30 de enero de 2023

"Fue casi una aniquilación": la Masacre de Bear River, uno de los peores ataques contra nativos en la historia de EE.UU.

Margarita Rodríguez - BBC News Mundo

dom, 29 de enero de 2023, 6:32 a. m. EST

El líder Sagwitch junto a su esposa, Beowachee, y miembros de su familia.

Cuando los antepasados de Brad Parry observaron los caballos bajar por la colina, evocaron la primera vez que vieron una locomotora en funcionamiento.

A la distancia, en una mañana gélida, advirtieron el vapor que producía la respiración de los soldados y sus caballos.

Aunque había tensión con el ejército, los líderes de la tribu no pensaron que esa movilización sería una amenaza para su pueblo.

Les dijeron a las mujeres y a los mayores que se encontraban en los tipis que no se levantaran y que volvieran a dormir, como lo estaban haciendo los niños.

Pero pronto descubrieron que no venían con intenciones de dialogar y rápidamente comenzaron a urgirlos a escapar.

Lo que siguió es uno de los capítulos más desgarradores en la historia de los indígenas en Estados Unidos.

Ocurrió el 29 de enero de 1863 y se conoce como la Masacre de Bear River.

"Agarraban a los niños pequeños por las piernas como si fueran una liebre y les golpeaban la cabeza contra la tierra", contó Elva Schramm, descendiente de uno de los caciques.

"Fue espantoso, tenían el objetivo de matar y eso duró cuatro horas", dice Parry.

Algunas estimaciones apuntan a que más de 300 nativos murieron, 90 eran mujeres y niños.

En el oeste

Parry, quien es vicepresidente del Consejo tribal del grupo del noroeste de la Nación Shoshone (Northwestern Band of the Shoshone Nation) compartió con BBC Mundo lo que, gracias a la tradición oral, trascendió de ese día.

Aunque hubo registros militares, su abuela, Mae Timbimboo Parry, fue clave para conocer la perspectiva de los shoshones.

Mae Timbimboo Parry insistió en que la historia registrara lo sucedido no como una "batalla", sino como una "masacre".

"Ella fue la primera que recogió esas historias, las escribió y luego las compartió ampliamente", le dice a BBC Mundo Molly Cannon, profesora en la Universidad Estatal de Utah y directora del Museo de Antropología de esa institución.

La tragedia ocurrió en lo que hoy es Idaho, en el oeste del país, cerca del Bear River, río Bear (río del oso).

"Es triste que la mayor masacre de nativos americanos en la historia de Estados Unidos no se conozca realmente", dijo Darren Parry, expresidente del grupo del noroeste de la Nación Shoshone, en un documental del Servicio Público de Radiodifusión de ese país: Remembering Bear River: Tragedy for Idaho's Shoshone Tribe (Recordando Bear River: Tragedia para la tribu Shoshone de Idaho).

En "silencio"

Inicialmente, lo ocurrido se describió como una "batalla" entre el ejército y guerreros shoshones.

Pero Mae -destaca Cannon- hizo que eso se replanteara. 

Yeager Timbimboon, el abuelo de Mae, era un adolescente cuando ocurrió la masacre.

"Esta idea de que fue una batalla persistió durante mucho tiempo en nuestra historia y en la mente de los estadounidenses, pero creo que la narrativa se está desmoronando lentamente en gran parte por el trabajo de los grupos tribales", dice la antropóloga.

Para Brad, se trató de una historia que se mantuvo en "silencio" por más de cien años.

Muchas personas que vivían cerca de esa zona prefirieron no acercarse, otras "no quisieron escribir sobre una matanza de mujeres, niños y ancianos".

Por otra parte, ocurrió durante la Guerra Civil y la mayoría de los periodistas estaban cubriendo los acontecimientos de ese conflicto en el este del país.

Además, dice, "no sabíamos escribir, solo podíamos contar lo que había pasado".

Sin embargo, eso cambió con su abuela, quien fue "una estudiante excepcional".

"Tuvo una educación extremadamente buena, escribía y hablaba muy bien y cuando se graduó en la escuela secundaria, su abuelo todavía estaba vivo. Entonces, comenzó a escribir lo que él le contó".

Ese testimonio, junto a los de otros que también sobrevivieron, nutrieron el registro histórico de los shoshones sobre lo sucedido.

"No fue hasta las décadas de 1980 y 1990 cuando mi abuela comenzó a insistir en cambiar el nombre de 'Batalla de Bear River' por 'Masacre de Bear River'. Se enfrentó al ejército de Estados Unidos, fue al Congreso, se reunió con todas esas personas para conseguir un reconocimiento verdadero de los hechos".

Tensión

Ese acontecimiento no se puede ver como un hecho aislado.

En el siglo XIX, los shoshones y otras tribus sufrieron la invasión de sus tierras por parte de colonos y grupos de mormones, además de tener escaramuzas con buscadores de oro.

Ilustración de Sacagawea, miembro de la tribu de los shoshones que ayudó a Meriwether Lewis y William Clark en su expedición por el oeste de EE.UU. entre 1804 y 1806.

La masacre fue "la culminación de casi dos décadas de sucesos que brotaron de la interacción entre indios y blancos".

Así lo señala la editorial de la Universidad de Utah en la presentación del libro The Shoshoni Frontier and the Bear River Massacre (La frontera shoshone y la Masacre de Bear River), del historiador Brigham Madsen.

"Las tierras natales de los shoshones abarcaban una gran extensión de territorio y fueron atravesadas por las principales rutas de viaje en el occidente, lo que forzó a encuentros entre indios y blancos".

"Inicialmente fueron amigables y complacientes con los viajeros blancos en la década de 1840, (pero) a fines de la década de 1850 el resentimiento se disparó entre los indios cuando fueron asesinados y sus reservas de alimentos fueron consumidas por los emigrantes y sus ganados".

Michael Andersen escribió Bear River Massacre and the Ethical Implications for Large Scale Combat Operations (La Masacre de Bear River y las implicaciones éticas para las operaciones de combate a gran escala), un ensayo publicado por el Centro Simons para el Liderazgo Ético y la Cooperación Interinstitucional, una organización que se dedica, entre varias áreas, a investigar temas de seguridad de Estados Unidos.

El autor señala que aunque se suele considerar a los siux y los apache como "las tribus más violentas en ese periodo de la historia estadounidense, de hecho, los shoshones fueron responsables de más ataques a colonos y viajeros, en comparación con otras tribus".

Un grupo de shoshones de Utah en una foto que se estima es de alrededor de 1872.

El 6 de enero de 1863, la tensión aumentó cuando unos viajeros que transitaban por el Valle Cache reportó que uno de sus miembros había sido asesinado y que su ganado había sido robado.

Uno de ellos ofreció, ante las autoridades, una declaración jurada que llevó a que un juez emitiera una orden de arresto contra tres líderes shoshones.

Se pidió la asistencia del coronel irlandés Patrick Connor, quien dirigió la expedición militar al Valle Cache.

Ahí, cerca del río Bear, un pueblo de shoshones se había asentado.

Encuentro

"Todos los años, durante el invierno, íbamos allí y nos reuníamos con otras naciones shoshones que venían de otras partes", cuenta Brad.

Colina por donde bajaron los soldados para llegar al campamento.

En esa zona, que llaman "casa de los pulmones", sus antepasados encontraban recursos y fuentes termales con propiedades curativas.

"Era un lugar espiritual sagrado, pero también jugábamos, hacíamos carreras y se daban premios, muchas veces conocías a tu cónyuge, había matrimonios. Era como un gran encuentro familiar".

"En enero, comenzaba lo que llamamos la danza cálida, destinada a ayudar a la Madre Tierra y al gran espíritu a traer la primavera".

Las familias de los otros grupos shoshones se empezaron a devolver a sus territorios.

"Nuestro pequeño grupo, el del noroeste, se quedaba allí porque éramos los anfitriones".

"Justo antes del 29 de enero, se enviaron a nuestros jóvenes y hombres más fuertes a conseguir comida, a cazar ciervos o alces para pasar el resto del invierno".

Aguas termales en el lugar donde se encontraba el asentamiento.

Quedaron "muy pocos guerreros" en el campamento y cuando el jefe Sagwitch vio descender a los soldados en caballos, habló con los otros líderes de la tribu.

"Les dijo: 'Vamos a ver qué quieren, si necesitan arrestar a alguien, seguiremos las reglas'. Por lo general, entre líderes trataban de negociar una salida".

Para Brad era evidente que no querían combatir: "tenían a las mujeres, a los niños y a los ancianos en los tipis".

De acuerdo con Andersen, Sagwitch dio órdenes de "no disparar contra el ejército", pues pensaba que solo estaban interesados en los arrestos y "luego se irían".

La agonía

La antropóloga Cannon hace notar que era bien conocido entre los colonos europeos y el ejército que en ese asentamiento estarían "todos los miembros" de ese pueblo shoshone y no únicamente "guerreros".

Unos 300 soldados fueron dirigidos por Connor.

Brad Parry (de camisa blanca) junto a (de izquierda a derecha), Patty Timbimboo-Madsen, Gwen Davis, Rios Pacheco y Brian Parry: historiadores tribales y descendientes de los sobrevivientes de la masacre.

"Cabalgaron hacia el campamento" -cuenta Brad- "mientras nosotros teníamos nuestra primera línea de defensa".

Y el enfrentamiento se desató.

Cuando los shoshones se quedaron sin municiones, "la contienda había terminado y comenzó la masacre de hombres, mujeres y niños", escribió Andersen, quien recogió testimonios en su ensayo:

"Varias indias fueron asesinadas porque no se sometieron silenciosamente a ser violadas, y otras indias fueron violadas en la agonía de la muerte", contó un mormón de esa zona.

Brad indica que testigos vieron a soldados "agarrar a niños pequeños por las trenzas y darles vueltas hasta romperles el cuello".

Los líderes y los hombres de la tribu trataron de mantener a los soldados en el sur, "para que nuestra gente pudiera escapar por el norte, pero el coronel se dio cuenta y desplegó sus tropas por el norte, sobre una colina, y comenzaron a disparar balas, por lo que toda la gente tuvo que correr hacia el sur".

Me habla de Anzie Chee, una mujer que, pese a estar herida, logró escapar.

Saltó con su bebé a una parte del río que no estaba congelada y se escondió en una de las riberas. Allí, se percató que había más mujeres.

"Pero su bebé comenzó a llorar…

Lo tuvo que soltar. El bebé se ahogó para poder salvar a todas esas otras personas".

Pasarse por muertos

Sagwitch resultó herido y estuvo flotando en el río hasta que "un amigo blanco lo ayudó" y sobrevivió.

Su hijo, Yeager Timbimboo (el abuelo de Mae) tenía unos 14 años.


Frank Timbimboo Warner "Beshup" sobrevivió la masacre. Esta foto fue tomada en 1917, en el lugar donde murió su madre.

Junto a su abuela, se quedó acostado en el suelo gélido y pretendieron estar muertos.

"No abras los ojos, no mires para arriba", le susurró su abuela. Pero el niño no tardó en desobedecer.

"Un soldado se dio cuenta, se le acercó y le puso una pistola en la cabeza, pero no disparó. Subió el arma y lo volvió a apuntar. Se rió y se fue", cuenta Brad.

Yeager creció con esos recuerdos y, como otros sobrevivientes, no quería que desaparecieran.

"Cada invierno, se reunían y contaban la historia de la masacre. Tomaban una hoja de un árbol, la doblaban y le abrían agujeros con un clavo: 'Así quedaron nuestros tipis', decían". Otros fueron quemados.

Después de que los soldados se fueron, "los miembros de la comunidad blanca en el condado de Franklin corrieron hacia los indios para ayudarlos".

"Muchos de ellos recibieron muy buena atención en el pueblo. Se sacaron balas, se vendaron heridas, se adoptaron niños".

Las cifras

Veinticinco soldados fallecieron, pero precisar cuántos shoshones murieron aún es difícil.

Los soldados contaron 224 cuerpos, pero dejaron claro que no era el total.

Mae Timbimboo Parry junto a su hermano Frank.

Un inmigrante danés llamado Hans Jasperson indicó en su autobiografía de 1911 que, tras recorrer el campamento, contó 493 shoshones muertos.

"Me di la vuelta, volví a contar y me dio la misma cantidad", escribió, según el periódico Salt Lake Tribune.

Brad dice que miembros de la comunidad cercana que auxilió a las víctimas contabilizaron 368 muertos.

"Nosotros estimamos que murieron entre 350 y 500 personas".

"Nuestro grupo (los shoshones del noroeste) tenía probablemente alrededor de 650 integrantes. Nos dejaron con unas 125 personas".

"Nuestra tribu aún no ha superado los 600 miembros desde entonces. Creo que en este momento somos alrededor de 578 o 580. Esto es lo más alto que hemos estado en mucho, mucho tiempo".

"Aún no hemos recuperado nuestros números anteriores a la masacre. Fue casi una aniquilación completa, nos diezmó tanto que nos tomó 160 años volver a la misma población".

Antes de irse, los soldados se apropiaron de los caballos, "saquearon el campamento, se robaron la carne, los granos, nos dejaron sin nada".

Y, territorialmente, esos shoshones sentían que no tenían a donde ir.

Deshumanizados

Al reflexionar sobre la matanza de nativos en Estados Unidos en el siglo XIX, el historiador militar Jonathan Deiss le dijo a la periodista Dana Hedgpeth, de The Washington Post, que en esa época "la gente consideraba que los indios no eran realmente humanos, así que era fácil justificar matarlos o maltratarlos".

Brad escuchó sobre la masacre de voz de su abuela, Mae. No quiere que se olvide lo ocurrido.

A la luz de esa percepción deshumanizante de los indígenas, señala Cannon, "las masacres no parecían masacres, eran acciones militares, parte de un proceso de ocupación y expansión".

De hecho, a su regreso, el coronel Connor fue elogiado por sus superiores y promovido a General de Brigada.

Un año después, se le pidió asesoría sobre cómo lidiar con un campamento de las tribus arapajó y cheyenes en Colorado.

"El coronel Chivington usó un enfoque similar: un ataque en invierno, temprano en la mañana, y masacró a 130 hombres, mujeres y niños", señaló Andersen.

Han pasado 160 años desde la Masacre de Bear River y, como cada año, los shoshones recuerdan ese invierno en el que su tierra se cubrió de rojo.

Para ellos, los espíritus de quienes murieron siguen ahí.

 

Fuente: https://espanol.yahoo.com/noticias/aniquilaci%C3%B3n-masacre-bear-river-peores-113212209.html

 


4 de enero de 2023

Propuesta 30X30, un grave riesgo para los derechos de los pueblos indígenas

diciembre 3, 2022

Marcia Perdomo

Portada: playa de Satuyé en La Ceiba, Atlántida. Foto Jorge Burgos/Criterio.hn

Río Jilamito donde los pobladores han logrado frenar un proyecto hidroeléctrico

Tegucigalpa. - En teoría es una propuesta positiva, pero su aplicación abre un abismo en la protección de los derechos de los pueblos indígenas, aseguran organizaciones defensoras de derechos humanos.

Se trata de la Propuesta 30×30, un plan que pretende convertir el 30% de los océanos y el 30% de las zonas terrestres y agua continentales en “áreas protegidas” para el 2030.

Convertir el 30% del planeta en áreas protegidas para el año 2030. Esa es la ambiciosa propuesta que se discutió en la Cumbre sobre Biodiversidad, el pasado 30 de septiembre, en el marco del 75 período de sesiones ordinarias de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

¿Nada mal, no? Excepto que “también supone un riesgo grave para los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales”, según planteó Amnistía Internacional en sus recomendaciones a los Estados antes de la COP15 (Convenio sobre la Diversidad Biológica), que se celebrará entre 7 al 19 de diciembre en Montreal, Cánada.

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La organización señaló que una investigación realizada en áreas protegidas existentes en Camboya, Kenia, Nepal, Tanzania y Uganda, reveló violaciones de derechos humanos en gran escala.

Entre estas violaciones destacan: desalojos forzosos de tierras ancestrales; la destrucción de prácticas culturales; detenciones arbitrarias de miembros de comunidades que protestaban bajo la figura de “ocupación ilegal” de sus tierras ancestrales; la negación del derecho a los medios de subsistencia, la salud y la educación; la falta de obtención de consentimiento libre, previo e informado, así como asesinatos contra grupos indígenas a manos de guardas de los parques y soldados del ejército.

ÁREAS PROTEGIDAS EN HONDURAS

Para conocer de primera mano no es necesario viajar lejos. Esta realidad la han vivido y resistido el pueblo garífuna de Honduras, desde hace varias décadas con desalojos de sus tierras ancestrales en las comunidades de Cayos Cochinos y la Bahía de Tela. Las cuales pasan a ser convertidos en zonas protegidas, que posteriormente pasan a manos de fundaciones que las mercantilizan.

La Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh) ha denunciado este tipo de propuestas, especialmente este año cuando se declaró como sitio de importancia para la Vida Silvestre a Iriona y Limón, ubicado en el área marina de los municipios homónimos, en el departamento de Colón, con una extensión de más de 145 mil hectáreas.

Sobre el tema, manifestaron: “El proyecto en cuestión [Iriona y Limón] forma parte del 30X30 (30% del planeta convertido en areas protegidas para el 2030), el que esta convirtiéndose en una de las mayores amenazas para los pueblos indígenas del planeta”.

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En marzo de 2022, Ofraneh publicó desde sus redes sociales que el plan “30×30 sin reconocimiento real del derecho a la consulta previa, libre e informada, supuesta conservación se convierte en despojo y violaciones a derechos humanos. Tal como ha sucedido en el caso de Cayos Cochinos, donde desde 1993 se viene impulsando la expulsión de garífunas”.

 Río y montaña del Boquerón en Olancho, donde existen varias parques y reservas forestales que no son respetadas. foto: Jorge Burgos/Criterio.hn

La organización incluso identifica a Cayos Cochinos, en el Caribe hondureño, como un “experimento de conservación de fortaleza a inicios de la década de los 90’s”, en el que se intentó relocalizar a la población indígena con apoyo de instituciones conservadoras y empresarios.

Además, señalan que “la militarización es parte esencial de la conservación de fortaleza, la que incluye la expulsión de las comunidades”. Un ejemplo de este particular es la represión contra los pescadores garífunas en el archipiélago de Cayos Cochinos.


¿QUÉ ES LA CONSERVACIÓN DE FORTALEZA?

Para definir la conservación de fortaleza, Amnistía Internacional cita el Informe de la relatora especial del Consejo de Derechos Humanos sobre los derechos de los pueblos indígenas en el que se especificó que este modelo incluye “el desalojo forzoso de los pueblos indígenas y las comunidades locales de las áreas protegidas, y el uso de la fuerza militar para impedir su regreso”.

Agregando, que el objetivo primordial de la conservación de fortaleza es “preservar estrictamente la naturaleza haciendo hincapié en la conservación de la diversidad biológica y que para gestionarlas era necesario que estuvieran deshabitadas o que sus recursos naturales no fueran utilizados por las personas. En sus peores formas, se consideraba que era legítimo y estaba moralmente justificado utilizar la fuerza para expulsar a pueblos que residían en ellas y proteger la diversidad biológica”.

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En sus conclusiones, Amnistía Internacional señala que la propuesta 30×30 puede constituir un paso importante para proteger la biodiversidad del planeta y contribuir en la lucha contra el cambio climático.

Pero, también supone un riesgo grave para los derechos de los pueblos indígenas y comunidades locales, contribuyendo a una situación en la que quienes ostentan la propiedad legitimas de las tierras puedan ser desalojadas, pese a mantener una relación mucho más sostenible con esas tierras que en zonas industrializadas.

Río y montaña del Boquerón en Olancho, donde existen varias parques y reservas forestales que no son respetadas. foto: Jorge Burgos/Criterio.hn

 

“En su peor modalidad, la ‘conservación de fortaleza’ — financiada y en algunos casos implementada directamente por los donantes y las ONG conservacionistas de los países más prósperos del mundo— transfiere la carga de ‘solucionar’ la crisis climática desde los países más ricos, y principales responsables de causarla, a algunos de los pueblos y comunidades más pobres y marginados del mundo en desarrollo”, concluye Amnistía Internacional.

Frente a este panorama, Amnistía Internacional junto a las organizaciones Survival International, Minority Rights Group International (MRG) y Rainforest Foundation UK (RFUK) piden a los Estados que reconsideren urgentemente su compromiso de declarar el 30% del planeta como ‘Áreas protegidas’, que se adoptará en la 15.ª Conferencia de Partes (COP) del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) en diciembre en Montreal.

MARCIA PERDOMO

Periodista, Criterio HN

Amante de la historia y la lectura, en permanente búsqueda del ritmo en las narrativas. Soy una periodista incisiva, las contradicciones son una invitación a investigar y la normalidad está sobrevalorada. Me rehúso a sobrevivir dentro de los pensamientos erróneos de una sociedad asfixiante.  Investigo y construyo reportajes sobre el modelo extractivista y su impacto en los derechos humanos de los pueblos ancestrales, grupos vulnerabilizados y sociedad en general.

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Bosques secundarios, una herramienta para la restauración forestal a gran escala

Los bosques secundarios con frecuencia son olvidados en el manejo forestal, pero es hora de reconocer su potencial. 

DEANNA RAMSAY @deanna_ramsay

Lunes, 31 Jul 2017 

¿Qué es un bosque? y ¿cómo se restaura uno? Estas aparentemente simples preguntas, fueron planteadas en búsqueda de soluciones en un panel de discusión desarrollado durante la  Reunión Anual de la Asociación de Biología Tropical y la Conservación (ATBC 2017), celebrada en Mérida, México.

Un grupo de expertos forestales de América Latina analizó tanto la conservación como la restauración de bosques secundarios desde una variedad de ángulos, incluyendo su dimensión ecológica, política y social.

Partiendo de la premisa de que “la regeneración del bosque secundario que sucede luego del uso agrícola del suelo representa un componente importante de los paisajes modificados por el hombre a través de los trópicos”, el panel enfatizó el rol esencial de los bosques secundarios para las personas que viven en su proximidad, así como para las iniciativas de restauración y objetivos internacionales como las Metas de Aichi para la Biodiversidad de Naciones Unidas

UN CAMBIO DE ORIENTACIÓN

“La regeneración natural en bosques secundarios ha sido ignorada y puede ser una herramienta para la restauración en iniciativas a gran escala”, explicó el investigador principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), Manuel Guariguata, durante su participación en el panel.

Investigación realizada a lo largo de las regiones tropicales durante las pasadas décadas coinciden en que estas tierras, que luego albergan árboles y arbustos y que poco a poco atraen aves y vida silvestre en su camino hacia la madurez, son valiosas al contrarrestar la pérdida de bosque primario, así como proveedores de servicios ecosistémicos. Bajo la adecuada gestión, estos bosques brindan a la vez productos maderables y no maderables a quienes viven en su proximidad y, por lo tanto, ofrecen beneficios tanto sociales como ecológicos.

En su presentación titulada  Temas clave de gobernanza y la permanencia de bosques secundarios como herramienta para la restauración forestal a gran escala, Guariguata afirmó que “La permanencia de los bosques secundarios en paisajes tropicales depende principalmente de una buena gobernanza y, en particular, del diálogo continuo entre las agencias gubernamentales involucradas, especialmente los ministerios de agricultura y del ambiente”.

DEFINIENDO EL RUMBO

 Esta complejidad es evidente cuando se observa la gran cantidad de formas en que los bosques secundarios están involucrados y cómo son comprendidos.

Según Guariguata, urge un enfoque multifacético e interdisciplinario que mejore los procesos de restauración más allá de la plantación de árboles e incorpore a los bosques secundarios.

“Con frecuencia, y debido a asuntos técnicos y de definición, los forestales pueden dejar de ver los bosques secundarios como tales porque buscan un criterio específico, a pesar de que existen suficientes árboles en ellos. Los agrónomos están entrenados para analizar suelo y vegetación y de igual forma podrían dejar de ver el bosque. Pero los pequeños propietarios forestales sí ven los dos aspectos, y no deberíamos ignorar esto”, afirmó Guariguata en una entrevista posterior.

“La educación y capacitación a nivel universitario también requieren mejorar la interdisciplinareidad, agrega Guariguata.

Los bosques secundarios pueden regenerarse de manera natural, y con esto en mente, existe una discusión por el hecho de dejar que la naturaleza siga su curso, por así decirlo, explica.

“Existe inherentemente mucha resiliencia en los bosques secundarios y podemos aprovechar esto”.

Según el investigador: “Existe un juego de “trade-offs” (concesiones mutuas), pues algunos de estos bosques tienen un componente humano central y requieren más esfuerzo, en tanto que otros no necesitan intervenciones, pero sí gobernanza. El proceso necesita dirección”

PASOS IMPORTANTES

Ofreciendo ejemplos que demuestran los diferentes enfoques hacia los bosques secundarios y temas relacionados, desde Perú hasta Indonesia y desde Etiopía hasta México, Guariguata resaltó el ejemplo de este último país en avanzar hacia un nuevo entendimiento de los bosques secundarios.

“México está redactando un nuevo borrador de su Código Forestal con una reevaluación de la definición de bosque secundario. Hasta el año 2014, el código restringía la cosecha tradicional de productos maderables y no maderables debido a asuntos de definición sobre lo que es y lo que no es un bosque secundario. La revisión permitirá que los usuarios del bosque colecten productos de bosques secundarios jóvenes sin un permiso” explica Guariguata.

Tal progreso es en parte resultado de un reciente estudio de CIFOR, una  síntesis de la gobernanza de la restauración forestal.

CONSENSO

Durante la apertura del panel de discusión en la reunión de la ATBC, el moderador preguntó a la audiencia: “¿Deberían protegerse los fragmentos de bosque secundario como áreas de conservación en regiones con baja cobertura forestal y pocos bosques primarios remanentes?”

El consenso fue un “sí”, y a lo largo de la discusión sobre la regeneración de bosques y su rol para las iniciativas de restauración a gran escala, y de los cada vez más ambiciosos compromisos de los países para restaurar áreas degradadas, quedó clara la necesidad de proteger y manejar adecuadamente estos lugares.

Estos espacios, entremezclados pero vitales, tienen un papel principal en la restauración del paisaje forestal, lo cual, en última instancia, significa que pueden ayudar a mitigar los efectos del cambio climático global, solo por mencionar una de las razones para prestarles atención.

Fuente: Los bosques en las noticias - https://forestsnews.cifor.org/50768/bosques-secundarios-una-herramienta-para-la-restauracion-forestal-a-gran-escala?fnl=en