Margarita Rodríguez - BBC News Mundo
dom, 29 de enero de 2023, 6:32 a. m. EST
El líder Sagwitch
junto a su esposa, Beowachee, y miembros de su familia.
Cuando los
antepasados de Brad Parry observaron los caballos bajar por la colina, evocaron
la primera vez que vieron una locomotora en funcionamiento.
A la distancia, en
una mañana gélida, advirtieron el vapor que producía la respiración de los
soldados y sus caballos.
Aunque había
tensión con el ejército, los líderes de la tribu no pensaron que esa
movilización sería una amenaza para su pueblo.
Les dijeron a las
mujeres y a los mayores que se encontraban en los tipis que no se levantaran y
que volvieran a dormir, como lo estaban haciendo los niños.
Pero pronto
descubrieron que no venían con intenciones de dialogar y rápidamente comenzaron
a urgirlos a escapar.
Lo que siguió es
uno de los capítulos más desgarradores en la historia de los indígenas en
Estados Unidos.
Ocurrió el 29
de enero de 1863 y se conoce como la Masacre de Bear River.
"Agarraban a
los niños pequeños por las piernas como si fueran una liebre y les golpeaban la
cabeza contra la tierra", contó Elva Schramm, descendiente de uno de los
caciques.
"Fue
espantoso, tenían el objetivo de matar y eso duró cuatro horas", dice
Parry.
Algunas
estimaciones apuntan a que más de 300 nativos murieron, 90 eran mujeres
y niños.
En el oeste
Parry, quien es
vicepresidente del Consejo tribal del grupo del noroeste de la Nación Shoshone
(Northwestern Band of the Shoshone Nation) compartió con BBC Mundo lo
que, gracias a la tradición oral, trascendió de ese día.
Aunque hubo
registros militares, su abuela, Mae Timbimboo Parry, fue clave para
conocer la perspectiva de los shoshones.
Mae Timbimboo Parry
insistió en que la historia registrara lo sucedido no como una
"batalla", sino como una "masacre".
"Ella fue la
primera que recogió esas historias, las escribió y luego las compartió
ampliamente", le dice a BBC Mundo Molly Cannon, profesora en la
Universidad Estatal de Utah y directora del Museo de Antropología de esa
institución.
La tragedia ocurrió
en lo que hoy es Idaho, en el oeste del país, cerca del Bear River, río Bear
(río del oso).
"Es triste que
la mayor masacre de nativos americanos en la historia de Estados Unidos no
se conozca realmente", dijo Darren Parry, expresidente del grupo del
noroeste de la Nación Shoshone, en un documental del Servicio Público de
Radiodifusión de ese país: Remembering Bear River: Tragedy for Idaho's
Shoshone Tribe (Recordando Bear River: Tragedia para la tribu Shoshone
de Idaho).
En "silencio"
Inicialmente, lo
ocurrido se describió como una "batalla" entre el ejército y
guerreros shoshones.
Pero Mae -destaca
Cannon- hizo que eso se replanteara.
Yeager Timbimboon,
el abuelo de Mae, era un adolescente cuando ocurrió la masacre.
"Esta idea de
que fue una batalla persistió durante mucho tiempo en nuestra historia y en la
mente de los estadounidenses, pero creo que la narrativa se está
desmoronando lentamente en gran parte por el trabajo de los grupos
tribales", dice la antropóloga.
Para Brad, se trató
de una historia que se mantuvo en "silencio" por más de cien años.
Muchas personas que
vivían cerca de esa zona prefirieron no acercarse, otras "no quisieron
escribir sobre una matanza de mujeres, niños y ancianos".
Por otra parte,
ocurrió durante la Guerra Civil y la mayoría de los periodistas estaban
cubriendo los acontecimientos de ese conflicto en el este del país.
Además, dice,
"no sabíamos escribir, solo podíamos contar lo que había
pasado".
Sin embargo, eso
cambió con su abuela, quien fue "una estudiante excepcional".
"Tuvo una
educación extremadamente buena, escribía y hablaba muy bien y cuando se graduó
en la escuela secundaria, su abuelo todavía estaba vivo. Entonces, comenzó a
escribir lo que él le contó".
Ese testimonio,
junto a los de otros que también sobrevivieron, nutrieron el registro histórico
de los shoshones sobre lo sucedido.
"No fue hasta
las décadas de 1980 y 1990 cuando mi abuela comenzó a insistir en cambiar el
nombre de 'Batalla de Bear River' por 'Masacre de Bear River'. Se
enfrentó al ejército de Estados Unidos, fue al Congreso, se reunió con todas
esas personas para conseguir un reconocimiento verdadero de los hechos".
Tensión
Ese acontecimiento
no se puede ver como un hecho aislado.
En el siglo XIX,
los shoshones y otras tribus sufrieron la invasión de sus tierras por parte de
colonos y grupos de mormones, además de tener escaramuzas con buscadores de
oro.
Ilustración de
Sacagawea, miembro de la tribu de los shoshones que ayudó a Meriwether Lewis
y William Clark en su expedición por el oeste de EE.UU. entre 1804 y 1806.
La masacre fue
"la culminación de casi dos décadas de sucesos que brotaron de la
interacción entre indios y blancos".
Así lo señala la
editorial de la Universidad de Utah en la presentación del libro The
Shoshoni Frontier and the Bear River Massacre (La frontera shoshone y
la Masacre de Bear River), del historiador Brigham Madsen.
"Las tierras
natales de los shoshones abarcaban una gran extensión de territorio y
fueron atravesadas por las principales rutas de viaje en el occidente, lo que
forzó a encuentros entre indios y blancos".
"Inicialmente
fueron amigables y complacientes con los viajeros blancos en la década de 1840,
(pero) a fines de la década de 1850 el resentimiento se disparó entre los
indios cuando fueron asesinados y sus reservas de alimentos fueron consumidas
por los emigrantes y sus ganados".
Michael Andersen
escribió Bear River Massacre and the Ethical Implications for Large
Scale Combat Operations (La Masacre de Bear River y las implicaciones
éticas para las operaciones de combate a gran escala), un ensayo publicado por
el Centro Simons para el Liderazgo Ético y la Cooperación Interinstitucional,
una organización que se dedica, entre varias áreas, a investigar temas de
seguridad de Estados Unidos.
El autor señala que
aunque se suele considerar a los siux y los apache como "las tribus más
violentas en ese periodo de la historia estadounidense, de hecho, los shoshones
fueron responsables de más ataques a colonos y viajeros, en comparación con
otras tribus".
Un grupo de
shoshones de Utah en una foto que se estima es de alrededor de 1872.
El 6 de enero de
1863, la tensión aumentó cuando unos viajeros que transitaban por el Valle
Cache reportó que uno de sus miembros había sido asesinado y que su ganado
había sido robado.
Uno de ellos
ofreció, ante las autoridades, una declaración jurada que llevó a que un juez
emitiera una orden de arresto contra tres líderes shoshones.
Se pidió la
asistencia del coronel irlandés Patrick Connor, quien dirigió la
expedición militar al Valle Cache.
Ahí, cerca del río
Bear, un pueblo de shoshones se había asentado.
Encuentro
"Todos los
años, durante el invierno, íbamos allí y nos reuníamos con otras naciones
shoshones que venían de otras partes", cuenta Brad.
Colina por donde
bajaron los soldados para llegar al campamento.
En esa zona, que
llaman "casa de los pulmones", sus antepasados encontraban recursos
y fuentes termales con propiedades curativas.
"Era un lugar
espiritual sagrado, pero también jugábamos, hacíamos carreras y se daban
premios, muchas veces conocías a tu cónyuge, había matrimonios. Era como un
gran encuentro familiar".
"En enero,
comenzaba lo que llamamos la danza cálida, destinada a ayudar a la Madre Tierra
y al gran espíritu a traer la primavera".
Las familias de los
otros grupos shoshones se empezaron a devolver a sus territorios.
"Nuestro
pequeño grupo, el del noroeste, se quedaba allí porque éramos los
anfitriones".
"Justo antes
del 29 de enero, se enviaron a nuestros jóvenes y hombres más fuertes a
conseguir comida, a cazar ciervos o alces para pasar el resto del
invierno".
Aguas termales en
el lugar donde se encontraba el asentamiento.
Quedaron "muy
pocos guerreros" en el campamento y cuando el jefe Sagwitch vio descender
a los soldados en caballos, habló con los otros líderes de la tribu.
"Les dijo:
'Vamos a ver qué quieren, si necesitan arrestar a alguien, seguiremos las
reglas'. Por lo general, entre líderes trataban de negociar una
salida".
Para Brad era
evidente que no querían combatir: "tenían a las mujeres, a los niños y a
los ancianos en los tipis".
De acuerdo con
Andersen, Sagwitch dio órdenes de "no disparar contra el ejército",
pues pensaba que solo estaban interesados en los arrestos y "luego se
irían".
La agonía
La antropóloga
Cannon hace notar que era bien conocido entre los colonos europeos y el
ejército que en ese asentamiento estarían "todos los miembros" de ese
pueblo shoshone y no únicamente "guerreros".
Unos 300 soldados
fueron dirigidos por Connor.
Brad Parry (de
camisa blanca) junto a (de izquierda a derecha), Patty Timbimboo-Madsen, Gwen
Davis, Rios Pacheco y Brian Parry: historiadores tribales y descendientes de
los sobrevivientes de la masacre.
"Cabalgaron
hacia el campamento" -cuenta Brad- "mientras nosotros teníamos
nuestra primera línea de defensa".
Y el enfrentamiento
se desató.
Cuando los
shoshones se quedaron sin municiones, "la contienda había terminado y
comenzó la masacre de hombres, mujeres y niños", escribió Andersen, quien
recogió testimonios en su ensayo:
"Varias indias
fueron asesinadas porque no se sometieron silenciosamente a ser violadas, y
otras indias fueron violadas en la agonía de la muerte", contó un mormón
de esa zona.
Brad indica que
testigos vieron a soldados "agarrar a niños pequeños por las trenzas y
darles vueltas hasta romperles el cuello".
Los líderes y los
hombres de la tribu trataron de mantener a los soldados en el sur, "para
que nuestra gente pudiera escapar por el norte, pero el coronel se dio cuenta y
desplegó sus tropas por el norte, sobre una colina, y comenzaron a disparar
balas, por lo que toda la gente tuvo que correr hacia el sur".
Me habla de Anzie
Chee, una mujer que, pese a estar herida, logró escapar.
Saltó con su bebé a
una parte del río que no estaba congelada y se escondió en una de las riberas.
Allí, se percató que había más mujeres.
"Pero su bebé
comenzó a llorar…
Lo tuvo que soltar. El bebé se ahogó
para poder salvar a todas esas otras personas".
Pasarse por muertos
Sagwitch resultó
herido y estuvo flotando en el río hasta que "un amigo blanco lo
ayudó" y sobrevivió.
Su hijo, Yeager
Timbimboo (el abuelo de Mae) tenía unos 14 años.
Frank Timbimboo
Warner "Beshup" sobrevivió la masacre. Esta foto fue tomada en 1917, en el lugar donde murió su madre.
Junto a su abuela,
se quedó acostado en el suelo gélido y pretendieron estar muertos.
"No abras
los ojos, no mires para arriba", le susurró su abuela. Pero el niño no
tardó en desobedecer.
"Un soldado se
dio cuenta, se le acercó y le puso una pistola en la cabeza, pero no disparó.
Subió el arma y lo volvió a apuntar. Se rió y se fue", cuenta Brad.
Yeager creció con
esos recuerdos y, como otros sobrevivientes, no quería que desaparecieran.
"Cada
invierno, se reunían y contaban la historia de la masacre. Tomaban una hoja de
un árbol, la doblaban y le abrían agujeros con un clavo: 'Así quedaron nuestros
tipis', decían". Otros fueron quemados.
Después de que los
soldados se fueron, "los miembros de la comunidad blanca en el condado de
Franklin corrieron hacia los indios para ayudarlos".
"Muchos de
ellos recibieron muy buena atención en el pueblo. Se sacaron balas, se vendaron
heridas, se adoptaron niños".
Las cifras
Veinticinco
soldados fallecieron, pero precisar cuántos shoshones murieron aún es difícil.
Los soldados
contaron 224 cuerpos, pero dejaron claro que no era el total.
Mae Timbimboo Parry
junto a su hermano Frank.
Un inmigrante danés
llamado Hans Jasperson indicó en su autobiografía de 1911 que, tras recorrer el
campamento, contó 493 shoshones muertos.
"Me di la
vuelta, volví a contar y me dio la misma cantidad", escribió, según el
periódico Salt Lake Tribune.
Brad dice que
miembros de la comunidad cercana que auxilió a las víctimas contabilizaron 368
muertos.
"Nosotros
estimamos que murieron entre 350 y 500 personas".
"Nuestro grupo
(los shoshones del noroeste) tenía probablemente alrededor de 650 integrantes.
Nos dejaron con unas 125 personas".
"Nuestra tribu
aún no ha superado los 600 miembros desde entonces. Creo que en este momento
somos alrededor de 578 o 580. Esto es lo más alto que hemos estado en mucho,
mucho tiempo".
"Aún no hemos
recuperado nuestros números anteriores a la masacre. Fue casi una aniquilación
completa, nos diezmó tanto que nos tomó 160 años volver a la misma
población".
Antes de irse, los
soldados se apropiaron de los caballos, "saquearon el campamento, se
robaron la carne, los granos, nos dejaron sin nada".
Y,
territorialmente, esos shoshones sentían que no tenían a donde ir.
Deshumanizados
Al reflexionar
sobre la matanza de nativos en Estados Unidos en el siglo XIX, el historiador
militar Jonathan Deiss le dijo a la periodista Dana Hedgpeth, de The
Washington Post, que en esa época "la gente consideraba que los indios
no eran realmente humanos, así que era fácil justificar matarlos o
maltratarlos".
Brad escuchó sobre
la masacre de voz de su abuela, Mae. No quiere que se olvide lo ocurrido.
A la luz de esa
percepción deshumanizante de los indígenas, señala Cannon, "las masacres
no parecían masacres, eran acciones militares, parte de un proceso de ocupación
y expansión".
De hecho, a su
regreso, el coronel Connor fue elogiado por sus superiores y
promovido a General de Brigada.
Un año después, se
le pidió asesoría sobre cómo lidiar con un campamento de las tribus arapajó y
cheyenes en Colorado.
"El coronel
Chivington usó un enfoque similar: un ataque en invierno, temprano en la
mañana, y masacró a 130 hombres, mujeres y niños", señaló
Andersen.
Han pasado 160 años
desde la Masacre de Bear River y, como cada año, los shoshones recuerdan ese
invierno en el que su tierra se cubrió de rojo.
Para ellos, los
espíritus de quienes murieron siguen ahí.
Fuente: https://espanol.yahoo.com/noticias/aniquilaci%C3%B3n-masacre-bear-river-peores-113212209.html