8 de junio de 2014

Territorialidad, subsistencia y vida digna

Colectivo por la Autonomía, Grupo ETC, GRAIN[1]
La devastación del monocultivo. El Chaco, Paraguay. Foto: Henry Picado

Intentamos argumentar cómo es que las empresas directamente beneficiadas por actos de gobierno de los Estados, por sus políticas públicas, sus reformas constitucionales y sus legislaciones apalancandas con “tratados de libre comercio y cooperación” (y sus normas, estándares y reglamentaciones), han destruido las condiciones para que la gente gestione su entorno material y subjetivo; para que resuelva la subsistencia mediante sus propios medios individuales y colectivos,
con creatividad e ingenio propio.

Decimos que esto acarrea una fragmentación comunitaria, la erosión de las relaciones; la invasión, la devastación, el despojo y el acaparamiento de los territorios, la expulsión de personas y su sumisión extrema en trabajos esclavizantes e indignos. Esta destrucción comunitaria y territorial empeora diario. Y quienes pagamos las consecuencias somos quienes históricamente hemos cuidado nuestros lugares. Unos cuantos lucran con el desastre. Mientras más nos afectan,
menos podemos cuidar nuestro lugar.

Las capas de deterioro se suman hasta que nuestros territorios se ven reducidos a esqueletos informes y se convierten en barriadas inhóspitas de ciudades que crecen. Los procesos industriales que nos enajenan, violentan la escala de los procesos naturales y sociales interviniendo los entornos —de lo más físico y “ambiental” como la deforestación, la perforación, la extracción, la manipulación del suelo y el agua—, hasta los ámbitos más vitales e íntimos de los individuos, incluido el chantaje con programas que nos destruyen aunque siempre nos insistan que son las soluciones únicas a
los problemas que nos aquejan.

Para mostrar el contexto lo más completo posible, hemos abierto y flexibilizado nuestras definiciones: desde lo más íntimo —como el cuerpo de las madres y sus hijos—, pasando por el ejercicio del espacio público compartido como la movilidad en las urbes, hasta el corazón tangible de comunidades y pueblos en sus espacios vitales donde las claves son la tierra, el agua, el bosque, las semillas, los saberes y el mismo lenguaje. Toda esta destrucción hace imposible resolver por medios propios el sustento y cuidado de la vida individual y colectiva —y su transformación hacia
un futuro abierto, justo y digno.

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Qué despojo más brutal puede haber que el que arranca la vida de alguien y la tira a la basura. La famosa acumulación originaria fue el despojo de la tierra —pero a la vuelta de la historia la gente fue despojada de los frutos de sus esfuerzos, fue exprimida en su fuerza laboral y hoy el acaparamiento de miles de ámbitos de lo humano es continuo e imparable. Además, la tierra no es una cosa, siempre entraña relaciones complejas.
Con los siglos, las corporaciones (reforzadas por las políticas neoliberales y dotadas de instrumentos gubernamentales de maniobra, como los tratados de libre comercio que legalizan y potencian estas políticas y las tornan inamovibles), han intentado arrancarnos de nuestras fuentes de subsistencia —de la tierra, el agua, los bosques, las semillas—, es decir, de nuestro territorio. Nos erosionan y nos arrebatan los medios de subsistencia (nuestras estrategias y saberes) con los que las comunidades logramos por siglos buscar y defender nuestro centro de referencia, nuestra vida, nuestra historia, la justicia y nuestro destino como comunidades y pueblos. La embestida corporativa y gubernamental ha logrado durante periodos impedir y criminalizar justo el núcleo de los cuidados ancestrales que las comunidades atesoramos en aras de ser independientes y autónomas.

Las corporaciones tienen desatada una invasión perpetua de los territorios y buscan someternos con sus modelos autoritarios de producción y distribución, pretendiendo expresamente impedirnos el ejercicio de una producción independiente de alimentos, el cuidado y aprovechamiento (a nuestro modo) de nuestros lugares de origen y de nuestra vida comunitaria —y eso destruye el significado de nuestro espacio compartido, de nuestros lugares de origen.
Como afirma Ivan Illich y nos recuerda Jean Robert, “la era moderna es una guerra sin tregua que desde hace cinco siglos se lleva a cabo para destruir las condiciones del entorno de la subsistencia y remplazarlas por mercancías producidas en el marco del nuevo Estado-nación. A lo largo de esta guerra, las culturas populares y sus áreas de subsistencia —los dominios vernáculos— [los territorios] fueron devastados en todos los niveles”.[2]
La gente migra (en busca de una vida en otra parte), porque perdió sentido lo que lograba en su lugar de origen. Y el poder lucra con esa fragilidad impuesta a los expulsados. La gente que es expulsada engrosa el ejército de obreros precarizados, aumenta la población urbana —lo que expande la superficie de las ciudades con sus problemas—, mientras los territorios son invadidos para servir a la agroindustria, el extractivismo (sobre todo la minería), la especulación inmobiliaria y financiera, la bioprospección, la economía verde, el desarrollo turístico, la economía criminal o el destino de los desechos tóxicos. La devastación extrema resultante es la suma de las crisis que esto desencadena.

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Éste es el agravio principal: reclamamos que las condiciones impuestas entre el Estado y las corporaciones nos impiden resolver por nosotros mismos lo que nos atañe fundamentalmente: nuestro sustento, y todo lo que nos da sentido personal y común. Nos impiden defender eso que reivindicamos como territorio: el entorno vital para recrear y transformar nuestra existencia: ese espacio al que le damos pleno significado con nuestros saberes compartidos. Sin esos saberes, como dicen bien los viejos de las comunidades, los territorios no serían sino sitios, serían paisaje nomás.
El ataque entonces es que nos quieren impedir la relación con nuestra historia de entendimiento cercano con un espacio, con nuestras tierras, con el agua, con el bosque, con nuestras semillas, con nuestros modos de nacer y parir y cuidar el nacimiento, con nuestras formas de cultivo, con nuestros modos de curación, con nuestro entendimiento de la alimentación, con nuestras formas de trasladarnos y convivir en comunidad.
Es un ataque integral contra nuestras relaciones y nuestra vida entera. Debería ser tipificado como un delito de lesa humanidad, pues el despojo no es sólo total en un momento determinado, sino acumulativo en tiempo, y en ocasiones es, incluso, irreversible. Es un delito que crece en la historia propia de los pueblos y las regiones. No hablamos de actos aislados, ni azarosos. Son acciones sistemáticas, perpetradas con conocimiento previo, y en los que median la corrupción, el tráfico de influencias, la omisión y el desvío de poder: que el Estado privilegie los intereses corporativos mientras obstruye los canales legales por los que la gente podría buscar y tal vez lograr la justicia.

Hay mucha gente a la que se le ha impuesto una devastación extrema. El círculo vicioso de su condición es rotundo. Fragilizar en extremo a la gente la hunde en la escasez y la necesidad. A muchos no parece quedarles otra que aceptar las condiciones de trabajo, vivienda y explotación que las empresas imponen. La relación creativa entre la gente y su territorio —que implica cuidados detallados para producir los alimentos— se trastoca en trabajo asalariado en condiciones de sumisión semi-esclavizada para conseguir dinero con el cual comprar alimento para tener fuerzas suficientes para mantener su trabajo y ganar dinero para conseguir comida, y así al infinito.
Otros más pueden terminar trabajando una tierra rentada, que antes tal vez era suya. Tal vez en realidad lo que la gente pide en renta es su posibilidad de trabajar. Dejar de producir los propios alimentos, dejar de gestionar con medios propios nuestro entorno de subsistencia, ha ocasionado a lo largo de la historia catástrofes tremendas en todas aquellas poblaciones que no han podido impedirlo. La guerra contra la subsistencia impone dependencia, ignorancia y olvido, sumisión, fragmentación, encono, privatización y desarraigo.

Dependencia porque para que el sojuzgamiento sea eficaz, requiere grados de precariedad y fragilidad nunca antes vistos. Hoy incluso toda la actividad de las empresas semeja un nuevo feudalismo (con la agricultura por contrato, los paquetes tecnológicos y las semillas de patente). Todo está preparado para promover el imperio de las corporaciones erradicando la agricultura independiente.

Ignorancia y olvido porque a lo largo de siglos se siguen erosionando expresamente los saberes y la confianza de las comunidades en nuestra memoria. La misma memoria de haber tenido una relación creativa con el entorno puede desaparecer, pues se promueve el olvido de que la gente podemos apelar a nuestros propios mecanismos de sustentabilidad. Entonces no parece quedarnos otra que trabajar para otros, y no podemos sino apelar a un pensamiento industrializado, con remiendos ajenos, de supuestos expertos o de quienes detentan el poder. Existe un ataque contra los cuidados propios y contra la integridad moral de las comunidades.
El ataque se vuelca contra la cosmovisión, cual si fuera meramente una superstición o un conjunto de rituales vacíos, cuando que todas las razones que hoy se invocan como “culturalistas” (el maíz es nuestra madre, nuestra hermana o hija, por ejemplo) son demostración de la relevancia y pertinencia de un ser como el maíz (por ejemplo) y de la trascendencia de todos los cuidados y estrategias antiguas que le resultaron a los pueblos por milenios.

Sumisión, porque a quienes trabajan en esclavitud o en un trabajo asalariado, se les dificulta romper el círculo y sólo buscan condiciones menos graves.

Fragmentación y encono, porque la gente precarizada es propensa a desconocer a sus vecinos, amigos y hasta a su familia traicionando en ocasiones su sentido más profundo de ética y respeto. Envileciéndose al punto de perpetrar actos de violencia innombrables. En su versión cotidiana y leve, la gente se vuelve propensa a aceptar los programas de gobierno, programas que, de nuevo, promueven divisionismo, dependencia y sumisión.

Privatización y más fragmentaciones, porque la gente se ve impedida de ejercer los ámbitos comunes (incluso al punto de la criminalización, como ahora con las semillas). Todo se privatiza: de las fuentes de agua a la educación y la religión, pasando por los espacios públicos en las ciudades, o la velocidad de circulación permitida. Las madres son condenadas a parir en condiciones ajenas, impuestas, cuya artificialidad fragmenta la relación estrecha con sus recién nacidos en el amamantamiento, y se ven obligadas a recurrir a la alimentación nociva de las leches en polvo. Todo esto nos termina dislocando de nuestro entorno inmediato. Las parteras tradicionales son marginadas, su oficio perseguido, y en varias entidades de México, por lo menos, existe ya la negativa a entregar certificados de nacimiento, papel indispensable para elaborar un acta de nacimiento que otorga todo un futuro de ciudadanía, si el niño o la niña no nacieron en una clínica.

Desarraigo, porque las corporaciones requieren que haya personas fuera de los límites naturales de su entorno y su casa: gente fuera de su hogar, es decir, de su territorio. No importa si se les expulsa o simplemente se les extrema al punto de irse para engrosar el ejército de obreros precarizados. Esto recrudece las condiciones generales del empleo, el salario y la justicia laboral en su región. Se recrudecen las condiciones de la ciudad o el poblado al que migra. La urbanización salvaje se vuelve extrema.

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Las nuevas generaciones son producto del desarraigo y el despojo. Y son un eslabón frágil a punto de romperse. Los adultos y ancianos encargados de transmitir todos los saberes y valores que sustentaban las culturas propias son atacados y devaluados. Los valores que se promueven sólo se pueden alcanzar en el consumo excesivo y escindidos de los centros de origen de nuestra creatividad. Las referencias de los jóvenes carecen historia y perspectiva suficientes para la comprensión del espacio donde vivimos. O se nos criminaliza en nuestro intento de cambio o se nos empuja a las filas de la delincuencia como modo concreto de evadir las condicionantes mencionadas. Esta compleja situación de los jóvenes es un ataque directo a la continuidad de un pueblo, a su derecho a existir.

Expulsar a la gente de sus territorios logra que éstos se queden vacíos; que la gente ya no esté en el lugar donde nació para que no haya vínculos, para que la historia también se fragmente. Que el futuro sea un “adónde sea” (el ser obreros en algún lugar), que ya no seamos la gente que desde su propio centro cuidó el mundo mediante todo lo que era la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca, la recolección. Lo que quieren es que nos quitemos de los lugares que, casualmente, son los más ricos en recursos y biodiversidad, justamente porque las comunidades los han cuidado por milenios.
Dejar vacíos los territorios permite la invasión de los mismos con proyectos de minería, petróleo, agrocombustibles, presas, carreteras, casas, ciudades, fábricas, enclaves turísticos, reservas de la biósfera, proyectos REDD, tiraderos de basura y desechos tóxicos. Los dejan vacíos y nosotros no tendremos ya nada qué ver. Desde fuera seremos unos más y que no seremos quien reivindique el lugar dónde nació. Les molesta muchísimo que haya comunidades campesinas y comunidades indígenas que desde milenios reivindican su propia manera. Entonces, nos escinden, nos separan, nos arrancan del centro, de todo lo que siempre supimos que es importante. Nos roban las maneras de cuidar y les cambian el sentido.
Un último agravio que se desprende de los anteriores es que si la gente se ve impedida de producir sus alimentos, si la gente es forzada a la dependencia, si la gente tiene que ganar dinero para comprar la comida, entonces las corporaciones nos podrán imponer todo el tramado de la vida: alimentos, formas de relación, rearticulación del espacio, de vivienda, de tránsito y circulación, y formas de sujeción e imposición inaceptables. Nadie podrá ser libre si no controla, en alguna medida, la forma de producir los alimentos y distribuirlos.

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Las nuevas generaciones son producto del desarraigo y el despojo. Y son un eslabón frágil a punto de romperse. Los adultos y ancianos encargados de transmitir todos los saberes y valores que sustentaban las culturas propias son atacados y devaluados. Los valores que se promueven sólo se pueden alcanzar en el consumo excesivo y escindidos de los centros de origen de nuestra creatividad. Las referencias de los jóvenes carecen historia y perspectiva suficientes para la comprensión del espacio donde vivimos. O se nos criminaliza en nuestro intento de cambio o se nos empuja a las filas de la delincuencia como modo concreto de evadir las condicionantes mencionadas.
Esta visión se deriva de aquella que compartimos desde el primer esbozo de nuestra denuncia general donde planteamos cinco tesis que para nosotros siguen siendo válidas.
La primera es que al momento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, el Estado mexicano profundizó el desmantelamiento jurídico de leyes que promovían derechos colectivos y protegían ámbitos comunes, en particular los territorios, de los pueblos indígenas y campesinos, sus tierras, aguas, montañas, y bosques. Recrudeció el desmantelamiento de muchos programas, proyectos y políticas públicas que apoyaban la actividad agrícola, en detrimento de los pequeños y medianos agricultores mexicanos y en beneficio de la agricultura industrial estadounidense de las corporaciones.
La segunda tesis es que las corporaciones no descansarán hasta erradicar la producción independiente de alimentos, al punto de proponer el despojo, la erosión y la criminalización de una de las estrategias más antiguas de la humanidad, que es el resguardo y el intercambio libre de semillas nativas ancestrales; propugnan atentar contra los saberes propios de la agricultura tradicional campesina y agroecológica, y promover sus semillas de laboratorio (híbridos, transgénicos y más), mediante leyes expresas que le abren espacio a las grandes corporaciones para lograr sus fines. Los dos ejemplos más contundentes son la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, o “Ley Monsanto” y la Ley Federal de Producción, Certificación y Comercio de Semillas.
Una tercera tesis es que parte de esta devastación son los transgénicos para inevitablemente contaminar las 62 razas y las miles de variedades que existen en México, centro de origen del maíz. Los regímenes de propiedad intelectual y los registros y certificaciones terminarán despojando de su diversidad a las semillas nativas. Esto atenta directamente contra las fuentes de subsistencia.
La cuarta tesis es central a la argumentación que presentamos: atentar contra los sistemas de agricultura campesina ancestral y sus variantes agroecológicas modernas, atentar contra bienes comunes tan cruciales como las semillas nativas campesinas, devasta la vida en el campo y debilita las comunidades, agudiza la emigración y la urbanización salvaje, favorece la invasión de los territorios campesinos e indígenas para megaproyectos, explotación minera, privatización de agua, monocultivos, deforestación y apropiación de territorios en programas de mercantilización de la naturaleza, como REDD y servicios ambientales y proyectos de “economía verde” y más.
Una quinta tesis es que todo el sistema que está en el fondo de este desmantelamiento jurídico, de este intento por erradicar la producción independiente de alimentos y por monopolizar la rentabilidad de un cultivo tan versátil como el maíz —eliminando así toda la gama de sembradores que no sean corporaciones, desde pueblos indígenas hasta agricultores de mediana o pequeña escala—; todo el sistema que está en el fondo de los encarecimientos desmedidos en los precios de los alimentos y de la crisis alimentaria generalizada, es responsable de una buena parte de la crisis climática.
Según datos de GRAIN y del Grupo ETC, la paradoja es que las comunidades en el mundo entero, con menos del 30 por ciento de la tierra agrícola, siguen produciendo un 70 por ciento de la comida que alimenta la humanidad. El sistema agroalimentario nos quiere promocionar el 30 por ciento restante como “la totalidad” y cacarea que alimenta al mundo con su basura. Quedar en sus manos, tragándonos el cuento de que ellos nos alimentan, provocará devastaciones, mayor fragmentación y una sumisión planetaria inaceptable. §


Fuente: En: Leyes, políticas y economía verde al servicio del despojo de los pueblos. Alianza Biodiversidad, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) y Amigos de la Tierra América Latina y El Caribe (ATALC). 2014 pp. 3-9



[1] Este es un documento de contexto para caracterizar los objetivos de una preaudiencia que vinculó, a finales de junio de 2013, en San Isidro Jalisco, México, por lo menos dos de los siete procesos abiertos en México ante el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) en el Capítulo México. El Capítulo México del TPP busca valorar los efectos nocivos del libre comercio y sus tratados en la desfiguración del sistema jurídico mexicano y la violencia desatada contra los pueblos por el desvío de poder resultante. Esta preaudiencia, titulada justamente Territorialidad, subsistencia y vida digna, intentó caracterizar la violencia contra el maíz, la soberanía alimentaria y la autonomía, e intento tender vínculos con la devastación ambiental y las lastimaduras a la vida digna que conlleva atentar contra los territorios y la subsistencia. Con este acercamiento detallado en la territorialidad, intentamos articular los argumentos en torno a la contaminación transgénica del maíz, a los procesos de colisión entre el campo y la ciudad, a los procesos de despojo y envenenamiento con minería, basureros, urbanización salvaje, fragmentación del espacio con carreteras y otras más que permitan sistematizar un panorama fiel de lo que ocurre en este proceso de violencia, y de transgresión de los derechos de la población, recrudecido por los tratados de libre comercio y sus secuelas.
[2] Jean Robert, “Crisis económica y territorialidad”, manuscrito sin publicar

5 de junio de 2014

Pueblos originarios de América: De los ríos profundos a los ríos del futuro

Hermann Bellinghausen*

Mandi Yala, límite oeste de Gunayala-Parque Nacional Chagres (Provincia de Colón). Foto: Gubiler

El resurgimiento de los pueblos originarios del continente americano es el cambio más importante y de larga duración ocurrido en las pasadas dos décadas en nuestros países. Hacia 1990 los pueblos empezaron por hacer ruido en este mundo, después de siglos de silencio (silenciamiento), persecución, y sobre todo negación por los Estados nacionales. Lo alcanzado por ellos en tan breve tiempo representa un fenómeno social de grandes proporciones, una reveladora experiencia política. O mejor aún, la revitalización civilizatoria que le faltaba al planeta para no morir. Un cambio de paradigma. Un remozamiento de la utopía. O todo eso y no sólo. Más allá del racismo idiota de las clases ilustradas al comentar el asunto, siempre en el fondo muertas de miedo, la influencia de estos pueblos es palpable en la historia nacional reciente de países como Ecuador y Bolivia, donde los pueblos andinos y amazónicos han sido determinantes para los cambios ocurridos en ambas naciones, el fin de las dictaduras y el acotamiento de las políticas neoliberales rapaces y proyanquis. Defienden los territorios, los recursos, las regiones donde han sobrevivido por siglos. Son protagonistas nacionales de mil maneras.

También para México, el país con mayor población indígena en toda América, la huella histórica de sus pueblos originarios cambió de velocidad y hondura, se puso en el centro del debate nacional y renovó el lenguaje político. Sin embargo, la remoción de las oligarquías gobernantes no se ha logrado ni siquiera a nivel simbólico y el despojo depredador ocupa la primera fila en las prioridades del Estado, sus socios políticos (los partidos), de inversión (todas esas empresas que da pánico nombrar sobre estas tierras), mediáticos y militares. Actualmente, la violencia en México contra los pueblos indígenas no tiene igual en el continente: se les asesina más, se les desaparece más, se les exilia, tortura, viola, encarcela y despoja más que en ninguna otra parte.

No podríamos explicarnos la modernidad dolorosa pero en pie de la Guatemala profunda sin la susurrante resistencia de su mayoría maya, negada hasta para sí misma.

Ahí tenemos la extraordinaria epopeya mapudungun de recuperación territorial e histórica en La Araucanía, además de su inesperada visibilización en un país tan “poco indio” como Argentina. Para Colombia los pueblos lograron ser, a nivel ético y espiritual, fiel de la balanza en un país fuera de balance que en el pasado fin de siglo se internó en el perverso juego de esas guerras-de-poder que nadie puede ganar pero cuyo negocio consiste en pelearlas, eso es parte del botín; allí los pueblos originarios, víctimas directas y constantes, alcanzaron una legitimidad concreta donde los demás actores políticos muestran bien melladas sus legitimidades, si alguna les queda.

Ante la contundencia sostenida de los zapatistas en Chiapas, del movimiento indígena ecuatoriano y de la experiencia nacional boliviana, uno se pregunta si algo así estaba considerado en los planes imperiales para el futuro. Sin abusar de la palabra “profundo”, estamos ante movimientos de un calado que rebasa los meros cambios de gobierno, siglas o adhesiones comerciales. La autenticidad y la claridad de propósitos garantiza su duración. En 2014 los pueblos indígenas americanos tienen un futuro más amplio que en, digamos, el año del Señor 1992.

La preocupación del Departamento de Estado de Washington, los servicios secretos del imperio y de los Estados nacionales ha sido evidente, aunque sorda. Son una barrera imposible de ignorar contra los tratados de libre comercio y las anexiones camufladas al imperio. En base a sus alarmantes diagnósticos de inteligencia, los poderes ejercen sobre los originarios presiones especiales, prioritarias, reflejadas en las políticas regionales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la reactivación de la Cuarta Flota del Comando Sur y la expansión sostenida de Pepsico, Coca-Cola, Nestlé, Monsanto y las iglesias cristianas de matriz estadunidense, las reformas constitucionales del dichoso “ajuste estructural” de los neoliberales, así como las múltiples formas de penetración (educativa, consumista, mediática, territorial, religiosa, cultural, productiva) y de depredación simple para desintegrar los vínculos comunitarios, la idea misma de colectividad (comunalidad dicen en Oaxaca) donde reside el verdadero secreto de la pervivencia de las civilizaciones conquistadas, despojadas y diezmadas por Europa hace cinco siglos.

Qué tanto sirven las bienintencionadas declaraciones y proclamas de las Naciones Unidas, la UNESCO y la Organización Internacional del Trabajo, si los Estados incumplen con descaro acuerdos como los de San Andrés Sacamch’en o los de paz para Guatemala (que le pregunten a Gerónimo); cuando sistemáticamente se fermentan intolerancias fratricidas entre familias y poblados digamos ixiles, o tsotsiles, wayuu, quechuas, triquis, guaraníes. No vaya siendo que los indios se salgan con la suya en Cuzco, Oaxaca, El Alto, la comarca ngöbe buglé, el sur del río Bio Bio o las márgenes del Xingú. Cuando hace más de 20 años los shuar y los kichwa entraron en la ciudad de Quito con lanzas, arcos y flechas, y cuando el 12 de octubre de 1992 los mayas chiapanecos derribaron en San Cristóbal de las Casas la estatua del conquistador y genocida Diego de Mazariegos (que nunca más volvió a su pedestal), lo que parecían escenificaciones de pasajera exaltación en realidad anunciaban que las mojoneras del calendario estaban cambiando de significado y de dueños. Los fastos de la corona española y la criolliza continental para el Quinto Centenario, así como sus partidas especiales para financiar vistosos eventos “culturales”, fracasaron por completo ante el nada folclórico despertar de las civilizaciones dormidas (o eso parecían). Nada de que Descubrimiento. Nada de que Encuentro. Nada que festejar. Nada pudo edulcorar ni blanquear el crimen histórico.

Apenas dos años después, el primero de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas contra el gobierno mexicano y su estrategia de exterminio, declarando una decidida guerra contra el olvido. Su “Ya basta” obtuvo resonancia mundial. Mientras tanto en Ecuador, y pronto Bolivia, quedaba claro que sin los pueblos originarios en adelante no habría gobernabilidad. En 1996 el Congreso Nacional Indígena de México resumía: “Nunca más un México sin nosotros”. Lo mismo pudo decirse en los países mencionados, y no tardaron en revelarse (rebelarse) las nacionalidades y pueblos de Perú (donde son tan visibles de por sí), Chile, Colombia, Venezuela, Panamá.

Nada de esto fue espontáneo. En el cambio de milenio desembocaron largos procesos de maduración política, intelectual y de revaloración del conocimiento propio. El pensamiento indianista de Fausto Reynaga, el marxismo indígena de José Carlos Mariátegui, la teología católica de la liberación en el sureste de México, la crisis del indigenismo integrador expresada por Guillermo Bonfil, la autonomía pionera en la Mosquitia nicaragüense al triunfo de la revolución sandinista —cada uno con sus particularidades, limitaciones y contradicciones— preludiaban algo inédito. Lo que en términos químicos se llama precipitación. Y que hoy, con tantito que nos fijemos, podemos ver ante nuestros ojos.

La reivindicación del Buen Vivir de los pueblos andinos, la práctica del Sumak Kawsai amazónico, el mandar obedeciendo zapatista, la retórica (o no) de la Pachamama y el apego a la Madre Tierra se extendieron desde uno u otro de los centenares de pueblos (naciones, tribus) originarios de América, para irse lejos a encontrar expresiones particulares de realidades semejantes, en esencia lo mismo. Y lo que era una atomización infinita para festín de etnólogos y lingüistas taxidermistas adquirió cuerpo propio, distinto y consistente. Fraterno. La identificación mutua fue inevitable. Además, los pueblos y sus organizaciones ocuparon espacios clave del debate y las resistencias en sus países.

La ofensiva de las mega transnacionales y los intereses del capitalismo global en tierras americanas es hoy formidable, pero aún podemos decir que no nos han ganado. Los invasores avanzan, pero seguimos defendiendo la tierra misma, el maíz, la quinua, los río de Guatemala, los bosques del sur chileno, el desierto de Wirikuta, la reserva de Yasuní, la hoja de coca, la miel de Campeche, la selva de Bagua Grande, la del oriente boliviano, las tierras recuperadas en las montañas de Chiapas, los vientos de Tehuantepec, las aguas del río Yaqui y todos y cada uno de los idiomas de este universo de pueblos que al fin rompieron los muros del silencio y levantaron la voz.

Que los mapuche, que los zapotecos y tseltales, quiché y aymaras estén creando nuevas literaturas, fundando escrituras modernas con lenguas milenarias que la letra apenas había conocido, es tan sólo un signo más de vida de este despertar casi telúrico de los pueblos americanos. Como si el hip hop, el blues, el muralismo o la cinematografía les pudieran ser ajenos. Un despertar notable, si se toma en cuenta que llevan en contra todas las proyecciones econométricas: condición socioeconómica, índices de salud, educación y etcétera, densidad demográfica, dudosa capacidad de integración a los mercados, la producción agrícola industrial y las nuevas tecnologías. O bien se arguyen su aislamiento, o la presunta inviabilidad de los saberes ancestrales, y peor aún, de sus idiomas que como en los viejos versos de Rubén Darío están amenazados por las avalanchas del inglés, y que ya desde la llegada de los misioneros sufren el yugo del castellano y el portugués en la palabra de Dios y las leyes de los gobiernos. Al norte, el inglés y el francés pusieron su parte, no menos brutal.

Sin embargo, los pueblos se mueven. Los grandes desafíos en nuestros países pasan afortunadamente por la experiencia y las resistencias indígenas que plantan la cara y proporcionan rotundos argumentos contra el extractivismo brutal, los ríos desfigurados en aras de la energía, las soberanías nacionales amenazadas o en bancarrota, la corrupción y el racismo, la ola transgénica que crece y abruma nuestros territorios como esas manchas negras en las películas animadas de Hayao Miyazaki.

Por regionales y circunscritas que parezcan, la autonomía zapatista en Chiapas, los autogobiernos en las selvas de Sarayaku, los bosques ngöbe del noroeste panameño y el recobrado territorio boreal de los inuit, son procesos que hablan con el ejemplo de la esperanza en acción. En tiempos de comunicación líquida e instantánea, tripulan con naturalidad las naves de la Internet y las redes, donde sus planteamientos y batallas son conocidos universalmente en “tiempo real”. Bueno, para ellos todo tiempo es y ha sido real.

Apenas este 24 de abril, el subcomandante insurgente Moisés del EZLN preguntaba: “¿Quién dice que no se puede?”, con una voz que no viene del pasado como quisieran sus detractores en el poder, sino del futuro.
Abril de 2014

* Hermann Bellinghausen es narrador, poeta, reportero, cronista y editor. Es director de la revista Ojarasca, con casi 25 años de presencia visiblizando a las comunidades indigenas del continente. Es también parte del consejo de redacción de la revista barrial Desinformémonos y socio fundador del periódico La Jornada. Ecoportal.net
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Fuente: En: Biodiversidad sustento y culturas, No. 80. Abril 2014. pp. 3-6

GRAIN es una pequeña organización internacional que trabaja apoyando a campesinos y a movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente.
http://www.grain.org/

3 de junio de 2014

Dialéctica territorial y conflictos socio ambientales en Latinoamérica: su compleja objetivación


Para las comunidades locales y pueblos originarios de Latinoamérica, los problemas sobre territorio y ambiente son una expresión histórica de antiguas reivindicaciones y demandas insatisfechas en torno a la defensa de sus culturas y hábitats, a contracorriente de las prácticas de explotación de recursos naturales y de las externalidades ambientales negativas producidas por operadores externos. De hecho las dinámicas territoriales de hoy en día son controversiales y condicionadas por grupos económicos dominantes, al amparo de las políticas desreguladoras de los gobiernos, la expansión del capitalismo global y sus implicaciones con la crisis ambiental y el cambio climático, generando una nueva dialéctica territorial y un alto impacto y conflictividad socio ambiental.

Las políticas de orden internacional, nacional y sectorial ensayadas en Latinoamérica, en particular en territorios de los pueblos originarios, vienen determinando escenarios sociales muy complejos y disímiles que están en conflicto continuo con los operadores externos de las industrias extractivas de recursos naturales. De allí que la desarticulación y reordenamiento de los componentes de su espacio-territorio tradicional, ocurren al amparo de las contradicciones y tensiones propias del modelo económico hegemónico; y por ende condicionando, marginando o invisibilizando otras consideraciones básicas sobre cultura e identidad territorial de los pueblos, conocimientos locales y biodiversidad, consulta previa e informada y derechos fundamentales.

Ensayar en tal contexto un proceso de ordenamiento del territorio, implicará reconocer la compleja dialéctica territorial inmersa en el escenario físico social y geopolítico de intervención, donde problemas de deterioro ambiental y pobreza de las poblaciones más vulnerables por efecto de sobrepastoreo, erosión, deforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación, etc., se explican por la injerencia de operadores externos y de otros factores exógenos que también influyen o incluso pueden ser determinantes de su problemática territorial: por ejemplo, el calentamiento  global y la variabilidad climática extrema.

Espacio-territorio: realidad concreta y percepción local

Existen varias definiciones sobre los términos espacio y territorio, que suelen usarse indistintamente como sinónimos sin serlos en realidad. La noción de espacio implica límites establecidos principalmente por la propia estructura y composición biofísica de la naturaleza: por ejemplo un borde litoral marino, un bosque amazónico primario o una cuenca hidrográfica. Esta última presenta límites físicos definidos por la divisoria de las aguas que conforman la cadena de cerros en su nivel más alto -divortium aquarium- delimitando en forma natural el curso de las aguas caídas por precipitación entre un río y sus afluentes conformantes de la cuenca, y otro río vecino que conforma otra cuenca. La noción de espacio se relaciona con una materialidad dada de hecho en el paisaje y que se percibe como parte de una realidad concreta a la que se añade el componente social, sin que los agentes sociales establezcan otros límites más allá de los propios establecidos por cada espacio natural. Al respecto la realidad espacial y social involucrará siempre un principio de interacción y contradicción permanente.

La noción de territorio, en cambio, alude al sentido de pertenencia ejercido por distintos grupos humanos establecidos en un espacio dado, y, por tanto, que consienten en establecer límites específicos a dicho espacio en función de determinados fines (intereses) geopolíticos, administrativos, económicos, sociales, culturales, etc. La noción de territorio se percibe con claridad a partir de los límites de índole político, administrativo o jurisdiccional preestablecidos por distintos grupos humanos o agentes sociales-culturales sobre el espacio ocupado, atribuyéndose un sentido de pertenencia y propiedad sobre el mismo. Así, en el ejemplo anterior de la cuenca hidrográfica, la noción de territorio implicará adicionar (o superponer) límites no naturales (políticos-administrativos) establecidos en función a determinados fines de ordenamiento y manejo del espacio de la cuenca.

La problemática territorial y ambiental: su compleja objetivación

El estudio de las interacciones al interior y exterior del espacio-territorio de una comunidad o población local configura problemáticas específicas que no siempre se analizan de forma lineal o unicausal, a partir de una variable predominante, porque la realidad concreta es compleja y heterogénea, involucrando más bien un escenario multidimensional. No siempre la percepción común y aparente en la objetivación del problema analizado desde la subjetividad de los agentes externos (tecnócratas) resultará suficiente para lograr un diagnóstico territorial adecuado. Lo más probable es que existan otros elementos subsumidos en la configuración de la problemática territorial: los relativos a identidad o sentido de pertenencia, culturalidad, espiritualidad, tradiciones o incluso rasgos sicológicos que no siempre serán explícitos en el análisis, pudiendo por omisión sesgar el diagnóstico y las posibles soluciones.          

Es importante referir los problemas ambientales a los límites de un determinado correlato territorial, según el cual será posible: 1) Establecer un tipo de racionalidad en la relación recursos locales-potencialidad-necesidades; 2) Definir un marco de referencia según el enfoque de desarrollo territorial, para establecer los términos y pautas de las posibles soluciones; y 3) Estimar los límites de los subsidios al territorio en cuestión, tanto de lo que ofrezca o de lo que reciba, en función de los servicios ambientales, la sostenibilidad de su stock natural y las posibles interacciones con las dinámicas sociales y político administrativas. 

En diferentes regiones del mundo, los procesos de ocupación de espacios-territorios son resultado de relaciones de tensión y conflicto permanente entre múltiples grupos humanos y sociedades ante diversos factores: crecimiento demográfico de los países, incremento de la presión de uso sobre los recursos naturales y capacidad de carga de los ecosistemas, expansión de la economía de libre mercado, políticas centralistas y excluyentes de desarrollo, transferencia y dependencia tecnológica norte-sur, expansión de las corporaciones transnacionales a costo de los recursos naturales de los países del sur, etc. De hecho la realidad territorial y ambiental involucra siempre un principio de interacción y contradicción constante que es necesario objetivar y analizar en todas sus dimensiones posibles (técnicas y políticas). Siendo importante esclarecer algunas interrogantes claves: ¿Cómo percibe la población local el problema territorial-ambiental? ¿Quiénes lo definen, reconocen y miden? ¿Cómo entendemos los roles de los distintos actores, sus juicios e intereses en la caracterización del problema-potencialidad y luego en su manejo operativo? Así pues, las dinámicas territoriales son inestables, irregulares e incluso arbitrarias y no siempre siguen una línea evolutiva ascendente (son inciertos).   

Ordenamiento Territorial Participativo: ¿una alternativa posible?

Si bien la problemática territorial involucra -en el tiempo- ajustes y desajustes en la interacción de sus distintos componentes espaciales, como parte de su dialéctica territorial, nos interesa al respecto enfatizar que la planificación del desarrollo en base al instrumento de ordenamiento territorial, debe intentar responder a problemas territoriales específicos, con particular vinculación y expresión sobre la variable ambiental. En ese sentido los criterios e indicadores de sostenibilidad ambiental son fundamentales en los procesos de diagnóstico y planeamiento con enfoque de desarrollo territorial.  
El ordenamiento territorial debe ser parte de una política de Estado, porque no es un elemento independiente de los objetivos de la política económica del país en materia de crecimiento, redistribución, inclusión social, competitividad, empleo, equidad, sostenibilidad ni de las políticas sociales y ambientales. Se requiere del marco de una ley específica que supedite las consideraciones de orden externo a las de orden interno y que haga prevalecer el interés general sobre el particular, así como la integralidad y la equidad.

El ordenamiento territorial debiera concebirse como un instrumento metodológico participativo, inclusivo y flexible, que si bien parte de supuestos de análisis de la realidad  concreta. El planteamiento de los fines,  objetivos y estrategias deben ser resultado de un proceso participativo interactivo continuo que involucre a las partes en el diagnóstico de la problemática. Siendo factible que este proceso se diseñe a distinta escala y temporalidad, según los recursos disponibles y del marco institucional existente. Lo importante es concordar y explicitar los fines, objetivos, principios, criterios y estrategias a seguir entre quienes participan y conducen el proceso de diagnóstico y de quiénes planifican y toman las decisiones para desarrollar acciones concertadas por el cambio social, alcanzando metas de desarrollo en forma gradual y ascendente. 

De los innumerables casos registrados de problemas y conflictos territoriales y ambientales en Latinoamérica, se sabe que estos responden a una serie de factores e intereses de orden político, económico, social, institucional relacionados mayormente con actividades extractivas como la minera, petrolera, gasífera, maderera, etc. Por ende en la región tenemos escenarios muy complejos y variables donde se vienen recreando principios,  criterios y metodologías disímiles de ordenamiento territorial por cuestión de escala, temporalidad, recursos disponibles (instrumental, técnico, etc.), marco institucional-legal, participación y articulación de los actores, dimensión cultural, étnica, etc. En ese sentido resulta inconveniente pensar en la aplicación de una metodología estándar o rígida de este instrumento, máxime si no se incorpora el componente de participación que es fundamental.

No obstante la evolución del marco teórico del ordenamiento territorial, todavía existen criticidades referidas a su nivel aplicativo, porque en muchos casos mantienen esquemas más bien muy técnicos, burocráticos, rígidos y poco funcionales a los escenarios altamente complejos y dinámicos donde se aplican o pretenden aplicar. En la caracterización del problema, por ejemplo, no siempre todos los actores involucrados tienen la misma condición y posición de participación. Por lo que hay que desarrollar de forma creativa mecanismos y metodologías que aminoren (o compensen) estas diferencias y faciliten espacios plurales, equilibrados y plenos de diálogo y participación de todas las partes, incluso en aquellos territorios altamente heterogéneos y conflictivos. Esto de hecho es una condición sine qua non para una región tan desigual como Latinoamérica.

Los cambios ocurridos a través de la historia  latinoamericana, primero con la desestructuración del espacio-territorio de las culturas originarias por el eurocentrismo, luego durante la independencia y la república y hoy con el proceso de globalización, nos muestra que la imposición de modelos de ordenamiento territorial exógenos han acontecido y acontecen muchas veces en función de episodios violentos y de alta mortandad y violación de derechos humanos, de degradación ambiental y de mayor pobreza e inseguridad alimentaria de las poblaciones locales. En estos y otros casos, como lamentablemente ocurre en los países de la región, la falta de políticas alternativas e inclusivas de desarrollo, la carencia de políticas específicas sobre gestión territorial y ambiental, y la ausencia de gobiernos comprometidos con mecanismos de concertación plural y de diálogo institucional continuo, han devenido en ensayos fallidos de modelos de desarrollo mal impuestos que siguen afectando principalmente las condiciones y medios de vida de las poblaciones locales de menores recursos. Mientras tanto el auge de las exportaciones mineras sigue limitando las posibilidades de los diferentes gobiernos de visionar un nuevo rumbo y transición hacia escenarios post-extractivistas.

- Walter Chamochumbi es Consultor en Gestión Ambiental y Desarrollo.


1 de junio de 2014

"Alza tu voz, no el nivel del mar”


"Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana, aun así plantaría un árbol".
            Martin Luther King, Jr.

Día Mundial del Ambiente – 5 de Junio. Los celebramos un día para recordar, pero debemos celebrarlos todos los días con acciones a favor del ambiente, y estaremos fomentando la sensibilización mundial y promover la atención y acción política de las naciones del planeta.

Nos estamos olvidando darle la cara humana a los temas ambientales, motivar que seamos los humanos verdaderos agentes activos del desarrollo sostenible y equitativo, promover el papel fundamental de las comunidades en el cambio de actitud hacia la naturaleza, y fomentar la cooperación, la cual garantizará que todas las naciones y personas disfruten de un futuro más próspero y seguro.

El Día Mundial del Ambiente girará en torno a los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) en apoyo al nombramiento de las Naciones Unidas de 2014 como Año Internacional de los PEID, y los efectos del cambio climático en estas pequeñas naciones insulares. El eslogan para reflejar este tema ha sido “Alza tu voz, no el nivel del mar”.

La finalidad es centrar la atención pública en esos territorios con motivo de la Conferencia Internacional de los SIDS que tendrá lugar en septiembre y explicar la importancia de estos; así como la necesidad urgente de proteger a las islas de los crecientes riesgos y desafíos a los que hacen frente como consecuencia del cambio climático. El Día Mundial del Ambiente es una excelente oportunidad para pedir a todos solidaridad con las pequeñas islas.

Es nuestro día, donde podamos actuar, no solo observando al mar tragar nuestras islas, los troncos ya talados y quemados, tragar nuestras vidas, para que no nos derrumbe la tristeza inevitable, es el momento de actuar, generando impacto positivo en Nana – Tierra. Seguro que no queremos que nuestros hijos y nietos se pregunten, dónde está la tierra que prometimos con oba, sia, mama, massunnad y paz.  Dónde está la tierra vestida de verde con naggiwal, isberwal, igssiwal, iguawal y paz.

26 de mayo de 2014

SUGERENCIAS PARA ACELERAR LA PRODUCIÓN ALIMENTARIA EN GUNAYALA: REFLEXIONES PARA EL DIÁLOGO

Geodisio Castillo[1]

Cosechando osi (piña)[2] en Mandiyala. Foto: Gubiler
                                                                                
Hace aproximadamente 10 años, por solicitud de la dirigencia del Congreso General Guna (CGG) se presentó un informe sobre la “Viabilidad para instalar la Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en Kuna Yala” (Castillo 2004). Para las comunidades, los problemas sobre alimentación se está sintiendo, sin dejar a un lado la problemática territorial y ambiental que son una expresión histórica de antiguas reivindicaciones y demandas insatisfechas en torno a la defensa de nuestra cultura y bosques. Esta lucha es interminable, ahora más que nunca cuando las dinámicas territoriales de hoy en día son controversiales y condicionadas por grupos económicos dominantes, al amparo de las políticas desreguladoras de los gobiernos, la expansión del capitalismo global y sus implicaciones con la crisis ambiental y el cambio climático, generan una nueva dialéctica territorial y un alto impacto y conflictividad socio ambiental[3].

Se espera que esta presentación sea de utilidad para la dirigencia, profesionales del campo agrícola y otros interesados, por lo tanto se espera comentarios. Esta es una reflexión que acepta mejores aportes, en beneficio de la Comarca Gunayala y del país.

Desde hace bastante tiempo la dirigencia del CGG y comuneros – agricultores individuales y agricultores organizados, han demostrado interés de que se instale la Dirección Ejecutiva Regional en Kuna Yala del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA). En el año 2002, el CGG emitió una resolución al respecto y claramente en uno de sus considerandos dice que la presencia del MIDA en la Comarca es pobre, el cual se reduce únicamente a tres agrónomos y no tiene recursos propios, porque estos recursos dependen de la Dirección Regional del MIDA en Colón (CGK 2002)[4]. Cuatro meses después (MIDA 2002), en septiembre de 2002, el MIDA a través de su Secretaría Técnica realizó una gira técnica a Gunayala, cuyo resultado fue un informe sobre “lineamientos estratégicos a corto, mediano y largo plazo”, con el propósito de viabilizar la instalación de la Dirección Ejecutiva Regional en Kuna Yala. En dicho informe se considera válida y justificada la solicitud hecha por los Sagladummagan (“caciques” generales) y del propio CGG, para crear la Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en KunaYala, a partir del año 2003. En tal sentido, el informe anexa un Anteproyecto de Presupuesto e Inversiones para la nueva Dirección Regional, la cual constará de cuatro agencias de Servicios Agropecuarios y una Sub Agencia, ubicadas en las comunidades de Gardi, Digir, Usdub, Dubbwala y la Sub Agencia en Puerto Obaldía.

Para establecer la Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en Kuna Yala, se estableció un enlace entre la Secretaría Técnica del MIDA y la Junta Ejecutiva del CGG, para continuar con el diálogo sobre la temática y otros procesos de coordinación de trabajos de colaboración y elaboración de propuestas de proyectos. Una de las cosas que se presentaron al MIDA fue el borrador del Convenio de Cooperación entre el CGG y el MIDA (CGK/MIDA 2003), y también se elaboró un paquete de propuestas de proyectos (Castillo 2003a). Desde que se solicitó la creación de la Regional del MIDA, han pasado dos gobiernos (CGK 2002; 2006) y con este gobierno la tercera (ya no hubo solicitud por desconfianza). Hasta el momento no hay respuestas a la solicitud realizada. Pero el interés de la dirigencia aún sigue vivo para que algún gobierno la tome y haga realidad la creación de la Dirección Regional del MIDA en la Comarca Kuna Yala. Una solicitud que está en espera.

La razón o justificación por lo que se está solicitando la presencia de la Regional del MIDA en la Comarca, es muy manifiesto por la dirigencia y los agricultores Guna. Es un sentir y una necesidad, para enfrentar a los cambios que ya se están dando rápidamente, que requiere que el sector no solo se ajuste sino que los entienda cultural, técnica y socio-económicamente y se adapte a estas nuevas circunstancias con originalidad y sin temor. Los conocimientos tradicionales son uno y el cambio climático es otro aspecto al que la agroforestería en Gunayala debe adaptarse.

Pero no será la presencia del MIDA Regional el que resuelva el problema de la falta de incremento de la producción agrícola y forestal en Gunayala. Esta situación lo resolverá los propios agricultores y si tienen apoyo del MIDA y del propio CGG, serán motivaciones y confianza que necesitan los agricultores.

Estamos ante una nueva realidad, la cual nos exigen transformaciones en la agricultura de nainu[5], que solo evolucionando la esencia misma de lo que hacemos y cómo lo hacemos, podremos como pueblo insertarnos en los cambios con éxito. La agricultura Guna de nainu es una sofisticada y compleja adaptación al ambiente tropical, es una agricultura ecológica, agroforestal, orgánica y sostenible que tiene relación entre el bosque, el barbecho, conservación de suelos y cuencas (Castillo 2002a; 2002b). Es el conocimiento tradicional sobre el uso de la tierra, basada en el ciclo de barbecho o rotación de nainu, cuando los cultivos son en laderas. En los huertos familiares de nainu, la densidad de la vegetación reduce la erosión, la temperatura y conserva la humedad del suelo, proporciona hojarasca que enriquece la materia orgánica y finalmente, devuelve los nutrientes al suelo (Castillo Díaz 1987).

El mejoramiento agrícola es un proceso que necesita años para probar una metodología tras otra, buscar e innovar nuevos y más efectivos procedimientos de trabajo. Y resulta más duro cuando se trabaja con un pueblo con cultura o visión propia para mejorar su entorno alimentario. Pueblos acostumbrados a engaños resultan más difíciles hacerlos cambiar con proyectos de mejoramiento agrícola de corto y mediano plazo (Castillo 2002a).

El problema por abordar

Hace más de cuatro décadas se viene martillando sobre el problema de la producción agrícola y forestal en Gunayala, su BAJO O FALTA DE RENDIMIENTO, es evidente (Castillo Díaz 1987; Kuna Yala 1987; CGK 2006). En las cuencas medias y altas, en suelos de ladera y frágiles, cada año se sigue talando y quemando en verano para hacer nainu. Estas prácticas, aunque no lo aceptan los dirigentes más tradicionales Guna, es una realidad que está causando deterioro del recurso forestal, degradación del suelo, arrastre de sedimentos que contaminan los arrecifes coralinos y ríos cuya agua se utiliza para consumo humano, no se aprovechan y se pierden los recursos maderables y no maderables del bosque y finalmente estamos destruyendo el bosque de protección.

Esa presión sobre los bosques naturales se debe al bajo nivel de la productividad de las tierras agrícolas (baja fertilidad del suelo), que se encuentran en áreas costeras y aluviales (Kuna Yala 1987), y con una tecnología inadecuada, la cual repercuten en una producción insuficiente de alimentos de consumo básico para la población. Sumamos a lo anterior la necesidad creciente de generar ingresos y la falta de conocimientos para un manejo y aprovechamiento sostenible del bosque bajo las nuevas presiones para su uso. Estos son causas que se deben tomarse en cuenta a la hora de proyectar iniciativas de mejoramiento agrícola-forestal.

La agricultura que práctica la población Guna se caracteriza por una falta de ordenamiento en el uso del suelo agrícola, la baja intensidad de uso y de cultivo del mismo, uso de variedades criollas poco productivas y las prácticas agronómicas inadecuadas (tala y quema, distancias de siembra, arreglos topológicos, combate de plagas, ausencia de medidas de conservación y mejoramiento de suelos). Sumado a toda esta problemática tenemos que el estado actual de los suelos están en senilidad debido al intenso uso de la tala y quema en los mejores suelos costeros y aluviales (Holdridge 1987), donde el sistema agrícola es de unidad familiar, transformándose luego en sistema de producción comunal, individual, asociaciones o grupos, prestada (uso temporal). Estos sistemas de tenencia de tierra son hereditarias, y últimamente vendidas y/o compradas internamente. El sistema comunal y de grupos de producción son las que han acelerado la pérdida de fertilidad y senilidad del suelo, al desbrozar extensiones de bosques (máximo 10 hectáreas aproximados), cada vez con menos tiempo de duración de los ciclos de barbechos; si antes duraba más de 80 años (negsered), ahora es de 15 a 20 años o menos (nainu nussuggwa). Esta situación ocasiona que no se produzcan los alimentos suficientes (en calidad y cantidad) para satisfacer las demandas y necesidades de la población.

El avance progresivo de la frontera agrícola hacia los bosques naturales de montaña exige tomar medidas que garanticen un sistema de producción agrícola y forestal sostenible, una necesidad de alternativas consistentes con la cultura Guna, una delimitación física de los bosques de la Comarca y la protección de las cuencas, principalmente las que suministran agua para el consumo poblacional.

Las causas (Castillo 2010) son factores que generan procesos económicos, sociales y demográficos estrechamente conectados y que establecen entre sí complejas relaciones causales. En consecuencia, para entender estas interrelaciones es preciso distinguir tres tipos de variables: los agentes, las causas inmediatas y las causas subyacentes. Los agentes pueden ser endógenos o directos y exógenos, que inciden de manera directa provocando cambios en el uso del suelo. Las causas inmediatas de la eliminación o empobrecimiento de los suelos agrícolas-forestales son aquellos factores que influyen directamente en el comportamiento de los agentes.

Las causas subyacentes u ocultas (Castillo 2010) de los cambios en la agricultura forestal Guna son aquellas fuerzas que orientan la dirección de los parámetros de decisión de los agentes. Estos incluyen factores culturales y sociales, el crecimiento de la población y cambios tecnológicos que ocurren en nuestro entorno. También hay que tomar en cuenta las políticas macroeconómicas y las políticas sectoriales para la agricultura porque a menudo sus efectos son muy determinantes.

Pero no todas las tendencias económicas, sociales y demográficas conducen al deterioro de la producción alimentaria. También se indica que muchas de las fuerzas que presionan sobre la agricultura y el bosque no son el resultado inevitable del desarrollo económico, sino más bien la consecuencia histórica de ciertos "estilos de crecimiento". Porque resulta que son las comunidades locales y no los gobiernos, los que realmente protegen y conservan la biodiversidad agrícola y los bosques (Castillo 2010).

Las causas de las problemáticas planteadas tienen sus efectos directos en los bajos ingresos que obtienen los agricultores, escasos excedentes de los productos agrícolas para su venta interna y cultivos de baja calidad y con plagas[6]. E indirectamente tienen su efecto en la población joven de la Comarca, como la migración a las ciudades en busca de oportunidades de empleo, satisfacer a sus hijos una buena educación, dejando en abandono sus nainus[7] (ver, Esquema 1)). Esta migración se nota en el censo del 2010, el cual muestra que aproximadamente en la Comarca habitan 33,109 personas, entre ellos 15,769 hombres y 17,340 mujeres, menor que hace 10 años atrás, que fueron de 35,800 (Censo 2000). Situación que ha creado otros efectos sociales, como la desunión de familias, la desunión comunal, pérdida de liderazgos, incremento de la desnutrición infantil, robos y drogas, entre otros.

De todos estos males, se considera que la causa principal está en la pérdida paulatina del conocimiento tradicional y su falta de diseminación del saber ancestral a la nueva generación de productores (ver, Esquema 1). La pérdida del conocimiento tradicional es evidente (CGK 2006), los niños Guna lo cantan a manera de mensajes a sus dirigentes y al país, sobre la necesidad de producir una mazorca de maíz y paz (Roldán 1998).
 
Esquema 1: Resultado Taller Planificación de Nainu. Fuente: Castillo 2002b
El pueblo Guna que aún mantiene una cultura alimentaria ecológica en el manejo de la producción agrícola y forestal, asegura de esta forma la integridad de los recursos biológicos a la vez que son aprovechados en beneficio del ser humano. Para lograr ese delicado balance, el uso de los recursos deben ser mucho más eficiente, tanto por una disminución de lo que se desaprovecha, como por una mayor intensidad en los productos finales que se obtienen por cada unidad extraída de la Naturaleza.

Para muchos pueblos indígenas como el nuestro, el manejo de la producción agrícola y de productos forestales no maderables (PFNMs) han sido medios de subsistencia y de conservación (Alexiades y Shanley eds. 2004). Es por ello que debe evitarse los impactos ambientales adversos, como la contaminación por agroquímicos, así como asegurar el funcionamiento de los ciclos complejos de los nutrientes y el agua.

La limitante principal para el desarrollo de sistemas de producción agrícolas y forestales (particularmente PFNMs) sostenibles es de índole social, cultural y político, más que técnico, sobre todo en el contexto de intervenciones por agentes externos, tanto estatales y privados.

No podemos mentir que abundan los productos forestales, pero aún existen ya sea bajo sistema de nainu o alejados en las montañas. Las disminución en la disponibilidad de las especies, cercanas a las costas o ríos, es visible, no tanto por la explotación para uso doméstico[8], sino a la degradación del hábitat y al cambio del uso de la tierra, hechas por el ser humano (Alexiades y Shanley eds. 2004).

Hay merma de la disponibilidad del PFNM, especial en el caso de especies poco abundantes, de crecimiento lento y/o con requerimientos ecológicos muy específicos, ejemplo ila (Socratea exorrhiza)[9]. De igual forma especies abundantes y tasas altas de crecimiento y regeneración también se agotan, como masar (Gynerium sagittatum), werug  (Manicaria saccifera) y masge (Bactris sp.)[10], otras especies que podemos citar son mageb (Arrabidaea chica), sargi (Heteropsis oblongifolia), entre otros.

El problema más prioritario de nuestro tiempo, después que tengamos disponibilidad de agua potable, es el del acceso a los alimentos. Por ello, la agricultura y el bosque son componentes culturalmente dominantes en la economía natural[11] del pueblo Guna.

La agricultura sostenible constituye uno de los mayores desafíos. Esta sostenibilidad supone que la agricultura no sólo es capaz de garantizar un suministro sostenido de alimentos, sino que sus efectos ambientales, socioeconómicos y sanitarios se reconocen y deben contemplarse en los planes nacionales de desarrollo (Ongley 1997). En el Recuadro 1 puede verse la definición de desarrollo agrícola sostenible adoptada por la FAO.

En la Consulta Comunitaria Participativa para el Diseño del Plan de Desarrollo Integral de la Comarca Gunayala, realizada en el 2013 (Castillo 2013)[12], se señala que, “Ya no podemos decir que, debido que es necesidad humana el aprovechar los recursos naturales, la sociedad debe tolerar el uso irracional de sus productos. Tampoco resolveremos tal situación con normas estrictas. Es bien sabido que nosotros, estamos haciendo mal uso de nuestros recursos y no estamos aplicando las normas de Anmar Igar” (Ley Fundamental del pueblo Guna). Resultado de esta consulta participativa, las comunidades priorizaron como eje de trabajo la producción agrícola y forestería comunitaria[13]. Esto confirma los problemas agrícolas y forestales planteados en líneas anteriores.

RECUADRO 1: DEFINICIÓN DEL DESARROLLO AGRÍCOLA SOSTENIBLE ADOPTADA POR LA FAO
El desarrollo sostenible es el manejo y conservación de la base de recursos naturales y la orientación del cambio tecnológico e institucional de tal manera que se asegure la continua satisfacción de las necesidades humanas para las generaciones presentes y futuras. Este desarrollo sostenible (en los sectores agrícola, forestal y pesquero) conserva la tierra, el agua y los recursos genéticos vegetales y animales, no degrada el medio ambiente y es técnicamente apropiado, económicamente viable y socialmente aceptable.

Ongley (1997) indica que, la agricultura es el principal usuario de recursos de agua dulce, ya que utiliza un promedio mundial del 70 por ciento de todos los suministros hídricos superficiales. Si se exceptúa el agua perdida mediante evapotranspiración, el agua utilizada en la agricultura se recicla de nuevo en forma de agua superficial y/o subterránea. No obstante, la agricultura es al mismo tiempo causa y víctima de la contaminación de los recursos hídricos. Es causa, por la descarga de contaminantes y sedimentos en las aguas superficiales y/o subterráneas, por la pérdida neta de suelo como resultado de prácticas agrícolas desacertadas y por la salinización y anegamiento de las tierras de regadío. Es víctima, por el uso de aguas residuales y aguas superficiales y subterráneas contaminadas, que contaminan a su vez los cultivos y transmiten enfermedades a los consumidores y trabajadores agrícolas. La agricultura se desarrolla en una simbiosis de tierras y aguas y, como se señala claramente en el documento FAO (1990a), citado por Ongley (1997) "... deben adoptarse las medidas adecuadas para evitar que las actividades agrícolas deterioren la calidad del agua e impidan posteriores usos de ésta para otros fines".

¿Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en Kuna Yala?

Se tiene que hacerse las siguientes preguntas: ¿Para qué queremos una entidad gubernamental más en la Comarca? ¿Para que sea otro bulto más?... ¿que no esté generando beneficios?… O para que funcione como una entidad rectora en beneficio de los productores agrícolas, la sociedad y la naturaleza. Pensemos positivamente y optimistamente en eso y trabajemos para que la entidad cumpla con los objetivos claros, cómo acelerar el crecimiento agrícola o de producción alimentaria, asegurando la alimentación y asegurando su soberanía.

Una Dirección Regional del MIDA en Kuna Yala, necesitaría  realizar las siguientes acciones (para su discusión):

  1. Elaborar un Plan Estratégico Situacional  (PES) Regional para el desarrollo de la producción sostenible, con la participación de los productores, interesados y en particular tomar en cuenta a las mujeres
  2. Establecer el Convenio de Cooperación Técnica entre el MIDA-CGG, para coordinar esfuerzos compartidos
  3. Crear la Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en Kuna Yala, con personal profesional y presupuesto propio
  4. Nombrar al Director Ejecutivo Regional del MIDA en Kuna Yala, para facilitar el proceso de instalación de la Dirección Ejecutiva Regional

Para ello será necesario, iniciar:

  1. El fortalecimiento de la oficina de la Agencia actual en la comunidad de Digir, con recursos y materiales de apoyo, con una asignación de presupuesto independiente de la Región 6 de Colón
  2. El reforzamiento de la estructura técnica, para tener mayor presencia y cobertura, dada la extensión de la Comarca y la necesidad de promoción de organizaciones de producción
  3. La elaboración de un Plan de Trabajo para detallar compromisos y distribuir las responsabilidades en cada área respectiva
  4. La coordinación o esfuerzos compartidos entre el MIDA y el CGG, entre el MIDA e igualmente el CGG y las comunidades, productores organizados e individuales, ONG`s locales o de base, ya que son ellos los que demandan las necesidades y son los ejecutores y beneficiarios

Se recomienda revisar y actualizar el Informe de Gira Técnica a Kuna Yala y Lineamientos Estratégicos a Corto, Mediano y Largo Plazo (MIDA 2002). Es un documento dialogado en talleres con la dirigencia, capataces comunales de agricultura, estudiantes agropecuarios y otros interesados. Hubo una amplia consulta participativa, para viabilizar la instalación de la Dirección Regional del MIDA en la Comarca. Sin embargo, para hacerlo realidad, hay mucho camino que recorrer (burocracia, politiquería, entre otros).

Lograr la innovación del sistema de producción agroecológica prevaleciente en Gunayala, mediante la opción agrícola y/o agroforestal principalmente de manera que asegure el mejoramiento cuantitativo y cualitativo de la producción de alimentos, el uso sostenible del suelo y el agua, y evite la ampliación de la frontera agrícola hacia áreas de vocación forestal, no es tarea de un día a otro, es un proceso a largo plazo.

El proceso de sentarse juntos gobierno y pueblo Guna y formular normas acerca del uso de la tierra (incluye el mar) que sea aceptable para casi todos, facilita la comprensión de las distintas perspectivas y contribuye a la evolución de un mecanismo para reducir conflictos y dar pasos seguros al proceso del desarrollo sostenible y humano, en particular del sector agrícola-forestal. El desarrollo, no solo debe contemplar la satisfacción de las necesidades materiales, sino también el bienestar integral de las poblaciones, teniendo en cuenta la necesaria relación con su entorno, donde los individuos pudieran desplegar todas sus potencialidades.

Una Dirección Regional del MIDA en Kuna Yala sola, no podrá ordenar o buscar alternativas al desarrollo agroforestal, agrícola, pecuaria, marina y ambiental de la región. Ya que desde Colón desde muchos años se ha demostrado que es imposible que se aseguren los fondos para que la Agencia de Gunayala funcione debidamente y demuestre presencia y capacidad.

Además ha sido imposible demostrar la interrelación entre los conocimientos técnicos modernos con los conocimientos locales. Actualmente los conocimientos indígenas están finalmente siendo valorados, rescatados y aplicados en la agricultura moderna, agricultura moderna que no ha podido demostrar ser ecológico.

Formas de acelerar el desarrollo de la producción agrícola: algunas sugerencias

Asegurar la alimentación y la soberanía es tarea de los propios agricultores, porque lo más importante no son las técnicas, sino las personas y sus propias instituciones renovadas, innovadas y fortalecidas. Y tratar de desarrollar las capacidades y competencias de los agricultores para que ellos mismos puedan resolver sus problemas, sin necesitar de ayudas externas, las siguientes sugerencias pueden ser comentadas:

Son muchas las experiencias vividas por los agricultores Gunas, a partir de sus propios esfuerzos y apoyados por diferentes instituciones, ya sean por organizaciones no gubernamentales propias (Gunas), nacionales e internacionales y gubernamental nacionales e internacionales. Han tenido asistencia técnica, han sido capacitados en seminarios, talleres, congresos, eventos relacionados a la conservación y al desarrollo de la agricultura sostenible.

Hasta hoy los agricultores siguen teniendo apoyo en proyectos y asistencia técnica de parte de ONG`s y del gobierno, como lo es del Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameños (CBMAP II) de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). Actualmente está en ejecución 30 subproyectos de inversiones ambientales y de ellos 24 son agroforestales, auspiciados por el gobierno nacional[14]. El Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PPD/PNUD), también está facilitando apoyo a proyectos ambientales comunitarios. Las ONG`s Guna tienen en sus manos o están administrando proyectos de desarrollo local o comunitario en temas casi todos enfocados al desarrollo agroforestal,  con conservación y desarrollo sostenible.

A partir de 1983 se vienen formulando planes estratégicos comunitarios auspiciados por ONG`s internacionales, nacionales y locales (PEMASKY 1986; Castillo 2003b, 2007). El propio CGG (2002; 2006) ha emitido resoluciones a favor del incremento de la producción agrícola. Los propios agricultores Guna han propuesto alternativas para mejorar y/o incrementar la producción agrícola en la Comarca (ver, Cuadro 1). Sin embargo, la situación agrícola y forestal sigue siendo la misma en la Comarca – BAJO RENDIMIENTO DE LA PRODUCCIÓN AGROFORESTAL.

Las amenazas que existen, como la pérdida del conocimiento tradicional, pueden ser superadas por las fortalezas culturales y principios propios del pueblo, y sugerir alternativas por las oportunidades que hoy existen. Gobierno, Congreso y agricultores Gunas, juntos pueden minimizar la problemática agrícola-forestal y buscar la mejor alternativa al desarrollo agrícola amigable con el ambiente. Pero no es la lista de conocimientos la que nos hará caminar hacia el futuro, sino, la capacidad generadora de conocimiento, de innovación, de creatividad.

El conocimiento tradicional local e involucrando la ciencia y tecnología adecuados con el ambiente propician el manejo y uso apropiado de los recursos naturales. Porque bien sabemos que las bases que sustentan el desarrollo agrícola son los recursos naturales suelo, agua, bosque y biodiversidad, utilizados amigablemente y protegidos, obtenemos una calidad ambiental y con ello satisfacer las necesidades del hombre y de los ecosistemas.

Como la tierra es NANA (Madre), se interrelacionan entre sus hijos o hermanos árboles y cultivos que dependen de una buena calidad de suelo y disponibilidad de agua; el suelo requiere de una buena cobertura vegetal como vestimenta para su protección superficial; la vida silvestre y los seres humanos requerimos agua en cantidad y calidad. En otras palabras desde su existencia el pueblo Guna, como otros pueblos indígenas hacen uso de sus tierras desde un enfoque ecosistémico.

Lo anterior señala la necesidad de lograr una integración en el manejo y utilización de los recursos naturales, tanto a nivel de planificación, como en la implementación de acciones, para la cual es necesario definir un enfoque, un nivel físico de intervención y las formas de operativizar el manejo integrado (Faustino 1996).

CUADRO 1: PROBLEMAS PLANTEADOS POR LOS PRODUCTORES Y SOLUCIONES

Problema(s) a resolver
Causa(s)
Soluciones
Corto plazo (1-3 años)
Largo plazo
·  Prácticas rudimentarias de producción agrícola y bajos rendimientos de los rubros tradicionales
·   Suelos degradados, no hay capacitación y asistencia técnica y de forma individual











·   Áreas taladas y quemadas



·   Falta de sombra para los cultivos





·   Competencia por nutrientes entre árboles y cultivos






·   Delineación de la propiedad

·   Uso de malas semillas agrícolas

·  Sistemas agroforestales a través de acciones de capacitación/asistencia técnica:
-   establecer vivero forestal y frutal
-   franjas de árboles en curvas de nivel, interplantando árboles o arbustos que fijan nitrógeno, etc.
-   rotación de cultivos
-   uso de cobertura de hojarasca en el suelo






-   franja de árboles o cultivos en callejones con árboles o arbustos fijadores de nitrógeno
-   árboles individuales en espaciamiento irregular

-   modificar sistema existente a través de podas drásticas, eliminación de ciertos árboles (raleo) y modificación de los componentes del dosel inferior

-   cercas vivas de margalu o cassi (balo)

- utilizar mejores semillas
- intercalar leguminosas entre cultivos, como la mucuna, la canavalia y otras
·  Alternativas agroforestales a través de acciones de capacitación/asistencia técnica:










-  sistema Taungya con árboles maderables, medicinales y frutales
-  interplantar árboles que fijan nitrógeno
















- rompevientos de varias hileras
·  Falta de apoyo mutuo en proyectos agrícolas
·  Poca dedicación a la agricultura y/o falta de orientación de la gente hacia el agro-forestería
·  Apoyo, asistencia técnica e incentivo de las instituciones del gobierno relacionadas con la agricultura, en particular del MIDA
·  Establecer la Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en Kuna Yala
·   Además lo productores necesitan mucha orientación a través de las capacitaciones
·  Falta de mantenimiento del nainu, por lo distante y área montañosa
·  Poca dedicación a la agricultura y falta apoyo mutuo entre productores
·  Mejorar o planear mejor las actividades de producción
·   Limpieza, buscar transporte y cultivos en curvas de nivel
·  Dependencia de mercados foráneos o intermediarios
·  Baja producción de rubros agrícolas tradicionales y la frecuente llegada de intermediarios colombianos
·  No tienen buenos caminos de producción, para facilitar la salida de los productos y agilizar los mecanismos de comercialización
·  Utilizar mejores semillas agrícolas
·  Construcción de un centro de acopio en la comunidad, donde se puedan comercializar o intercambiar los excedentes agrícolas del área
·  Los caminos de producción requieren ser construidos y las que existen mejorados
·   Comercializar o intercambiar los excedentes agrícolas del área
·  Falta de recursos e insumos
·  No tienen fondos suficientes, ni apoyo e incentivos de entidades gubernamentales y ONG’s, relacionadas a la agricultura
·  Los fondos no son suficientes, ni llegan, por la dependencia de la Dirección Regional del MIDA de Colón (Región 6)
·  Preparar nueva propuesta de proyecto comunitaria e incluir mayores recursos necesarios para elevar la producción agroforestal, como p.e., el transporte,...
·   Apoyo e incentivos de las entidades del gobierno y organismos no gubernamentales relacionadas con la agricultura

Fuente: Adaptado de Castillo, 2002b

Una de las formas efectivas de operativizar el manejo integrado de desarrollo agrícola, tomando en cuenta los recursos naturales locales, es mediante el “manejo de cuencas”. El agricultor Guna lo viene practicando desde su existencia, planifica el uso de la tierra a partir de las cuencas (Castillo 2002a), la cuenca como la “leche materna” que amamanta al suelo, los cultivos, los árboles, la vida silvestre, la biodiversidad, son elementos que hacen del pueblo Guna nuedgudiisaed, yeeriddogudiisaed, como “el buen vivir” de los pueblos del sur.

Según Faustino (1996), la cuenca como unidad geográfica constituye un ámbito biofísico ideal para caracterizar, diagnosticar, evaluar y planificar el uso de los recursos, en tanto que la finca (nainu) puede ser el medio adecuado para el manejo de los recursos.

En este sentido la base de integración es el nainu, en el cual, el que toma las decisiones de cómo utilizar los recursos es el agricultor, en consecuencia para garantizar el desarrollo agrícola a partir del manejo de cuencas es importante definir el factor sociocultural y cómo lograr la participación real, efectiva y activa de los agricultores y la comunidad (Castillo 2002a; Faustino 1996).

Por lo tanto, es fundamental valorar la cultura ecológica, los conocimientos tradicionales de prácticas de producción agroecológicas sostenibles y a partir de ello involucrar adecuados programas de capacitación y extensión, investigación, complementados con una educación en conservación.

Para acelerar la producción alimentaria en Gunayala, se sugiere tomar en cuenta todo lo dicho en líneas anteriores y llevar a cabo las siguientes tres formas de acelerar el crecimiento agrícola-forestal (Mosher 1982)[15]:

1.  Establecer unos buenos programas de producción, basadas en la realidad cultural, social y ecológica del pueblo Guna, tomando en cuenta los conocimientos tradicionales, cuyas actividades serían:

·      Realizar investigación participativa en el campo sobre los sistemas agroecológicos o agroforestales prevalecientes
·       Asistencia técnica, con especialistas que sepan cultivar la tierra, para aplicar nuevos e innovadores conocimientos (tecnología a pequeña escala) y facilitar los conocimientos
·          Investigación adaptable, y
·         Extensión e investigación integradas, con participación del promotor comunitario. Porque el promotor comunitario es complemento del especialista agrónomo, porque este tiene una relación establecidas dentro de la comunidad y comprende a la gente y la situación en que viven, porque es uno de ellos (Bunch 1982)

  1. Establecer varios proyectos por Corregimientos, seleccionando puntos geográficos estratégicos para ejecutar los proyectos. Seleccionando proyectos de interés y de necesidades del productor agrícola, pero que su formulación o elaboración sean participativos (Reflexiones 2004)
  1. Una Dirección Ejecutiva Regional del MIDA en Kuna Yala y sus agencias a establecerse deben ser eficientes, para ello es necesario:
§       Fortalecer y mejorar la capacidad profesional de los funcionarios
§       Incentivar a los funcionarios, con el fin de conseguir una óptima calidad de su trabajo
§   Establecer patrones más apropiados de organización, tomando en cuenta la participación de los agricultores, porque al final son ellos los verdaderos motores del desarrollo agrícola

Estas tres formas de acelerar la producción agrícola y forestal deben estar sustenta en 5 principios en el desarrollo de programas (Bunch 1982):

§      Uso de extensionistas locales o agricultores
§      El uso del éxito rápido y reconocible como motor motivacional del programa
§      La experimentación en pequeña escala
§      La enseñanza de una tecnología limitada y sumamente apropiada a la situación de la gente más pobre
§      El constante monitoreo, con flexibilidad para responder a los resultados del mismo monitoreo

La experiencia ha demostrado que los programas y/o proyectos grandes en la Comarca, tampoco han tenido éxitos, pero han dejado experiencias. A partir de estas experiencias se sugiere comenzar en pequeño (Bunch 1982), porque con pasos seguros hay que superar obstáculos que las hay muchas (cultura, idioma, tradición, ambiente, entre otros), hay que llegar a conocer a las personas, su cultura, costumbres, normas comunitarias, y para eso se necesita tiempo, cumplir lo que se promete, realizar supervisiones adecuadas, demostrar que sí se está haciendo algo. Según Bunch (1982) hay que preguntarse, que tan pequeño queremos que sea un programa, esto depende de la situación o de la realidad donde se presenten los programas. Pero con lo pequeño estaremos formando bases sólidas para un crecimiento de desarrollo agrícola ambientalmente sostenible.

Hoy no hay rastros de las organizaciones agrícolas Gunas creadas hace unos 30 años, solo quedan unos cuántos, los que con sus propios esfuerzos avanzaron produciendo alimentos para su subsistencia. Ahora es más difícil que los agricultores se entusiasmen con innovaciones, porque sus primeros esfuerzos fueron vanos (Bunch 1982). Estas experiencias sirven para recoger esfuerzo positivo desarrollado en su época y los errores cometidos sirvan de escalón para seguir adelante y multiplicar esfuerzos.

También se han hecho esfuerzos en construir cooperativas, transportadas de europa, porque fueron creadas para la realidad europea. Sin embargo, es reconocida a nivel del mundo como la institución más democrática. Pero las cooperativas subestimaron las realidades de cada país y principalmente de cada cultura. Es por eso que debemos comenzar en pequeño, a partir de las mismas experiencias organizativas de un pueblo y más aún con cultura propia. Se pueden rescatar conocimientos de instituciones tradicionales como mit’a (entre los Quechuas), kuchubal (en Guatemala), quetza (en México), ezwama (entre los indígenas de Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia) y en el caso nuestro el sistema de producción por nainu o familiar o la unidad familiar cooperativa propia del pueblo Guna y luego la comunal, tomando en cuenta sus mejores experiencias. Revalidando, revitalizando las formas tradicionales de organización, de autogestión, nos ayuda a romper con las cadenas para ir más allá, para ir al mañana.

Otros de los aspectos en este proceso de desarrollo agrícola son los programas integrados. Los pueblos vivimos integrados al quehacer diario de nuestras comunidades. El pueblo Guna vive integrado a su comunidad, necesita resolver otros problemas sociales. No se le puede negar el apoyo, siempre y cuando estén convencidos que tienen la capacidad de resolver los problemas agrícolas. Entonces se sugiere que haya programas integrados.

Según Bunch (1982), un aspecto fundamental en este proceso es el uso de tecnología limitada, quizás uno de los principios menos usados en programas agrícolas. En la realidad Guna es crucial, porque pone a los agricultores a poner en práctica los otros principios que permiten a la agricultura lograr sus objetivos. Porque el productor Guna no está pensando en desarrollar una agricultura agroforestal a gran escala, está pensando en una agricultura en pequeño. Para que poco a poco, a través del diálogo, sus esfuerzos se multipliquen.

Hoy en día mucho se habla de la participación, algunos por conveniencia, o lo consideran una pérdida de tiempo, otros sí lo hacen con sinceridad, con conciencia. Porque se ha demostrado que muchos programas y proyectos han fracasado o no cumplen sus metas, por falta de participación real y efectiva de la gente para quien se dirigen los proyectos o la producción agrícola en este caso; es decir, nos olvidamos de los beneficiarios. Hacer participar a los agricultores o beneficiarios no es nada fácil, es un proceso de enseñanza o de orientación, mediante el cual los beneficiarios pueden ganar escalonadamente la participación en el proceso de desarrollo agrícola (Castillo 2002a). No es la participación que sirva como instrumento, de la manipulación, si no, donde la gente señale sus posiciones, expongan sus criterios, sus experiencias y se las tomen en cuenta. Entonces, en este proceso de desarrollo de la producción agrícola y forestal, existen dos principios fundamentales propios del pueblo Guna, que se deben tomar en cuenta a la hora de tomar la decisión de acelerar la producción alimentaria: (a) la participación, y (b) el diálogo[16].

El papel del facilitador o extensionista

El diálogo – principio de comunicación o educación, es la estrategia de la participación, eso se hace todos los días en onmaggednega (congreso local), porque todos los participantes son considerados fuentes de información y decisión para analizar los problemas y contribuir a las soluciones a través de acciones de desarrollo. Entonces surge el papel del técnico-extensionista o facilitador, es permitir que las diferentes formas de pensar, sean compartidas por todos, y de esta forma ayuda a lograr consensos a la hora de tomar decisiones (Castillo 2002a). En este rol de facilitador, el promotor comunitario, agricultor que vive, convive y conoce a su gente, es el que realmente se comunica con la gente o los productores. Porque lo conocen, porque convive diariamente con la gente, hace su trabajo y tiene apoyo, escucha y aprende de la gente, la gente lo respetará y el diálogo será ameno. Es una nueva manera de realizar extensión, en su rol de facilitador y articulador de procesos, para el cual la comunicación se convierte en necesaria e ineludible medio; y favorece así, el acompañamiento y la participación.

Freire (1998) ve en la extensión lo que llama invasión cultural, en donde se niega el diálogo, y se educa tradicionalmente, esclavizando, dominando, negando al sujeto como actor de la historia social. Por ello, se debe ligar el trabajo del agrónomo a la concienciación del medio rural y de la cultura popular. En síntesis, el ser humano debe ser el centro de la discusión. Lo ideal sería que ese afán de dominio sobre la naturaleza, no se diera a través de la extensión (transmisión, entrega, donación, mesianismo, invasión cultural, manipulación, entre otros); sino que se estableciera en el reconocimiento de los otros hombres a través de la comunicación o diálogo, básicamente porque con el diálogo se pretende humanizar al hombre.

Freire (1998) también plantea que debe haber más diálogo entre todos los actores de la educación, para hacer de la condición humana un lugar de participación comunicativa. Entonces la educación, en este sentido, debe actuar como un proceso constante de liberación del hombre. Por lo tanto la comunicación, constituye una interacción basada en el diálogo, en un mismo nivel, en donde el conocimiento no se transmite de uno a otro, sino que se construye de manera conjunta

En este proceso de diálogo el técnico-extensionista juega un papel clave. Para ello debe ser un buen facilitador que conlleva tres aspectos, que no pueden ser desligados: cambiar uso de métodos apropiados, cambiar actitudes, y compartir informaciones entre todos los actores. Estos cambios son difíciles, cuando una entidad o instituciones no entiendan o no tengan una política adaptable a estos cambios necesarios para acelerar el crecimiento agrícola. Es por eso que la selección del promotor comunitario o extensionista agricultor debe ser cuidadosa.

Pero en este proceso, el diálogo con los agricultores debe ser franco y realista, decirles que “no pierdan tiempo esperando que los gobiernos, actuales o futuros, vayan a solucionar sus problemas, pues tal posibilidad es extremamente remota; no necesariamente porque los gobernantes no quieran, sino porque no reúnen – y no reunirán en un futuro previsible – las condiciones políticas, operativas ni financieras para hacerlo” (Lacki 2010). No esperar apoyo inmediato de los gobiernos en turno y futuro. Repetirles que se ayuden así mismos a no depender de ayudas externas y que ellos mismos pueden solucionar sus problemas y con ello haciendo desarrollo y patria. Hacer de un lado la dependencia del paternalismo estatal y externo, la cual no significa que no puedan solicitar apoyo y den apoyo.

Lo que se ha demostrado en Gunayala es que los propios agricultores son causantes de sus problemas y que ellos mismos lo pueden y deben evitarlos, y uno de ellos es la dependencia (paternalismo), muy arraigada en la actualidad. Resolver tal situación depende de igual de los facilitadores o extensionistas/investigadores, describiéndoles varias alternativas tecnológicas, gerenciales y organizativas, que ellos podrían adoptar, sin necesidad de contar con decisiones políticas ni de recursos adicionales a los que ellos ya poseen.

La problemática agrícola de la Comarca también debe resolverse a nivel educativo. Cuenta mi abuelo que al tener uso de razón ya conocía el bosque con la gran diversidad de vida existente, permitiéndoles pedir permiso para ser usados en la construcción, artesanía, medicina y la alimentación. Mi abuelo fue un gran médico-botánico, conocimientos que adquirió en la práctica, gracias a su papá y abuelo. Y por mi parte recuerdo bien que todos los sábados (cuando no hay clase), me levantaba (llorando para no salir) a las cinco de la madrugada para ir al campo o a pescar, no solo para cumplir las faenas del día, sino para dialogar. Dialogar sobre el valor de la naturaleza y la vida. Es allí donde está la verdadera educación rural. Cosa que hoy en día ya no se hace…

Según Lacki (2010), es en la educación donde radican las causas más profundas del subdesarrollo rural, a partir de nuestro disfuncional sistema de educación rural (escuelas fundamentales rurales, escuelas politécnicas agrícolas, facultades de ciencias agrarias y servicios de extensión rural). Sugerir a los agricultores que se organicen, no para mendigar migajas (de créditos) paternalistas, sino para exigir que estas instituciones educativas proporcionen, a los extensionistas y a las familias rurales, conocimientos útiles, aplicables y eficaces en la corrección de las ineficiencias y por ende en la solución de los problemas de los agricultores y de la agricultura. Les insinuaría que den menos oídos a los políticos elocuentes y más oídos a los extensionistas competentes y a los agricultores más eficientes.

No hay problemas que no puedan ser solucionados, y los agricultores Gunas lo saben, realizando sus propios diagnósticos con sus propias metodologías, basado en sus principios culturales. Adoptando un desarrollo más endógeno que exógeno, un desarrollo que avance “en pequeño”, con tecnología a pequeña escala, desde adentro hacia afuera, desde abajo hacia arriba, desde lo más sencillo y de bajo costo hacia lo más complejo y de alto costo (Bunch 1982; Lacki 2010). Las innovaciones tecnológicas son un complemento y no un condicionante para empezar el desarrollo agrícola, o que su falta no sea una excusa para no iniciarla. De esta manera estarían fomentando la interculturalidad. Porque la homogenización y uniformalización es un impedimento al desarrollo de la interculturalidad y por lo tanto al desarrollo agrícola-forestal. Así se empezaría a solucionar sus problemas paso a paso.

Estimular la progresiva formación o fortalecimiento de grupos asociativos existentes e interesados para facilitar y hacer factible la solución de aquellos problemas que ellos no pueden, o no les conviene, solucionar en forma individual.

Otras sugerencias ya han sido contempladas en líneas anteriores, todo ello debe ser tomado en cuenta por un buen facilitador. Sugerencias para acelerar e innovar el mejoramiento de la producción agroecológica y posteriormente su incremento paulatino.

Referencias:

Alexiades, M. N. y Shanley, P. (eds.), 2004. Productos Forestales, Medios de Subsistencia y Conservación. Estudios de Caso sobre Sistemas de Manejo de Productos Forestales No Maderables. Volumen 3, América Latina. CIFOR. 499 P.

Bunch, R., 1982. Dos mazorcas de maíz. Una guía para el mejoramiento agrícola orientada hacia la gente. Vecinos Mundiales, Oklahoma City, OK. 268 p.

Castillo Díaz, G., 1987Problemas de la producción agrícola y forestal en Kuna Yala. En: Revista Sapi Garda, No. 4, Año 2, octubre 1987. 14-15 pp.

Castillo, G., 2002a. Planificación para una agricultura de nainu: aproximación a una metodología en proceso. planificación, monitoreo y evaluación. AEK/PEMASKY, Panamá. 33 p. Módulo de Enseñanza Agroforestal No. 3 (borrador)

Castillo, G., 2002b. Plan de nainu. Comunidad: Mandi Ubigandup, Corregimiento de Narganá, Comarca Kuna Yala. PROYECTO Incorporación y/o mejoramiento de los sistemas agroforestales para la recuperación de suelos degradados a través de acciones de capacitación. Taller Planificación de Finca 2 y 3 de marzo de 2002, Mandi Ubigandup. Asociación Ecológica Kuna, Autoridad Nacional del Ambiente, Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño. Kuna Yala, Panamá. 16 p.

Castillo, G., 2003a. Ayuda Memoria. Reunión Técnica. Planificación de propuestas de proyectos para el Congreso General Kuna con apoyo del MIDA. Panamá. 3 p. (Informe)

Castillo, G., 2003b. Algunas recomendaciones a la planificación estratégica de la Comarca Kuna Yala. Noviembre 28 y 29 de 2003. En “Taller Plan Integral de Desarrollo Comarcal”, Hotel Costa Inn. IDIKY/CGK. Panamá. 2003. 4 p.

Castillo, G. 2004Viabilidad para Instalar la Dirección Ejecutiva Regional del MIDA: Para discusión. Congreso General Kuna, Comarca Kuna Yala, Panamá. 6 p. (Informe presentado al CGK)

Castillo, G., 2007. Consultoría para la elaboración y actualización de planes estratégicos para el uso de los recursos naturales en la Comarca Kuna Yala, ecoregión Darién-Kuna, Panamá. Informe Final de Actividades. Período: 18 de septiembre a diciembre de 2007. Programa Manejo Integrado de Ecosistemas en Comunidades Indígenas (PMIIE), ACICAFOC, CICA, CCAD. Panamá, República de Panamá. 35 p. + Anexos (3 planes ambientales comunitarios).

Castillo, G., 2010. Bosques para la Vida: Causas ocultas de Deforestación y Degradación de los Bosques en las Comarcas Kunas. Revista Cultural Lotería No. 493, Noviembre-Diciembre 2010. Panamá. pp. 105-124

Castillo, G., 2013. Plan de Trabajo Abril-Julio 2013. Consulta comunitaria participativa para el diseño del Plan de Desarrollo Integral de la Comarca Gunayala, Panamá. IIDKY/CGG/CGCG, Panamá, República de Panamá. 10 p. (Informe de Avance PDIGY-IIDKY-06/05/13)

CGK, 2002RESOLUCIÓN No. 3. “Se solicita al Ministerio de Desarrollo Agropecuario la creación de la Dirección Regional del MIDA de Kuna Yala”. Usdup, Comarca Kuna Yala, los días 21, 23 de junio de 2002. 1 p.

CGK, 2006RESOLUCION No. 03/06/06. “Preocupados por la falta de incremento de la producción agrícola, la pérdida del conocimiento del sistema agroecológico de producción de nainu en la Comarca Kuna Yala y continuar con el proceso para establecer la Dirección Regional Comarcal de Kuna Yala del MIDA”. Gardi Sugdup, Comarca Kuna Yala, los días del 22 al 25 de junio de 2006. 2 p.

CGK/MIDA, 2003Convenio de Cooperación Técnica entre el Congreso General Kuna (CGK) y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA). Panamá. 2 p. (BORRADOR)

Faustino, J., 1996. Gestión ambiental para el manejo de cuencas municipales. Curso Corto. Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), Honduras. 137 p. Área de Capacitación

Freire, P. 1998. ¿Extensión o Comunicación?: La Concientización en el Medio Rural. Siglo XXI Editores S.A. (Vigésima primera edición).108 p.

Holdridge, L. R., 1987Ecología basada en zonas de vida. IICA. San José, Costa Rica. 216 p.

Kuna Yala, 1987Declaración de los dirigentes de Kuna Yala. II Encuentro de dirigentes kunas. Dad Nacue Dupir, Kuna Yala. En: Revista Sapi Garda, No. 4, Año 2, octubre 1987. pp. 16-17

Lacki, P., 2010. ¿Qué haría yo si volviese a ser un extensionista? http://www.polanlacki.com.br

MIDA, 2002. Informe de Gira Técnica a Kuna Yala y (12 al 15 de septiembre). Lineamientos estratégicos a corto, mediano y largo plazo. Septiembre de 2002. Panamá. 26 p. + anexos

Mosher, A. T., 1982Tres formas de acelerar el crecimiento agrícola. Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. San José, Costa Rica. 100 p.

Ongley, E. D., 1997.   Lucha Contra la Contaminación Agrícola de los Recursos Hídricos. FAO, Roma, Italia. 115 p. (Estudio FAO Riego y Drenaje - 55)

PEMASKY/AEK, 1986Plan de Manejo y Desarrollo para la Comarca de la Biosfera y Sitio de Patrimonio Mundial de Kuna Yala, 1ª. Fase – Corregimiento 1, San Blas, República de Panamá, (co-autor). Asociación de Empleados Kunas, Programa de Ecología y Manejo de Áreas Silvestres de Kuna Yala. Comarca Kuna Yala, Panamá, Septiembre de 1986. (Borrador – documento original - inédito)

Reflexiones en torno a la problemática de la gestión de proyectos indígenas, 2004.           Fortaleciendo las capacidades gerenciales de los Pueblos Indígenas. /Brenes, C. et al., eds./ 1ª. ed. – Managua: URACCAN. 156 p.

Roldán, M., 1998Kuna Yala Canta. Libro de canciones infantiles de Kuna Yala. Oficina de UNICEF en Panamá. Panamá. 18 p.


Nota: documento sujeto a revisión y se aceptan comentarios

Panamá, mayo de 2014



[1] Centro de Desarrollo Ambiental y Humano (CENDAH). geodisio@gmail.com
[2] Cultivo de osi, nativo de Abiayala, en particular de América del Sur
[3] Walter Chamochumbi, 2014. Dialéctica territorial y conflictos socio ambientales en Latinoamérica: su compleja objetivación.  http://alainet.org/active/73852
[4] Situación que aún prevalece hasta el momento
[5] Semánticamente nainu significa “tierra propia” o parcela de cultivo, bajos sistemas de policultivos o/y agroforestal
[6] Los bajos ingresos, los escasos excedentes y cultivos de baja calidad y con plagas nos deberían llevar al hambre. Pero no es así. En Gunayala no hay hambre, debería afirmar; sin embargo afirmarlo mentiría. Si hay hambre en algunos hogares donde los varones han abandonado el hogar para migrar a las ciudades o bien la juventud ya no quiere trabajar el campo, y donde las mujeres han perdido la cultura del trabajo del campo. No hay que confundir el hambre de las ciudades, porque muchas personas no pueden pagar el precio caro de los comestibles, ya sea aquí o en otros países en desarrollo. Los alimentos se han convertido en una mercancía, miles se tiran a la basura porque los pobres no lo podemos costear. Estos alimentos sirven para a los animales, para los carros (agrocombustibles) y no para el ser humano. Con la propaganda del hambre, lo que quieren las empresas dedicadas al agronegocio, más agricultura industrial, más agricultura transgénica, como ya se ha demostrado, significan más hambre. Y además en la realidad son ellos, quienes provocan el hambre, con sus políticas. Según datos de la FAO, actualmente, en el mundo, “se producen alimentos suficientes para dar de comer hasta 12 mil millones de personas”. Y cada día se botan 1.300 millones de toneladas de comida a escala mundial, un tercio del total que se produce, según vemos, la comida no falta.
[7] Algunos agricultores jamás regresan. Otros al ausentarse por meses o años dejan en sus hijos, parientes o amigos el manejo del nainu. Porque el nainu sigue siendo de él; por lo tanto, la producción continúa, como si el dueño estuviese presente, siempre y cuando alguien vele por sus intereses. Por otra parte la falta de mano de obra familiar, es decir, la gran familia donde en una sola casa vivían juntos el suegro, la suegra, los hermanos, los nietos, entre otros, pasó a la historia en la cultura Guna, que era garantía de continuidad de la producción familiar. Ahora, aunado a ello la falta de interés de la juventud por tomar el relevo, tiene otra concepción del aprovechamiento agrícola-forestal, presenta unas preocupaciones sociales y económicas distintas, en definitiva, asume como suyos valores y modos de vida urbanos. Cuestión a la que han colaborado sobremanera los medios de comunicación, la educación occidental y la globalización
[8] Actualmente se explotan los árboles para uso comercial sin planes de manejo. Hay tendencia de explotar más árboles para la comercializar (sin planes de manejo) y no hay control, aunque Anmar Igar dispone normas sobre el mismo
[9] Ila, conocida como la palmera que camina o palma de zancos, el tronco se utiliza para la construcción de chozas y otras estructuras. Ya no se puede encontrarse en los nainus, porque se está extrayendo y no se siembra, remplazando en algunas comunidades al masar. Camina o se mueve porque sus raíces aéreas pueden ir cambiando lentamente de posición, en busca del sol. La forma de moverse es hacer crecer más raíces del lado donde recibe más sol, o donde el suelo es mejor, mientras deja secar las del otro lado. Así que muy lentamente va modificando su posición
[10] Se está sobre-explotando las dos especies para construir chozas; y masar no se reemplaza (no se siembra), se deja regenerar sin darle tiempo de recuperación; de igual forma hay tendencia con werug, aunque este sí se siembra. Por su parte masge, una palmera que desaparece al prepararse los nainus, se aprovecha como utensilio de cocina como pinzas para agarrar massunnad del fuego al preparar massade y otros usos
[11] La economía natural o solidaria del pueblo Guna, cuando se produce para consumo propio e intercambio, hoy está en un proceso de cambio rápido hacia una economía mercantil
[12] Desde el 2002 noviembre, el CGG en la comunidad de Yandub-Narganá, aprueba iniciar la ejecución del diseño del plan integral de desarrollo comarcal; desde entonces hubo varios intentos. Un nuevo intento se realiza en el 2013, con financiamiento del Organización de las Naciones Unidas (ONU)
[13] Castillo, G., Alba, A., Solano, G. y Alvarado, M., 2013. Plan de Desarrollo Integral de los 6 Pueblos, Sector Yandub, Corregimiento de Narganá, Comarca Gunayala - Periodo 2013 – 2023 – Propuesta. Comarca Gunayala, Panamá. 11 p. (Informe de avance, mayo 2013). Plan de Desarrollo Integral de las comunidades La Miel y Puerto Obaldía, Corregimiento de Puerto Obaldía, Comarca Gunayala – Periodo 2013 – 2013 – Propuesta. Comarca Gunayala, Panamá. 10 p. (Informe de avance, junio 2013)
[14] Comunicación personal, Buddy Obaldía – Promotor comunitario para Gunayala de Inversiones Ambientales del CBMAP II-ANAM, 09/07/2013
[15] Estas sugerencias van dirigidas a las entidades estatales responsables de la agricultura y forestería, al propio Congreso General Guna o su Institución de Investigación y Desarrollo, a las ONG´s, e igualmente a las ONG´s comunitarias, si van a desarrollar programas agrícolas-forestales en la Comarca. Además la propuesta debe tomarse como sugerencias adaptativas al contexto real de las comunidades
[16] La participación y el diálogo son dos principios fundamentales de Baluwala. Baluwala: concepto del pueblo Guna, que significa árbol de sal, y se refiere a la relación entre Madre Tierra y Pueblos (seres humanos). Según el diccionario gayamar sabga (diccionario escolar . gunagaya-español), representa el sistema de opresión que sufren los marginados y empobrecidos, y su liberación que surge de la tala del árbol por los mismos desposeídos