29 de mayo de 2013

Ahorrar para crecer: la yuca

Save and Grow: Cassava es la primera de una serie de guías sobre la aplicación práctica del modelo agrícola de la FAO “Ahorrar para crecer” a cultivos y sistemas agrícolas específicos en pequeñas explotaciones.

La guía, que se basa en conclusiones de investigaciones y en experiencias sobre el terreno realizadas en fincas de África, Asia, América Latina y el Caribe, presenta un enfoque respetuoso con el medio ambiente para la explotación más intensiva de la yuca. Muchas de las prácticas recomendadas combinan conocimientos tradicionales con tecnologías modernas adaptadas a las necesidades de los productores en pequeña escala.


Panorama general

1. La yuca: un cultivo para el siglo XXI

El “alimento de los pobres” se ha transformado en un cultivo polivalente que responde a las prioridades de los países en desarrollo, a las tendencias de la economía mundial y al desafío del cambio climático.

El cultivo de yuca se consideró durante largo tiempo poco idóneo para la intensificación; sin embargo, hoy ha crecido enormemente su importancia en la agricultura mundial. La cosecha de 2012 alcanzó niveles sin precedentes gracias a la expansión del comercio mundial de productos de yuca y al fuerte aumento de la producción en África. La producción se está intensificando en todo el mundo. Se prevé que en los años venideros la producción de yuca pasará al monocultivo, a genotipos de mayor rendimiento y a un uso más difundido del riego y los agroquímicos. Sin embargo, la intensificación trae consigo grandes riesgos, como la mayor difusión de plagas y enfermedades y el agotamiento de los nutrientes del suelo. Esta guía ilustra de qué forma el enfoque “Ahorrar para crecer” de la FAO puede ayudar a los países en desarrollo a evitar los riesgos de una intensificación no sostenible y, al mismo tiempo, a realizar el potencial de la yuca para ofrecer mayores rendimientos, aliviar la pobreza rural y contribuir al desarrollo económico nacional.

2. Sistemas de cultivo

Muchos pequeños productores de yuca ya están aplicando las tres recomendaciones de “Ahorrar para crecer”: reducción o eliminación de la labranza, cobertura superficial del suelo y diversificación del cultivo.

Al plantar yuca sin labranza previa en suelos degradados, es posible que los primeros años se obtengan rendimientos menores; no obstante, una vez restablecida la salud del suelo, la tierra sin labrar puede dar cosechas mayores con un costo más bajo para el agricultor y para los recursos naturales de la finca. El recubrimiento del suelo con material vegetal, así como los cultivos de cobertura, ayudan a reducir la infestación por malezas y a crear condiciones del suelo que incrementan la productividad. La producción de yuca en asociación, en secuencia o en rotación con otros cultivos aumenta los ingresos netos por unidad de superficie y reduce el riesgo de malas cosechas. El cultivo intercalado con leguminosas de grano puede generar ingresos mayores que el monocultivo, además de proporcionar alimentos al hogar del agricultor. Los setos vivos de protección reducen las pérdidas ocasionadas por la erosión del suelo, mientras que la rotación de la yuca con hortalizas y legumbres ayuda a contrarrestar el agotamiento de los nutrientes del suelo y a restablecer rendimientos adecuados.

3. Variedades y material de plantación

No será posible realizar plenamente el potencial de la yuca mientras no se reduzcan los obstáculos a la producción de las variedades superiores y mientras los productores no tengan acceso a material de plantación de alto rendimiento y exento de enfermedades.

Ha llegado el momento de realizar la caracterización genómica de la diversidad genética de la yuca, de colmar los vacíos de las colecciones de variedades locales y de crear reservas naturales para salvaguardar las variedades silvestres afines a las cultivadas. Se debe otorgar prioridad a la armonización de los datos de pasaporte y de evaluación de las muestras presentes en los bancos de germoplasma. El mejoramiento debería centrarse en el desarrollo de variedades bien adaptadas a condiciones agroecológicas particulares y a sistemas de cultivo y usuarios finales específicos, así como producir buenos rendimientos con una necesidad mínima de riego y productos agroquímicos. La multiplicación y distribución sistemática de material de plantación de variedades mejoradas y exentas de enfermedades es fundamental para una intensificación sostenible. Aunque pocos países cuentan con sistemas de semillas formales para la yuca, un sistema comunitario de tres componentes aplicado por primera vez en África, en el que participan organizaciones no gubernamentales y asociaciones de agricultores, ha ayudado a garantizar la adopción de los productos de las investigaciones, de variedades mejoradas y de material de plantación sano por parte de la mayoría de los productores de yuca.

4. Gestión hídrica

Una vez establecido, un cultivo de yuca puede crecer en zonas que reciben solo 400 mm de precipitaciones anuales promedio. Sin embargo, con un suministro hídrico más abundante es posible obtener rendimientos muy superiores.

A fin de optimizar la producción de yuca de secano es preciso elegir con cuidado las fechas de la siembra, los métodos de plantación y los lugares en que esta se realiza, y adoptar prácticas de gestión del suelo que ayuden a conservar el agua. Aunque la yuca puede crecer en zonas con 400 mm de precipitaciones anuales, la mayor producción de raíces registrada en Tailandia correspondía a zonas con precipitaciones totales de 1 700 mm aproximadamente. La yuca responde bien al riego: la plena irrigación superficial ha permitido obtener una producción de raíces dos veces mayor a la alcanzada sin riego, mientras que los sistemas de goteo ofrecen un rendimiento similar al del riego superficial empleando un 50 % menos de agua. En Nigeria se obtuvo una producción de raíces seis veces mayor al aportar, mediante riego por goteo, un suministro adicional de agua igual al de las precipitaciones anuales. La producción de raíces llegó casi a duplicarse con un riego suplementario que incrementaba en 20 % el suministro hídrico total.

5. Nutrición del cultivo

La combinación de los procesos ecosistémicos con un uso prudente de fertilizantes minerales constituye la base de un sistema sostenible de nutrición del cultivo que permite producir más con menos insumos externos.

Aunque la yuca produce rendimientos aceptables en suelos pobres, muchas variedades dan mejores resultados con la fertilización. Especialmente en África, se podrían obtener rendimientos considerablemente mayores si los agricultores tuvieran acceso a fertilizantes minerales a precios razonables. Los agricultores pueden mejorar la fertilidad del suelo mediante otras de las medidas de “Ahorrar para crecer”. El cultivo intercalado de leguminosas de grano y la cobertura del suelo con residuos de legumbres y malezas nativas dan gran impulso a la producción de raíces. Si se combinan con fertilizantes, tanto el cultivo en hileras con árboles de leguminosas de raíces profundas como el uso de compost orgánico o estiércol de granja aumentan el rendimiento de los cultivos y permiten obtener mayores ingresos netos. Las opciones posibles para reducir la pérdida de nutrientes del suelo a causa de la erosión comprenden la labranza cero —que mantiene la estabilidad del suelo y su drenaje interno—, los setos vivos de vetiver y la aplicación de fertilizante mineral para lograr que el dosel de la planta recubra el suelo con mayor rapidez.

6. Plagas y enfermedades

Proteger la yuca con plaguicidas suele ser poco eficaz y casi nunca resulta económico. Existe una variedad de medidas que no entrañan el empleo de productos químicos y que pueden ayudar a los agricultores a reducir las pérdidas protegiendo, al mismo tiempo, el medio ambiente.

Los agricultores deberían usar material de plantación de variedades que ofrezcan tolerancia o resistencia a las principales plagas y enfermedades, así como prácticas basadas en el ecosistema tales como la cobertura vegetal del suelo, el mantenimiento de su materia orgánica y la plantación de cultivos intercalados que ofrezcan un hábitat a los depredadores de las plagas. Los plaguicidas biológicos, las trampas adhesivas y el agua jabonosa pueden ayudar a combatir numerosas plagas de insectos. Las estrategias fitosanitarias deberían fomentar el empleo de agentes biológicos naturales; la liberación masiva de una pequeña avispa resolvió graves brotes de chinche rosada de la yuca en África y Asia. A fin de evitar que las malezas sofoquen las plantas jóvenes, los agricultores deberían utilizar densidades óptimas de plantación y fertilizantes y plantar variedades que ofrezcan un vigoroso crecimiento inicial. La eliminación manual de las malezas puede ser tan eficaz como su control con herbicidas. Es necesario que los agricultores elijan con cuidado los herbicidas y sigan los consejos de los especialistas locales en protección fitosanitaria.

7. Cosecha, poscosecha y adición de valor

Alimento para los hogares, pienso para el ganado, materia prima para una vasta gama de productos de valor añadido, desde harina gruesa hasta almidones de alta tecnología: la yuca es un auténtico cultivo polivalente.

Muchas familias de agricultores consumen directamente las raíces de yuca o las emplean para pienso del ganado. Las raíces pueden triturarse para obtener harina granulada o bien harina de yuca de alta calidad, que puede sustituir una parte de la harina de trigo empleada en la elaboración de pan y productos de confitería. En Tailandia y China el almidón obtenido de las raíces se emplea en la fabricación de productos alimenticios, madera contrachapada, papel y tejidos y como materia prima en la producción de edulcorantes, fructosa, alcohol y combustible a base de etanol. Dos mutaciones recientes de la yuca poseen propiedades amiláceas muy apreciadas por la industria. La raíz no es la única parte útil de la planta: las hojas tiernas de la yuca se consumen como hortaliza nutritiva y las cimas de la planta pueden usarse en la alimentación de vacunos, búfalos, cerdos, pollos y gusanos de seda.

8. El camino por recorrer

Los gobiernos deben fomentar la participación de los pequeños agricultores en un programa de desarrollo sostenible de la yuca y respaldar enfoques de investigación y extensión en los que sean los agricultores quienes toman las decisiones.

La investigación con participación de los agricultores, así como las escuelas de campo destinadas a estos, han demostrado ser muy eficaces para promover la gestión sostenible de los recursos naturales en los sistemas de producción en pequeña escala. Los productores de yuca también pueden necesitar incentivos, como pagos por los servicios ambientales, para adoptar prácticas de cultivo mejoradas. Es preciso adoptar medidas para que los abonos minerales y otros insumos estén más al alcance de los pequeños agricultores y para que estos reciban material de plantación de buena calidad y exento de enfermedades. Las inversiones en caminos, en instalaciones de almacenamiento y en la capacidad de elaboración de las zonas de producción ayudarán a mantener en manos de los productores de yuca una proporción mayor de la adición de valor. Las políticas deberían promover la inversión privada en la elaboración de yuca y fomentar asociaciones que vinculen a los productores con los elaboradores, promuevan la observancia de normas y pongan en común la información sobre el mercado. Aunque los subsidios públicos pueden hacer que los agricultores sean menos vulnerables a la volatilidad de los precios, existen otras opciones más sostenibles tales como seguros de cosechas y contratos de suministro concertados entre los fabricantes de alimentos y las cooperativas de agricultores.

Fuentes:
Save and Grow: Cassava A guide to sustainable production intensification (FAO, 2013)
http://www.fao.org/ag/save-and-grow/cassava/es/

 

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