1 de septiembre de 2026

Ogob (Cocos nucifera): moneda ancestral de intercambio y sustento de la economía Gunadule

Geodisio Castillo

La estopa como envoltura áspera que protege lo valioso – el ogob.. Foto: Gubiler, 08/26

Sobre el ogob (Cocos nucifera) como cultivo en Gunayala ya se ha escrito ampliamente. Sin embargo, hablar del ogob es hablar de mucho más que de una planta o de un producto comercial. Para el pueblo Gunadule, el ogob forma parte de la historia, de la alimentación, de las relaciones de intercambio y de la economía familiar y comunitaria. Su presencia en las islas y comunidades de Gunayala está ligada a una forma propia de relacionarse con la tierra, el mar, el trabajo y los demás pueblos.

El ogob, considerado el árbol de los cien usos porque tiene significativas aplicaciones en el campo de la medicina, carpintería, agricultura y destilería. Por tanto, defender y conservar las prácticas culturales del coco (ogob) resulta imprescindible para la resiliencia formativa de las comunidades.

La población Gunadule contemporánea participa cada vez más en los diferentes ámbitos de la vida nacional. No obstante, muchos de los modelos de desarrollo impulsados desde afuera continúan sin responder plenamente a sus necesidades, intereses y aspiraciones. Las políticas nacionales todavía arrastran visiones del pasado que consideran a los pueblos indígenas como sociedades dependientes de la asistencia estatal y no como pueblos con conocimientos, capacidades y alternativas propias.

El Estado nación tiene la obligación de garantizar los derechos de los pueblos indígenas y asignar los recursos necesarios para el desarrollo de sus territorios. Pero esto no significa sustituir las capacidades locales ni imponer modelos externos. Significa crear condiciones para que cada pueblo pueda fortalecer sus propias formas de organización, producción, intercambio y toma de decisiones.

El intercambio como práctica de reciprocidad

Antes de la expansión de la economía monetaria, los pueblos de Abiayala desarrollaron diversas formas de intercambio de bienes y servicios. El trueque permitía obtener aquello que una familia o comunidad necesitaba mediante el intercambio directo de productos, trabajo y conocimientos. Más que una simple transacción económica, este sistema se sustentaba en la reciprocidad, la confianza, las relaciones sociales y como parte de la memoria social de los pueblos indígenas.

Estas formas de intercambio nos recuerdan que la economía no siempre ha dependido del dinero. Los pueblos indígenas han construido, a lo largo de generaciones, sistemas económicos vinculados con la naturaleza, la alimentación, el trabajo colectivo y la solidaridad. En ese sentido, los conocimientos ancestrales han contribuido también a la seguridad alimentaria y a la conservación de la biodiversidad de Abiayala.

Muchos de los alimentos (Zizumbo y Colunga, 2008) que hoy consume la humanidad tienen su origen en los conocimientos y prácticas desarrollados por los pueblos indígenas durante siglos. Reconocer esta contribución significa valorar no solamente los productos que llegaron hasta nuestros días, sino también los conocimientos que permitieron cultivarlos, conservarlos, transformarlos y compartirlos.

El ogob en la vida Gunadule: más que un producto comercial

En Gunayala, el ogob es mucho más que un fruto o un alimento: es historia, soberanía, trabajo y vida. Durante generaciones, el cocotero ocupó un lugar central en la economía familiar y comunitaria del pueblo Gunadule. Su importancia no se limitó a la producción para el mercado externo; el ogob también cumplió una función como medio de intercambio dentro de la propia Comarca.

Durante buena parte de la historia reciente de Gunayala, las familias producían coco y lo utilizaban para obtener mercancías que no se producían en las comunidades. El intercambio con comerciantes colombianos permitía adquirir alimentos secos y otros productos necesarios para la vida cotidiana. De esta manera, el ogob conectaba la producción local con las necesidades de las familias y comunidades.

Pero su función económica no terminaba en el intercambio con Colombia. Dentro de las propias comunidades de Gunayala, el coco también podía utilizarse para adquirir mercancías en las tiendas comerciales. Una familia podía llevar su producción de ogob y utilizarla para obtener alimentos, artículos de uso cotidiano y otros bienes necesarios. Así, el coco circulaba entre productores y comerciantes locales y funcionaba, en la práctica, como un medio de intercambio reconocido socialmente.

Por ello, cuando hablamos del ogob como una “moneda ancestral”, no estamos diciendo que fuera una moneda oficial emitida por una autoridad, como ocurre con el dinero moderno. La expresión busca reconocer su función histórica como “medio de intercambio y medida práctica de valor dentro de las relaciones económicas Gunadule”. Su valor estaba sustentado en algo concreto: el trabajo de las familias, la producción de la tierra y la posibilidad de transformarlo en bienes necesarios para la vida (Ohler, 1986).

El ogob establecía así un vínculo entre tres espacios económicos: “la producción familiar, el comercio interno de las comunidades y el intercambio con Colombia”. El productor obtenía coco de su nainu (parcela); el comerciante local podía recibirlo a cambio de mercancías; y, a su vez, el coco podía salir de Gunayala para intercambiarse por productos provenientes de Colombia. De esta manera, el ogob circulaba y contribuía a sostener una economía local basada en la producción, el intercambio y la reciprocidad.

Esta dinámica explica por qué la disminución de la producción de coco no representa solamente la pérdida de un cultivo comercial. También significa el debilitamiento de un mecanismo económico que durante generaciones permitió a las familias Gunadule convertir su trabajo y su producción en bienes necesarios para la vida cotidiana.

Castillo y Beer (1983) ya señalaban la importancia económica del coco para Gunayala. Sin embargo, su verdadero significado puede comprenderse mejor cuando se observa desde la experiencia de las propias comunidades: el ogob era alimento, mercancía, ingreso, medio de intercambio y una forma de convertir el trabajo familiar en bienestar.

En este sentido, recuperar el ogob no significa únicamente aumentar la cantidad de cocos producidos. Significa también recuperar una parte de la capacidad económica de las familias y comunidades, fortalecer los intercambios locales y reconstruir alternativas propias frente a una economía cada vez más dependiente de los mercados externos.

Sin embargo, durante las últimas décadas la producción de coco ha disminuido considerablemente. Entre las causas se encuentran problemas fitopatológicos, el envejecimiento de las plantaciones y otros factores relacionados con el manejo del cultivo. A estas condiciones se suma una transformación importante de la organización social Gunadule: el tránsito de la familia extensa hacia grupos familiares más pequeños.

Esta transformación tiene consecuencias en la producción. Cuando disminuyen las unidades familiares y, con ellas, la disponibilidad de mano de obra, también disminuye la capacidad para mantener y atender las plantaciones. Un cultivo que antes podía ser sostenido por una familia extensa requiere ahora nuevas formas de organización del trabajo.

Por otra parte, la dependencia del mercado colombiano ha condicionado durante años la economía del coco. El precio, la demanda, los costos de transporte y las condiciones del intercambio tienen una influencia directa sobre los ingresos de las familias productoras. Así, un cultivo que históricamente contribuyó a la economía de Gunayala se encuentra hoy frente al desafío de recuperar su capacidad productiva y, al mismo tiempo, reducir las condiciones de dependencia que se han generado alrededor de su comercialización.

Entre Gunayala y Colombia: una relación que necesita equilibrio

El intercambio de ogob entre Gunayala y Colombia continúa siendo una actividad importante para varias comunidades. Sin embargo, las condiciones en que se realiza el comercio han generado preocupaciones entre las autoridades y las comunidades Gunadule.

En determinados momentos, las medidas fiscales y las restricciones aplicadas a las embarcaciones colombianas que participan en el intercambio de coco por alimentos secos han dificultado el abastecimiento de algunas comunidades, particularmente aquellas ubicadas en el sector oriental de Gunayala. Estas dificultades muestran hasta qué punto la economía local depende de un sistema de intercambio que ha funcionado durante décadas y que responde a necesidades concretas de las comunidades.

Por esta razón, el comercio entre Gunayala y Colombia no debe ser visto únicamente como una operación comercial. Es también una relación histórica que sostiene parte de la alimentación y de la economía de las comunidades. Las autoridades Gunadule han buscado mecanismos de diálogo y negociación para encontrar soluciones que permitan mantener este intercambio de manera ordenada, justa y beneficiosa para las partes.

El papel de Onmaggeddummad es fundamental en este proceso, porque permite abordar colectivamente asuntos que afectan la vida económica y social de las comunidades y buscar acuerdos que respondan a las necesidades del territorio.

Recuperar capacidades propias

El futuro del ogob no puede depender únicamente de cuánto se pague por un coco en el mercado. Recuperar su importancia económica requiere fortalecer el cultivo, renovar las plantaciones, recuperar conocimientos, incorporar nuevos aprendizajes y organizar mejor el trabajo familiar y comunitario.

El manejo del cocotero necesita articular el conocimiento Gunadule con aquellos conocimientos técnicos que puedan ser útiles para enfrentar los problemas actuales. No se trata de sustituir un conocimiento por otro, sino de dialogar, adaptar e innovar desde las condiciones propias de Gunayala.

Esto implica pensar en alternativas de producción y comercialización que permitan que una mayor parte del valor generado por el ogob permanezca en las comunidades. También implica fortalecer la organización local, mejorar el manejo de las plantaciones y recuperar la capacidad de decisión sobre la producción y el intercambio.

En este sentido, la discusión sobre el ogob se relaciona directamente con una pregunta más amplia: ¿qué tipo de desarrollo queremos para Gunayala?

La respuesta no puede limitarse a reproducir modelos diseñados desde afuera. Necesitamos pensar en un desarrollo construido desde adentro, desde las comunidades y desde sus propias capacidades; un desarrollo endógeno que reconozca la pluralidad cultural de los Estados nación y el derecho de los pueblos a decidir sobre sus propios caminos (Bartolomé, 2006).

Esto significa potenciar las alternativas locales y fortalecer las decisiones que nacen de las comunidades, tomando distancia de los modelos impuestos desde arriba. Pero también significa reconocer que las relaciones entre culturas y sociedades no son siempre armónicas. Son procesos permanentes de diálogo, negociación y, en ocasiones, de conflicto, en los que los pueblos indígenas han debido defender su existencia, sus territorios y sus formas de vida (Bartolomé, 2006).

Por eso, recuperar el valor del ogob no significa simplemente aumentar la producción. Significa recuperar una parte de la capacidad económica y social de las comunidades. Significa reconocer que detrás de cada cocotero existen conocimientos, trabajo familiar, relaciones de intercambio y una historia que continúa viva.

El ogob puede volver a ser una fuente importante de economía para Gunayala, pero su verdadero valor está en que nos recuerda que la economía de un pueblo no se construye solamente con dinero: también se construye con territorio, conocimiento, reciprocidad, trabajo y capacidad de decidir sobre el propio futuro.


Referencias:

 

Bartolomé, M.A. 2006. Procesos interculturales: antropología política del pluralismo cultural en América Latina. México: Siglo XXI Editores. 368 p.

Castillo, G. y Beer, J. 1983. Utilización del bosque y de sistemas agroforestales en la Región Gardi, Kuna Yala (San Blas). Turrialba, Costa Rica: UNU/CATIE. 55 p. + Apéndices

Ohler, J.G., 1986. El cocotero, árbol de vida. FAO, Roma. 347 p. Estudios FAO: Producción y Protección Vegetal 57

Zizumbo Villarreal, D., Colunga G. M., P. 2008.   El origen de la agricultura, la domesticación de plantas y el establecimiento de corredores biológico-culturales en Mesoamérica. Revista de Geografía Agrícola, Núm. 41, julio-diciembre. Universidad Autónoma Chapingo, México. pp. 85-113