8 de marzo de 2023

Agricultura de nainu para enfrentar la crisis alimentaria de la pandemia

September 27, 2021

Destacado en Guardianes de la Tierra: El Centro de Desarrollo Ambiental y Humano (CENDAH), Panamá

Frente a una aguda crisis alimentaria a causa del aislamiento obligado de la pandemia, la respuesta de las comunidades Nalunega y Wissubwala (comarca Gunayala, ubicada al este de Panamá) fue la agricultura sostenible tradicional propia del pueblo Gunadule, al cual pertenecen. En 2020, el Centro de Desarrollo Ambiental y Humano (CENDAH) implementó un proyecto de agricultura nainu con base en el contexto Indígena Gunadule, sus necesidades y sus valores.

El sistema nainu ("tierra propia", en su lengua) consiste en métodos naturales de reutilización de tierras, ya sea mediante la rotación de cultivos o aprovechando la misma capa de materia orgánica que queda después de la cosecha. Con esta técnica de cultivo no se requiere arar la tierra y se evita su deforestación, pues se utilizan también zonas arboladas, costeras y aluviales.

Cuando la pandemia aisló a estas comunidades Gunadule establecidas en islas coralinas del mar Caribe, la crisis alimentaria se visualizaba grave, ya que sus cultivos están en tierra firme y deben movilizarse por mar para llegar a sus nainus. Aunque algunos agricultores seguían trabajando bajo ciertos cuidados sanitarios, su producto no sería suficiente para garantizar la alimentación de las comunidades. Esto se sumaba a la falta de abastecimiento en las tiendas locales y a las restricciones de movilidad, que les impedían intercambiar productos con comunidades vecinas. En ese entonces, CENDAH describía la situación como "caótica".

CENDAH es una organización de base comunal, privada e independiente, que apoya a las comunidades sin fines de lucro. Al ser sus ejes de trabajo la investigación, la educación y el desarrollo, incluyeron en este proyecto a un técnico con experiencia en el sistema de producción alimentaria de nainu, luego de una consulta participativa con la dirigencia de la comunidad y los productores. Asimismo, se incluyeron talleres de capacitación adaptados al contexto y disponibilidad de los campesinos.

El Centro tuvo que enfrentar varias dificultades debidas a la pandemia y se vio obligado a adaptar su proyecto a las circunstancias cambiantes. Hubo problemas de conexión para comunicarse con las comunidades y muchos accesos estaban restringidos por miedo al contagio. 

Sin embargo, la necesidad se impuso y CENDAH pudo entregar las semillas a donde debían llegar y también logró finalizar exitosamente todo el proyecto, por el bien de los integrantes del pueblo Gunadule. "Los días de entregas de las semillas fueron emocionantes para los agricultores porque fue justo en el momento cuando no tenían acceso a semillas para continuar con su agricultura. Era un soplo de esperanza", dicen en su reporte. Además, se realizaron capacitaciones para cultivo de plátano y ñame, y talleres sobre COVID-19 y duleina (medicina botánica dule). Finalmente, en diciembre de 2020, medio año antes de la cosecha, CENDAH presentó a la dirigencia los resultados y finalización de la iniciativa. Asistieron los seis Sagladummagan (“caciques” en castellano), así como sus secretarios, secretarias, técnicos y directores de las dos direcciones ejecutivas: Instituto del Patrimonio Cultural del Pueblo Guna e Instituto de Investigación y Desarrollo de Kuna Yala.
 

Frente a la crisis alimentaria, las formas de organización Indígena respondieron con trabajo serio y constante. "Seleccionamos a dos comunidades o grupos de productores dedicados al trabajo de campo porque la verdad son los grupos organizados los que trabajan la tierra", afirma CENDAH. Los agricultores fueron quienes dirigieron la iniciativa e hicieron frente a la pandemia. A pesar del miedo, decían que "si uno se queda quieto y no hace nada, se pone frágil y el virus lo ataca. Pero cuando uno trabaja y se alimenta, el virus no le llega; teme al hombre del campo”. 

Estas dos comunidades Gunadule enfrentan la pandemia con trabajo y conocimiento tradicional: el método nainu y su medicina duleina, que “tiene espíritu, es alimento; y ahí está nuestra fortaleza como pueblo”.

Guardianes de la Tierra es un fondo liderado por Indígenas, diseñado para apoyar proyectos de defensa y desarrollo comunitario de Pueblos Indígenas. Desde 2017, ha apoyado 177 proyectos en 35 países, con un total de $764,317 dólares estadounidenses. El fondo otorga pequeñas subvenciones a gobiernos tradicionales, comunidades y organizaciones de base lideradas por Indígenas para apoyar sus proyectos de desarrollo diseñados según sus propias necesidades. Con base en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, en Cultural Survival utilizamos un enfoque basado en los derechos para nuestras estrategias de concesión de subvenciones al apoyar las soluciones Indígenas de base a través de la distribución equitativa de recursos a las comunidades Indígenas.

Fuente: https://www.culturalsurvival.org/news/agricultura-de-nainu-para-enfrentar-la-crisis-alimentaria-de-la-pandemia

1 de marzo de 2023

Gestión de Zonas Costeras en Panamá: lecciones aprendidas y perspectivas para el futuro. Estudio de caso de Panamá

Panama Case Study

Coastal Zone Management in Panama: Lessons Learned and Outlook for the Future

Janina Seemann, Tania E. Romero, Arturo Dominici-Arosemena, Juan Maté, Anabel J. Cornejo Jessica M. Savage, Félix Rodríguez, and Arcadio Castillo.

Nota: Se presenta particularmente la experiencia de Gunayala

Resumen

A nivel mundial, se están realizando esfuerzos para conservar y gestionar de manera sostenible los ecosistemas amenazados y los servicios ecosistémicos asociados derivados. Sin embargo, la evidencia sugiere que los intereses económicos se están priorizando cada vez más sobre el medio ambiente y los medios de subsistencia de las comunidades locales que dependen de los recursos. Esta revisión consta de cuatro estudios de caso de regiones costeras clave en Panamá, explorando los éxitos y fracasos de los diferentes enfoques para la gestión de recursos y los impactos de la gestión en las complejas interacciones socioecológicas entre personas y su entorno. Principalmente, describimos cómo la comunicación y la interacción entre las partes interesadas es fundamental para la conservación eficaz de los recursos costeros. Panamá proporciona un ejemplo de una red sociológica compleja que intenta equilibrar una economía en desarrollo con las necesidades de una población diversa y a menudo marginada población. Si bien existe consenso en torno a la necesidad de esfuerzos de gestión ambiental, la comunicación ineficaz, la participación de la comunidad y el intercambio de conocimientos han impedido gravemente el éxito. En general, destacamos la importancia de la recopilación y el intercambio efectivos de conocimientos. Por ejemplo, utilizar eficazmente el extenso patrimonio histórico y cultural dentro de los indígenas panameños sociedades contribuiría a fomentar una mayor cooperación entre los encargados de formular políticas y comunidades locales. Fomentar la confianza y, al mismo tiempo, fomentar la transparencia y una gobernanza eficaz de los recursos naturales.

2.4 Sitio de estudio 4: Guna Yala, Caribe

2.4.1 Descripción del sitio de estudio

La Comarca Guna Yala es un área habitada exclusivamente por comunidades indígenas Guna, a excepción de la ciudad fronteriza de Puerto Obaldía (Castillo y Lessios 2001).  Los Guna han tenido autonomía y autoridad sobre la región desde 1938 (Andrefouet y Guzmán 2005), y el Congreso General Guna (GGC) es reconocido como la máxima autoridad (Howe y McDonald 2015). Además, el líder electo de la comunidad llamada "Sáhila” también es clave para el gobierno de los Guna.  La región de Guna Yala tiene aproximadamente 365 islas coralinas (Ventocilla et al., 1995) y se extiende unos 480 km a lo largo de la costa oriental del Caribe de Panamá hasta la frontera con Colombia (Andrefouet y Guzmán, 2005). La baja descarga de los ríos y la influencia de aguas limpias y claras del océano abierto permiten el desarrollo de 638 km² de diversos sistemas de arrecifes de coral que se consideran los mejores de la costa caribeña de Panamá (Andrefouet y Guzmán 2005;  D'Croz y otros 1999).

2.4.2 Desarrollo histórico del uso costero

El turismo, la pesca de langosta, el bordado de mola y la exportación de coco son las principales actividades económicas en Guna Yala. La extracción de recursos marinos incluye peces como las sardinas, meros, pargos, bonito, caballa y jureles, así como otros mariscos como las langostas espinosas, centollos, caracoles reina, y otros caracoles grandes, y pulpo (Colton 2011).  Para la pesca se utilizan artes de pesca artesanales tradicionales (es decir, líneas de mano y anzuelo, redes de arrastres, redes de enmalle entre otros). Las langostas son el recurso pesquero más importante, contribuyendo en gran medida a la economía Guna.  Sin embargo, un poco menos de la mitad de la exportación consiste en individuos de langosta pre-reproductiva (Castillo y Lessios 2001).  El mero Goliat (Epinephelus itajara), una especie en peligro crítico incluida en la Lista Roja de Especies de la UICN es capturado usando la técnica del arponeo por jóvenes Gunas para ser vendido en restaurantes y hoteles de Guna Yala.

2.4.3 Esfuerzos y desafíos de gestión

La aplicación de las regulaciones panameñas relacionadas con la explotación de los recursos marinos por parte del CCG se centra en lo que se desembarca en las islas y la incautación del producto o incluso la imposición de multas u otros castigos a quienes contravengan las reglas.    No hay regulaciones sobre las especies de peces o las clases de tallas, por lo que los pescadores capturan lo que está disponible y puede ser capturado. Sin embargo, la langosta espinosa (Panulirus argus) tiene una prohibición de pesca de tres meses del 1 de marzo al 30 de junio (ARAP AR N° 004 del 26 de febrero de 2018), que es un mes menos que el acuerdo general en toda Centroamérica parcialmente aplicado por el GGC. La protección y comercialización de la langosta se aplica estrictamente. Sólo el consumo local ocurre durante la prohibición. Si bien las carreteras recién pavimentadas han contribuido a un aumento exponencial del turismo en los últimos ocho años (Howe y McDonald, 2015), los ingresos de esta actividad no parecen beneficiar ecológicamente a la región. El aumento del turismo ha alentado aún más a los Guna a extraer peces y otros organismos de arrecifes (Guzmán, 2003) y para construir infraestructuras para acomodar demandas turísticas (CENDAH, 2018). Este aumento en el turismo, así como el crecimiento de la población Guna, ha resultado en un aumento de contaminantes de petróleo, basura y desechos humanos (CENDAH, 2018; Colton, 2011; Howe y McDonald 2015). Los vertederos continentales y las actividades de reciclaje asociadas están tratando de reducir el impacto de los residuos en las islas. La playa de 4.8 km alrededor de la comunidad de Armila tiene la mayor abundancia y densidad de tortugas canal o baulas (Dermochelys coriacea), sitios de anidación en el Caribe Centroamericano y se considera la cuarta mayor agregación de anidación de esta especie en el mundo (Patiño-Martínez et al. 2008). Esta comunidad no permite la construcción costera, el consumo de huevos o la captura de tortugas hembra adultas (Patiño-Martínez et al. 2008), en marcado contraste con otras áreas del Caribe de Panamá, donde sí ocurre la captura, consumo, comercialización de diferentes partes de la tortuga, destrucción o alteración de hábitats de anidación. El Área Silvestre Corregimiento de Narganá es la única área protegida formalmente reconocida (establecida en 1987 por el GGC y reconocida en 1999 por la Gaceta Oficial 25, 116 del 7 de septiembre 1999). El pueblo Guna exige empoderamiento local, fuera de las legislaciones nacionales (Guzmán et al. 2003). Al establecer áreas de manejo local más pequeñas, los Guna pueden proteger y preservar áreas marinas cercanas a sus comunidades (Colton 2011; Guzmán et al. 2003). Si bien algunas comunidades adoptaron esta estrategia (Paulson 2017), se deben realizar encuestas para validar la efectividad de la medida y proporcionar conjuntos de datos para mejorar tales métodos exitosos.

Sin embargo, la minería de corales, las prácticas de recuperación de tierras como resultado de la expansión de la población, la mala gestión de los recursos naturales, la sedimentación y el    enriquecimiento de nutrientes de la deforestación de las cuencas hidrográficas costeras siguen siendo las principales causas antropogénicas de la degradación los arrecifes locales (Guzmán et al. 2003). Otras amenazas incluyen eventos de mortalidad masiva del erizo de mar, Diadema antillarum (Guzmán, 2003; Lessios, 2005; Ogden y Ogden 1996). Además, otros cambios globales están aumentando la   presión sobre los ecosistemas marinos, por lo que es cuestionable si la gestión existente será capaz de hacer frente a los factores estresantes adicionales de eventos como el blanqueamiento de corales y el aumento del nivel del mar, protegen a la comunidad indígena. El aumento del nivel del mar se ha estimado en 2 cm por año (Guzmán et al. 2003), y las inundaciones erosionan las playas arenosas y las islas, afectando las plantaciones de coco, las playas de anidación de tortugas y las comunidades que viven en la zona (CENDAH 2018).

Nota aclaratoria:

No es hasta la Resolución No. 3, CGK, Digir, 24 febrero 2000, se da la veda sobre la pesca, captura y venta de dulub en toda la Comarca, del 1 de marzo al 31 de mayo de cada año.

 

Fuente: 2023. ´´Coastal Zone Management in Panama: Lessons Learned and Outlook for the Future. Chapter 11 Panama Case Study In.: Challenges in Tropical Coastal Zone Management. Experiences and Lessons Learned. In: Wolff, M., Ferse, SC, Govan, H. (eds). Pag.: 165-186. Springer, Cham. https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-031-17879-5_11

 

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Ecosistemas marinos (esponjas, corales duros y blandos y peces). Fotos: Arcadio Castillo. Ulagsucun, Gunayala. Noviembre, 2022.

Esponjas

Peces de arrecifes

Coral cuerno de alce

Coral suave o blando


25 de febrero de 2023

Gunayala nuestra biosfera: 98 años de revolución dule

Gubiler Castillo

El pueblo gunadule está lleno de retos, su juventud principalmente, ese reto lo tienen desde que nacen hasta la muerte, e incluso en los momentos de debilidad, flaqueza, podemos hacer mucho, gracias por los conocimientos de nuestros ancestros.

Nuestro paisaje. Foto: Archivo/CENDAH, 2022

98 años se cumple celebrando la Revolución Dule, ya escrito en la historia del pueblo gunadule. Sin embargo, se sigue investigando, porque hay muchas cosas que aún no se conocen, poco a poco lo van destapando. Esta es nuestra casa, Gunayala nuestra biosfera y debemos celebrar todos los días para seguir viviendo su disfrute.

Gunayala, se ha hecho lira de nuestros poetas, escritores, artistas y creadores de paisajes naturales, y sigue siendo soplo de lucha, gracias a la biosfera que abriga. Nutriendo con semillas nativas a la vida natural y humana, al amor. Es una gran bondad que nos legaron los revolucionarios de 1925.

Gunayala, espera de sus hijos que abramos senderos de desarrollo sostenible y humano ante nuevas realidades. Debe hacerse esfuerzos necesarios para mantener limpio y cuidar de esta pequeña tierra. Así poder seguir disfrutándolo y agradecer a la Ologwadule - Madre tierra.

Celebrar es lindo, es bello, es amor. Sin embargo, hay que celebrarlo con hechos, historia con nuevos datos, por Nurdargana conquistado, ya es tiempo de no extenderlo, tomar riendas para hacerlo realidad. Por lo tanto, no hay que descansar, pues es tierra del pueblo gunadule, la de los abuelos, juntos pongámosle alto. Es dignidad.

Aún mantenemos una tierra, una biosfera sana, la buena salud de su pueblo, la vida. Su paisaje natural, sus sistemas de producción alimentario agroforestal de nainu familiar, sus ríos, mar, sus islas, sus montañas, sus cementerios sagrados, toda la naturaleza sagrada.

 

7 de febrero de 2023

Territorio, alimento y gobernabilidad

Gubiler Castillo

Desde que el pueblo gunadule se trasladó, a mediados del siglo XIX a tierras insulares, hasta que se estableció como una Comarca Tule (Castillo, 2018), ha administrado un vasto territorio más allá de punta Escribanos[1] (Heckadon-Moreno, S., 1998). Poco a poco fue perdiendo su espacio, sus tierras al crearse la República. Mucho tiempo hemos recorrido y aún seguimos recorriendo para que parte del territorio ancestral, llamado Nurdargana, vuelva a sus verdaderos dueños – el pueblo gunadule.

 

Cultivo de mama (yuca), Asociación de Mujeres Rurales de Digir. Foto: Archivo/CENDAH, 2022

Voces en la distancia, desveladas y con esperanzas manifiestan recuperar ancestrales territorios, el fortalecimiento cultural y por la reedificación de la autonomía, como bases fundamentales que permitan reconstruir el gobierno interno, a fin de generar y aplicar los procedimientos establecidos en Gunayar Igardummadwala (Ley Fundamental de Gunayala) para velar y ejercer el control, el manejo y el uso armonizado que debe existir entre las personas con la naturaleza (Castillo, 2004).

Para el pueblo gunadule el territorio es el espacio de vida y desarrollo biocultural. Una naturaleza con paisajes diversos y biodiversidad diversa, con muchas miradas. Mientras la cultura occidental, capitalista, habla de “desarrollo”, el pueblo gunadule como todos los pueblos indígenas hablan de planes de vida[2].

Territorio ancestral, es el espacio en que se moviliza el pueblo gunadule, es el derecho de los pueblos indígenas a controlar, decidir y poseer el territorio ancestralmente ocupados y que incluye la naturaleza y su biodiversidad necesarios para la vida: ríos, bosques, montañas, mar, entre otros. Se trata de una propiedad originaria que antecede a la creación de los Estados-nación, los cuales están en la obligación de reconocer, titular y demarcar y registrar territorios indígenas de manera integral; es decir, incluyendo, según sea el caso, las zonas marítimas y/o fluviales, altas y/o de pastoreo y, los páramos y bosques (OIT, 2014).

En el espacio que el pueblo gunadule vive se debe permitir fortalecer la identidad local, y forjar el sentido de lugar y apego en las comunidades, posibilitando preocupaciones y respuestas colectivas ante los riesgos de su entorno, así como una proyección a mediano y largo plazo de los ideales, necesidades e intereses comunitarios (Castillo, 2015). De esta forma, el Congreso General Guna (CGG, 2015), define el Plan de Vida de desarrollo integral que corresponde a las necesidades del momento y que al mismo tiempo proyecta a la comarca hacia el mañana. Para ello es necesario tomar en cuenta el fortalecimiento del sentido de comunidad y de pertenencia.

Una de las medidas, que enseñó la pandemia Covid-19, es que la alimentación es importante, es la base de la vida. Desde su existencia el pueblo gunadule, al igual que todos los pueblos indígenas vienen practicando o cultivando la tierra desde su propia concepción, utilizando cultivos nativos, sitios de pesca, piden permiso al cultivar la tierra, piden permiso al pescar, piden permiso a la MADRE TIERRA. Porque lo aman, lo cuidan y porque la vida depende de ella. Sin uso de agroquímicos, ni cultivos transgénicos. Contrario a la actualidad, donde la industria agrícola o la agricultura llamase moderna, usa agroquímicos y cultivos transgénicos.

Esta soberanía que aún sigue sobreviviendo, es lo que llaman hoy Soberanía Alimentaria[3]. Es decir, es el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias de producción, que garanticen el derecho a la alimentación para toda la población, la alimentación como un Derecho Humano fundamental y no como una mercancía y su cultura alimentaria para no ser perjudicados por otros (FORO MUNDIAL, 2001). Y los países o las uniones de Estados-nación tienen para definir sus políticas agrícolas y alimentarias, proteger su producción e incentivar la creación de mecanismos que eliminen los obstáculos a las compras de alimentos producidos por la agricultura familiar (FORO MUNDIAL, 2001; FAO, 2013).

La soberanía alimentaria o soberanía popular alimentaria, como actualmente se dice, es el derecho de los pueblos para decidir lo que queremos cultivar y comer. La soberanía alimentaria en Gunayala es el sistema de producción agroforestal de nainu familiar. Una producción a pequeña escala o mediana producción agroforestal de nainu familiar y no en el monocultivo y agroextractivismo.

La soberanía alimentaria llegará a ser, como dice el concepto, cuando un pueblo llegue a tener su propia producción, aunque sea pequeña, centra en la disponibilidad de alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, y nativos, incidiendo también en la importancia del modo de producción o su sistema de producción propia de los alimentos y su origen.

La soberanía alimentaria en Gunayala, llegará cuando alcance o incremente la producción alimentando a los niños o a la población en forma nutritiva y con cultivos nativos; es cuando se puede hablar de soberanía alimentaria. Mientras, se seguirá luchando contra los cultivos transgénicos que ya se encuentran presentes en Gunayala o sencillamente adaptar estos cultivos al sistema de producción agroforestal de nainu familiar.

Los agricultores gunadule están olvidando sembrar los cultivos nativos. En la Comarca, ya no se come, por ejemplo, gwalu (camote), buggwa (ñame blanco), frutas del monte como eslo (caimito), sua (jobo), sur sia (cacao de mono), sur nur (fruta de mono), entre otros, al no comerlos, parece que se desaparecen (Castillo, 2016).

Los agricultores dependen del acceso a una amplia reserva de germoplasma, en el sitio, de cultivos para sostener sus distintas formas de agricultura. La erosión genética y el cambio climático están amenazando este recurso y la estabilidad a largo plazo de los agroecosistemas.

Por lo tanto, la soberanía alimentaria se vuelve imprescindible, ya que el derecho a la alimentación es fundamental, pues sin él, no se puede asegurar la vida, la biodiversidad, la cultura, la dignidad humana, ni el disfrute de otros derechos humanos.

Por otra parte, aunque el pueblo gunadule pregona tener autonomía, como tal, aún, no lo ha alcanzado. Por lo tanto, se hace necesario definir y/o fortalecer ante una nueva realidad, dinámicas y cambios acelerados que rodea la sociedad gunadule, que haya reformas estructurales y de gestión de los Congresos Generales (CGG, 2015). La decisión es voluntad política de la dirigencia gunadule; pero se entiende que es un proceso lento y que debe venir dándose y eso debe aplaudirse.

Autonomía y cultura para decidir cómo trabajar, cómo garantizar el sustento diario, cómo divertirnos, vivir sin violencia y construir el mañana. Los pueblos indígenas, en ejercicio de su derecho de libre determinación, tienen derecho a la autonomía o al autogobierno en las cuestiones relacionadas con sus asuntos internos y locales, así como a disponer de los medios para financiar sus funciones autónomas - Artículo 4 (NU, 2007). Por lo tanto, la autonomía comarcal presupone comunidades sin desigualdades y donde las comunidades trazan sus propios destinos.

Según el PEGY 2015-2025[4] (CGG, 2015), el pueblo gunadule tiene fortalezas y debilidades para su desarrollo autónomo. Hay muchas fortalezas que hace del pueblo gunadule ser respetado a nivel del país e internacionalmente. Ha diseñado y hecho como norma interna y de cumplimiento obligatorio su Gunayar Igardummadwala, el Estatuto de la Comarca hasta los reglamentos internos de cada comunidad. Se respeta y se reconoce la autonomía de su territorio y de sus derechos. Sin embargo, estas fortalezas se vienen opacando en la actualidad, por las cuatro (4) principales debilidades existentes en – instituciones y capital humano en salud, educación, en la falta de incremento en la producción alimentaria y, vigilancia y control en los límites territoriales -.

La estrategia (CGG, 2015), también manifiesta que, el pueblo gunadule tiene cimentado la autonomía en la cultura. Sobre perfiles de “massered iddoged” que hace referencia a “wargwen negseed”, “bundor gannarbagwa na wargwen neg aggwed”[5] . A su vez, está cimentada sobre otro símbolo que se refiere a la unidad absoluta entre partes - Nega (casa, hogar, territorio). Como la cabeza de la comunidad, el sagla, no puede ser sagla sin el argar (interprete del sagla), sin el suwaribed (custodio), y sin la comunidad.

Por lo anterior, el pueblo gunadule debe dejar la dependencia alimentaria y el paternalismo, aumente la producción innovando su sistema de producción alimentario agroforestal de nainu familiar. Aún tenemos semillas nativas en el bosque para producir alimentos sanos. Aún tenemos principios para fortalecer cambios prácticos de gobernabilidad propia e incentivar prácticas de liderazgo en relación con la autonomía, la defensa territorial, la alimentación y los procesos comunitarios.  Aún presentamos múltiples maneras de vivir o seguir viviendo.

Referencias

Castillo, B., 2018. La Comarca de Tulenega de 1871 como antecedente en la construcción de la autonomía guna en Panamá. Tesis para optar por el título de Maestría en Historia de América Latina. Universidad de Panamá, Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Facultad de Humanidades, Departamento de historia, Programa de Maestría en Historia de América Latina. Panamá, República de Panamá. 122 p. + Anexos

Castillo, G. (Coord.), 2016. Rescate y valoración de semillas y plantas nativas de la Comarca Gunayala. Centro de Desarrollo Ambiental y Humano (CENDAH). Gunayala, Panamá. 28 p. (Informe al PPD). Publicado en: Agricultura Familiar: Pesquisa, Formação e Desenvolvimento, RAF. v.15, n° 02 / jul-dez 2021.

Castillo, G., 2015. Plan de Desarrollo Integral para la Vida: voces en la distancia en los 90 años de Revolución

Castillo, G., 2004. Cambiando nuestra perspectiva de desarrollo sostenible: planificación con lineamientos interculturales. CENDAH, Gunayala, Panamá. 7 p.

CGG, 2015. GUNAYALA 2025: Plan Estratégico de Gunayala 2015-2025. “Hacia una gestión territorial”. Congreso General Guna, Comarca Gunayala, Panamá. 112 p. + Anexo: Programa PAC. InfoIIDKY/Rev. 7

FAO, 2013. Seguridad y Soberanía Alimentarias (Documento base para discusión). Autores: Gustavo Gordillo de Anda y Obed Méndez Jerónimo. 37 p.

FORO MUNDIAL, 2001. DECLARACIÓN FINAL DEL FORO MUNDIAL SOBRE SOBERANÍA ALIMENTARIA. La Habana, Cuba, 7 de septiembre del 2001. 9 p.

Heckadon-Moreno, S. (Comp.), 1998. Naturalistas del Istmo de Panamá. Un siglo de historia natural sobre el puente biológico de las Américas. pág. 90

UN, 2007. Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. Resolución aprobada por la Asamblea General, 13 de septiembre de 2007. 15 p.

0IT, 2014. Convenio Núm. 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Lima: OIT/Oficina Regional para América Latina y el Caribe, 2014. 130 p.



[1] Actualmente ubicado en Santa Isabel, Provincia de Colón

[3] Es un concepto que fue instalado en 1996 por Vía Campesina en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

[4] Plan Estratégico de Gunayala 2015-2025 (PEGY)

[5] “Wargwen negseed”, “bundor gannarbagwa na wargwen neg aggwed”: “Ser varón, conducir solo la casa; ser mujer fuerte capaz de proteger sola, la casa”.

1 de febrero de 2023

Organización alerta que acuerdo mercantiliza el conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad

Protocolo de Nagoya

Por Fabiola Pomareda García pomaredafabiola@gmail.com

20 enero, 2023

 

Las comunidades indígenas o campesinas tienen conocimiento tradicional acerca del uso y preparación de plantas, animales, hongos o bacterias. (Foto: Archivo/SU)

A continuación, explicamos qué es el Protocolo de Nagoya, de dónde surge, cuántos países lo han ratificado, cómo se aplicaría en el país y los principales cuestionamientos que se le han planteado.

El acuerdo internacional conocido como Protocolo de Nagoya abre la posibilidad a mecanismos como contratos o acuerdos, que permitirían que empresas, universidades e institutos de investigación puedan obtener derechos de propiedad intelectual sobre conocimiento tradicional que tienen las comunidades indígenas o campesinas sobre plantas, animales, hongos o bacterias, explica la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB).

Se trata de conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad, como la tinta de moluscos que se usa para teñir tejidos, los saberes sobre plantas medicinales o incluso conocimiento asociado a cultivos como pejibayes o cacao.

Silvia Rodríguez Cervantes, de la RCB, dijo a UNIVERSIDAD que la Red se opone, “junto con un buen número de integrantes de comunidades campesinas y pueblos indígenas” a la aprobación del Protocolo de Nagoya porque su normativa “remite a la privatización legal de recursos y conocimiento a favor de quienes los contratan y en demérito de la biodiversidad y de su conocimiento así aprisionados”.

El pasado 17 de enero, una mayoría de diputados aprobó en primer debate el proyecto “Aprobación del Protocolo de Nagoya sobre participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de su utilización al convenio sobre diversidad biológica y su anexo”, a pesar de cuestionamientos planteados por el Frente Amplio en cuanto a que el proyecto no ha sido consultado a los pueblos indígenas.

El expediente fue trasladado a consulta preceptiva a la Sala Constitucional.

El Poder Ejecutivo firmó el Protocolo de Nagoya en 2011; pero la Asamblea Legislativa aún no lo ha ratificado.

A continuación, explicamos qué es el Protocolo, cómo surge, cuántos países lo han ratificado, cómo se aplicaría en el país y los principales cuestionamientos que se le han planteado.

¿De dónde sale el Protocolo de Nagoya?

El “Protocolo de Nagoya sobre el acceso a los recursos genéticos y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización” es un acuerdo complementario al Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD).

Fue adoptado el 29 de octubre de 2010 en la ciudad japonesa de Nagoya y entró en vigor el 12 de octubre de 2014.

Como ha explicado la RCB, en los años ochenta, la llamada Revolución Verde causaba estragos en el mundo, con una agricultura de semillas estandarizadas, híbridas o mejoradas, monocultivos, plaguicidas, maquinaria agrícola y ganadería extensiva. Se había arrasado con áreas tropicales y bosques, en su mayoría cuidados por pueblos originarios y comunidades campesinas.

En ese momento, empresas y centros de investigación, con ayuda de ONGs internacionales, anunciaron que querían avanzar en propuestas para detener los estragos, además de que en esas áreas podrían surgir nuevos productos industriales, medicamentos, perfumes y jabones derivados de plantas y animales.

Querían “guardar al menos parte de esa biodiversidad que ellos mismos estaban desapareciendo o acaparando, sobre todo en las áreas tropicales donde se halla el origen de la mayor parte de las plantas que sirven de alimento a todo el mundo y sus parientes silvestres”, resume el cuaderno “Convenio de Diversidad Biológica y Protocolo de Nagoya”, elaborado por la RCB y la organización Grain.

Así surge la idea de regular todas esas actividades con el Convenio de Diversidad Biológica, firmado en 1992 y que entró en vigencia en 1994.

Pero como se insistía en que se debía retribuir algo por esos beneficios, inventaron el Protocolo de Nagoya, sobre “distribución justa y equitativa de beneficios”.

Hasta la fecha ha sido firmado y ratificado por 139 países, según información del Convenio de Diversidad Biológica. Aún no lo han ratificado Australia, Colombia, El Salvador, Irlanda, Italia, entre otros; y ni siquiera lo han firmado Estados Unidos, Canadá, Chile, Paraguay ni Israel y varios más.

¿Cómo funcionaría en el país?

En Costa Rica, la Ley de Biodiversidad (7788) impide que el conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad (sobre plantas, animales, hongos o bacterias) sea objeto de propiedad intelectual.

En este momento, la Comisión Nacional de Gestión de la Biodiversidad (Conagebio) regula los mecanismos de acceso a empresas, universidades e institutos de investigación, para investigar y elaborar productos; pero solo a partir de elementos de la biodiversidad. La misma Ley de Biodiversidad también contempla mecanismos de distribución de beneficios, como ha explicado la RCB.

Por ejemplo, se permite que se investigue si una planta de un bosque de Costa Rica tiene algún uso particular para un fármaco, o si hay una planta que se puede usar para elaborar tejidos.

Pero la misma Ley de Biodiversidad prohíbe estos mecanismos de acceso y de propiedad intelectual si se trata de un conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad.

Si se aprobara el Protocolo de Nagoya, estaría por encima de la Ley de Biodiversidad y permitiría que se establezcan mecanismos de propiedad intelectual sobre estos conocimientos tradicionales. Estos mecanismos pueden ser contratos acuerdos Estado-empresa-comunidad, acuerdos comunidad-empresa o inclusive patentes.

¿Desde cuándo están tratando de aprobarlo?

El proyecto entra por primera vez a la corriente legislativa en el 2012, bajo el número de expediente 18.372; pero se archiva en el 2018, según una recopilación hecha por el Observatorio de Bienes Comunes del Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Hay un segundo intento de aprobación del convenio en el 2019, bajo el expediente 21.212, el cual es presentado por algunos diputados de la fracción Partido Acción Ciudadana (PAC); sin embargo, el procedimiento queda viciado y se dictamina de forma negativa porque como es un instrumento internacional, solo el Poder Ejecutivo puede presentarlo en la Asamblea Legislativa.

El expediente actual, 21.550, fue presentado el 9 de agosto de 2019 por el Poder Ejecutivo. El 10 de septiembre de 2020 se vota afirmativo en subcomisión de Asuntos Internacionales. En febrero 2021 se votan mociones que procuran introducir algunos cambios.

Según ha denunciado la fracción del Frente Amplio, el texto original no fue consultado de forma adecuada a los pueblos indígenas, como establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); y el texto final, con cláusulas interpretativas que se agregaron, no fue consultado de ninguna forma.

¿Cuáles son los cuestionamientos?

Además de lo señalado al inicio, Silvia Rodríguez Cervantes, de la RCB, dijo a este medio que el Protocolo de Nagoya da un “valor subordinado y equivocado” al conocimiento tradicional, “tratándolo como una mercancía que se puede vender al mejor postor, poniéndole además el cerco de la propiedad intelectual totalmente opuesta a la esencia del conocimiento en general y en especial del conocimiento tradicional”.

“La enorme biodiversidad existente en nuestro país y la presencia de comunidades y pueblos indígenas hace que el conocimiento de muchas plantas y animales sean utilizados por sus múltiples cualidades para la salud y la alimentación. Basta con ir a los mercados locales para constatarlo. ¿A quién le pertenece ese conocimiento? ¿Quién puede argumentar ser su propietario y automáticamente cercarlo e impedir su utilización a miembros de otras comunidades y hasta de otros países?”, destacó la investigadora.

“Actualmente en Costa Rica no hay intentos de privatizar legalmente el conocimiento tradicional, de lo que nos congratulamos por lo absurdo e imposible que sería tratar de hacerlo”, reconoció Rodríguez; pero resaltó que “nos duele que en ese desequilibrio de poderes sean solo empresas e investigadores los que se aprovechen de esa situación por medio de contratos entre desiguales sin cuestionamientos por parte del Estado ni de la misma Conagebio”.

Rodríguez también enfatizó que no es necesaria la aprobación del Protocolo, porque la Ley de Biodiversidad «cubre la mayor parte del Protocolo de Nagoya de manera que nacionalmente ya estamos dando respuesta a casi todos los asuntos tratados en el protocolo».

Otros cuestionamientos son, primero, la ausencia de una verdadera consulta a los pueblos indígenas del país. Segundo, que no se establecen formas de regular los beneficios, no se sabe cuáles son, quién decide cuánto y cómo se da, ni a quiénes se los dan. Y tercero, las prácticas de negociación de estas empresas y si verdaderamente puede haber acuerdos en relaciones desiguales.

Fuente: https://semanariouniversidad.com/pais/organizacion-alerta-que-acuerdo-mercantiliza-conociiento-tradicional-asociado-a-la-biodiversidad/

 

30 de enero de 2023

"Fue casi una aniquilación": la Masacre de Bear River, uno de los peores ataques contra nativos en la historia de EE.UU.

Margarita Rodríguez - BBC News Mundo

dom, 29 de enero de 2023, 6:32 a. m. EST

El líder Sagwitch junto a su esposa, Beowachee, y miembros de su familia.

Cuando los antepasados de Brad Parry observaron los caballos bajar por la colina, evocaron la primera vez que vieron una locomotora en funcionamiento.

A la distancia, en una mañana gélida, advirtieron el vapor que producía la respiración de los soldados y sus caballos.

Aunque había tensión con el ejército, los líderes de la tribu no pensaron que esa movilización sería una amenaza para su pueblo.

Les dijeron a las mujeres y a los mayores que se encontraban en los tipis que no se levantaran y que volvieran a dormir, como lo estaban haciendo los niños.

Pero pronto descubrieron que no venían con intenciones de dialogar y rápidamente comenzaron a urgirlos a escapar.

Lo que siguió es uno de los capítulos más desgarradores en la historia de los indígenas en Estados Unidos.

Ocurrió el 29 de enero de 1863 y se conoce como la Masacre de Bear River.

"Agarraban a los niños pequeños por las piernas como si fueran una liebre y les golpeaban la cabeza contra la tierra", contó Elva Schramm, descendiente de uno de los caciques.

"Fue espantoso, tenían el objetivo de matar y eso duró cuatro horas", dice Parry.

Algunas estimaciones apuntan a que más de 300 nativos murieron, 90 eran mujeres y niños.

En el oeste

Parry, quien es vicepresidente del Consejo tribal del grupo del noroeste de la Nación Shoshone (Northwestern Band of the Shoshone Nation) compartió con BBC Mundo lo que, gracias a la tradición oral, trascendió de ese día.

Aunque hubo registros militares, su abuela, Mae Timbimboo Parry, fue clave para conocer la perspectiva de los shoshones.

Mae Timbimboo Parry insistió en que la historia registrara lo sucedido no como una "batalla", sino como una "masacre".

"Ella fue la primera que recogió esas historias, las escribió y luego las compartió ampliamente", le dice a BBC Mundo Molly Cannon, profesora en la Universidad Estatal de Utah y directora del Museo de Antropología de esa institución.

La tragedia ocurrió en lo que hoy es Idaho, en el oeste del país, cerca del Bear River, río Bear (río del oso).

"Es triste que la mayor masacre de nativos americanos en la historia de Estados Unidos no se conozca realmente", dijo Darren Parry, expresidente del grupo del noroeste de la Nación Shoshone, en un documental del Servicio Público de Radiodifusión de ese país: Remembering Bear River: Tragedy for Idaho's Shoshone Tribe (Recordando Bear River: Tragedia para la tribu Shoshone de Idaho).

En "silencio"

Inicialmente, lo ocurrido se describió como una "batalla" entre el ejército y guerreros shoshones.

Pero Mae -destaca Cannon- hizo que eso se replanteara. 

Yeager Timbimboon, el abuelo de Mae, era un adolescente cuando ocurrió la masacre.

"Esta idea de que fue una batalla persistió durante mucho tiempo en nuestra historia y en la mente de los estadounidenses, pero creo que la narrativa se está desmoronando lentamente en gran parte por el trabajo de los grupos tribales", dice la antropóloga.

Para Brad, se trató de una historia que se mantuvo en "silencio" por más de cien años.

Muchas personas que vivían cerca de esa zona prefirieron no acercarse, otras "no quisieron escribir sobre una matanza de mujeres, niños y ancianos".

Por otra parte, ocurrió durante la Guerra Civil y la mayoría de los periodistas estaban cubriendo los acontecimientos de ese conflicto en el este del país.

Además, dice, "no sabíamos escribir, solo podíamos contar lo que había pasado".

Sin embargo, eso cambió con su abuela, quien fue "una estudiante excepcional".

"Tuvo una educación extremadamente buena, escribía y hablaba muy bien y cuando se graduó en la escuela secundaria, su abuelo todavía estaba vivo. Entonces, comenzó a escribir lo que él le contó".

Ese testimonio, junto a los de otros que también sobrevivieron, nutrieron el registro histórico de los shoshones sobre lo sucedido.

"No fue hasta las décadas de 1980 y 1990 cuando mi abuela comenzó a insistir en cambiar el nombre de 'Batalla de Bear River' por 'Masacre de Bear River'. Se enfrentó al ejército de Estados Unidos, fue al Congreso, se reunió con todas esas personas para conseguir un reconocimiento verdadero de los hechos".

Tensión

Ese acontecimiento no se puede ver como un hecho aislado.

En el siglo XIX, los shoshones y otras tribus sufrieron la invasión de sus tierras por parte de colonos y grupos de mormones, además de tener escaramuzas con buscadores de oro.

Ilustración de Sacagawea, miembro de la tribu de los shoshones que ayudó a Meriwether Lewis y William Clark en su expedición por el oeste de EE.UU. entre 1804 y 1806.

La masacre fue "la culminación de casi dos décadas de sucesos que brotaron de la interacción entre indios y blancos".

Así lo señala la editorial de la Universidad de Utah en la presentación del libro The Shoshoni Frontier and the Bear River Massacre (La frontera shoshone y la Masacre de Bear River), del historiador Brigham Madsen.

"Las tierras natales de los shoshones abarcaban una gran extensión de territorio y fueron atravesadas por las principales rutas de viaje en el occidente, lo que forzó a encuentros entre indios y blancos".

"Inicialmente fueron amigables y complacientes con los viajeros blancos en la década de 1840, (pero) a fines de la década de 1850 el resentimiento se disparó entre los indios cuando fueron asesinados y sus reservas de alimentos fueron consumidas por los emigrantes y sus ganados".

Michael Andersen escribió Bear River Massacre and the Ethical Implications for Large Scale Combat Operations (La Masacre de Bear River y las implicaciones éticas para las operaciones de combate a gran escala), un ensayo publicado por el Centro Simons para el Liderazgo Ético y la Cooperación Interinstitucional, una organización que se dedica, entre varias áreas, a investigar temas de seguridad de Estados Unidos.

El autor señala que aunque se suele considerar a los siux y los apache como "las tribus más violentas en ese periodo de la historia estadounidense, de hecho, los shoshones fueron responsables de más ataques a colonos y viajeros, en comparación con otras tribus".

Un grupo de shoshones de Utah en una foto que se estima es de alrededor de 1872.

El 6 de enero de 1863, la tensión aumentó cuando unos viajeros que transitaban por el Valle Cache reportó que uno de sus miembros había sido asesinado y que su ganado había sido robado.

Uno de ellos ofreció, ante las autoridades, una declaración jurada que llevó a que un juez emitiera una orden de arresto contra tres líderes shoshones.

Se pidió la asistencia del coronel irlandés Patrick Connor, quien dirigió la expedición militar al Valle Cache.

Ahí, cerca del río Bear, un pueblo de shoshones se había asentado.

Encuentro

"Todos los años, durante el invierno, íbamos allí y nos reuníamos con otras naciones shoshones que venían de otras partes", cuenta Brad.

Colina por donde bajaron los soldados para llegar al campamento.

En esa zona, que llaman "casa de los pulmones", sus antepasados encontraban recursos y fuentes termales con propiedades curativas.

"Era un lugar espiritual sagrado, pero también jugábamos, hacíamos carreras y se daban premios, muchas veces conocías a tu cónyuge, había matrimonios. Era como un gran encuentro familiar".

"En enero, comenzaba lo que llamamos la danza cálida, destinada a ayudar a la Madre Tierra y al gran espíritu a traer la primavera".

Las familias de los otros grupos shoshones se empezaron a devolver a sus territorios.

"Nuestro pequeño grupo, el del noroeste, se quedaba allí porque éramos los anfitriones".

"Justo antes del 29 de enero, se enviaron a nuestros jóvenes y hombres más fuertes a conseguir comida, a cazar ciervos o alces para pasar el resto del invierno".

Aguas termales en el lugar donde se encontraba el asentamiento.

Quedaron "muy pocos guerreros" en el campamento y cuando el jefe Sagwitch vio descender a los soldados en caballos, habló con los otros líderes de la tribu.

"Les dijo: 'Vamos a ver qué quieren, si necesitan arrestar a alguien, seguiremos las reglas'. Por lo general, entre líderes trataban de negociar una salida".

Para Brad era evidente que no querían combatir: "tenían a las mujeres, a los niños y a los ancianos en los tipis".

De acuerdo con Andersen, Sagwitch dio órdenes de "no disparar contra el ejército", pues pensaba que solo estaban interesados en los arrestos y "luego se irían".

La agonía

La antropóloga Cannon hace notar que era bien conocido entre los colonos europeos y el ejército que en ese asentamiento estarían "todos los miembros" de ese pueblo shoshone y no únicamente "guerreros".

Unos 300 soldados fueron dirigidos por Connor.

Brad Parry (de camisa blanca) junto a (de izquierda a derecha), Patty Timbimboo-Madsen, Gwen Davis, Rios Pacheco y Brian Parry: historiadores tribales y descendientes de los sobrevivientes de la masacre.

"Cabalgaron hacia el campamento" -cuenta Brad- "mientras nosotros teníamos nuestra primera línea de defensa".

Y el enfrentamiento se desató.

Cuando los shoshones se quedaron sin municiones, "la contienda había terminado y comenzó la masacre de hombres, mujeres y niños", escribió Andersen, quien recogió testimonios en su ensayo:

"Varias indias fueron asesinadas porque no se sometieron silenciosamente a ser violadas, y otras indias fueron violadas en la agonía de la muerte", contó un mormón de esa zona.

Brad indica que testigos vieron a soldados "agarrar a niños pequeños por las trenzas y darles vueltas hasta romperles el cuello".

Los líderes y los hombres de la tribu trataron de mantener a los soldados en el sur, "para que nuestra gente pudiera escapar por el norte, pero el coronel se dio cuenta y desplegó sus tropas por el norte, sobre una colina, y comenzaron a disparar balas, por lo que toda la gente tuvo que correr hacia el sur".

Me habla de Anzie Chee, una mujer que, pese a estar herida, logró escapar.

Saltó con su bebé a una parte del río que no estaba congelada y se escondió en una de las riberas. Allí, se percató que había más mujeres.

"Pero su bebé comenzó a llorar…

Lo tuvo que soltar. El bebé se ahogó para poder salvar a todas esas otras personas".

Pasarse por muertos

Sagwitch resultó herido y estuvo flotando en el río hasta que "un amigo blanco lo ayudó" y sobrevivió.

Su hijo, Yeager Timbimboo (el abuelo de Mae) tenía unos 14 años.


Frank Timbimboo Warner "Beshup" sobrevivió la masacre. Esta foto fue tomada en 1917, en el lugar donde murió su madre.

Junto a su abuela, se quedó acostado en el suelo gélido y pretendieron estar muertos.

"No abras los ojos, no mires para arriba", le susurró su abuela. Pero el niño no tardó en desobedecer.

"Un soldado se dio cuenta, se le acercó y le puso una pistola en la cabeza, pero no disparó. Subió el arma y lo volvió a apuntar. Se rió y se fue", cuenta Brad.

Yeager creció con esos recuerdos y, como otros sobrevivientes, no quería que desaparecieran.

"Cada invierno, se reunían y contaban la historia de la masacre. Tomaban una hoja de un árbol, la doblaban y le abrían agujeros con un clavo: 'Así quedaron nuestros tipis', decían". Otros fueron quemados.

Después de que los soldados se fueron, "los miembros de la comunidad blanca en el condado de Franklin corrieron hacia los indios para ayudarlos".

"Muchos de ellos recibieron muy buena atención en el pueblo. Se sacaron balas, se vendaron heridas, se adoptaron niños".

Las cifras

Veinticinco soldados fallecieron, pero precisar cuántos shoshones murieron aún es difícil.

Los soldados contaron 224 cuerpos, pero dejaron claro que no era el total.

Mae Timbimboo Parry junto a su hermano Frank.

Un inmigrante danés llamado Hans Jasperson indicó en su autobiografía de 1911 que, tras recorrer el campamento, contó 493 shoshones muertos.

"Me di la vuelta, volví a contar y me dio la misma cantidad", escribió, según el periódico Salt Lake Tribune.

Brad dice que miembros de la comunidad cercana que auxilió a las víctimas contabilizaron 368 muertos.

"Nosotros estimamos que murieron entre 350 y 500 personas".

"Nuestro grupo (los shoshones del noroeste) tenía probablemente alrededor de 650 integrantes. Nos dejaron con unas 125 personas".

"Nuestra tribu aún no ha superado los 600 miembros desde entonces. Creo que en este momento somos alrededor de 578 o 580. Esto es lo más alto que hemos estado en mucho, mucho tiempo".

"Aún no hemos recuperado nuestros números anteriores a la masacre. Fue casi una aniquilación completa, nos diezmó tanto que nos tomó 160 años volver a la misma población".

Antes de irse, los soldados se apropiaron de los caballos, "saquearon el campamento, se robaron la carne, los granos, nos dejaron sin nada".

Y, territorialmente, esos shoshones sentían que no tenían a donde ir.

Deshumanizados

Al reflexionar sobre la matanza de nativos en Estados Unidos en el siglo XIX, el historiador militar Jonathan Deiss le dijo a la periodista Dana Hedgpeth, de The Washington Post, que en esa época "la gente consideraba que los indios no eran realmente humanos, así que era fácil justificar matarlos o maltratarlos".

Brad escuchó sobre la masacre de voz de su abuela, Mae. No quiere que se olvide lo ocurrido.

A la luz de esa percepción deshumanizante de los indígenas, señala Cannon, "las masacres no parecían masacres, eran acciones militares, parte de un proceso de ocupación y expansión".

De hecho, a su regreso, el coronel Connor fue elogiado por sus superiores y promovido a General de Brigada.

Un año después, se le pidió asesoría sobre cómo lidiar con un campamento de las tribus arapajó y cheyenes en Colorado.

"El coronel Chivington usó un enfoque similar: un ataque en invierno, temprano en la mañana, y masacró a 130 hombres, mujeres y niños", señaló Andersen.

Han pasado 160 años desde la Masacre de Bear River y, como cada año, los shoshones recuerdan ese invierno en el que su tierra se cubrió de rojo.

Para ellos, los espíritus de quienes murieron siguen ahí.

 

Fuente: https://espanol.yahoo.com/noticias/aniquilaci%C3%B3n-masacre-bear-river-peores-113212209.html