6 de octubre de 2026

Entre la tierra y el mar: desafíos de habitabilidad frente a la crisis climática en el territorio Gunayala

Daniela Paredes Grijalva* Alessandra Naar** Adalberto Diginya Hernández Thompson*** Sagla Celestiano Garrido****

RESUMEN

Este artículo se distancia de proyecciones cuantitativas sobre “cuántos migrantes” habrá en “cuántos años” y se enfoca en cómo se migra, resiste y cómo se busca habitar con dignidad a través de las movilidades e inmovilidades (BOAS et al 2022). Desde esta perspectiva y con un enfoque decolonial – entendiendo con Quijano (2000) la persistencia de jerarquías epistémicas y de poder inscritas en la colonialidad, y siguiendo a Escobar (2018) en la necesidad de reconocer ontologías relacionales y pluriversos territoriales, centramos la epistemología y la ontología Gunadule – las formas de saber y ser de este pueblo – como marcos analíticos legítimos para explorar la relacionalidad entre seres humanos, territorio y transformaciones socioambientales en tiempos de crisis climática. Con este lente, narramos el proceso de reasentamiento en curso de la comunidad de Ukupa, en Gunayala en la costa norte de Panamá, desencadenado por inundaciones severas en diciembre de 2024. Nos preguntamos: ¿Qué papel desempeñan los saberes y ontologías Gunadule en la toma de decisiones sobre migrar, permanecer o reubicarse?, ¿qué implica este proceso en términos de continuidad cultural y territorial? Combinamos una revisión de literatura con entrevistas y la documentación de voces de la comunidad Gunadule. Esta aproximación busca respetar la ontología y epistemología Guna, situando sus saberes y prácticas en el centro del análisis, y asegurando que las interpretaciones reflejen las experiencias y prioridades de la comunidad frente al reasentamiento y los desafíos climáticos.

Palabras-clave: Cambio climático; Movilidades e inmovilidades; Territorio Gunayala; Epistemología y ontología Gunadule


1 INTRODUCCION [1]

En los últimos veinte años ha crecido de manera significativa la literatura científica y popular sobre el nexo entre movilidad humana — ya sea migración, desplazamiento o reasentamiento — y la crisis climática (BUNCHUAY-PETH, 2025). En sus primeras etapas, gran parte de esta producción se caracterizó por enfoques ambientalmente deterministas y simplificados, donde el cambio climático se presentaba como una causa directa de la migración forzada de decenas de millones (MYERS, 1997). Con el tiempo, y a medida que aumentaron los estudios de caso y los hallazgos, así como la difusión de este debate en diversas esferas de política pública (agricultura, ciudades, seguridad, entre otras), ha emergido una visión más matizada (BOAS, WIEGEL et al 2022; HOFFMANN, ŠEDOVÁ y VINKE, 2021).

Hoy se reconoce que los efectos adversos del cambio climático son un factor clave, pero siempre en interacción con dimensiones económicas, sociales y culturales que influyen en los procesos de decisión de migrar o de no migrar (BLACK, ADGER et al, 2011). También se reconoce que hay diferentes formas de migrar y habitar, una de ellas siendo la perspectiva  translocal (PAREDES GRIJALVA y DINIEGA, 2022; GREINER, PETH, y SAKDAPOLRAK, 2014). Contribuciones que se centran en la autodeterminación de las comunidades, permitiendo que sean ellas quienes decidan el uso de su propia terminología (PAREDES GRIJALVA y DINIEGA, 2022) y si se van o se quedan en sus propios términos (SULIMAN, FARBOTKO et al, 2019; PAREDES GRIJALVA y DINIEGA, 2022).

Retomamos el enfoque que identifica la interacción entre riesgo climático, gobernanza, recursos y agencia comunitaria como factores que configuran reubicación e (in)movilidades (PIGGOTT-MCKELLAR & McMICHAEL, 2021). Este marco informa nuestra lectura del caso Ukupa, aunque aquí privilegiamos una aproximación situada desde ontologías Gunadule.

Foto 1.  Dualidad del hábitat gunadule - entre la tierra y el mar


La imagen ilustra la dualidad del hábitat gunadule: la estabilidad de las estructuras comunitarias frente a la fluidez del medio marítimo, elemento indispensable para el intercambio y la soberanía territorial.  Fotografía:  Aris Mariota, 2024

En Abya Yala [2], factores importantísimos son las enormes desigualdades producto de procesos históricos como el colonialismo y sus continuidades como el capitalismo extractivista relacionado al modo imperial de vida (Brand y Wissen 2021). El cambio climático se entrelaza entonces con la movilidad humana de formas directas, como las evacuaciones inmediatas frente a un desastre, e indirectas, como la pérdida de ingresos por agricultura fallida, marcadas por las fuertes desigualdades sociales. Entre los efectos adversos del cambio climático se destacan las sequías, inundaciones, olas de calor y el aumento del nivel del mar, eventos que pueden provocar desplazamientos inmediatos o lentos (Forero, Wiegel et al. 2025; Yamamoto, Serraglio et al., 2021).

Según las proyecciones de un modelo, la movilidad climática en el Caribe para el año 2030 podría ser influenciada en un 52 % por la temperatura, en un 22 % por desastres, y en un 20 % por el aumento del nivel del mar (GCCMI 2023). Cabe resaltar que la región del Caribe es una de las más expuestas a los efectos adversos del cambio climático, también como una de las regiones donde más costos generan los desastres climáticos en comparación a su PIB (MARCHITTO, CONDE et al, 2023).

Leer más en: https://revistatravessia.com.br/travessia/article/view/1848/1482

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* Global (De)Centre y Universidad de Viena. Correo electrónico: daniela.paredes.grijalva@univie.ac.at 

** Universidad de Viena y Asociación de Mujeres Artistas de Austria (VBKÖ) Correo electrónico: alessandra.naar@gmail.com

*** Universidad de Panamá, Miembro de la nación Gunadule y Arquitecto Independiente Correo electrónico: adalberto.hernandez@uo.ac.pa

****Autoridad tradicional de la comunidad de Ukupa en Gunayala.



[1] El presente artículo fue concluido en agosto de 2025 y analiza la situación territorial según los datos recolectados hasta esa fecha. Con posterioridad al cierre de la investigación, se han producido cambios significativos en la región, particularmente en relación con la adopción de nuevos modelos de vivienda gubernamentales ante la precariedad habitacional. Por rigor metodológico, estas transformaciones recientes no han sido integradas en el análisis.

[2] Abya Yala o Abiayala es la palabra en Dulegaya (idioma Guna) para referirse al continente americano y América Latina. Es formada usando Abe (sangre) y Yala (territorio), donde Abiayala puede entenderse como “tierra preferida”, “tierra salvada” o “tierra madura”. Según el Babigala, Abiayala denomina la última etapa regenerativa por la cual pasó la madre tierra (WAGUA, 2011: 315; MARTÍNEZ, 2012: 16).

3 de octubre de 2026

Derecho a respirar aire limpio: De su reconocimiento a su garantía efectiva en América Latina

2026


El derecho a respirar aire limpio es un derecho humano emergente y conexo con los derechos a la salud y a la vida. Su contenido material se encuentra plenamente comprendido dentro del derecho a un ambiente limpio, saludable y sostenible, reconocido por el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), la Resolución 76/300 de la Asamblea General de la ONU y el artículo 11 del Protocolo de San Salvador.

El derecho a un ambiente sano también está reconocido en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos humanos (Corte IDH); especialmente en las Opiniones Consultivas 23/17 y 32/25, así como en la sentencia del caso La Oroya vs. Perú, que imponen a los Estados deberes de prevención, regulación y debida diligencia reforzada frente a los riesgos ambientales.

Este derecho emergente exige a los Estados adoptar medidas integradas de regulación, supervisión y fiscalización que aseguren el cumplimiento de estándares mínimos de calidad del aire. Ello implica establecer estándares de calidad del aire basadas en evidencia sanitaria y científica; regular emisiones y actividades productivas conforme a criterios de exposición poblacional; implementar sistemas de monitoreo abiertos, interoperables y accesibles al público; y garantizar mecanismos eficaces de inspección, sanción y reparación, con especial atención a las personas y comunidades en situación de vulnerabilidad.

En este contexto, el reconocimiento del derecho a respirar aire limpio como derecho emergente y operativo permite avanzar hacia un estándar regional de protección integral. Su exigibilidad se sustenta en la obligación general de los Estados de proteger el ambiente y en el deber específico de garantizar condiciones ambientales compatibles con la salud y la vida humana.

Retomando los diferentes elementos del derecho a respirar aire limpio, este informe ofrece un análisis del panorama de la calidad del aire en América Latina y de las obligaciones de regulación, supervisión y fiscalización indispensables para la garantía de este derecho. El análisis comparado incluyó a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú, evidenciando el estado de avance de estos países en aspectos como estándares de calidad del aire, redes de monitoreo y medidas de supervisión y fiscalización. A partir de la situación identificada, el informe contiene recomendaciones de política pública indispensables para avanzar hacia la protección efectiva de este derecho.

La publicación presenta un análisis del estado de la calidad del aire en América Latina y de las obligaciones de regulación, supervisión y fiscalización necesarias para garantizar este derecho. Se compara la situación de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú, evaluando aspectos como los estándares de calidad del aire, las redes de monitoreo y los mecanismos de control. Y, con base en este diagnóstico, se formulan recomendaciones de política pública para fortalecerla protección efectiva del derecho a un aire limpio.

Lea el informe en: https://aida-americas.app.box.com/s/t183b2kkfe6eiwdhlwqy5v9scwefbxzd

 

1 de octubre de 2026

Nainu familiar: sistemas indígenas de producción sostenible y resiliencia frente al cambio climático y autonomía en Abiayala

Geodisio Castillo

Sistema de producción agroforestal de nainu familiar

Fortalecer los sistemas indígenas de producción sostenible de alimentos y proteína representa una oportunidad para enfrentar los efectos del cambio climático y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de vida de las comunidades. Estos sistemas aprovechan de manera integral el suelo, el agua, el bosque y otros recursos naturales, contribuyendo a la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Su importancia no es solamente ambiental: también está relacionada con la cultura, la organización comunitaria, la economía familiar solidaria y la continuidad de los conocimientos ancestrales.

Un claro ejemplo de esto se encuentra en los sistemas de producción alimentaria de los pueblos indígenas de Abiayala. Las chagras de los pueblos amazónicos, por ejemplo, han moldeado sus vidas durante al menos 4.500 años al integrar dimensiones ambientales, económicas, sociales, bioculturales y espirituales en un mismo espacio.

Esta misma armonía se percibe en Gunayala, Panamá, donde el pueblo Gunadule perpetúa desde generaciones un sistema ancestral conocido como nainu familiar agroforestal. En este modelo, los cultivos conviven en perfecta simbiosis con árboles, plantas medicinales, especies de uso doméstico y artesanal, y otros recursos esenciales para la vida cotidiana. Lejos de ser un espacio aislado del bosque, el nainu forma parte de un paisaje vivo donde la producción y la conservación se nutren mutuamente.

Esta relación entre agricultura y naturaleza ha contribuido a mantener una importante cobertura boscosa en Gunayala, junto con los sistemas de nainu familiar, los manglares y el muubilli, el océano que forma parte integral del territorio Gunadule. Tierra y mar constituyen un sistema interconectado que sostiene la vida, ofrece alimentos y otros recursos, y contribuye al almacenamiento de carbono. La presencia de fauna silvestre también constituye una referencia para las comunidades sobre el estado de salud de los ecosistemas y sobre los cambios que están ocurriendo en el territorio.

Pero el valor del nainu familiar va mucho más allá de su aporte ecológico. Es también un espacio social donde se relacionan las familias, se comparten conocimientos y se transmiten prácticas agrícolas y culturales de una generación a otra. En torno a la producción se fortalecen vínculos de cooperación, intercambio de semillas, alimentos y conocimientos, así como formas de trabajo comunitario. De esta manera, cultivar no significa únicamente producir alimentos: significa mantener una relación con el territorio y reproducir conocimientos que forman parte de la identidad Gunadule.

Los productos obtenidos del nainu y de muubilli contribuyen directamente a la alimentación familiar y a la gastronomía Gunadule, reduciendo la dependencia de alimentos externos y fortaleciendo la capacidad de las comunidades para responder ante períodos de escasez, dificultades económicas o impactos climáticos. Asimismo, plantas y productos del sistema agroforestal son utilizados en prácticas medicinales, actividades culturales, construcción, elaboración de artesanías y otras necesidades de la vida cotidiana. Por ello, el nainu puede entenderse como una base de la economía familiar y de la vida comunitaria.

Sin embargo, esta forma de vida enfrenta nuevos desafíos. El borrador del Plan Estratégico de Gunayala (PEGY) 2026–2036 identifica una situación compleja, marcada por cambios económicos y sociales, pérdida progresiva de conocimientos ancestrales, inseguridad alimentaria, migración, cambios culturales y los efectos crecientes del cambio climático. A ello se suman los desafíos de fortalecer el autogobierno y mejorar la coordinación entre las estructuras de gobierno Gunadule y el Estado-nación panameño.

En este contexto, fortalecer el nainu familiar no significa regresar al pasado, sino reconocer el valor de un conocimiento que puede aportar respuestas para el presente y el futuro. La agroforestería indígena puede contribuir a recuperar suelos, conservar la biodiversidad, diversificar la producción y mejorar la disponibilidad de alimentos, al tiempo que genera oportunidades para fortalecer la economía familiar y comunitaria.

El desafío está en crear condiciones para que las propias comunidades puedan mejorar y adaptar sus sistemas productivos sin perder su esencia. Esto implica fortalecer las capacidades locales, recuperar semillas y conocimientos, promover el intercambio entre generaciones, mejorar las prácticas agroecológicas y facilitar mecanismos comunitarios de apoyo a las familias productoras.

Así, el nainu familiar puede convertirse en un efecto multiplicador: fortalecer la producción de una familia también puede fortalecer la alimentación, el intercambio, la economía local, la organización comunitaria y la conservación del territorio. Más que sumar una nueva actividad a las iniciativas existentes, se trata de potenciar una práctica que ya forma parte de la vida Gunadule y que puede evolucionar hacia un sistema agroecológico comunitario con mayor capacidad de respuesta frente al cambio climático.

La experiencia de Gunayala muestra que la resiliencia no siempre comienza con nuevas tecnologías. En muchos territorios indígenas, también puede encontrarse en los conocimientos construidos durante generaciones y en la capacidad de las comunidades para mantener una relación equilibrada con la naturaleza.

Fortalecer el nainu familiar es, por tanto, fortalecer la alimentación, la cultura, la economía familiar, la cooperación comunitaria y el territorio. Es sembrar alimentos, pero también sembrar conocimientos, identidad y capacidades para enfrentar juntos los desafíos del futuro.

La degradación del suelo puede continuar cuando los cultivos se desarrollan de manera aislada y a cielo abierto, sin considerar la capacidad de regeneración de la naturaleza. La agroforestería ofrece otra posibilidad: poner a la naturaleza en el centro de la producción y trabajar con sus propios ciclos. De esta manera, el suelo puede recuperar progresivamente su fertilidad, conservar la humedad, sostener la biodiversidad y mantener por más tiempo su capacidad de producir alimentos y generar medios de vida para las familias productoras.

Debemos reconocer que la tierra es un recurso limitado y vivo, que necesita ser nutrido y cuidado para conservar su capacidad de sostener la vida. Cuando aprendemos a trabajar en armonía con ella, la regeneración de los ecosistemas puede contribuir tanto a la producción de alimentos como a la respuesta frente al cambio climático. Para el pueblo Gunadule, esto significa trabajar con Nabgwana, la Madre Tierra, y no luchar contra ella. Se trata de recuperar una relación de respeto y reciprocidad: cuidar la tierra para que ella continúe cuidando de nosotros. En última instancia, nuestra tarea no es dominar la naturaleza, sino aprender a convivir con ella y asegurar que pueda seguir sosteniendo la vida de las generaciones presentes y del mañana.

De esta manera, podemos mantener una autonomía propia, construida a nuestro estilo y desde nuestra realidad. No basta con hablar de ella ni con recordar las enseñanzas de nuestros abuelos; debemos ponerlas en práctica cada día. La tierra, el mar y los conocimientos ancestrales siguen allí, esperando que los valoremos y los pongamos al servicio de nuestro pueblo. Desde adentro, con nuestras propias capacidades, saberes y formas de organización, podemos construir un desarrollo endógeno que fortalezca nuestra autonomía y asegure la continuidad de nuestra cultura y nuestro territorio (tierra y mar) para las futuras generaciones.

10 de septiembre de 2026

A call to action to support and safeguard ocean defenders / Un llamamiento a la acción para apoyar y proteger a los defensores del océano

Muubilli (océano), caribe de Gunayala. Isla y mar se confunden. Foto: Gubiler, 2026

 

Resumen

Las comunidades costeras de todo el mundo se enfrentan a crecientes cargas medioambientales y de derechos humanos debido a la creciente economía oceánica. Sin embargo, los defensores del océano que se movilizan para defender el medio marino, sus territorios y sus derechos a menudo sufren represión, intimidación y violencia. La sociedad tiene el deber moral y legal de proteger a los derechos humanos y a los defensores del océano. Los gobiernos, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, los financiadores, las instituciones de derechos humanos y la comunidad internacional de gobernanza oceánica deben movilizarse con urgencia para apoyar y proteger a los defensores de los océanos.

Abstract

Coastal communities worldwide face growing environmental and human rights burdens from the expanding ocean economy. Yet ocean defenders who mobilize to defend the marine environment, their territories, and their rights often experience repression, intimidation, and violence. Society has a moral and legal duty to protect human rights and ocean defenders. Governments, the private sector, civil society organizations, funders, human rights institutions, and the international ocean governance community must mobilize urgently to support and safeguard ocean defenders.

Introducción

En todo el mundo, las poblaciones y comunidades costeras están lastradas por el crecimiento exponencial y la regulación insuficiente de la economía oceánica, lo que puede amenazar el entorno marino y los recursos de los que dependen las personas, la integridad de sus territorios marinos y costeros, y sus derechos humanos 1,2,3. Comprensiblemente, la población local se organiza y moviliza en oposición a estas actividades de desarrollo amenazantes, convirtiéndose en defensores medioambientales, defensores de derechos humanos o 'defensores del océano'1,4,5,6. Los defensores del océano son las personas, grupos y colectivos que abogan por la protección del medio marino y los derechos de sus comunidades frente a amenazas existenciales mediante diversas formas de protesta pública7. Las movilizaciones sociales de defensores oceánicos son catalizadores esenciales para una conservación sostenible del océano y el mar.2,7,8,9,10,11. Sin embargo, hay cada vez más pruebas de que, cuando alzan la voz, los defensores del océano están experimentando diversas formas de represión, intimidación y persecución, así como ataques no letales y letales1,11 .

La sociedad tiene un deber moral urgente y una responsabilidad legal bajo el derecho internacional de proteger los derechos y las vidas de los defensores del océano1,5,12,13. Esta perspectiva lanza un llamamiento urgente a la acción para todos los sectores de la sociedad —gobiernos, sector privado y sociedad civil— para apoyar y proteger a los defensores oceánicos a nivel mundial.

Derechos humanos, economía oceánica y la difícil situación de los defensores

Todas las personas tienen derechos humanos inherentes según el derecho internacional14, 15, 16. Los derechos humanos incluyen derechos sustantivos como el derecho a la salud, la alimentación, la vivienda, el trabajo, un nivel de vida adecuado, seguridad y vida, así como el derecho a un entorno limpio, saludable y sostenible14,15,16,17,18. También incluyen derechos procesales como: el derecho a: reunirse, organizarse y expresarse de forma segura; estar informado y participar en la toma de decisiones relacionadas con el medio ambiente; protestar pacíficamente en defensa de los derechos humanos y del derecho humano a un entorno saludable; y poder acceder a la justicia y a remedios efectivos cuando se vulneran los derechos5,7,12,19,20,21. Las mujeres, los niños y otros grupos sujetos a discriminación tienen derechos específicos y únicos que garantizan su igualdad sustantiva y procesal22, 23, 24, 25. Los pueblos indígenas y otras comunidades tradicionales, incluidos los pescadores a pequeña escala, poseen derechos distintos y diferenciados —incluyendo derechos de tenencia y acceso, y el derecho al Consentimiento Libre, Previo e Informado (FPIC)— reflejando su conexión histórica y dependencia directa continua de los recursos y territorios para los medios de vida, la seguridad alimentaria y la continuidad cultural26,27,28,29,30. Todos los miembros y sectores de la sociedad —gobiernos, empresas y sociedad civil— tienen responsabilidades y obligaciones en cuanto a promover, respetar y proteger el conjunto completo de derechos humanos1,7,13,31,32. Además, existen todos los derechos humanos y las responsabilidades relacionadas se aplican en el contexto del océano, desde los márgenes costeros hasta la alta mar en áreas fuera de la jurisdicción nacional1,18,32,33.

Sin embargo, el deterioro de la salud oceánica y el rápido crecimiento de la economía oceánica están afectando negativamente a los derechos humanos de las poblaciones dependientes del océano1,32 . Un océano sano, abundante y no tóxico aporta beneficios críticos a la humanidad que sustentan los derechos humanos fundamentales, como el derecho a la alimentación, a un nivel de vida razonable y a la salud1,32 . Esto es especialmente cierto para las comunidades costeras y los pescadores a pequeña escala, muchos de los cuales también pueden ser pueblos indígenas, que dependen del océano para su subsistencia, medios de vida y cultura34, 35, 36. A nivel mundial, la triple crisis planetaria de pérdida de biodiversidad, cambio climático y contaminación marina están afectando a los derechos humanos de las poblaciones costeras a un océano saludable37, 38, 39. Al mismo tiempo, el aumento de las inversiones en la economía oceánica —que incluye sectores como el petróleo y gas marino, la pesca y la acuicultura, el desarrollo marítimo y portuario, el turismo marino y la bioprospección— está conduciendo a un rápido crecimiento, expansión a nuevas áreas y profundidades del océano, y al aprovechamiento de nuevas tecnologías para extraer recursos aún intactos40,41,42,43,44.


Leer más (documento completo en inglés) en:
https://www.nature.com/articles/s44183-026-00233-x

8 de septiembre de 2026

¿Cómo podría afectar un 'Super El Niño' a la comida, los bosques y el agua?

¿Cómo podría afectar un 'Super El Niño' a la comida, los bosques y el agua?

       magen de Paralaxis/iStock

Los problemas de agua pueden agravarse

¿Cómo podría afectar un Super El Niño al océano?

El Niño comienza en el océano, pero sus impactos se propagan rápidamente por los ecosistemas marinos, los medios de vida costeros y la economía oceánica en general. Aguas más cálidas de lo habitual pueden debilitar la afloración de aguas frías y ricas en nutrientes que sostienen algunas de las pesquerías más productivas del mundo. El ejemplo clásico es la pesquería de anchovetas en Perú, la mayor del mundo, donde fuertes eventos de El Niño pueden reducir y desplazar poblaciones y perturbar las capturas, afectando a las cadenas de suministro de mariscos, los mercados globales de harina de pescado y, en última instancia, los medios de subsistencia. Cambios similares pueden afectar al atún y a otras especies comercialmente importantes y a las comunidades que dependen de ellos.

El Niño también puede intensificar las olas de calor marinas, especialmente peligrosas en un océano que ya es Calentado por el cambio climático. Estos picos de calor pueden dañar praderas de pastos marinos y bosques de kelp, aumentar los riesgos de estrés y enfermedades en la acuicultura, y alterar el momento y la distribución de las poblaciones de plancton y peces. Los arrecifes de coral son especialmente vulnerables y en el pasado, eventos de El Niño fuertes en el pasado, incluyendo 1997-1998 y 2015-2016, estuvieron asociados a grandes episodios globales de blanqueamiento, lo que debilita los ecosistemas que apoyan la pesca, el turismo y la protección costera.

Para las comunidades dependientes del océano, estos choques ecológicos afectan a los ingresos, la nutrición, los ingresos gubernamentales y la resiliencia costera, especialmente en estados costeros e insulares en desarrollo. Por tanto, un Super El Niño desestabilizaría los sistemas oceánicos de los que dependen millones de personas para alimentarse, trabajar, cultivar y protegerse frente a los impactos climáticos.

Leer más en: https://www.wri.org/insights/super-el-nino-impacts-explained?%24s%7Cwridigest-2026-05-20%3Futm_campaign=wridigest&apcid=00680cfed39dca1af0661103&utm_campaign=wridigest&utm_medium=email&utm_medium=email&utm_source=wridigest-2026-09-02

 

1 de septiembre de 2026

Ogob (Cocos nucifera): moneda ancestral de intercambio y sustento de la economía Gunadule

Geodisio Castillo

La estopa como envoltura áspera que protege lo valioso – el ogob.. Foto: Gubiler, 08/26

Sobre el ogob (Cocos nucifera) como cultivo en Gunayala ya se ha escrito ampliamente. Sin embargo, hablar del ogob es hablar de mucho más que de una planta o de un producto comercial. Para el pueblo Gunadule, el ogob forma parte de la historia, de la alimentación, de las relaciones de intercambio y de la economía familiar y comunitaria. Su presencia en las islas y comunidades de Gunayala está ligada a una forma propia de relacionarse con la tierra, el mar, el trabajo y los demás pueblos.

El ogob, considerado el árbol de los cien usos porque tiene significativas aplicaciones en el campo de la medicina, carpintería, agricultura y destilería. Por tanto, defender y conservar las prácticas culturales del coco (ogob) resulta imprescindible para la resiliencia formativa de las comunidades.

La población Gunadule contemporánea participa cada vez más en los diferentes ámbitos de la vida nacional. No obstante, muchos de los modelos de desarrollo impulsados desde afuera continúan sin responder plenamente a sus necesidades, intereses y aspiraciones. Las políticas nacionales todavía arrastran visiones del pasado que consideran a los pueblos indígenas como sociedades dependientes de la asistencia estatal y no como pueblos con conocimientos, capacidades y alternativas propias.

El Estado nación tiene la obligación de garantizar los derechos de los pueblos indígenas y asignar los recursos necesarios para el desarrollo de sus territorios. Pero esto no significa sustituir las capacidades locales ni imponer modelos externos. Significa crear condiciones para que cada pueblo pueda fortalecer sus propias formas de organización, producción, intercambio y toma de decisiones.

El intercambio como práctica de reciprocidad

Antes de la expansión de la economía monetaria, los pueblos de Abiayala desarrollaron diversas formas de intercambio de bienes y servicios. El trueque permitía obtener aquello que una familia o comunidad necesitaba mediante el intercambio directo de productos, trabajo y conocimientos. Más que una simple transacción económica, este sistema se sustentaba en la reciprocidad, la confianza, las relaciones sociales y como parte de la memoria social de los pueblos indígenas.

Estas formas de intercambio nos recuerdan que la economía no siempre ha dependido del dinero. Los pueblos indígenas han construido, a lo largo de generaciones, sistemas económicos vinculados con la naturaleza, la alimentación, el trabajo colectivo y la solidaridad. En ese sentido, los conocimientos ancestrales han contribuido también a la seguridad alimentaria y a la conservación de la biodiversidad de Abiayala.

Muchos de los alimentos (Zizumbo y Colunga, 2008) que hoy consume la humanidad tienen su origen en los conocimientos y prácticas desarrollados por los pueblos indígenas durante siglos. Reconocer esta contribución significa valorar no solamente los productos que llegaron hasta nuestros días, sino también los conocimientos que permitieron cultivarlos, conservarlos, transformarlos y compartirlos.

El ogob en la vida Gunadule: más que un producto comercial

En Gunayala, el ogob es mucho más que un fruto o un alimento: es historia, soberanía, trabajo y vida. Durante generaciones, el cocotero ocupó un lugar central en la economía familiar y comunitaria del pueblo Gunadule. Su importancia no se limitó a la producción para el mercado externo; el ogob también cumplió una función como medio de intercambio dentro de la propia Comarca.

Durante buena parte de la historia reciente de Gunayala, las familias producían coco y lo utilizaban para obtener mercancías que no se producían en las comunidades. El intercambio con comerciantes colombianos permitía adquirir alimentos secos y otros productos necesarios para la vida cotidiana. De esta manera, el ogob conectaba la producción local con las necesidades de las familias y comunidades.

Pero su función económica no terminaba en el intercambio con Colombia. Dentro de las propias comunidades de Gunayala, el coco también podía utilizarse para adquirir mercancías en las tiendas comerciales. Una familia podía llevar su producción de ogob y utilizarla para obtener alimentos, artículos de uso cotidiano y otros bienes necesarios. Así, el coco circulaba entre productores y comerciantes locales y funcionaba, en la práctica, como un medio de intercambio reconocido socialmente.

Por ello, cuando hablamos del ogob como una “moneda ancestral”, no estamos diciendo que fuera una moneda oficial emitida por una autoridad, como ocurre con el dinero moderno. La expresión busca reconocer su función histórica como “medio de intercambio y medida práctica de valor dentro de las relaciones económicas Gunadule”. Su valor estaba sustentado en algo concreto: el trabajo de las familias, la producción de la tierra y la posibilidad de transformarlo en bienes necesarios para la vida (Ohler, 1986).

El ogob establecía así un vínculo entre tres espacios económicos: “la producción familiar, el comercio interno de las comunidades y el intercambio con Colombia”. El productor obtenía coco de su nainu (parcela); el comerciante local podía recibirlo a cambio de mercancías; y, a su vez, el coco podía salir de Gunayala para intercambiarse por productos provenientes de Colombia. De esta manera, el ogob circulaba y contribuía a sostener una economía local basada en la producción, el intercambio y la reciprocidad.

Esta dinámica explica por qué la disminución de la producción de coco no representa solamente la pérdida de un cultivo comercial. También significa el debilitamiento de un mecanismo económico que durante generaciones permitió a las familias Gunadule convertir su trabajo y su producción en bienes necesarios para la vida cotidiana.

Castillo y Beer (1983) ya señalaban la importancia económica del coco para Gunayala. Sin embargo, su verdadero significado puede comprenderse mejor cuando se observa desde la experiencia de las propias comunidades: el ogob era alimento, mercancía, ingreso, medio de intercambio y una forma de convertir el trabajo familiar en bienestar.

En este sentido, recuperar el ogob no significa únicamente aumentar la cantidad de cocos producidos. Significa también recuperar una parte de la capacidad económica de las familias y comunidades, fortalecer los intercambios locales y reconstruir alternativas propias frente a una economía cada vez más dependiente de los mercados externos.

Sin embargo, durante las últimas décadas la producción de coco ha disminuido considerablemente. Entre las causas se encuentran problemas fitopatológicos, el envejecimiento de las plantaciones y otros factores relacionados con el manejo del cultivo. A estas condiciones se suma una transformación importante de la organización social Gunadule: el tránsito de la familia extensa hacia grupos familiares más pequeños.

Esta transformación tiene consecuencias en la producción. Cuando disminuyen las unidades familiares y, con ellas, la disponibilidad de mano de obra, también disminuye la capacidad para mantener y atender las plantaciones. Un cultivo que antes podía ser sostenido por una familia extensa requiere ahora nuevas formas de organización del trabajo.

Por otra parte, la dependencia del mercado colombiano ha condicionado durante años la economía del coco. El precio, la demanda, los costos de transporte y las condiciones del intercambio tienen una influencia directa sobre los ingresos de las familias productoras. Así, un cultivo que históricamente contribuyó a la economía de Gunayala se encuentra hoy frente al desafío de recuperar su capacidad productiva y, al mismo tiempo, reducir las condiciones de dependencia que se han generado alrededor de su comercialización.

Entre Gunayala y Colombia: una relación que necesita equilibrio

El intercambio de ogob entre Gunayala y Colombia continúa siendo una actividad importante para varias comunidades. Sin embargo, las condiciones en que se realiza el comercio han generado preocupaciones entre las autoridades y las comunidades Gunadule.

En determinados momentos, las medidas fiscales y las restricciones aplicadas a las embarcaciones colombianas que participan en el intercambio de coco por alimentos secos han dificultado el abastecimiento de algunas comunidades, particularmente aquellas ubicadas en el sector oriental de Gunayala. Estas dificultades muestran hasta qué punto la economía local depende de un sistema de intercambio que ha funcionado durante décadas y que responde a necesidades concretas de las comunidades.

Por esta razón, el comercio entre Gunayala y Colombia no debe ser visto únicamente como una operación comercial. Es también una relación histórica que sostiene parte de la alimentación y de la economía de las comunidades. Las autoridades Gunadule han buscado mecanismos de diálogo y negociación para encontrar soluciones que permitan mantener este intercambio de manera ordenada, justa y beneficiosa para las partes.

El papel de Onmaggeddummad es fundamental en este proceso, porque permite abordar colectivamente asuntos que afectan la vida económica y social de las comunidades y buscar acuerdos que respondan a las necesidades del territorio.

Recuperar capacidades propias

El futuro del ogob no puede depender únicamente de cuánto se pague por un coco en el mercado. Recuperar su importancia económica requiere fortalecer el cultivo, renovar las plantaciones, recuperar conocimientos, incorporar nuevos aprendizajes y organizar mejor el trabajo familiar y comunitario.

El manejo del cocotero necesita articular el conocimiento Gunadule con aquellos conocimientos técnicos que puedan ser útiles para enfrentar los problemas actuales. No se trata de sustituir un conocimiento por otro, sino de dialogar, adaptar e innovar desde las condiciones propias de Gunayala.

Esto implica pensar en alternativas de producción y comercialización que permitan que una mayor parte del valor generado por el ogob permanezca en las comunidades. También implica fortalecer la organización local, mejorar el manejo de las plantaciones y recuperar la capacidad de decisión sobre la producción y el intercambio.

En este sentido, la discusión sobre el ogob se relaciona directamente con una pregunta más amplia: ¿qué tipo de desarrollo queremos para Gunayala?

La respuesta no puede limitarse a reproducir modelos diseñados desde afuera. Necesitamos pensar en un desarrollo construido desde adentro, desde las comunidades y desde sus propias capacidades; un desarrollo endógeno que reconozca la pluralidad cultural de los Estados nación y el derecho de los pueblos a decidir sobre sus propios caminos (Bartolomé, 2006).

Esto significa potenciar las alternativas locales y fortalecer las decisiones que nacen de las comunidades, tomando distancia de los modelos impuestos desde arriba. Pero también significa reconocer que las relaciones entre culturas y sociedades no son siempre armónicas. Son procesos permanentes de diálogo, negociación y, en ocasiones, de conflicto, en los que los pueblos indígenas han debido defender su existencia, sus territorios y sus formas de vida (Bartolomé, 2006).

Por eso, recuperar el valor del ogob no significa simplemente aumentar la producción. Significa recuperar una parte de la capacidad económica y social de las comunidades. Significa reconocer que detrás de cada cocotero existen conocimientos, trabajo familiar, relaciones de intercambio y una historia que continúa viva.

El ogob puede volver a ser una fuente importante de economía para Gunayala, pero su verdadero valor está en que nos recuerda que la economía de un pueblo no se construye solamente con dinero: también se construye con territorio, conocimiento, reciprocidad, trabajo y capacidad de decidir sobre el propio futuro.


Referencias:

 

Bartolomé, M.A. 2006. Procesos interculturales: antropología política del pluralismo cultural en América Latina. México: Siglo XXI Editores. 368 p.

Castillo, G. y Beer, J. 1983. Utilización del bosque y de sistemas agroforestales en la Región Gardi, Kuna Yala (San Blas). Turrialba, Costa Rica: UNU/CATIE. 55 p. + Apéndices

Ohler, J.G., 1986. El cocotero, árbol de vida. FAO, Roma. 347 p. Estudios FAO: Producción y Protección Vegetal 57

Zizumbo Villarreal, D., Colunga G. M., P. 2008.   El origen de la agricultura, la domesticación de plantas y el establecimiento de corredores biológico-culturales en Mesoamérica. Revista de Geografía Agrícola, Núm. 41, julio-diciembre. Universidad Autónoma Chapingo, México. pp. 85-113