1 de febrero de 2026

El sistema nainu de agricultura familiar: semillas de la memoria social y de la autonomía alimentaria en Gunayala (Panamá)

 

Nainu familiar en la comunidad de Mandiyala, Gunayala. Foto: Gubiler, 2013

Aterrizaje: la economía alimentaria en Gunayala

El aire en el inna nega (casa de chicha) estaba impregnado del dulce aroma fermentado del maíz, mientras un pájaro blanco permanecía inmóvil durante los cuatro días del inna suid, festival que marca un ciclo vital femenino en Gunayala. La atmósfera se tejía de alegría, duelo colectivo y comunión espiritual. Nosotros, los autores de este artículo, hemos estado presentes en múltiples momentos en Gunayala, acompañando desde trayectorias personales y académicas los procesos cotidianos, las ceremonias y la memoria compartida por las comunidades gunadules.

Esta escena, aunque no excepcional, nos marcó como un momento de encuentro, escucha y transformación. Esa noche, uno de nosotros se sentó junto a una mujer mayor que, con brazos y piernas cruzados en posición meditativa, susurraba en dulegaya: yeer an iddoged, yeer an iddoged (“me siento feliz”). Un hombre se acercó repitiendo la frase con entusiasmo. Luego, dirigiéndose a nosotros, explicó que en Gunayala se vive en tranquilidad, en paz. Nos ofreció un cigarrillo en gesto de afecto y preguntó si conocíamos al famoso futbolista que ese año jugaba por primera vez en un Mundial y lideró la remontada de su equipo hasta la victoria en el partido inaugural. Aunque la pregunta parecía trivial, desencadenó una reflexión profunda. Al responder que este futbolista era una figura distante, inaccesible para la mayoría en su país, el hombre llamó a sus amigos y comentó con asombro su descubrimiento acerca de los wagas (“extranjeros”): en algunas naciones, al parecer, la gente común no conoce a sus estrellas.

La conversación viró hacia una crítica sobre la alienación relacional ante el dinero, las desigualdades, las barreras sociales y sus consecuencias. “Aquí la comida es totalmente gratuita”, nos dijo entonces el hombre. Con una mirada sincera, formuló entonces una pregunta que aún nos interpela: ¿cómo es vivir en un lugar donde se tiene que pagar para comer?

El silencio que siguió fue elocuente. El hombre se abrazó a nosotros y rompió en llanto, conmovido por lo que percibía como una vida sin paz. Rodeados por cantos, flautas y danzas ceremoniales, compartíamos su lucidez y su dolor. Desde nuestras propias contradicciones aceptamos que vivir en un mundo donde el acceso a todos los alimentos está mediado por el dinero es también vivir bajo la violencia estructural.

Este breve relato etnográfico revela una divergencia profunda en la manera de concebir el sustento: mientras en Gunayala la comida compartida y la conexión con la Tierra se viven como derechos relacionales y prácticas de autonomía, una lógica transaccional y mercantilizada de la vida predomina en los contextos wagas. Este contraste nos conduce al problema teórico central de este artículo: cómo el sistema agroforestal gunadule nainu y los relatos míticos asociados ofrecen claves para repensar las relaciones humano-planta y la justicia ambiental en tiempos de crisis ecológica.

Gunayala es uno de los territorios autónomos del pueblo gunadule, ubicado en la vertiente caribeña de Panamá. Se extiende sobre más de 300 islas y una franja continental de selvas húmedas, articulando relaciones entre el mar, los ríos y los bosques tropicales. Este territorio posee un régimen político propio reconocido por el Estado panameño desde 1938, y mantiene una organización comunitaria basada en los Congresos Generales y locales, donde se orientan las decisiones colectivas (Valiente 2002). En este entramado social, ecológico y espiritual se enraíza el sistema agroforestal familiar nainu, entendido no solamente como una técnica de producción agrícola, sino como expresión vegetal de la mutualidad en la cosmología gunadule de la dependencia recíproca cotidiana.

La crisis socioambiental contemporánea ha puesto en cuestión los fundamentos de la agricultura industrial y los sistemas alimentarios globales. Afectando de manera particular a los pueblos indígenas, la expansión agroindustrial en América Latina ha producido degradación de suelos y pérdida de biodiversidad. Frente a ello, el caso gunadule constituye una alternativa que combina autonomía alimentaria, espiritualidad y relacionalidad con el entorno.

El nainu se distingue por prácticas de cultivo diversificadas que articulan una ética de cuidado transmitida en mitos, cantos y rituales. En este entramado, el mito de Baluwala, que narra el origen de las semillas y la transmisión del conocimiento agrícola, no funciona únicamente como un relato cosmológico: se actualiza constantemente en prácticas concretas que sostienen la vida cotidiana y la memoria comunitaria. Como sugiere Rival (2021), recordar la importancia de los mitos es crucial para enfrentar las crisis planetarias, pues las comunidades humanas siempre han recurrido a ellos para imaginar cómo mantener el mundo habitable; en el caso gunadule, esta perspectiva resuena de manera clara, pues el mito no solo explica el pasado, sino que orienta las decisiones agrícolas presentes, definiendo qué sembrar, cuándo rotar suelos y cómo cuidar el territorio. Analizar cómo mito y práctica se co-implican permite iluminar formas de conocimiento que cuestionan la hegemonía agroindustrial y abren horizontes alternativos, donde cultivar es también recordar y proyectar futuros posibles.

El análisis de los sistemas agrícolas indígenas se ha vuelto central en el llamado “giro vegetal” en antropología, que reconoce a las plantas como agentes y maestras de la vida social. Vozes Vegetais (Oliveira et al. 2021) invita a escuchar a las plantas y reconocer su agencia, proponiendo una ética de cohabitación y contigüidad con el mundo vivo; este abordaje resuena profundamente con las cosmotécnicas agrícolas gunadules.

Diversos autores han insistido en que, para comprender la crisis actual, debemos escuchar las voces del mundo vegetal y de quienes conviven con él. Por ejemplo, Descola (2022) propone entender las relaciones con las plantas desde una ontología animista, en la que suelos y cultivos poseen agencia y capacidad de relación.

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DOI: https://doi.org/10.70845/2572-3626.1438

Available at: https://digitalcommons.trinity.edu/tipiti/vol21/iss2/3

 

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