15 de septiembre de 2018

La memoria de nuestros logros inmemoriales

Estamos buscando siempre una complejidad, no queremos estar atrapados en una línea histórica que acaba por ser muy roma, muy chata. Buscamos ir tejiendo todas las líneas históricas que se van entrelazando. Es a partir del entrelazamiento que tenemos la posibilidad única de entender lo que está ocurriendo. El mundo es más y más complejo, más entretejido. Complejidad quiere decir: el entretejido. No podemos tener una sola narrativa.

 
Hay varias narrativas que confluyen para tener un efecto directo sobre cómo nos alimentamos, qué posibilidad tenemos de alimentarnos, qué posibilidad de ser independientes, qué posibilidad de defender los territorios de la gente que produce la comida en primer lugar, y que además son los que desde siempre han estado en contacto con la naturaleza (de tal modo que nos permiten ver el horizonte completo de lo que tendría que ser la alimentación, de lo que tendría que ser la labor creativa de la gente que empezó a producir alimentos y los producía para sí misma y después los empezó a producir para otros, en las cercanías de su comunidad). Y eso era soberanía alimentaria sin que pensaran en el término “soberanía alimentaria”.

Es decir, no había la necesidad jurídica de establecer una soberanía alimentaria; era la solución directa: de una serie de necesidades, urgencias y planteamientos surgía la pertinencia.

Esto se comenzó a ver hace unos 10 mil años por lo menos en varias partes del mundo.

Aquí en Mesoamérica hay quienes disputan el encuentro con el maíz. Yo no quiero llamarle la domesticación que “el hombre” hizo del maíz porque ésa es una narrativa sesgada. Fue un encuentro de mujeres y hombres con el maíz y el maíz de alguna manera crio, prohijó, cuidó a los humanos y los humanos criaron, prohijaron y cuidaron al maíz: una crianza mutua.

También tenemos que reconocer las dos narrativas diferentes del maíz. En inglés por lo menos sí se puede distinguir bastante bien entre las dos narrativas. Una es la del maize, el maíz nativo que conocemos, y el otro que es la del corn (el grano genérico), esa cosa industrial que de algún modo nos venden como maíz. Esas dos narrativas son tan diferentes que también hoy pesan. Son dos diferentes narrativas. Dos líneas históricas que se entrelazan, pero que en realidad son paralelas a la vez que opuestas totalmente. La saga del maíz industrial comienza en laboratorios que producen semillas estandarizadas que se activan mejor sin “competencias” en un monocultivo extensivo saturado de agroquímicos, deslavando la tierra y estableciendo desiertos verdes. La saga del maíz nativo tiene que ver con la confianza y el cariño y es la relación de intercambio y resguardo de semillas ancestrales con las que se va conversando cada vez que siembra en una conversación colectiva, interminable, de generación en generación.

Hoy también pesa la narrativa de lo que fueron las reformas estructurales que dieron pie a los Tratados de Libre Comercio que desmadejaron, deshojaron, destrozaron infinidad de tejidos naturales, sociales, políticos, económicos. En un principio sirvieron de candado para que las reformas estructurales que arrasaron con la vida en el campo no pudieran moverse y al hacerlo se abrió el abanico las devastaciones y los despojos que no terminan y que, al contrario, se recrudecen con días.

En la corriente contraria de tales narrativas —cual si fueran de otro planeta— el secretario de agricultura hasta abril pasado Juan Calzada, y ahora los nuevos personajes que se perfilan como secretario de agricultura, Víctor Villalobos, y el “vicepresidente” Alfonso Romo, pasan por alto las narrativas anteriores, se desentienden de la historia de la alimentación humana, del trato con la gente que produce sus alimentos (y que durante diez mil años ha cuidado nuestra alimentación), y destinan a esta gente a servir de mano de obra. Mano de obra, dicen, que va a regresar a los jóvenes al campo cuando en realidad lo que ocurre es que los hunden en invernaderos a cuarenta y tantos grados llenos de agroquímicos: trece, catorce horas. Y en esas trece o catorce horas sufren todas las vejaciones posibles para abaratar lo más que se pueda la producción de “berries” con la cuales van presumiendo por el mundo entero. Berries y brócoli, jitomates y pepinos y quien sabe que tantas hortalizas de las cuales presumen en que somos de los diez principales productores y exportadores.

Lo extraño es que Juan Calzada nunca profería la palabra “comida”, o “alimentos”. Siempre dijo: ganamos tanto, produjimos tantas divisas. Estamos orgullosos de las exportaciones que produjeron tal cantidad de ganancias.

Y lo que tampoco se menciona nunca son los devastadores efectos de una guerra sostenida contra la subsistencia de los pueblos que permiten una precariedad como la que empuja a los jóvenes a ser mano de obra semi-esclava en los invernaderos. En los “grinjauses”, les dicen ahora.

Tenemos que ejercer nuestra memoria e intentar abrir nuestras estructuras para aprehender una epistemología de campo, más que lineal, porque así son los mapas desde arriba. Un tramado de veredas que de pronto, cuando acercamos el foco y penetramos uno de tantos senderos, vamos iluminando las tramas y de regreso al macro hasta enfocar un panorama mucho más denso y a la vez preciso que si vamos sólo por un caminito, pretendiendo que ese caminito lo refleje todo. Sopesar así, los hilos, para intentar tejidos imaginantes.

Por qué es tan fundamental entender la guerra sostenida contra la subsistencia de los pueblos. La guerra a la subsistencia es la base de la acumulación originaria. Si no se quiebra la subsistencia de los pueblos no se puede establecer la acumulación originaria. Pero a la vez, se quiere ocultar esta relación. Cuando se quiebra la labor creativa que producía alimentos, la gente se vuelve dependiente de quienes le pongan a trabajar en cualquier circunstancia. la libertad individual y colectiva quedan apabulladas.

Así, podemos establecer otras dos narrativas: una que dice que es la agroindustria quien alimenta al mundo y otra que dice que quienes alimentan al mundo son los pueblos tan castigados, tan deshabilitados, tan arrinconados, tan prohibidos, tan despreciados, tan ninguneados, tan invisibilizados.

El Grupo ETC ha hecho un trabajo muy notable, en “¿Quién nos alimentará ”(http://www.etcgroup.org/es/quien_alimentara), al igual que GRAIN, que ha confrontado esas dos narrativas en “Hambrientos de tierra”, (www.grain.org/article/entries/4956) y entre ambos, buscan respuestas a dicha pregunta fundamental: quién alimenta realmente al mundo.

Cuáles estrategias son cruciales para que remontemos el futuro hacia un periodo de estabilidad y certeza no sólo de si comeremos o no, sino de si podemos resolver con nuestros propios medios lo que más nos importa, y cómo lo lograremos.

Porque tenemos que responder sobre todo a la lógica de la pertinencia, de la importancia que puede tener para diversos grupos humanos, para los pueblos originarios, para comunidades campesinas y también para la comunidad urbana, y buscar cómo podemos darles la vuelta a las grandes industrias, cómo podemos frenar al sistema alimentario agroindustrial global.

Este sistema agroalimentario industrial mundial es responsable de una buena parte de los gases con efecto invernadero que están provocando los aumentos de temperatura, pero también los alocamientos del clima. Tal extremamiento es un caos climático. Y por esto en GRAIN se insiste en que no es un cambio climático, es un robo del clima, nos están despojando de las condiciones climáticas que teníamos. Un sistema agroalimentario industrial mundial que desde el acaparamiento de tierras hasta el supermercado o los restaurantes o las tiendas que le venden comida a la gente, establece cadenas que, sumadas en sus efectos, son apabullantes sus repercusiones.

Hoy, un reciente informe de GRAIN nos alerta de cómo las grandes compañías de carne y lácteos son las principales responsables de los gases con efecto de invernadero. (“Emisiones imposibles: Cómo están calentando el planeta las grandes empresas de carne y lácteos” www.grain.org/es/article/entries/6010). Según el informe, en su conjunto, las cinco principales corporaciones productoras de carne y lácteos del mundo, son actualmente responsables de un mayor número de emisiones anuales de gases con efecto de invernadero que Exxon, Shell o BP.

Actualmente, la ganadería genera más emisiones de gases con efecto de invernadero que todo el transporte mundial en su conjunto. No se trata del cuidado de animales de traspatio sino de la enorme industria de la carne y los lácteos, que además no sólo tiene grupos de presión que defienden sus intereses en los organismos internacionales sino que no reportan sus emisiones de gases, o las subrepresentan al no incluir todas las emisiones de toda su cadena de suministro, todo aquello que va del acaparamiento de tierras y el cambio de uso del suelo, al momento en que se venden los “alimentos en los supermercados, las tiendas o los restoranes.

Ese gran arco que va de un lugar a otro describe todos los procesos nocivos por donde va golpeando en diferentes lugares suma emisiones de gases con efecto de invernadero, y devastaciones y despojos de diversa índole. Pensemos en la devastación de la deforestación, el exilio de la gente que tuvo que ceder sus tierras, la gran gama de agroquímicos con los que la agroindustria siembra para producir materias primas para la producción de alimentos procesados o para alimentar el ganado confinado que estará a disposición para la carne o los lácteos. Pensemos en el transporte y la dislocación que implica. En el almacenado, la refrigeración, el empacado, la distribución local y al menudeo, o su procesamiento y nuevo empacado como productos envasados, enlatados, en paquetes o frascos.

No obstante, lo que aquí nos importa, por un momento, es cómo en cada paso también sufren las potencialidades humanas.

Lo más crucial es eso. Cómo está golpeando la potencialidad humana: desde cómo resuelve la gente su alimentación hasta la manera en que la gente se percibe a sí misma, porque no es lo mismo cómo se percibe un jornalero arrinconado en esos invernaderos, que cómo ser percibe una campesina o un campesino originario de alguno de los tantos orgullosos pueblos indígenas que siguen manteniendo luces muy importantes para el futuro de la humanidad y que atesoran e intercambian sus semillas y las están procurando.

La diferencia entre uno y otro es del cielo a la tierra. Pese a que desde la ciudad la gente siempre piense en el campesinado como los jodidos.

Se les pobretea cuando en realidad —si se lograron zafar de la imagen que les impuso el extensionismo del sistema— tienen una imagen de sí mismos que entraña mayor dignidad, mayor claridad de todo lo que está ocurriendo.

Siempre decimos que desde la milpa se ve el mundo entero por una razón muy tremenda que es: en la milpa se sienten todos los ataques, todos estos efectos nocivos de todos estos procesos. La gente los vive, los siente, los ubica y está tratando de resistir. Ahí se vuelca toda la devastación y el despojo y el desmadramiento —en el sentido literal de desmadrar, es decir, sacar de madre, sacar de cauce, desenraizando. Eso que Karl Polanyi llamó la Gran Transformación del Mundo. El proceso por el cual todo se desenraizó, se desmadró. Hay quien lo describe como una desincrustación. Los procesos dejaron de girar en torno a una vida cotidiana en corto y se deshilacharon por el mundo en eso que ahora llamamos globalización. El vaciamiento del sentido de todo aquello cercano y mutuo, y que ocurre en la vida cotidiana.

Para volver a una autonomía real, tendremos que recuperar nuestra soberanía alimentaria. Dejarnos de someter a los dictados de esa industria que con violencia rompe las escalas naturales en que ocurren los procesos que nos importan. Comenzar a reparar cada eslabón de esa avalancha de devastaciones y despojos.

Pero no es factible sólo hacer remiendos. Tiene que ser total la reparación. Es decir, cambiar la narrativa implícita, y como tal el proceso real que conlleva. Mientras sigamos en estos procesos de muerte, las narrativas sólo podrán ser de muerte.

Las transformaciones tendrán que ser radicales y no sólo programitas de autosuficiencia alimentaria y paquetes de semillas “mejoradas”, o en defensa de un maíz “criollo”, gourmet.

Por lo pronto, comenzar a hacer memoria de nuestra historia propia de certezas y logros inmemoriales.

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Por Ramón Vera -Editor, investigador independiente y acompañante de comunidades para la defensa de sus territorios, su soberanía alimentaria y autonomía. Forma parte de equipo Ojarasca y Grain

PANAMÁ: ALEMANA RESPONDE ARTÍCULO OFENSIVO SOBRE LOS KUNAS EN DIARIO EL PULSO

Hola a todos,

Yo desde lejos (Alemania) escribí una respuesta al artículo tan primitivo e ignorante publicado en El Pulso de Panamá. Lo envié al periódico vía e-mail el 2 septiembre, y tal vez sea de interés para ustedes, aunque sé que tal vez no exprese bien todo lo que sentí al leer el artículo y aunque tal vez contenga faltas de lenguaje.

Muchos saludos desde Alemania,

Verena Sandner Le Gall


Estimado director:

Estoy muy asustada por la manera en la cual su periódico comenta sobre los Indígenas Kunas en El Pulso de Panamá del 31 agosto del 2005.

Soy geógrafa de Alemania y le escribo desde lejos, habiendo trabajado desde hace más de diez años en la Comarca Kuna Yala para hacer investigaciones científicas sobre y con los Kunas, y habiendo convivido en pueblos Kunas durante varios meses.

Estoy muy preocupada por la reproducción de las imágenes tan agresivas y primitivas que usted aplica en la descripción de la Comarca Kuna Yala. Algunos de los comentarios son claramente falsos, como cuando suponen la dictadura de caciques o reyes.

Déjeme explicar los hechos en su propio país, porque parece que no los conoce muy bien: no hay ni ha habido reyes en la Comarca y los Caciques se eligen de una manera democrática y participativa. Esto se puede calificar de muy moderno y deja atrás a muchos países y regiones mucho más atrasados en este sentido (si hace el intento de informarse mejor sobre el sistema de Comarcas, hay muy buenas publicaciones científicas desde la perspectiva de "afuera" al respecto, como las de James Howe, Jorge Ventocilla, Mac Chapin, solo para nombrar los científicos más destacados y conocedores).

Cuando un cacique pierde el respaldo de la población puede ser remplazado por otra persona, y además las decisiones se toman en la asamblea general del Congreso General, de una manera participativa. Cada persona que haya asistido a un tal Congreso General pueda afirmar lo que yo he visto con mis propios ojos y lo que se puede leer en muchas publicaciones de los politólogos y antropólogos.

Además, es falso que las autoridades sean tolerantes con el narcotráfico, porque en 1994 ya supe que las autoridades estaban muy preocupadas por el narcotráfico. Los Caciques mismos me lo comentaron, como también en 1999 y 2000. Y en muchos documentos, las propias autoridades y organizaciones Kunas, lamentan el problema y piden ayuda en su solución.

El narcotráfico sobre todo se efectúa por gente foránea y porque llegan los paquetes por el mar, y claro, también porque hay individuos que participan también en el tráfico. Pero permítame preguntar: ¿Usted aceptaría si yo, como observadora desde afuera, clasificara a la Ciudad de Panamá como un nido de narcos porque hay algunos individuos que se dedican al narcotráfico en la ciudad?

Hablando del "atraso" que se menciona en el artículo, el aislamiento respecto a las denominadas "ventajas" de la vida moderna, permítame preguntar: ¿cuánto tiempo el autor del artículo ha pasado en Comarcas indígenas para informarse directamente? Tal vez se hubiera dado cuenta que la población ya utiliza muchas cosas de la vida moderna, desde radios y teléfonos, medicamentos modernos hasta computadoras, y tal vez no lo crea, pero ya hay videotecas.

Aunque bien se puede discutir sobre el valor de esto, para mí demuestra que la población está muy conciente en sus intentos de encontrar una mezcla entre lo moderno y lo tradicional, utilizando lo que puede de los dos y no permitiendo todo ciegamente, para dejarse cocacolaizado y con su propio McDonalds ¿en su opinión esto significaría ser moderno?

Hay que afirmar también que lo que usted denomina "atraso" desde otro punto de vista se ve como una riqueza de tradiciones y conocimientos, hasta métodos de medicina tradicional, de los cuales nosotros, los no-indígenas podemos aprender mucho y por lo menos tenemos que respetarlos.

En Kuna Yala yo he encontrado gente muy moderna en un sentido del pensamiento, de ideas políticas y culturales, que parecen muy actuales, modernos, sobre todo comparado con su manera muy atrasada de describir los indígenas, reproduciendo las opiniones de siglos atrás. Muchas veces yo estuve sorprendida del nivel de instrucción y sabiduría en Kuna Yala, no solamente en lo tradicional, sino en hechos de la vida moderna.

Un ejemplo: en 1994 me preguntaron varios Kunas cómo se ve la situación política en Alemania después de la reunificación, y discutieron eso conmigo porque ya sabían algo y se interesaban en el tema. Permítame decir algo polémico: he encontrado varios estadounidenses que pensaban que Hitler estaba todavía en el poder en Alemania, y otros que no sabían que se había reunificado, y creo que muchos ni saben dónde localizar Alemania en un mapa y no se interesan tampoco.

Los Kunas no caben en la imagen del "indio" ignorante, viviendo aislado del mundo moderno. Ahí hay periódicos, gente bien informada, y muy conciente de lo que se pasa en el mundo. Además, hay gente con un nivel de instrucción muy alto, científicos, artistas, poetas, etc.

Lo que a mí tal vez me sorprendió cuando llegué por primera vez - porque tenía en mente algo de los clichés sobre los indios que viven en la selva con flechas y no sabían nada del mundo moderno- por lo que tuve que revisar muy rápidamente mis ideas sobre ellos, aceptando la riqueza de su cultura y la mezcla de modernidad y tradicionalidad, algo muy fascinante y enriquecedor para mí.

Me asusta que todo eso no sea claro por los demás panameños. Me parece lamentable que conozcan tan poco de sus propias culturas y de su propio país, aunque los indígenas podrían aportar mucho a la sociedad nacional, solo si los dejaran aportar.

La opinión del artículo es tan falsa y llena de racismo que desde lejos me pregunto ¿por qué usted les tiene tanto miedo a los indígenas? ¿Tal vez porque están en el proceso de crear un modelo alternativo a la del estado nacional dominante, una sociedad abierta y que rechaza lo que se nos propone como lo máximo de la modernidad en un mundo globalizado, las inversiones de especuladores quienes quieren enriquecerse, destruyendo ambiente y población?

Yo estoy asustada de ver un nivel tan bajo en el análisis de su estado pluricultural, y nunca había pensado que se publiquen opiniones tan primitivas. Perdóneme, pero a mí siempre me había parecido que ese nivel de racismo y envidia hacia los indígenas por su forma de vivir y sus tierras se había dejado atrás desde hace mucho tiempo, en Panamá y a un nivel internacional.

A lo menos así lo demuestran las discusiones y documentos sobre los derechos indígenas al nivel de la ONU, que institucionaliza estos derechos más y más al nivel internacional, y como ha hecho su propio país con las leyes que garantizan Comarcas indígenas con la autodeterminación de sus pueblos.

Para mí, un periódico que reproduce tales opiniones, demuestra un gran atraso, y una sociedad que permite tales publicaciones de opiniones racistas, tal vez no se haya desarrollado tanto, porque no ha entendido que ser moderno y desarrollado es más que permitir inversiones de cualquier clase sin velar por los derechos de todos los pueblos y aceptarlos con toda la riqueza de su patrimonio cultural.

Con mis mejores saludos desde Alemania,

Verena Sandner Le Gall,
Licenciada en Geografía
Departamento de Geografía - Universidad de Kiel
Olshausenstr. 40 24098 Kiel, Alemania.
Correo electrónico:
sandner@geographie.uni-kiel.de

 
Fuentes: Recibido de Anelio Merry López, editor de Kunayarki, 3 de septiembre de 2005 y distribuido por Prensa Indígena: ewituri@lmm.megared.net.mx -  https://www.servindi.org/node/40374

 

31 de agosto de 2018

INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DEL PUEBLO GUNA (IPCPG): DESAFÍOS PARA EL EJERCICIO DE LA GOBERNANZA COMARCAL

Geodisio Castillo[1]

El IPCPG de Onmaggeddummad Namaggaled renace bajo la finalidad en su más amplio sentido suministrar al pueblo dule un caudal de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones del mañana para una vida sana y digna. Es importante reconocer que abarca no sólo el patrimonio material, sino también el patrimonio natural e inmaterial; recursos que son una “riqueza frágil”, y como tal requieren políticas y modelos de desarrollo que preserven y respeten su diversidad y su singularidad, ya que una vez perdidos no son recuperables (Leal González 2008; UNESCO 2014). Finalidad que siempre vienen planteando, cantando, conversando, proclamando y disertando nuestros Ologunaliler (sabios ancestrales) en todos sus encuentros y en esta última realizada en la comunidad de Gardi Yandub, los días 20 al 23 de agosto del presente año.

Bien dicen nuestros ologunaliler que nuestro patrimonio cultural está estrechamente ligado a los desafíos más cruciales a los que se enfrenta y deberá enfrentar el pueblo dule, como toda la humanidad espera, que van desde el cambio climático y los desastres naturales que conllevan a la pérdida de biodiversidad, agua y alimentos, y, otros problemas sociales. Por ello se considera que el patrimonio cultural es “esencial para promover la paz y el desarrollo social, ambiental y económico sostenible” (UNESCO 2014).

El patrimonio es importante para la cultura y el desarrollo endógeno sostenible en cuanto constituye el “capital cultural” de nuestros pueblos. Fortalece y revaloriza nuestra identidad, y transmitirla a las generaciones, promueve el acceso a la interculturalidad. Enriquece el sentido de pertenencia, individual y colectivo, para mantener la cohesión social y nuevos retos por la conservación como estrategia de defensa territorial (Castillo 1999). Además, bien sabemos que el patrimonio cultural mantiene la economía para el sector del turismo en muchos países, al igual que en nuestra comarca.

Es por ello que Onmageddummad Namaggaled, apuesta a través de su IPCPG al ejercicio de la gobernanza comarcal, para que ejecute una gestión correcta del potencial de desarrollo del patrimonio cultural desde sus varios enfoques que hemos planteado. Por lo tanto, debe haber una combinación acertada de patrimonio cultural y desarrollo sostenible desde nuestra propia visión. Entonces requiere no sólo protección frente a las adversidades ambientales y daño intencionados por el hombre, sino también conocer los galus (sitios sagrados, endémicos o frágiles) para hacer frente a los daños intencionados, las condiciones ambientales adversas para así ejecutar proyectos o programas correctos y cuidados constantes y renovación permanente. Porque todo enfoque, según la UNESCO (2014), que mire sólo al pasado correrá el riesgo de convertir el patrimonio en una entidad rígida y congelada, o, que perderá su pertinencia para el presente y para el mañana. En realidad, se ha de entender el patrimonio de tal manera que las memorias colectivas del pasado y las prácticas tradicionales, con sus funciones sociales y culturales, sean continuamente revisadas y actualizadas en el presente, para que cada sociedad pueda relacionarlos con los problemas actuales y mantener su sentido, su significado y su funcionamiento en el futuro.

Estos desafíos contemplan compromisos de nuestros sagladummagan, para elevar o sean ellos garantes para cumplir con las metas planteadas por la Estrategia 2025, hacia los 100 años de la Revolución Dule. Cumplidas, aunque sean 70% de las metas, se traducirá en un mejor conocimiento de los desafíos, del potencial y de las deficiencias de esos mismos esfuerzos, para hacer mejor la Estrategia del mañana.

 
IPCPG: Antecedentes
  • Onmaggeddummad Namaggaled (Congreso General de la Cultura Guna), fue creado como institución debidamente estructurada en el año 1972. El mismo está dirigido y orientado por los 3 Sagladummagan
-   Objetivos: en la conservación, desarrollo, promoción de los conocimientos, valores, costumbres, tradiciones culturales y patrimoniales que fortalezcan la identidad dule o guna
  • Instituto de Investigaciones Koskun Kalu, 1992 - sirve de apoyo y de soporte técnico de los proyectos, programas y acciones del Congreso General de la Cultura
  • Koskun Kalu + IDIKY = IIDKY y finalmente en IPCPG
Por lo que vemos, el Instituto de Investigaciones Koskun Kalu (IIKK) se fusiona con el Instituto de Desarrollo Integral de Kuna Yala (IDIKY) para formar el actual Instituto de Investigación y Desarrollo de Kuna Yala (IIDKY). Sin embargo, este matrimonio no procede o funciona y por ello surge nuevamente Koskun Kalu, ahora bajo el nombre de Instituto del Patrimonio Cultural del Pueblo Guna (IPCPG)


INSTITUTO DEL PATRIMONIO CULTURAL DEL PUEBLO GUNA

Desafíos y finalidades
El Instituto del Patrimonio Cultural del Pueblo Guna (IPCPG) se plantea como desafíos esenciales alcanzar una cultura incluyente y sostenible como elemento estratégico para la conservación, defensa y el desarrollo del patrimonio natural y/o territorial

Por ellos el mañana, celebrando semana de la cultura, en toda la Comarca Gunayala
Para ello el IPCPG, tiene el reto de hacer suyo por decisión de Onmaggeddummad Namaggaled, ejecutar la Estrategia 2015-2025 (PEGY 2015). Es decir, las líneas estratégicas que nos corresponden, buscando las relaciones con otras líneas estratégicas establecidas en la Estrategia, para así llegar mancomunadamente, como una Nación Gunadule, a las metas establecidas hacia los 100 años de la Revolución Dule. De esta forma hacer el ejercicio de una gobernanza comarcal

Los criterios y prioridades deberán tomar en cuenta todo lo relacionado con la protección del patrimonio cultural, la preservación de la calidad del ambiente y el hombre dule como sujeto final, planteando objetivos y prioridades que es necesario - en el contexto de los nuevos retos y oportunidades.

De ahí, los desafíos para el ejercicio de la gobernanza comarcal, radica principalmente en la gobernanza cultural que aglutina – el territorio, la política, la economía y el ambiente

El IPCPG es el organismo legal, académico, técnico y científico del Congreso General de la Cultura Guna, reconocida por el Ministerio de Gobierno con personería jurídica, desde el 25 de mayo del 2018

 
OBJETIVOS GENERALES
  • Fomentar investigaciones científicas sobre los saberes y conocimientos de la cultura dule desde la memoria histórica
  • Fomentar investigaciones científicas sobre los saberes y conocimientos tecnológicos e innovando los mismos desde la cultura dule
  • Educar, capacitar, orientar y concienciar a la comunidad dule sobre la importancia de los conocimientos, valores, principios espirituales, naturales e historia del pueblo dule
  • Proveer informaciones sobre los diferentes conocimientos a la comunidad dule y en general
  • Fortalecer, proteger y defender la identidad desde la conciencia dule ante la población nacional e internacional

 

 
REFERENCIAS

Castillo, G., 1999. Gestión de áreas protegidas como estrategia de defensa territorial indígena: Caso Kuna Yala. En: Taller sobre experiencias prácticas en gestión de áreas protegidas por los pueblos indígenas en Iberoamérica. Cartagena de Indias, 29 Nov. – 5 Dic. de 1999. Unidad Especial de Parques Nacionales / Mo. De Medio Ambiente de Colombia, AECI, WWF-ADENA, Ecodesarrollo. Cartagena de Indias, Colombia. 147-155 pp.

Leal González, Nila, 2008. Patrimonio cultural indígena y su reconocimiento institucional. Opción, vol. 24, núm. 56, mayo-agosto.  Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela. pp. 28-43

PEGY, 2015.  GUNAYALA 2025: Plan Estratégico de Gunayala 2015-2025. Hacia una gestión territorial. Congreso General Guna, Comarca Gunayala. 112 p. + Anexo: PAC

UNESCO, 2014.  Indicadores UNESCO, de Cultura para el Desarrollo: Manual Metodológico. UNESCO, París, Francia. 140 p.




[1] Presentado en el Foro Semana de la Cultura. IPCPG de Onmaggeddummad Namaggaled, Biblioteca Simón Bolívar, Universidad de Panamá. Panamá, 8 de agosto de 2018

18 de agosto de 2018

#3 – En el principio, las semillas


Quizá el primer episodio de la agricultura tuvo como protagonista a una mujer, que reconoció y empezó a cultivar una variedad vegetal silvestre para alimentarse; aprendió su ciclo vital y desarrolló los rudimentos de técnicas que la humanidad perfeccionó durante más de 10.000 años. Carlos Vicente dice que ese primer acto es probablemente el hecho cultural más maravilloso e importante en la historia del vínculo de nuestra especie con el resto de la naturaleza.
Emociona imaginar a esa mujer, a su mirada puesta en una planta y a sus manos desatando el mundo que conocemos. Desde entonces las semillas viajaron con los pueblos hacia distintos territorios y climas. Las comunidades campesinas e indígenas de todo el mundo, las modificaron generación tras generación mediante selección, cuidado e intercambio, generando toda esa enorme diversidad de variedades que nos alimenta aún hoy. Las semillas y la humanidad nos criamos juntxs en este camino de miles de años. Pero en algún momento lo hemos perdido de vista: para lxs millones que vivimos en las ciudades, a quienes la dinámica urbana nos transformó totalmente el acto alimenticio y el vínculo con la naturaleza, las semillas nos son ajenas y su destino no cuenta entre nuestras preocupaciones.
Este extrañamiento es aprovechado por las corporaciones que desde la llamada Revolución Verde y, sobre todo, desde la generación de semillas transgénicas, pretenden apropiarse de los frutos de esta labor ancestral. Detrás de toda la parafernalia tecnológica y el marketing, lo que las corporaciones ocultan es que ninguna semilla agrícola aparece en una probeta de laboratorio, y que cualquier modificación se apoya sobre miles de años de trabajo de otros. Por eso, su intención de aplicarles derechos de propiedad intelectual constituye escencialmente un robo. Mientras el porcentaje de transgénicos aumenta en nuestros campos, las corporaciones que los impulsan se fusionan cada vez más. Así, en más del 60% del área sembrada de Argentina encontramos variedades transgénicas desarrolladas por poquísimas empresas. A nivel mundial entre Bayer-Monsanto, ChemChina-Syngenta, Basf y Corteva Agrociences (Dupont+Dow) concentran más del 75% de todo el mercado de semillas. Los intentos de modificar la Ley de Semillas Argentina (nro. 20.247) según los intereses corporativos no son nuevos: A partir del lanzamiento de la soja Intacta RR2 de Monsanto en 2012 las presiones corporativas arreciaron. Hubo intentos durante el kirchnerismo, y con Macri en el Gobierno asistimos una nueva y brutal ofensiva. Lo que buscan es cercenar el llamado “uso propio”: el derecho que cada agricultor tiene de reutilizar una parte de su cosecha para volver a sembrar en el siguiente ciclo. Pretenden transformar un derecho de todos en una “excepción” para algunxs (“pequeños agricultores” y “pueblos originarios” inscriptos en registros ad-hoc). Las empresas y sus vocerxs argumentan que con la legislación vigente se vulneran sus derechos de obtentor (una forma de derechos de propiedad intelectual reconocida en la ley actual) sobre las variedades que comercializan. Pretenden cobrar regalías cada vez que alguien use estas semillas y presionan por una nueva ley que les garantice esto: Nadie tendría derecho a replantar, ni tampoco a intercambiar, sin pagarles. Profundizando su control de la cadena agroindustrial y agroalimentaria, aumenta además su capacidad de incidir en los precios de los alimentos. Dicen que no hacerlo constituye “un obstáculo para realizar inversiones”, retomando aquel rancio argumento de que la biotecnología es indispensable para alimentar a la humanidad, y de paso mostrándose como fuente de divisas en tiempos de crisis. Como en tantos otros temas, ahora el Estado reproduce el discurso de las corporaciones que han colonizado los organigramas oficiales con sus cuadros y referentes. Lo que están cocinando no huele bien, y lo están haciendo de espaldas al pueblo, en “mesas de trabajo” donde sólo se sientan “ellos”: ASA, ARPOV, AAPRESID, AACREA, SRA, Coninagro y CRA, junto con funcionarios y legisladores; y desde ahí anuncian “consensos”.
Si bien las empresas ponen el foco en los commodities de exportación como la soja o el maíz, en realidad la modificación de la ley abre la puerta hacia TODAS las variedades vegetales, que pueden así, ser blanco de biopiratería. Imagináte que alguien modifica uno de los 35 mil genes que tiene el tomate y después dice ser "el dueño del tomate”: parece de locos no? pero por ejemplo, Syngenta ya intentó hacerlo. Esta es una batalla global. Ofensivas como ésta se suceden en todos los países, y en aquellos donde pudieron imponer sus leyes de semillas pasan cosas tremendas: Persecución de agricultores; criminalización del intercambio; destrucción de cosechas; y finalmente derechos de propiedad que ponen en jaque el acceso a los alimentos para los pueblos. Desde hace 60 años vienen machacando con que la biotecnología es la clave para terminar con el hambre, pero es mentira. En este tiempo no sólo que sigue habiendo millones de hambrientxs, sino que la desigualdad y la violencia se han profundizado en nuestros territorios a medida que aumenta el poder del agronegocio. Y lo que es gravísimo: la humanidad ya perdió las ¾ partes de la agrobiodiversidad que nos alimentó por siglos; esto significa que tenemos menos tipos distintos de comida disponible, lo que nos hace más vulnerables frente a los desafíos que plantea el cambio climático.
Parece una locura que "Ley de Semillas" pueda tener un lugar en nuestras habituales reuniones con amigxs y familiares, pero sin embargo definir "qué comemos" nos ocupa y entusiasma. La distancia que la mayoría de nosotrxs tenemos con el tema es enorme, y sin embargo lo que suceda ahí va a tener impactos en lo que nos pase a cada bocado. Por el otro lado también es cierto que en las ciudades viene creciendo la preocupación sobre lo que comemos y su vínculo con la explosión de algunas enfermedades. Se fortalecen alternativas de comercialización de productos agroecológicos y crece el convencimiento de que necesitamos avanzar hacia la Soberanía Alimentaria. A veces falta ese pasito de reconocer que ésta sólo será posible con semillas libres en manos campesinas, como plantea desde hace años La Vía Campesina. Desde Huerquen integramos desde su fundación la Multisectorial contra la “Ley Monsanto” de Semillas, un espacio amplio desde donde intentamos resistir estos intentos junto a muchxs otrxs de distintos territorios. Hay otros espacios y entidades que desde distintas formas y caminos plantean cosas similares. Quizá en este momento, donde enfrentamos un embate tan fuerte, sea tiempo de alianzas nuevas, amplias, ¿insólitas?, donde las organizaciones del campo y de la ciudad aunemos esfuerzos para frenar lo que está en marcha. La defensa de las semillas en manos de los pueblos es una pelea estratégica. Ojalá en su curso podamos recuperar la perspectiva maravillosa de reconocernos parte de todo lo viviente, retomando ese camino de hermanxs que iniciamos con las semillas hace miles de años. (continuará)
Videos para acompañar esta nota:

Fuente: Huerquen

10 de agosto de 2018

LA CULTURA GUNA Y SUS DESAFIOS

Por: Reuter Orán B.

Tener territorio propio, íntegro, ha sido una de las aspiraciones mayores por las cuales el pueblo guna ha venido luchando desde los tiempos coloniales hasta nuestros días.


Al respecto, nuestro prestigioso Sagladummad Inageliginya, Carlos López, nos dice: - “An nabba sulile an dule wilegedye”. Porque la tierra, de acuerdo a la concepción de nuestros padres, no refiere solamente a este espacio material físico, sino también a la confluencia armónica de factores innatos que hacen posible la vida espiritual, social, económica, política y cultural de un pueblo.

Así nos confirma Wago, el primer hombre que Baba y Nana envió a la tierra para cuidarla y cultivarla, al decir:

-“Bunmar abalagi gudii an neg wisguali. Bela we nabbaneggi bilidedi an gwenadganbii: diwar an gwenadi, niisgwa an gwenadi, duddumar, aggwamar, sabbimar, gwablemaggar ibdurgan, uamar diwarganba oirmagbuggwad, demar sugguganba obiryamadnanaed bela an gwenadganbiye. An we nabbanegse agdenonigua wemala gwable weligwale an abin dagsamala”.

Babigala, anmar daniggidigala, nos evoca de un sin número de pueblos que florecieron y bebieron las aguas de los afluentes del majestuoso río Duilewala (Tuira), comunidades laboriosas que disfrutaban los caudalosos manantiales interminables, que después de configurar inmensas y fértiles llanuras fueron marcando los límites de estas fructíferas aldeas, la existencia de tupidas selvas como por encantos de las leyes divinas, ellas ofrecían gradualmente un sinfín de materiales y alimentos a estos esforzados habitantes para su supervivencia, grandes cañaverales, inmensos platanales y una gran variedad de tubérculos cuyos follajes reverdecían las sedimentadas riberas de estos opulentos brazos de agua, infinidades especies de cardúmenes que al ritmo de burbujeantes aguas verdosas movían complacientes sus amarronadas aletas.

En el mero centro estas fértiles llanuras y con una constante interacción entre ellos y su entorno, estos laboriosos habitantes pudieron comprender los misterios profundos de la naturaleza y supieron manejarlos sosteniblemente para el bien de sus futuras generaciones. Así fueron desarrollando, abriendo nuevos horizontes a los conocimientos e inventaron nuevas técnicas de cultivo.

En la época de la cosecha, sus frutos se distribuían por igual, sin ninguna compulsión, si no al libre albedrio de sus esforzados productores. De esta forma surgieron los principios morales, éticos y humanísticos que hoy los denominamos costumbres y tradiciones:

“Gwenaddigwar nanamalo, na wile dagmalo, ibmar dummad be abingusdibe gwenadganga mimio, gwenad gwensag uelemaid insao. Arbao, be gadigwad ibmar nigguo….

Cabe destacar que estos mismos principios sirvieron de base y fundamentos de la educación de nuestros ancestros. Fuertemente ligados a la naturaleza moldearon sus vidas y desarrollaron sus conocimientos científicos, económicos, políticos y culturales, en fin, todos los saberes y conocimientos que hoy llamamos CULTURA.

De todo lo que hemos expuesto, sin desmeritar las actividades que se desarrollemos durante la semana de la cultura guna manifestamos que dichas actividades deben servir de andamiajes para construir un futuro promisorio que todos ansiamos.

Las culturas nacen, crecen y fenecen. Son dinámicas tambien y se enriquecen mutuamente. La historia registra el dominio de una cultura a otra, conocido como el fenómeno de aculturación. En este sentido, cabe destacar lo siguiente: ¿qué está ocurriendo con nuestra cultura? ¿Cuál es la situación económica, política y cultural en que estamos viviendo? Subrayamos, en especial la salud y la educación en qué niveles se encuentran realmente.

No podemos seguir a ciegas seguir importando modelos de desarrollo. Sin negar los de afuera, creemos firmemente que contamos con suficientes talentos nativos que nos puedan diseñar un modelo de vida que nos conduzca llevar una vida digna, sana, justa y abierta a los nuevos cambios tecnológicos.

Cruzar de brazos significa la extinción de nuestra personalidad como pueblos diferentes, orgullosos y constructores de su propio destino.

 

25 de julio de 2018

América Latina - ¿Tejidolatría y falolatría indígena?

Ollantay Itzamná
 
Opinión
25/07/2018

Entendemos por tejidolatría a la cuasi idolatrización de los tejidos o atuendos. Al grado de condenar casi a una muerte civil a todos cuantos se atrevan a “profanar” o criticar el origen de dichos tejidos. Incluso al grado de reificar el uso o no de la vestimenta como la razón ontológica del ser o no indígena.
Símbolos_cultura_indígena

Por falolatría entendemos a la idolatrización de insignias de poder con forma fálica. Como si a través del contacto o manipulación de dichos palos o bastones el mundo divino comunicase su sapiencia y poder a los humanos (caso, Moisés bíblico).

En ambos casos, el cuestionamiento a la sociogénesis, al devenir histórico y a la carga ideológica de dichos objetos culturales es implacablemente repelido y censurado por los centinelas culturalistas. Rayando incluso en fundamentalismos.

La falolatría y tejidolatría construyen una moral culturalista entre nosotros indígenas. Muy similar a la moral sexual cristiana. Se permite todo tipo de violaciones de derechos, menos la afrenta al tejido o al bastón ancestral.

En consecuencia, tenemos hermanas y hermanos con exóticos “indumentarias indígenas”, crecientes legiones de ancestrales bastones en mano, adornando con su presencia lujosos salones de eventos comerciales o turísticos, pero silentes y ausentes ante el sangriento saqueo permanente que ocasiona el sistema neoliberal y los estados criollos en nuestros países.

Quienes disputan al voraz sistema neoliberal, desde los territorios y desde las calles, no son necesariamente las autoridades ancestrales, mucho menos las resignicadoras de los trajes típicos. Somos indígenas y campesinos, sin cooperación internacional, sin atuendos, ni bastones, que forjamos fecundas resistencias creativas. Exigiendo y ejerciendo derechos políticos, más allá del culturalismo de los derechos indumentarios.

Los actuales trajes típicos indígenas, no son exclusivos, ni milenarios. Tampoco el bastón

Sea por desgana mental o la comodidad que brinda el folclorismo multicultural, muchos indígenas asumimos que los policromáticos tejidos que usamos son “herencias milenarias, expresión de la resistencia y mística de nuestros abuelos/as”. Eso no es verdad.

El bagaje simbólico y material de nuestros pueblos, es producto del encuentro o desencuentro entre pueblos (somos interculturales). Y la invasión y Colonia europea tienen su impronta.

En el caso de los tejidos, tanto en sus diseños y colores, son producto de la invasión y colonización. Nuestros abuelos tenían ropa, y bien elaborada, pero el colorido y diseño que aún persiste, de manera compartida, en todos los pueblos indígenas de Abya Yala, es la huella de la Colonia. Nos guste o no.

Ud. observe en simultáneo la indumentaria mapuche, quechua, aymara, quichua, maya, azteca, etc., verá que aparte de los coloridos que son, los diseños son similares. Los dibujos y trazos en los tejidos son los mismos. En este momento, en la ciudad de Xela, Guatemala, se elaboran cortes (traje para mujeres) con técnica y estilo quichua ecuatoriano, y las mayas los compran como tejido maya, por la moda.

Ud. observe las polleras, sus pliegues, que usan las aymaras del antiplano andino, y compare con los cortes (faldas) que usan mayas poqhonchís y q’echís en Guatemala. Son los mismos diseños. Ni qué decir de los pochos que usamos indígenas de México, Perú y Bolivia. Los mismos. Cambian la tonalidad de colores.

Lo más demoledor para cuantos creen que somos portadores de exclusivos trajes milenarios es cuando uno observa, con vista antropológica, las monografías del cineasta español Luis Buñuel, a inicios del pasado siglo. En especial el documental titulado Las Hurdes, pueblos empobrecidos del norte de España[1]. Allí están los vestigios europeos más próximos de los pochos que usamos los indígenas en América Latina. Allí están los vestigios de los actuales estilos de la gestión corporal de nuestras madres y hermanas indígenas.

O veamos ornamentos rituales católicos como la sobrepelliz que usan los monaguillos y el atuendo ceremonial del pueblo maya q’anjobal, son casi calco y copia uno del otro. ¿Por qué será?

Con el bastón de mando ancestral, resignificado y visibilizado, en las dos últimas décadas, en Guatemala, por la cooperación internacional, ocurre algo similar. Existían autoridades en nuestros pueblos con insignias de poder. Pero, los invasores, para someter a nuestros pueblos nombraron capataces indígenas para vigilar a los nuestros, y les entregaron el bastón de mando, como insignia de poder casi real. Desde entonces, los “cabeza de capules” (así los denominan las crónicas de la época) se constituyeron en autoridades indígenas, bastón en mano, al servicio del poder colonial. Y, en los últimos años, sobre las olas del turismo exótico, se ha convertido en la ancestral insignia del poder. Poder, ¿al servicio de quién?

¿Por qué Guatemala tiene tantos trajes e idiomas diferentes?

A diferencia de América del Sur, en la actual Centro América, durante la Colonia española, se constituyeron pueblos indios (reducciones indígenas bajo el mando civil colonial). Y según registros de Martínez Peláez, en la Provincia de Guatemala fue el único lugar donde funcionaron óptimamente dichas reducciones. Habla de más 520 pueblos indios.

En dichas reducciones, nuestros abuelos/as subsistían en un cautiverio, con un feroz sistema de control/vigilancia para evitar fuga de la mano de obra indígena disponible. La fuga o el cambio de residencia de indígenas era brutalmente castigado.

Los emisarios de la Corona, ante la imposibilidad de controlar los cuerpos (fenotipos) y movimientos de los indígenas, promovieron e impusieron vestimentas propias para cada pueblo, tipo uniforme. Era la única manera de diferenciar a los mayas, e identificar a todo desobediente fugitivo fuera de su reducción.

Los actuales trajes indígenas surgieron como chip para la verificación-control-castigo contra nuestros abuelos

Los pueblos indios funcionaron en Guatemala durante la Colonia gracias a que en los cautiverios indígenas se promovieron idiomas, trajes y otros símbolos propios para cada pueblo. Diferentes entre sí. La vestimenta propia de cada pueblo fue utilizada como herramienta de subyugación y delación del indígena en fuga.

En la época Colonial muchos de nuestros abuelos hubiesen deseado quitarse ese chip de control y monitoreo, pero no pudieron hacerlo porque el mercado de ropa no era “libre”.

De un tiempo a esta parte, esos símbolos materiales, despreciados por siglos, toman relevancia en un mundo obsesivo por el exotismo indígena. Y, entonces, intereses oscuros distraen o desmovilizan las luchas emancipatorias de nuestros pueblos entreteniéndonos en culturalismo, sin ninguna proyección política.

Incluso hermanas y hermanos, con discursos indigenistas, trajeados y varas en manos, incluso con títulos universitarios, nos dicen que a lo máximo que debemos aspirar es a defender y proteger la intangibilidad de nuestra indumentaria y la simbolización de nuestros falos. Mientras tanto, los estados criollos neoliberales nos saquean todo por todas partes. Y nuestros centinelas de trajes y varas, silentes o ausentes.

- Ollantay Itzamná es defensor latinoamericano de los Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos