspectivas, y eso es exactamente lo que estamos haciendo ahora”, informa Winwin.

La participación política de las mujeres impacta directamente en la vida comunitaria. Cuando las mujeres se organizan, sus comunidades tienden a ser más conscientes de los riesgos que las grandes empresas pueden traer al territorio. Como responsables de tareas fundamentales para el sostenimiento de la vida y la cohesión de las comunidades, las mujeres aportan diferentes perspectivas sobre el avance del capitalismo y el mercado, teniendo un mayor compromiso con la protección de sus territorios. Un ejemplo es el que trae Natália Lobo sobre la experiencia en el Nordeste brasileño, donde las mujeres son activas en la lucha contra las empresas de energía eólica. “En estas comunidades, las militantes de MMM están organizadas en asociaciones, en espacios mixtos, y dijeron que fueron las primeras en las asociaciones y en los espacios de organización en decir ‘no’ a la energía eólica”, explica.

En Chiapas, México, así como en varias regiones africanas, las mujeres están en primera línea en la lucha contra los monocultivos de palma aceitera. Las empresas involucradas en la producción de aceite de palma en los países del sur global combinan la fuerza militar, la explotación laboral y el acaparamiento de tierras para obtener más ganancias en la extracción de la materia prima. Los impactos en la vida comunitaria son muchos, incluido el aumento de la violencia contra mujeres y chicas y el trabajo precario sin derechos. Conscientes de los riesgos que el avance de estas empresas representa para la reproducción de la vida, las mujeres organizan y fortalecen los vínculos entre las agendas del feminismo y la justicia ambiental.

Para Claudia, la lucha de las compañeras de Chiapas contra el monocultivo de palma aceitera es similar a la lucha de las mujeres brasileñas por la soberanía energética porque son resistencias difíciles, pero se organizan con irreverencia: “Al igual que las compañeras de Chiapas, las compañeras de acá enfrentan procesos que también son muy duros y violentos, y que sin duda podrían secarnos el corazón. Pero la dulzura, la ternura con la que nos recibieron, el abrazo, la comida y la alegría con la que nos compartieron sus territorios es hermoso y realmente alienta”.

Durante el intercambio, Natália recordó una canción del movimiento agroecológico brasileño que dice que, “sin mujer, la lucha está a medias”. Y en todo el mundo, donde avanza el capitalismo, también hay resistencia de las mujeres que denuncian la destrucción de las empresas transnacionales, que son un enemigo común en muchos territorios.

Redacción por Bianca Pessoa y Helena Zelic
Traducido por Aline Lopes Murillo

 

Fuente: https://capiremov.org/es/experiencias-es/intercambio-de-saberes-y-experiencias-de-luchas-en-defensa-de-los-bosques/?utm_source=substack&utm_medium=email

 

18 de julio de 2023

Bosques, suelo y agua: explorando sus interacciones

 

ecosistemas

REVISTA CIENTÍFICA DE ECOLOGÍA Y MEDIO AMBIENTE

ISSN 1697-2473 / Open access

disponible en www.revistaecosistemas.net

* Departamento de Ciencias del Medio Natural, ETSIA, Universidad Pública de Navarra, Campus de Arrosadía s/n, 31006, Pamplona, Navarra, España.

* Autor de correpondencia: J.A. Blanco [ juan.blanco@unavarra.es ]

Los bosques y el agua: acciones a nivel internacional

Miles de millones de personas sufren los efectos de un acceso inadecuado al agua (Mekonnen y Hoekstra 2016). En muchas regiones del mundo la explotación excesiva de los recursos hídricos disponibles, el mal de uso de los mismos o su contaminación representan una amenaza cada vez mayor para la disponibilidad y la calidad del agua para usos agrícolas, industriales o urbanos (FAO 2009). El cambio climático puede exacerbar la escasez de agua y amenazar la seguridad alimentaria, pudiendo ser una de las causas de migraciones masivas, aumentando la conflictividad social y política (Kelley et al. 2015). Los bosques juegan un papel integral en el suministro de agua de calidad para distintos usos, y también en estabilizar y proteger los suelos de la erosión. La mayoría del agua dulce mundial se proporciona a través de cuencas arboladas, y los bosques protegen muchos embalses y presas del colmatado por sedimentos. Además, los bosques protegen las aguas subterráneas de contaminantes por medio de la labor filtrante de los suelos forestales (FAO 2009). Tanto el suelo como el agua son condicionantes esenciales en el crecimiento y salud de los árboles, y también del resto de organismos que componen los sistemas forestales. Sin embargo, debido a una demanda creciente de agua para usos urbanos, agrícolas e industriales, así como de terreno urbanizable debido a una población humana que aumenta tanto su número como su calidad de vida, los bosques están con frecuencia bajo fuertes presiones. En muchas regiones del mundo estas presiones se exacerbarán debido al cambio climático (IUFRO 2017).

La International Union of Forest Research Organizations (IUFRO) es la principal organización internacional dedicada a investigaciones forestales. IUFRO reúne a la mayoría de las organizaciones, sociedades científicas e instituciones académicas que investigan la estructura y funcionamiento de los bosques de todo el mundo. Conecta en una red a 700 organizaciones de 110 países, uniendo a más de 15 000 científicos (IUFRO 2017). Uno de los cinco temas de investigación principales de la estrategia de IUFRO para el período 2015-2019 es “Bosques, suelo, agua y sus interacciones”. Para desarrollar este tema, en julio de 2015 se constituyó en Kelowna (Canadá) la IUFRO Task Force on Forests, Soil and Water Interactions, para desarrollar un abanico de actividades integradoras sobre este tema. La estrategia 2015-2019 identifica varias lagunas de conocimiento e incertidumbres relacionadas con las interacciones entre bosques, suelos y agua, en particular con los efectos del cambio climático, la gestión forestal, la conservación del suelo y el suministro de agua. En consecuencia, las áreas de conocimiento que enfatiza la estrategia de la IUFRO incluyen: 1) gestión a macro-escalas e impactos sobre ciclos de agua regionales; 2) estrategias de gestión forestal para la adaptación y mitigación del cambio climático; 3) comprensión del papel de protección de los ecosistemas forestales sobre la conservación de los recursos hídricos; y 4) compresión del papel de protección de los bosques en la prevención y reducción de desastres naturales relacionados con el agua.

La IUFRO no es la única organización que reconoce la importancia de la relación entre bosques y agua. En particular, la Reunión Internacional de Expertos sobre los Bosques y el Agua, celebrada en Shiga (Japón) en noviembre de 2002, puso de relieve la necesidad de adoptar un enfoque más integral para comprender la interacción entre el agua, los bosques, otros usos de la tierra y los factores socioeconómicos en los complejos ecosistemas de las cuencas hidrográficas. Seguidamente, el Año Internacional del Agua Dulce (AIAD, celebrado en 2003) y el Tercer Foro Mundial del Agua (Kyoto, Japón, 2003) contribuyeron a incorporar en las políticas de gestión de los recursos hídricos esta nueva perspectiva de las interacciones biofísicas entre los bosques y el agua. La FAO sintetizó las principales conclusiones de estos proyectos en una Agenda para los Bosques y Agua (FAO 2013). A continuación, la FAO lanzó el Plan de Acción para los Bosques y el Agua en el Congreso Forestal Mundial de Durban (Sudáfrica, 2015). El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), también incluye los bosques dentro de su estrategia para el agua de 2017 a 2021 (UNEP 2017). Todo ello ha generado la necesidad de organizar y aumentar el conocimiento científico existente. Para cubrir esta necesidad las organizaciones internacionales han generado desde entonces diversas revisiones del estado del conocimiento.

Algunas de las más destacadas son: 1) el informe sobre los efectos hidrológicos de la gestión forestal en un contexto de cambio en los paisajes publicado por el Consejo de Investigación Nacional de los EE.UU (CHIFM 2008); 2) el informe “Los Bosques y el Agua” de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO 2009); 3) el reciente informe de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) sobre el impacto de la gestión forestal sobre los recursos hídricos en 13 países de los cinco continentes (García-Chevesich et al. 2017). Por parte de la IUFRO, reconociendo la importancia de este tema, se está organizando actualmente un nuevo informe del Panel Global de Expertos en Bosques (GFEP).

Además, como parte de las actividades que la IUFRO Task Force en Bosques, Suelo, Agua y sus Interacciones, del que el autor de esta editorial es miembro, se presenta este monográfico de la revista ECOSISTEMAS para contribuir a la generación de literatura científica en castellano que pueda contribuir a la mejora de la comprensión de estas complejas relaciones entre bosques, clima, suelo y disponibilidad de agua para usos rurales, urbanos e industriales.

El autor espera que este monográfico, con aportaciones de científicos de Colombia, México y España, pueda servir de puerta de entrada a los investigadores que quieran profundizar en el tema.

Los bosques influyen en el ciclo hidrológico global

Los bosques juegan un importante papel en la regulación de los flujos de humedad atmosférica y en las pautas de precipitación sobre zonas terrestres (Ellison et al. 2017). Las superficies terrestres y oceánicas del planeta liberan vapor de agua a la atmósfera.

Sobre las superficies continentales, este proceso se complementa con la liberación activa de agua por parte de los bosques y otros tipos de vegetación por medio de la evapotranspiración, una combinación de la evaporación de agua desde la superficie del suelo y las plantas y la transpiración por las plantas que absorben agua del suelo para desplazarla hacia la atmósfera y aprovechar el movimiento generado para mover sus fluidos internos (Fig. 1). La evapotranspiración suele representar al menos un 40% de la precipitación sobre zonas terrestres, pudiendo llegar en algunos ecosistemas de bosques lluviosos tropicales al 70% (Van der Ent et al. 2010; Jasechko et al. 2013). La humedad atmosférica resultante circula alrededor de los continentes y océanos del planeta por medio de los vientos. Este mecanismo puede considerarse como una forma de redistribución del agua entre las distintas superficies terrestres (Ellison et al. 2017).

Aunque la humedad atmosférica, y en consecuencia la contribución de la evapotranspiración a la precipitación, siguen pautas y movimientos a escalas continentales, tradicionalmente estos fenómenos se han estudiado como parte de un ciclo hidrológico forestal poco dinámico, emplazado en una escala local (Fig. 1). Esta visión tradicional limita una comprensión más integradora de la relación de los bosques no sólo con el agua a nivel local o aguas abajo, sino con los flujos hídricos en las zonas a sotavento. Por ejemplo, se ha comprobado que en zonas tropicales, el aire que pasa sobre zonas arboladas provoca el doble de precipitación que el aire que pasa sobre zonas con vegetación escasa (Spracklen et al. 2012). Por otro lado, los bosques promueven la precipitación al producir partículas y aerosoles que se liberan en la atmósfera (polen, bacterias, restos del dosel arbóreo, esporas de hongos, etc.) y que funcionan como núcleos de agregación sobre los que se condesa el vapor de agua, generando precipitación (Morris et al. 2014; Sheil 2014).

Estas tele-conexiones entre zonas arboladas y zonas de precipitación pueden existir a nivel local, regional o incluso continental (Ellison et al. 2017). Debido a ello, al aumentar la deforestación, los lugares que estén más alejados de la influencia de los vientos costeros serán los primeros en notar cambios en la predictibilidad, extensión y cantidad de precipitación. Tales cambios pueden llegar a provocar el paso de climas húmedos a secos en las regiones fronterizas entre ambos tipos de clima (Sheil y Murdiyarso 2009). De hecho, la controvertida nueva teoría de la “bomba biológica” propone que la circulación de vientos desde el mar hacia los continentes se debe primariamente a la creación activa por parte de los bosques de zonas de bajas presiones por medio de la transpiración y condensación (Makarieva et al. 2013). Si dicha teoría llega a confirmarse, la reducción de la cubierta forestal podría afectar a la circulación del aire, llegando incluso a invertir las pautas de vientos (Sheil y Murdiyarso 2009).

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8 de julio de 2023

La reforestación preservando los suelos, recurso por la vida

Geodisio Castillo

 

Vivero para la reforestación en Bingandi. Foto: Gubiler, 2023

Los suelos erosionados favorecen los deslizamientos de tierra y las inundaciones por las lluvias, tormentas o huracanes. La reforestación busca paliar esa situación, causada por la quema y tala indiscriminada, preservando la fertilidad del suelo con unas raíces fuertemente adheridas.

El deterioro del suelo cada vez se acelera más, el cual debemos contribuir a detener estos procesos de degradación de la tierra y la tendencia de monocultivos en Gunayala que agotan la materia orgánica de los suelos, un recurso natural base para la salud y la vida.

Al atrapar el calor del sol, los gases de efecto invernadero han mantenido el clima del planeta Tierra habitable para los seres humanos y millones de otras especies[1]. Pero esos gases están ahora desequilibrados, por las acciones del hombre y amenazan con cambiar drásticamente y que los seres vivos no podamos sobrevivir en esta Tierra.

Los niveles atmosféricos de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más peligroso y prevalente, son los más altos jamás registrados y no paran de crecer[2]. Los niveles de gases de efecto invernadero están ahora tan altos principalmente porque los seres humanos los han liberado al aire al quemar combustibles fósiles, sean industriales, tala y quema de los bosques. Los gases absorben la energía solar y mantienen el calor cerca de la superficie de la Tierra, en lugar de dejarlo escapar al espacio. Esta captura de calor se conoce como efecto invernadero.

El cambio de uso de suelo y la deforestación representan una quinta parte (21%) del total de emisiones de gases de efecto invernadero de la región, mientras que en el conjunto del planeta suponen alrededor de 5%; representan el cambio de uso del suelo por ganadería y la deforestación[3]. Por lo tanto, se necesitan acciones para recuperar los suelos, fomentar la reducción de emisiones de carbono y potenciar el secuestro de carbono en el suelo.

A nivel mundial, indica la COICA (s/f), las tierras indígenas y comunitarias contienen al menos el 24% del carbono almacenado sobre el suelo en los bosques tropicales y subtropicales, y el 80% de la biodiversidad mundial. Si queremos detener la deforestación y mantener el calentamiento global a 1.5 ° C al lograr un mundo neto cero, el financiamiento climático de alta integridad debe escalarse y canalizarse a los esfuerzos de conservación liderados por indígenas[4]. Sólo respetando nuestros derechos, tradiciones y conocimientos ancestrales la comunidad internacional podrá preservar el planeta para las generaciones futuras de todas las comunidades y pueblos (CEPAL, 2014).

Por lo tanto, la reforestación[5] es una nueva oportunidad para la Tierra. La reforestación sustituye, compensa, rejuvenece, regenera los árboles cortados por una nueva generación de ellos (CGG, s/f); ofrece mantenimiento del equilibrio del ecosistema y la biodiversidad; proporciona un hábitat a diferentes comunidades, entre otros.

Con la reforestación tenemos más oportunidades para capacitarnos “aprender haciendo" y se adelantan creando plataformas o módulos de aprendizaje innovadora. Es una solución basada en la naturaleza que aprovechan el poder de la naturaleza para reducir las emisiones y adaptarse a los impactos climáticos[6].

La reforestación es una práctica ancestral que ha sido utilizada por los pueblos indígenas para restaurar y proteger los bosques y la biodiversidad[7]. El conocimiento ancestral es parte de la cultura de la nación gunadule y no propiedad de un individuo, es un derecho colectivo que pertenece y beneficia a todas las comunidades. Es para que sigan utilizando duleina, alimento y puedan vivir felices de la naturaleza. Son conocimientos ancestrales, que la ciencia occidental actualmente lo está reconociendo, como una solución para asegurar la vida, asegurando la alimentación, la biodiversidad, el ambiente y mitigar el cambio del clima (CEPAL, 2014). Son conocimientos ancestrales y procesos de desarrollo de los nacionalidades indígenas (Verdú Delgado, 2017).

Actividad de reforestación en tiempo de pandemia COVID 19, Asociación de Mujeres Rurales de Digir. Foto: Gubiler, 2022

Por lo que los pueblos indígenas de todo el mundo, en una carta abierta expresan su urgencia de luchar contra la deforestación, asumiendo esta lucha y al mismo tiempo sirviendo como guardianes de lo que queda de los ecosistemas más biodiversos de la Madre Tierra[8]. Los grupos indígenas que expresaron su apoyo: la fundación FSC Indigenous Foundation, el Comité Coordinador de los Pueblos Indígenas de África, la asociación Peoples Forest Partnership y la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques, conocida por su sigla AMPB. Otras organizaciones, entre ellas VNV Advisory Services[9].

Las investigaciones científicas han demostrado una y otra vez que los bosques y otros paisajes son más prósperos cuando se reconocen los derechos de los pueblos indígenas (CEPAL, 2014). El valor de los conocimientos de los pueblos indígenas, generales y técnicos acumulados durante generaciones, y puestos a prueba y aplicados a lo largo de milenios, que guían a las sociedades indígenas en su interacción con el ambiente que las rodea (FIDA 2016).

Según Ibáñez Blancas, et al. (2020), los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas no están ligados necesariamente a la categoría indígena, sino que suponen complejas construcciones sociales que incluso pueden llegar a convertirse en sistemas híbridos. Las responsabilidades de las generaciones actuales en relación con las futuras no deben ser reducidas a una concepción paternalista, centralista y como tal conservadora del mundo que habremos de legarles, concluyendo que hay que profundizar el rescate de los conocimientos ancestrales y tradicionales estimulando a incorporar los nuevos conocimientos del ámbito de la ciencia y así contribuir al empoderamiento de las culturas que los han generado, permitiendo mantener su coevolución con el ambiente con el cual conviven y en el cual se desarrollan.

Referencias:


CEPAL, 2014. Los pueblos indígenas en América Latina. Avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos. CEPAL, Naciones Unidas, noviembre de 2014. Santiago de Chile. 408 p.

 

COICA, s/f.  Pueblos Indígenas y Cambio Climático. Retos y propuestas para alcanzar las metas globales. 13 p.


Congreso General Guna (CGG), s/f. ESTATUTO DE LA COMARCA GUNAYALA. Comarca Gunayala. Panamá. 84 p.


FIDA, 2016. El valor de los conocimientos tradicionales. Los conocimientos de los pueblos indígenas en las estrategias de adaptación al cambio climático y la mitigación de este. Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Roma (Italia). 60 p.

 

Ibáñez Blancas, Nicolás; Isch L., Edgar; Panario, Daniel; Gutiérrez, Ofelia; Zambrano C., Ángela, 2020. El cambio climático y los conocimientos tradicionales, miradas desde Sudamérica. Terra. Nueva Etapa, vol. XXXVI, núm. 59, 2020. Universidad Central de Venezuela, Venezuela. 16 p.


Verdú Delgado, A. D., 2017. Conocimientos ancestrales y procesos de desarrollo. Nacionalidades indígenas del Ecuador. Universidad Técnica Particular de Loja. Loja-Ecuador. 236 p.

 




4 de julio de 2023

Las áreas protegidas podrían no ser suficientes para cuidar especies silvestres

Un estudio realizado por tres universidades europeas y estadounidenses habló de los riesgos de animales como el gorila de montaña y el jaguar en áreas protegidas. Allí, al parecer, no estarían libres de actividades como la caza humana y la deforestación.

Los investigadores analizaron cómo la acitividad humana afectó a 159 especies de mamíferos en 16 áreas protegidas en regiones tropicales de tres continentes: el parque nacional impenetrable de Bwindi, en África; el parque nacional Yasuní, en América del Sur; y la reserva forestal Pasoh en Asia.

Animales como el jaguar y el gorila de montaña se vieron afectados por las actividades humanas, incluso cuando residían en una reserva natural. Así lo señaló un reciente estudio publicado por la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida (NMBU), la Universidad Rice (Estados Unidos) y la Universidad e Investigación de Wageningen (Países Bajos).

“Vivir dentro de áreas protegidas puede no proteger automáticamente a los mamíferos tropicales de los efectos de las actividades humanas. Tenemos evidencia de que los animales se ven afectados tanto por lo que sucede dentro como fuera de las áreas protegidas”, dijo Asunción Semper-Pascual, investigadora postdoctoral en NMBU y autora principal del estudio.

El estudio se llevó a cabo mediante el análisis de millones de imágenes de cámaras trampa utilizadas para monitorear la vida silvestre. Así los investigadores analizaron cómo la acitividad humana afectó a 159 especies de mamíferos en 16 áreas protegidas en regiones tropicales de tres continentes: el parque nacional impenetrable de Bwindi, en África; el parque nacional Yasuní, en América del Sur; y la reserva forestal Pasoh en Asia.

Los investigadores encontraron que algunos animales se vieron particularmente afectados por la fragmentación del hábitat causada por la deforestación. Asimismo, las especies que se encuentran en hábitats específicos prosperaron cuando los daños o modificaciones en su ambiente fue menor.

Otro de los hallazgos fue que los hábitats suelen ser más variados en el borde de un área protegida, pues este puede cambiar de un denso bosque tropical a un terreno agrícola abierto.

Sin embargo, los animales que habitan en ese espacio pueden ser más vulnerables, pues se encontrarían más cerca de los humanos y sus diversas actividades. Eso generaría riesgos, por ejemplo, antes una posible caza.

Actualmente, varios líderes mundiales están tratando de proteger una mayor parte de la vida silvestre. De hecho, en diciembre de 2022, la conferencia de biodiversidad de la ONU acordó destinar el 30 % de la superficie terrestre y oceánica de la Tierra como área protegida para 2030.

Se tiene registro de que, para mediados de 2021, el 16,64 % de la tierra y el 7,74 % de los océanos se encontraba en áreas protegidas. Es por eso que la investigación señala que, a medida que se creen más zonas como estas, debe pensarse detenidamente sobre los factores dentro y fuera que influyen en la preservación de la biodiversidad.

Fuente: https://www.elespectador.com/ambiente/las-areas-protegidas-podrian-no-ser-suficientes-para-cuidar-especies-silvestres/