9 de marzo de 2012

La agricultura de nainu regenera los bosques y con ello hace frente al cambio climático

Geodisio Castillo
geodisio@gmail.com
Grupo Nadigana preparando la tierra. Foto: Gubiler
REDD+ (Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación e incremento de las reservas de carbono en áreas boscosas) se basa en un ideal: premiar a las personas, comunidades, proyectos y países que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). De esta forma contribuir a la reducción de la pobreza y al desarrollo sostenible. Esto parece demasiado bueno para ser verdad. Y, si bien REDD+ se basa en una idea simple y atractiva, convertir la idea en acción es algo mucho más complejo. Debemos abordar muchas interrogantes difíciles antes de poder crear mecanismos que exploten todo el potencial de REDD+. Entonces hay que preguntarse ¿Cómo podemos medir la reducción de las emisiones de carbono cuando los datos no son exactos o no existen? ¿Cómo podemos garantizar que cualquier reducción en la deforestación y degradación sea real (adicional) y no cause la tala de más árboles en otras áreas (fugas) o el próximo año (permanencia)? ¿Cómo podemos garantizar que los beneficios lleguen a los pobres? Y otras preguntas más que nos hacemos y que debemos plantear…

Las políticas agrícolas en el mundo han favorecido tradicionalmente la conversión de cultivos migratorios o de tumba y quema a monocultivos de plantaciones, porque perciben como más beneficiosas para el desarrollo local y en el secuestro de carbono. Sin embargo, esto necesita reconsiderarse – especialmente si REDD+ va a tener gran influencia en la vida de los pueblos indígenas y comunidades locales.

Las observaciones actuales sobre la agricultura de nainu o de los sistemas agroforestales tradicionales o corte y quema practicada por los agricultores dules de la Comarca Gunayala en Panamá, favorecen una mejor regeneración de árboles tropicales económicamente valorados para uso doméstico, ya sean para medicina, artesanía, construcción y alimentación. Estos sistemas en esquema de REDD+ resulta esencial porque, aparte de su valor por el carbono que almacenan, retienen cerca de la mitad de la biodiversidad en los bosques, ofrecen mayores beneficios para el ciclo de agua y para el ecosistema de las cuales viven o es parte del “buen vivir” de los pueblos indígenas.

La falsa creencia de que el corte y quema es destructivo, hace que programas como el Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño de la Autoridad Nacional del Ambiente (CBMAP II-ANAM) y su donante el Banco Mundial, prohíban el uso o la compra de hachas, para los subproyectos de inversión ambiental. Eso reduce las opciones de mantener un recurso diverso, valioso y sobre todo desde muchos siglos es práctica sostenible.

Esta observación se basa en siglos de prácticas que realizan los agricultores indígenas del país, donde las comunidades han gestionado y siguen gestionando el mañana en los bosques tropicales del país para el aprovechamiento doméstico. Eso evidencia la estrecha integración de la actividad forestal y agrícola de los pueblos indígenas de Panamá y de Abiayala, no comprendida por científicos y gobiernos.

Estas apreciaciones, que son erróneas, resultan en políticas forestales y medidas de conservación inapropiadas, y los pequeños agricultores y forestales que deberían beneficiarse con dichas políticas, son los que más pierden. Y cuando queramos recuperar estos conocimientos ecológicos indígenas será tarde.

Cada verano o yoleb, los agricultores dules hacen claros cortando y al secarse los árboles son quemados controladamente un cuarto hasta media hectárea de bosque, considerado el método tradicional de preparación de la tierra para agricultura. Árboles valiosos de uso doméstico (maderables valiosos, artesanía, construcción, y entre otros productos no maderables), medicinal y alimenticio se dejan sin cortarlos. Este solo es un método.

El otro método, que era más arraigado es, no quemar sino hacer roza debajo de los árboles, sembrar principalmente plátanos/bananas, luego encima cortar los árboles, para que estos se pudran y sean abonos naturales verdes u orgánicos. Igual que en el método anterior dejan árboles valiosos de uso doméstico, medicinal y alimenticio.

Los agricultores dules conocen bien el efecto de cortar y quemar, como dicen: “al quemar los árboles, las cenizas que quedan es el abono natural, libera nutrientes que están disponibles para las plántulas en crecimiento y contribuyen a un crecimiento más rápido”. Sin embargo observan que, “poco sirven las cenizas, porque al final el viento o la lluvia los llevan y además la quema endurece la capa del suelo”.

Los agricultores dules saben que estos productos si son en laderas solo les servirán para alimentarse en dos a tres años. Es por eso cuando llega esta etapa dejan que el bosque regenere especies valiosas maderables y no maderables, aprovechando la luz, y en los mejores casos empiezan a sembrar cultivos perennes como el cacao (Theobroma cacao), guaba (Inga sp.), aguacate (Persea americana), entre otros. Se han encontrado cultivo de plátanos/bananas bajo sombra, casi sin enfermedades y en mejores estados de producción que las que se cultivan sin sombras. Los cultivos sin sombra, tipo monocultivo es rápidamente atacada por la sigatoka (Mycosphaerella fijiensis Morelet var. Difformis) y moko (Pseudomonas solanacearum; Ralstonia solanacearum Smith).

El corte y quema del bosque, les sirve al agricultor dule para regenerar especies de árboles valiosos, con valor comercial de uso doméstico, longevas que no pueden crecer bajo sombra y necesitan espacios abiertos para regenerarse.

Un tercer método o práctica de los agricultores dules es establecer sistemas de producción agroforestales propios y policultivos, entre ellos, principalmente introducen la mama -yuca (Manihot esculenta). Por qué la mama, uno porque es uno de los alimentos básicos del pueblo dule, dos porque resiste al calor y sigue creciendo, mientras otros cultivos sufren por el aumento del calor. Esto significa que la mama, resiste al cambio climático o se adapta. La raíz, rica en almidón podría convertirse en un posible remplazo de los cultivos que se ven afectados por el cambio del clima.

El corte y quema son importantes para asegurar el aprovechamiento de maderas valiosas domésticas en el futuro. Por lo tanto, los gobiernos deben tomar en cuenta estos conocimientos tradicionales indígenas a la hora de desarrollar sus políticas para el ambiente, la biodiversidad, los bosques y la agricultura. Y ahora más que nunca frente a la estrategia REDD+.

Referencias:

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Castillo, G. 2001. La Agricultura de “nainu” entre los Kunas de Panamá: Una Alternativa para el Manejo de Bosques Naturales. Etnoecológica, Vol. 6, No. 8, 84-99 pp.

Castillo, G. 2006. Capacitación en técnicas de agroecología según los conocimientos tradicionales indígenas. Período: del 8 de mayo al 15 de junio de 2006. PMII, ACICAFOC, CICA, CCAD. Panamá, República de Panamá, septiembre de 2006. 60 p. + 5 anexos.  Informe final del consultor

Castillo, G. 2011. Manejo forestal tradicional: Plan de manejo forestal del pueblo guna, Panamá. Comarca Gunayala, Panamá. 24 p. (inédito)

Fox, J.; Castella, J.C.; Ziegler, A.D. 2011. Swidden, rubber and carbon. Can REDD+ work for people and the environment in Montane Mainland Southeast Asia? CGIAR Research Program on Climate Change, Agriculture and Food Security (CCAFS) Copenhagen, Denmark. 34 p.

Shanley, P. et al. (eds.) 2004. Explotando el mercado verde: certificación y manejo de productos forestales no maderables. Pueblos y plantas, Norad comunidad. 448 p.

Stoian, D. 2000. Shifts in forest product extraction. The post-rubber era in the Bolivian Amazon. In: International Tree Crops Journal, Volume 10, Number 4. 277-297 pp. (Study supported by CIFOR)

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