23 de septiembre de 2013

Agroecología: ciencia para agriculturas más sostenibles

Francisco Roberto Caporal

Para iniciar esta reflexión

Aunque sea reciente el enfoque teórico que aborda el desarrollo rural y la agricultura, la Agroecología viene consolidándose rápidamente como una nueva ciencia del campo de la complejidad. Este nuevo enfoque teórico surge en respuesta a la crisis civilizatoria evidenciada por las sucesivas crisis económicas del capitalismo y por las crisis sociales y ambientales que se agravan cada día en América Latina y en el mundo.

Esta ciencia tiene sus orígenes en el reconocimiento de que las culturas tradicionales acumularon sabidurías que aseguraron la reproducción socioeconómica de distinguidos grupos sociales a lo largo de la historia. Estos saberes, transformados en prácticas mejoradas a partir de tentativas, ensayos, errores, aciertos y nuevos aprendizajes, conformaron diferentes sistemas agrícolas más sostenibles. Estas experiencias campesinas pasaron a ser objeto de estudio de las ciencias formales impulsando una nueva aproximación entre Agronomía y Ecología, que pudo progresar a partir de los aportes de otros campos de conocimiento como la Sociología, la Antropología, la Física, la Economía Ecológica, entre otros.

Desde sus orígenes, la Agroecología busca incorporar importantes contribuciones sobre las racionalidades ecológicas asociadas a distintas culturas y pueblos, que se materializaron en la forma de sistemas productivos campesinos y que se mostraron más sostenibles a lo largo del tiempo. Influenciada por los movimientos ecologistas y por la Ecología política, la Agroecología pasaría a incorporar una visión crítica a los modelos impuestos por la agronomía convencional y en especial a las prácticas agrícolas de la Revolución Verde.

Para escapar de las confusiones conceptuales, se optó por iniciar este artículo afirmando que la Agroecología no es un tipo de agricultura. No es un sistema de producción. No es un modelo nuevo de cultivar o de criar animales, no es un movimiento social, aunque existan movimientos sociales agroecológicos. La Agroecología tampoco es la misma cosa que las agriculturas alternativas, orgánicas, biológicas, etc., así como no es una práctica agrícola, aunque existan prácticas agrícolas basadas en principios agroecológicos.

La Agroecología es una ciencia que busca conocimientos de diferentes fuentes sea el conocimiento empírico o las contribuciones de muchas disciplinas científicas para, a partir de la integración de esos distintos saberes y conocimientos, adoptar un enfoque holístico y un abordaje sistémico, capaces de contribuir: 1) A la comprensión de las razones y elementos que determinan la insustentabilidad de los modelos dominantes de desarrollo rural y de agricultura convencional y, 2) proponer principios que puedan conducir a formas de desarrollo rural y a estilos de agriculturas más compatibles con los ideales de sustentabilidad.

Por lo tanto, la Agroecología es una ciencia que incorpora una concepción de sustentabilidad que va mucho más allá de los conceptos ecotecnocráticos del desarrollo sostenible. La sustentabilidad agroecológica está fundamentada en las nociones de solidaridad intra e intergeneracional. Por eso, es necesario destacar algunos elementos esenciales desde el punto de vista conceptual de la Agroecología que contribuyan a las luchas de todos aquellos que están comprometidos en la construcción de procesos de desarrollo capaces de asegurar: distribución de las riquezas y de los recursos de los territorios, justicia e inclusión social, protección ambiental, seguridad y soberanía alimenticia, respeto a las diferencias étnicas y raciales y a la equidad de género.

Así, el debate conceptual sobre Agroecología se orienta en el sentido de que este nuevo enfoque científico pase a reorientar los procesos productivos agropecuarios y las estrategias de desarrollo rural. En esta perspectiva, la Agroecología aparece como una ciencia para un futuro más sostenible. Una ciencia transdisciplinaria capaz de ofrecer herramientas que pueden contribuir a minimizar los impactos ambientales generados por la agricultura convencional y, a la vez, orientar estrategias para alcanzar un desarrollo socialmente más pertinente y que preserve la biodiversidad y la diversidad sociocultural.

Sobre el concepto de Agroecología

Al contrario de otras ciencias que quieren parecer neutras, la Agroecología nace comprometida con la idea de que necesitamos cambiar el rumbo del desarrollo enfocado sólo en el crecimiento económico, hacia una estrategia en defensa de la vida y del derecho de todos a vivir con dignidad, lo que incluye el derecho de las futuras generaciones. Por eso, antes de teorizar es importante dejar en claro que la construcción de la sustentabilidad a partir de la Agroecología implica la necesidad de subordinar la Economía a la Ecología y no mantener por más tiempo la idea inconsecuente de que es posible continuar en un camino de creciente producción y consumo, en un modelo económico capitalista que se sostiene en la idea del crecimiento infinito. No existe ninguna oportunidad para eso.

Según Sevilla Guzmán y González de Molina (1996)(1), “la Agroecología corresponde a un campo de estudios que pretende el manejo ecológico de los recursos naturales, para –a través de una acción social colectiva de carácter participativa, de un enfoque holístico y de una estrategia sistémica- reconducir el curso alterado de la coevolución social y ecológica, mediante un control de las fuerzas productivas que represe selectivamente las formas degradantes y expoliadoras de la naturaleza y de la sociedad”.

En tal estrategia, dicen los autores, “juega un papel central la dimensión local, por ser portadora de un potencial endógeno, rico en recursos, conocimientos y saberes que facilitan la implementación de estilos de agriculturas potenciadoras de la biodiversidad ecológica y de la diversidad sociocultural”. Por esto mismo, cuando se habla de Agroecología, se habla de una orientación cuyas contribuciones van mucho más allá de aspectos meramente tecnológicos o agronómicos de la producción, incorporando dimensiones más amplias y complejas, que incluyen tanto variables económicas, sociales y ambientales, como variables culturales, políticas y éticas de la sustentabilidad.

Por otro lado, Gliessman (2000) enseña que el enfoque agroecológico puede ser definido como “la aplicación de los principios y conceptos de la Ecología en el manejo y diseño de agro-eco-sistemas sostenibles”, en un horizonte temporal (de mediano y largo plazo), partiendo del conocimiento local que, integrado al conocimiento científico, dará lugar a la construcción y expansión de nuevos saberes socioambientales, alimentando así el proceso de transición agroecológica. Para eso, la Agroecología, adopta el agro-eco-sistema como unidad de análisis, sin perder de vista el conjunto de conocimientos locales, de los valores y expresiones culturales de los que son portadoras las personas que viven y manejan cada agro-eco-sistema.

Como vemos, los autores antes citados coinciden en muchos aspectos, pero, además de esto, es importante decir que sus conceptos son corroborados en su perspectiva agroecológica, por investigadores como Norgaard y Sikor (2002), para quienes los científicos en general “no han sido verdaderamente capaces de oír lo que los agricultores tienen que decir, porque las premisas filosóficas de la ciencia normal no confieren legitimidad a los conocimientos y a las formas de aprendizaje de los agricultores” y, con eso, no son capaces de romper con la supuesta superioridad de la ciencia convencional.

De los conceptos antes mencionados, para los fines de este texto, es importante destacar algunos aspectos relevantes. Primero, el hecho de que, en Agroecología, conocimiento científico y saber popular tienen el mismo valor, ninguno es superior al otro. Ambos son importantes, aunque hayan sido construidos por metodologías distintas y, muchas veces, para alcanzar objetivos diferenciados.

El segundo aspecto a destacar, que se desprende del anterior, es la importancia de la dimensión local en las estrategias de desarrollo, pues ella es portadora de una historia y de conocimientos específicos sobre cada agro-ecosistema, que no son los mismos que alimentan las decisiones tecnocráticas y ni aún aquellos generados en estaciones experimentales. Al contrario de las iniciativas tomadas de arriba hacia abajo, que caracterizan nuestras políticas y programas, en Agroecología deben ser respetados e incorporados los conocimientos y saberes local e históricamente acumulados.

En tercer lugar, se destaca el hecho de que el manejo de los agro-eco-sistemas y, por lo tanto, la agricultura, es resultado de prácticas eminentemente sociales. Por lo tanto, no es posible entender una agricultura sin agricultor, una agricultura transformada en industria, pues ésta ya no será una agri-cultura. De ahí la razón por la cual la Agroecología enfoca sus intereses en la agricultura familiar campesina y defiende las luchas por la reforma agraria, ya que el pensamiento agroecológico, coincide con la lógica campesina que considera la actividad agrícola como un modo de vida, de reproducción social y de transmisión de componentes de valores de distintos grupos y no sólo con la perspectiva de producción de alimentos y materias primas para el mercado.

Mirar el todo

Cabría también destacar otros aspectos importantes de la conceptualización de la Agroecología, como el énfasis en una visión holística y un enfoque sistémico. Al contrario de las ciencias convencionales, atomísticas y cartesianas, que miran las partes, en Agroecología lo que importa es mirar el todo y las relaciones entre las partes además de sus interfaces con otros sistemas y subsistemas. Por esto, la propuesta agroecológica genera resistencia en muchos sectores. Ella implica, por ejemplo, la necesidad de cambios profundos en las formas convencionales de investigación, de enseñanza y de extensión rural, marcados por la división disciplinaria.

Otro aspecto que merece realce es el hecho de que el enfoque agroecológico también presta atención a la dimensión del consumo. Como se sabe, las cadenas agroalimentarias, marcadas, cada vez más, por la distancia entre producción y consumo, amplían la insustentabilidad ambiental. Al contrario, desde la Agroecología se defiende la prioridad de los circuitos cortos de comercialización y consumo, pues además de asegurar mejor calidad nutricional a los alimentos, son ecológicamente más sostenibles en la medida en que dependen menos de gastos de energía para el transporte de mercancías. Y en tercer lugar, cabe destacar la noción de la “acción social colectiva”, que implica aspectos de distribución y acceso a los resultados de las actividades desarrolladas, así como formas diferenciadas de relaciones sociales, de organización y lucha por derechos.

Tres dimensiones

Visto esto, se enfatiza que los elementos centrales de la Agroecología pueden ser agrupados en tres dimensiones: a) ecológica y técnico- agronómica; b) socio-económica y cultural; y c) socio-política. Estas dimensiones no son aisladas. En la realidad concreta ellas se enjulio trecruzan, influyen unas a otras, de modo que estudiarlas, entenderlas y proponer alternativas a partir de ellas supone, necesariamente, un abordaje inter, multi y transdisciplinario, razón por la cual los agroecólogos y sus pares echan mano de las enseñanzas de los diferentes campos del conocimiento (Sevilla Guzmán y Ottmann, 2004).

Sin embargo, la Agroecología, stritu senso, propone una nueva aproximación entre la Agronomía y la Ecología, de modo que podamos entender mejor el funcionamiento de los agro-eco-sistemas y rediseñarlos en consonancia con las funciones ecológicas horizontales y verticales que puedan ser potenciadas a partir de las características de cada bioma y agro-eco-sistema, tomando en cuenta los elementos de cultura y los saberes locales que influyen en el establecimiento y en el manejo de las agriculturas de cada zona y convergen en una sinergia positiva para conferir mayor sustentabilidad a los procesos agrícolas.

Como enseña Gliessman (2000), las agriculturas más sostenibles, desde el punto de vista agroecológico, son aquellas que, teniendo como base una comprensión holística de los agro-eco-sistemas, sean capaces de atender, de manera integrada, a los siguientes criterios: a) baja dependencia de inputs comerciales; b) uso de recursos renovables localmente accesibles; c) utilización de los impactos benéficos o benignos del medioambiente local; d) aceptación y/o tolerancia de las condiciones locales, antes que la dependencia de la intensa alteración o tentativa de control sobre el medioambiente; e) mantenimiento, a largo plazo, de la capacidad productiva; f) preservación de la diversidad biológica y cultural; g) utilización del conocimiento y de la cultura de la población local; y h) producción de mercancías para el consumo interno antes que producir para la exportación.

Según este autor, mientras más un agro-ecosistema manejado por el hombre se aproxima al paisaje y diseño del ecosistema donde él está insertado, más la agricultura se aproxima a la sustentabilidad. De ello se desprende que toda la agricultura de monocultivo está en el extremo opuesto de lo que se puede entender como agricultura sostenible.

Para Altieri (2002), la expresión agricultura sostenible se refiere a la “búsqueda de rendimientos duraderos, a largo plazo, a través del uso de tecnologías de manejo ecológicamente adecuadas”, lo que requiere la “optimización del sistema como un todo (la productividad total de todas las actividades/tierras/unidades productivas) y no sólo el rendimiento máximo de un producto específico”.

Por su parte, el Centro de Agroecología de la Universidad de California, Campus de Santa Cruz (EE.UU.), definió a la agricultura sostenible como “aquella que reconoce la naturaleza sistémica de la producción de alimentos, forraje y fibras, equilibrando, con equidad, preocupaciones relacionadas a la salud ambiental, justicia social y viabilidad económica, entre diferentes sectores de la población, incluyendo distintos pueblos y diferentes generaciones” (Gliessman, 2000).

Bases para una transición agroecológica

Como se puede observar, en la perspectiva agroecológica, cuando se habla de agriculturas más sostenibles, no se está tratando sólo de la sustitución de insumos contaminantes y prácticas depredadoras de recursos. Se trata de la necesidad de caminar en dirección a rediseñar los agro-eco-sistemas según principios ecológicos y numerosas variables sociales, culturales y políticas. Es por esta razón que en Agroecología no existen paquetes, ni modelos. La aplicación del enfoque agroecológico puede llevar a tantos tipos de agriculturas cuantos sean los acomodos posibles entre las condiciones de cada agro-eco-sistema y los sistemas culturales de las personas involucradas.

A partir de los conceptos y enfoques metodológicos, presentados aquí, de forma bastante resumida, es que la Agroecología viene aportando conocimientos capaces de ofrecer las bases para una transición agroecológica, sin perder de vista la necesidad de producción de alimentos de forma estable y permanente para atender las necesidades alimenticias de una población que sigue creciendo. La Agroecología aparece como un abordaje promisorio, no solamente para la pequeña producción ecológica, sino que ofrece elementos de conocimiento empírico y científico para la ecologización de la agricultura, a fin de hacer que todos los sistemas productivos sean más sostenibles, contribuyendo a una producción más limpia y menos agresiva, sin pérdidas económicas y con muchas ganancias socioambientales. (Traducción: ALAI)

__________________________

Francisco Roberto Caporal es Ingeniero agrónomo, Master en Extensión Rural (CPGER/UFSM), Doctor por el Programa de “Agroecología, Campesinado e Historia” (Universidad de Córdoba – España). Profesor de la Universidad Federal Rural de Pernambuco (UFRPE). Miembro del Núcleo de Agroecología y Campesinado – NAC y del Observatorio de Extensión Rural (Oservater) de la UFRPE.

(1) NdT: Esta cita es traducida del texto en portugués.

 
Referências bibliográficas

ALTIERI, M. A. Agroecologia: bases científicas para uma agricultura sustentável. Guaíba: Agropecuária, 2002.

CAPORAL, F. R.; COSTABEBER, J. A. Agroecologia: alguns conceitos e princípios. 2. ed. Brasília: MDA: SAF: DATER IICA, 2007a.

CAPORAL, F. R.; COSTABEBER, J. A. Agroecologia e extensão rural: contribuições para a promoção do desenvolvimento rural sustentável. 3. ed. Brasília, MDA: SAF, 2007b.

CAPORAL, F. R.; COSTABEBER, J. A.; PAULUS, G. Agroecologia: matriz disciplinar ou novo paradigma para o desenvolvimento rural sustentável. In: CONTIN, I. L.; PIES, N.; CECCONELLO, R. (Org.). Agricultura familiar: caminhos e transições. Passo Fundo: IFIBE, 2006. p. 174-208. (Praxis, 5).

GLIESSMAN, S. R. Agroecologia: processos ecológicos em agricultura sustentável. Porto Alegre: UFRGS, 2000.

GUZMÁN CASADO, G.; GONZÁLEZ DE MOLINA, M.; SEVILLA GUZMÁN, E. (Coord.). Introducción a la Agroecología como desarrollo rural sostenible. Madrid: Ediciones Mundi-Prensa, 2000.

NORGAARD, R. B.; SIKOR, T. O. Metodologia e prática da agroecologia. In: ALTIERI, M.A. Agroecologia: bases científicas para uma agricultura sustentável. Guaíba: Agropecuária, 2002. p. 53-83.

SEVILLA GUZMÁN, E.; GONZÁLEZ DE MOLINA, M. Sobre la agroecología: algunas reflexiones en torno a la agricultura familiar en España. In: GARCÍA DE LEÓN, M. A. (Ed.). El campo y la ciudad. Madrid: MAPA, 1996. p. 153-197. (Serie Estudios).

SEVILLA GUZMÁN, E.; OTTMANN, G. Las dimensiones de la Agroecología. en: Manual de olivicultura ecológica. Córdoba: Universidad de Córdoba, 2004. p. 11-26


Fuente: Agroecología: ciencia para agriculturas más sostenibles. En América Latina en Movimiento. La alternativa agroecológica. Publicación Internacional de la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), 487, Julio 2013. pp. 6-10
 

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