25 de febrero de 2023

Gunayala nuestra biosfera: 98 años de revolución dule

Gubiler Castillo

El pueblo gunadule está lleno de retos, su juventud principalmente, ese reto lo tienen desde que nacen hasta la muerte, e incluso en los momentos de debilidad, flaqueza, podemos hacer mucho, gracias por los conocimientos de nuestros ancestros.

Nuestro paisaje. Foto: Archivo/CENDAH, 2022

98 años se cumple celebrando la Revolución Dule, ya escrito en la historia del pueblo gunadule. Sin embargo, se sigue investigando, porque hay muchas cosas que aún no se conocen, poco a poco lo van destapando. Esta es nuestra casa, Gunayala nuestra biosfera y debemos celebrar todos los días para seguir viviendo su disfrute.

Gunayala, se ha hecho lira de nuestros poetas, escritores, artistas y creadores de paisajes naturales, y sigue siendo soplo de lucha, gracias a la biosfera que abriga. Nutriendo con semillas nativas a la vida natural y humana, al amor. Es una gran bondad que nos legaron los revolucionarios de 1925.

Gunayala, espera de sus hijos que abramos senderos de desarrollo sostenible y humano ante nuevas realidades. Debe hacerse esfuerzos necesarios para mantener limpio y cuidar de esta pequeña tierra. Así poder seguir disfrutándolo y agradecer a la Ologwadule - Madre tierra.

Celebrar es lindo, es bello, es amor. Sin embargo, hay que celebrarlo con hechos, historia con nuevos datos, por Nurdargana conquistado, ya es tiempo de no extenderlo, tomar riendas para hacerlo realidad. Por lo tanto, no hay que descansar, pues es tierra del pueblo gunadule, la de los abuelos, juntos pongámosle alto. Es dignidad.

Aún mantenemos una tierra, una biosfera sana, la buena salud de su pueblo, la vida. Su paisaje natural, sus sistemas de producción alimentario agroforestal de nainu familiar, sus ríos, mar, sus islas, sus montañas, sus cementerios sagrados, toda la naturaleza sagrada.

 

7 de febrero de 2023

Territorio, alimento y gobernabilidad

Gubiler Castillo

Desde que el pueblo gunadule se trasladó, a mediados del siglo XIX a tierras insulares, hasta que se estableció como una Comarca Tule (Castillo, 2018), ha administrado un vasto territorio más allá de punta Escribanos[1] (Heckadon-Moreno, S., 1998). Poco a poco fue perdiendo su espacio, sus tierras al crearse la República. Mucho tiempo hemos recorrido y aún seguimos recorriendo para que parte del territorio ancestral, llamado Nurdargana, vuelva a sus verdaderos dueños – el pueblo gunadule.

 

Cultivo de mama (yuca), Asociación de Mujeres Rurales de Digir. Foto: Archivo/CENDAH, 2022

Voces en la distancia, desveladas y con esperanzas manifiestan recuperar ancestrales territorios, el fortalecimiento cultural y por la reedificación de la autonomía, como bases fundamentales que permitan reconstruir el gobierno interno, a fin de generar y aplicar los procedimientos establecidos en Gunayar Igardummadwala (Ley Fundamental de Gunayala) para velar y ejercer el control, el manejo y el uso armonizado que debe existir entre las personas con la naturaleza (Castillo, 2004).

Para el pueblo gunadule el territorio es el espacio de vida y desarrollo biocultural. Una naturaleza con paisajes diversos y biodiversidad diversa, con muchas miradas. Mientras la cultura occidental, capitalista, habla de “desarrollo”, el pueblo gunadule como todos los pueblos indígenas hablan de planes de vida[2].

Territorio ancestral, es el espacio en que se moviliza el pueblo gunadule, es el derecho de los pueblos indígenas a controlar, decidir y poseer el territorio ancestralmente ocupados y que incluye la naturaleza y su biodiversidad necesarios para la vida: ríos, bosques, montañas, mar, entre otros. Se trata de una propiedad originaria que antecede a la creación de los Estados-nación, los cuales están en la obligación de reconocer, titular y demarcar y registrar territorios indígenas de manera integral; es decir, incluyendo, según sea el caso, las zonas marítimas y/o fluviales, altas y/o de pastoreo y, los páramos y bosques (OIT, 2014).

En el espacio que el pueblo gunadule vive se debe permitir fortalecer la identidad local, y forjar el sentido de lugar y apego en las comunidades, posibilitando preocupaciones y respuestas colectivas ante los riesgos de su entorno, así como una proyección a mediano y largo plazo de los ideales, necesidades e intereses comunitarios (Castillo, 2015). De esta forma, el Congreso General Guna (CGG, 2015), define el Plan de Vida de desarrollo integral que corresponde a las necesidades del momento y que al mismo tiempo proyecta a la comarca hacia el mañana. Para ello es necesario tomar en cuenta el fortalecimiento del sentido de comunidad y de pertenencia.

Una de las medidas, que enseñó la pandemia Covid-19, es que la alimentación es importante, es la base de la vida. Desde su existencia el pueblo gunadule, al igual que todos los pueblos indígenas vienen practicando o cultivando la tierra desde su propia concepción, utilizando cultivos nativos, sitios de pesca, piden permiso al cultivar la tierra, piden permiso al pescar, piden permiso a la MADRE TIERRA. Porque lo aman, lo cuidan y porque la vida depende de ella. Sin uso de agroquímicos, ni cultivos transgénicos. Contrario a la actualidad, donde la industria agrícola o la agricultura llamase moderna, usa agroquímicos y cultivos transgénicos.

Esta soberanía que aún sigue sobreviviendo, es lo que llaman hoy Soberanía Alimentaria[3]. Es decir, es el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias de producción, que garanticen el derecho a la alimentación para toda la población, la alimentación como un Derecho Humano fundamental y no como una mercancía y su cultura alimentaria para no ser perjudicados por otros (FORO MUNDIAL, 2001). Y los países o las uniones de Estados-nación tienen para definir sus políticas agrícolas y alimentarias, proteger su producción e incentivar la creación de mecanismos que eliminen los obstáculos a las compras de alimentos producidos por la agricultura familiar (FORO MUNDIAL, 2001; FAO, 2013).

La soberanía alimentaria o soberanía popular alimentaria, como actualmente se dice, es el derecho de los pueblos para decidir lo que queremos cultivar y comer. La soberanía alimentaria en Gunayala es el sistema de producción agroforestal de nainu familiar. Una producción a pequeña escala o mediana producción agroforestal de nainu familiar y no en el monocultivo y agroextractivismo.

La soberanía alimentaria llegará a ser, como dice el concepto, cuando un pueblo llegue a tener su propia producción, aunque sea pequeña, centra en la disponibilidad de alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, y nativos, incidiendo también en la importancia del modo de producción o su sistema de producción propia de los alimentos y su origen.

La soberanía alimentaria en Gunayala, llegará cuando alcance o incremente la producción alimentando a los niños o a la población en forma nutritiva y con cultivos nativos; es cuando se puede hablar de soberanía alimentaria. Mientras, se seguirá luchando contra los cultivos transgénicos que ya se encuentran presentes en Gunayala o sencillamente adaptar estos cultivos al sistema de producción agroforestal de nainu familiar.

Los agricultores gunadule están olvidando sembrar los cultivos nativos. En la Comarca, ya no se come, por ejemplo, gwalu (camote), buggwa (ñame blanco), frutas del monte como eslo (caimito), sua (jobo), sur sia (cacao de mono), sur nur (fruta de mono), entre otros, al no comerlos, parece que se desaparecen (Castillo, 2016).

Los agricultores dependen del acceso a una amplia reserva de germoplasma, en el sitio, de cultivos para sostener sus distintas formas de agricultura. La erosión genética y el cambio climático están amenazando este recurso y la estabilidad a largo plazo de los agroecosistemas.

Por lo tanto, la soberanía alimentaria se vuelve imprescindible, ya que el derecho a la alimentación es fundamental, pues sin él, no se puede asegurar la vida, la biodiversidad, la cultura, la dignidad humana, ni el disfrute de otros derechos humanos.

Por otra parte, aunque el pueblo gunadule pregona tener autonomía, como tal, aún, no lo ha alcanzado. Por lo tanto, se hace necesario definir y/o fortalecer ante una nueva realidad, dinámicas y cambios acelerados que rodea la sociedad gunadule, que haya reformas estructurales y de gestión de los Congresos Generales (CGG, 2015). La decisión es voluntad política de la dirigencia gunadule; pero se entiende que es un proceso lento y que debe venir dándose y eso debe aplaudirse.

Autonomía y cultura para decidir cómo trabajar, cómo garantizar el sustento diario, cómo divertirnos, vivir sin violencia y construir el mañana. Los pueblos indígenas, en ejercicio de su derecho de libre determinación, tienen derecho a la autonomía o al autogobierno en las cuestiones relacionadas con sus asuntos internos y locales, así como a disponer de los medios para financiar sus funciones autónomas - Artículo 4 (NU, 2007). Por lo tanto, la autonomía comarcal presupone comunidades sin desigualdades y donde las comunidades trazan sus propios destinos.

Según el PEGY 2015-2025[4] (CGG, 2015), el pueblo gunadule tiene fortalezas y debilidades para su desarrollo autónomo. Hay muchas fortalezas que hace del pueblo gunadule ser respetado a nivel del país e internacionalmente. Ha diseñado y hecho como norma interna y de cumplimiento obligatorio su Gunayar Igardummadwala, el Estatuto de la Comarca hasta los reglamentos internos de cada comunidad. Se respeta y se reconoce la autonomía de su territorio y de sus derechos. Sin embargo, estas fortalezas se vienen opacando en la actualidad, por las cuatro (4) principales debilidades existentes en – instituciones y capital humano en salud, educación, en la falta de incremento en la producción alimentaria y, vigilancia y control en los límites territoriales -.

La estrategia (CGG, 2015), también manifiesta que, el pueblo gunadule tiene cimentado la autonomía en la cultura. Sobre perfiles de “massered iddoged” que hace referencia a “wargwen negseed”, “bundor gannarbagwa na wargwen neg aggwed”[5] . A su vez, está cimentada sobre otro símbolo que se refiere a la unidad absoluta entre partes - Nega (casa, hogar, territorio). Como la cabeza de la comunidad, el sagla, no puede ser sagla sin el argar (interprete del sagla), sin el suwaribed (custodio), y sin la comunidad.

Por lo anterior, el pueblo gunadule debe dejar la dependencia alimentaria y el paternalismo, aumente la producción innovando su sistema de producción alimentario agroforestal de nainu familiar. Aún tenemos semillas nativas en el bosque para producir alimentos sanos. Aún tenemos principios para fortalecer cambios prácticos de gobernabilidad propia e incentivar prácticas de liderazgo en relación con la autonomía, la defensa territorial, la alimentación y los procesos comunitarios.  Aún presentamos múltiples maneras de vivir o seguir viviendo.

Referencias

Castillo, B., 2018. La Comarca de Tulenega de 1871 como antecedente en la construcción de la autonomía guna en Panamá. Tesis para optar por el título de Maestría en Historia de América Latina. Universidad de Panamá, Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Facultad de Humanidades, Departamento de historia, Programa de Maestría en Historia de América Latina. Panamá, República de Panamá. 122 p. + Anexos

Castillo, G. (Coord.), 2016. Rescate y valoración de semillas y plantas nativas de la Comarca Gunayala. Centro de Desarrollo Ambiental y Humano (CENDAH). Gunayala, Panamá. 28 p. (Informe al PPD). Publicado en: Agricultura Familiar: Pesquisa, Formação e Desenvolvimento, RAF. v.15, n° 02 / jul-dez 2021.

Castillo, G., 2015. Plan de Desarrollo Integral para la Vida: voces en la distancia en los 90 años de Revolución

Castillo, G., 2004. Cambiando nuestra perspectiva de desarrollo sostenible: planificación con lineamientos interculturales. CENDAH, Gunayala, Panamá. 7 p.

CGG, 2015. GUNAYALA 2025: Plan Estratégico de Gunayala 2015-2025. “Hacia una gestión territorial”. Congreso General Guna, Comarca Gunayala, Panamá. 112 p. + Anexo: Programa PAC. InfoIIDKY/Rev. 7

FAO, 2013. Seguridad y Soberanía Alimentarias (Documento base para discusión). Autores: Gustavo Gordillo de Anda y Obed Méndez Jerónimo. 37 p.

FORO MUNDIAL, 2001. DECLARACIÓN FINAL DEL FORO MUNDIAL SOBRE SOBERANÍA ALIMENTARIA. La Habana, Cuba, 7 de septiembre del 2001. 9 p.

Heckadon-Moreno, S. (Comp.), 1998. Naturalistas del Istmo de Panamá. Un siglo de historia natural sobre el puente biológico de las Américas. pág. 90

UN, 2007. Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. Resolución aprobada por la Asamblea General, 13 de septiembre de 2007. 15 p.

0IT, 2014. Convenio Núm. 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Lima: OIT/Oficina Regional para América Latina y el Caribe, 2014. 130 p.



[1] Actualmente ubicado en Santa Isabel, Provincia de Colón

[3] Es un concepto que fue instalado en 1996 por Vía Campesina en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

[4] Plan Estratégico de Gunayala 2015-2025 (PEGY)

[5] “Wargwen negseed”, “bundor gannarbagwa na wargwen neg aggwed”: “Ser varón, conducir solo la casa; ser mujer fuerte capaz de proteger sola, la casa”.

1 de febrero de 2023

Organización alerta que acuerdo mercantiliza el conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad

Protocolo de Nagoya

Por Fabiola Pomareda García pomaredafabiola@gmail.com

20 enero, 2023

 

Las comunidades indígenas o campesinas tienen conocimiento tradicional acerca del uso y preparación de plantas, animales, hongos o bacterias. (Foto: Archivo/SU)

A continuación, explicamos qué es el Protocolo de Nagoya, de dónde surge, cuántos países lo han ratificado, cómo se aplicaría en el país y los principales cuestionamientos que se le han planteado.

El acuerdo internacional conocido como Protocolo de Nagoya abre la posibilidad a mecanismos como contratos o acuerdos, que permitirían que empresas, universidades e institutos de investigación puedan obtener derechos de propiedad intelectual sobre conocimiento tradicional que tienen las comunidades indígenas o campesinas sobre plantas, animales, hongos o bacterias, explica la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB).

Se trata de conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad, como la tinta de moluscos que se usa para teñir tejidos, los saberes sobre plantas medicinales o incluso conocimiento asociado a cultivos como pejibayes o cacao.

Silvia Rodríguez Cervantes, de la RCB, dijo a UNIVERSIDAD que la Red se opone, “junto con un buen número de integrantes de comunidades campesinas y pueblos indígenas” a la aprobación del Protocolo de Nagoya porque su normativa “remite a la privatización legal de recursos y conocimiento a favor de quienes los contratan y en demérito de la biodiversidad y de su conocimiento así aprisionados”.

El pasado 17 de enero, una mayoría de diputados aprobó en primer debate el proyecto “Aprobación del Protocolo de Nagoya sobre participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de su utilización al convenio sobre diversidad biológica y su anexo”, a pesar de cuestionamientos planteados por el Frente Amplio en cuanto a que el proyecto no ha sido consultado a los pueblos indígenas.

El expediente fue trasladado a consulta preceptiva a la Sala Constitucional.

El Poder Ejecutivo firmó el Protocolo de Nagoya en 2011; pero la Asamblea Legislativa aún no lo ha ratificado.

A continuación, explicamos qué es el Protocolo, cómo surge, cuántos países lo han ratificado, cómo se aplicaría en el país y los principales cuestionamientos que se le han planteado.

¿De dónde sale el Protocolo de Nagoya?

El “Protocolo de Nagoya sobre el acceso a los recursos genéticos y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización” es un acuerdo complementario al Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD).

Fue adoptado el 29 de octubre de 2010 en la ciudad japonesa de Nagoya y entró en vigor el 12 de octubre de 2014.

Como ha explicado la RCB, en los años ochenta, la llamada Revolución Verde causaba estragos en el mundo, con una agricultura de semillas estandarizadas, híbridas o mejoradas, monocultivos, plaguicidas, maquinaria agrícola y ganadería extensiva. Se había arrasado con áreas tropicales y bosques, en su mayoría cuidados por pueblos originarios y comunidades campesinas.

En ese momento, empresas y centros de investigación, con ayuda de ONGs internacionales, anunciaron que querían avanzar en propuestas para detener los estragos, además de que en esas áreas podrían surgir nuevos productos industriales, medicamentos, perfumes y jabones derivados de plantas y animales.

Querían “guardar al menos parte de esa biodiversidad que ellos mismos estaban desapareciendo o acaparando, sobre todo en las áreas tropicales donde se halla el origen de la mayor parte de las plantas que sirven de alimento a todo el mundo y sus parientes silvestres”, resume el cuaderno “Convenio de Diversidad Biológica y Protocolo de Nagoya”, elaborado por la RCB y la organización Grain.

Así surge la idea de regular todas esas actividades con el Convenio de Diversidad Biológica, firmado en 1992 y que entró en vigencia en 1994.

Pero como se insistía en que se debía retribuir algo por esos beneficios, inventaron el Protocolo de Nagoya, sobre “distribución justa y equitativa de beneficios”.

Hasta la fecha ha sido firmado y ratificado por 139 países, según información del Convenio de Diversidad Biológica. Aún no lo han ratificado Australia, Colombia, El Salvador, Irlanda, Italia, entre otros; y ni siquiera lo han firmado Estados Unidos, Canadá, Chile, Paraguay ni Israel y varios más.

¿Cómo funcionaría en el país?

En Costa Rica, la Ley de Biodiversidad (7788) impide que el conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad (sobre plantas, animales, hongos o bacterias) sea objeto de propiedad intelectual.

En este momento, la Comisión Nacional de Gestión de la Biodiversidad (Conagebio) regula los mecanismos de acceso a empresas, universidades e institutos de investigación, para investigar y elaborar productos; pero solo a partir de elementos de la biodiversidad. La misma Ley de Biodiversidad también contempla mecanismos de distribución de beneficios, como ha explicado la RCB.

Por ejemplo, se permite que se investigue si una planta de un bosque de Costa Rica tiene algún uso particular para un fármaco, o si hay una planta que se puede usar para elaborar tejidos.

Pero la misma Ley de Biodiversidad prohíbe estos mecanismos de acceso y de propiedad intelectual si se trata de un conocimiento tradicional asociado a la biodiversidad.

Si se aprobara el Protocolo de Nagoya, estaría por encima de la Ley de Biodiversidad y permitiría que se establezcan mecanismos de propiedad intelectual sobre estos conocimientos tradicionales. Estos mecanismos pueden ser contratos acuerdos Estado-empresa-comunidad, acuerdos comunidad-empresa o inclusive patentes.

¿Desde cuándo están tratando de aprobarlo?

El proyecto entra por primera vez a la corriente legislativa en el 2012, bajo el número de expediente 18.372; pero se archiva en el 2018, según una recopilación hecha por el Observatorio de Bienes Comunes del Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Hay un segundo intento de aprobación del convenio en el 2019, bajo el expediente 21.212, el cual es presentado por algunos diputados de la fracción Partido Acción Ciudadana (PAC); sin embargo, el procedimiento queda viciado y se dictamina de forma negativa porque como es un instrumento internacional, solo el Poder Ejecutivo puede presentarlo en la Asamblea Legislativa.

El expediente actual, 21.550, fue presentado el 9 de agosto de 2019 por el Poder Ejecutivo. El 10 de septiembre de 2020 se vota afirmativo en subcomisión de Asuntos Internacionales. En febrero 2021 se votan mociones que procuran introducir algunos cambios.

Según ha denunciado la fracción del Frente Amplio, el texto original no fue consultado de forma adecuada a los pueblos indígenas, como establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); y el texto final, con cláusulas interpretativas que se agregaron, no fue consultado de ninguna forma.

¿Cuáles son los cuestionamientos?

Además de lo señalado al inicio, Silvia Rodríguez Cervantes, de la RCB, dijo a este medio que el Protocolo de Nagoya da un “valor subordinado y equivocado” al conocimiento tradicional, “tratándolo como una mercancía que se puede vender al mejor postor, poniéndole además el cerco de la propiedad intelectual totalmente opuesta a la esencia del conocimiento en general y en especial del conocimiento tradicional”.

“La enorme biodiversidad existente en nuestro país y la presencia de comunidades y pueblos indígenas hace que el conocimiento de muchas plantas y animales sean utilizados por sus múltiples cualidades para la salud y la alimentación. Basta con ir a los mercados locales para constatarlo. ¿A quién le pertenece ese conocimiento? ¿Quién puede argumentar ser su propietario y automáticamente cercarlo e impedir su utilización a miembros de otras comunidades y hasta de otros países?”, destacó la investigadora.

“Actualmente en Costa Rica no hay intentos de privatizar legalmente el conocimiento tradicional, de lo que nos congratulamos por lo absurdo e imposible que sería tratar de hacerlo”, reconoció Rodríguez; pero resaltó que “nos duele que en ese desequilibrio de poderes sean solo empresas e investigadores los que se aprovechen de esa situación por medio de contratos entre desiguales sin cuestionamientos por parte del Estado ni de la misma Conagebio”.

Rodríguez también enfatizó que no es necesaria la aprobación del Protocolo, porque la Ley de Biodiversidad «cubre la mayor parte del Protocolo de Nagoya de manera que nacionalmente ya estamos dando respuesta a casi todos los asuntos tratados en el protocolo».

Otros cuestionamientos son, primero, la ausencia de una verdadera consulta a los pueblos indígenas del país. Segundo, que no se establecen formas de regular los beneficios, no se sabe cuáles son, quién decide cuánto y cómo se da, ni a quiénes se los dan. Y tercero, las prácticas de negociación de estas empresas y si verdaderamente puede haber acuerdos en relaciones desiguales.

Fuente: https://semanariouniversidad.com/pais/organizacion-alerta-que-acuerdo-mercantiliza-conociiento-tradicional-asociado-a-la-biodiversidad/